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17:49

Los animales, aprendimos de pequeños en el colegio, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Descripción básica del desarrollo de la vida animal. ¿Pero qué sucede con la vida humana, esta vida que tiene algo específico, propio, diferenciador de cualquier otro tipo de vida?

Una diferencia salta a la vista: no queremos morir, aborrecemos la muerte, la propia y la de aquellos que nos rodean, sobre todo la de nuestros seres queridos. El enfermo, por más grave que esté, continúa aferrándose a la vida; y sus familiares mantienen viva la esperanza, incluso más allá de la prudente opinión de los médicos. Ya se sabe, el doctor siempre pinta la situación peor, para no despertar falsas esperanzas.




Aquel "non omnis morear" de Ovidio, hace ya más de veinte siglos, continúa resonando en nuestro corazón. No moriré del todo, no quiero morir del todo, quiero permanecer vivo, en esta vida o al menos en el recuerdo presente de las futuras generaciones. Es tan propio este deseo de vivir, esta preocupación por la inmortalidad, que los estudiosos de la antropología y la historia antigua hablan de que existe el hombre cuando hay enterramientos, un cierto culto a la inmortalidad, una conciencia de que, aunque muera el cazador, sigue vivo, en cierto modo, entre sus compañeros de caza, de fatigas, de vida.




Nuestro crecimiento también se distingue del crecimiento de los animales y las plantas. Un león, un saltamontes o un roble crecen como algo connatural a su ser león, saltamontes o roble. Aumenta su tamaño, su fuerza, pero ellos no dirigen conscientemente ese movimiento. El instinto, las leyes de la naturaleza, guían su cambio. Y podemos decir que progresa porque la naturaleza no se autodestruye, no camina hacia su propia aniquilación.




El crecimiento del hombre, su vida, tiene un matiz importante. Se trata de un movimiento inmanente autoperfeccionante: se mueve a sí mismo, porque quiere moverse, y se mueve buscando libremente la perfección. En ocasiones le guía el instinto, pero en otras le guía su decisión libre, su libertad, y es capaz de obrar incluso contra su instinto natural. Si un tigre está molesto por un ruido, intentará por todos sus medios acabar con él, incluso acabando con el animal que lo produce. Si el hombre o la mujer no pueden dormir por un ruido en la noche, el llanto de su hija de pocas semanas, no actúan según su instinto natural, sino en sentido contrario, la acunan, le hacen cariños, para que su pequeña se duerma. La vida humana es distinta de la vida animal.




Donde más se palpa esa diferencia y especificidad de la vida humana es en el acto propio que mantiene y hace crecer la especie. Decimos que un animal se reproduce, pero al referirnos a este ser misterioso que llamamos hombre o mujer, hablamos de "procreación", que no es simple reproducción. Hay tanta diferencia que usamos otro nombre, otra palabra. Y toda palabra tiene un significado, un porqué.




Reproducir es hacer una copia de algo, duplicarlo, producir algo igual que lo primero. Con las personas, la situación es muy distinta: un hijo no es copia de su padre o de su madre, aunque obviamente tiene muchos elementos comunes con ambos. Su cuerpo es una fusión del material genético de sus padres; pero su espíritu, su personalidad, su modo de ser, es peculiar, único “individual”. Incluso los gemelos monocigóticos, esos que proceden de la división de un mismo óvulo fecundado, tienen su individualidad, su especificidad única. El ser humano procrea, no se reproduce.




Desde esta perspectiva se entiende también la grandeza de cada hijo, de cada individuo. Un hijo, en cierto modo, supera a sus padres. Hay algo en él que no les pertenece, es único, individual. Y por ello es amado por sí mismo, y tal como es, con sus características positivas, y también aquellas “positivables”. El hijo no es una posesión de los padres, algo que les pertenece como derecho propio, o algo que pueden usar según sus preferencias.




Esta individualidad se impone cuando los hijos tienen 20, 30 años. Pero es igual de cierta con diez años, con cinco, con 1, cuando tiene pocas semanas desde su nacimiento, o desde su concepción. El hijo, también el hijo concebido y no nacido, no es un bien de los padres, sino un bien para ellos. No le poseen, sino le procrean, le educan, le llevan hacia su propia perfección, como ser individual e irrepetible. Por ello el aborto es arrogarse una pretensión que no nos compete, pretender poseer ese bien igual que poseo un trabajo: si se me ajusta sigo con él; si me incomoda, me supone renuncias, renuncio a él.




Es cierto, algunos casos, no son reducibles a un esquema tan sencillo. Pero si se legisla sólo en base a la excepción, la sociedad se desvirtúa. Y está demostrado, además, que muchas mujeres que abortan lo hacen porque no encontraron una mano amiga, una ayuda en esa situación difícil. Si hay muchas otras salidas, ¿por qué casi nunca aparecen?







06:48

El catolicismo se convirtió en el credo más "influyente" y el que merece más "confianza" para los ciudadanos de Corea del Sur desde la histórica visita del papa Francisco al país a mediados de agosto, ha revelado una encuesta recién publicada.

Los surcoreanos opinaron que el catolicismo es la religión más "influyente" en la sociedad surcoreana al otorgarle 3,4 puntos sobre una escala de 5, por encima del protestantismo con 3,32, y el budismo con 3,27, según el estudio bienal de sociedad, política y religión del Instituto de Investigación de Jogye, la mayor orden budista.




La encuesta, realizada sobre una muestra de 1.500 personas durante todo agosto, coincidiendo con la visita del papa del 14 al 18 de ese mes, reveló también que la religión católica es la más "digna de confianza" en el país con 3,39 puntos, por 3,32 del budismo y 2,29 del protestantismo.




Destaca el elevado valor que los encuestados dieron al catolicismo ya que esta religión es practicada solo por un 10% de la población de Corea del Sur, donde el 50% son ateos o no religiosos, el 20% budistas y el 15% protestantes, según los datos del último censo de 2005.







En el anterior estudio de 2011 el budismo ocupó el primer puesto de la lista, por lo que se considera que la visita de Francisco contribuyó a ensalzar la imagen de este credo en el país.







05:30

El Vaticano considera "lícito y urgente" detener la agresión del terrorismo "transnacional", con una "acción multilateral" y "uso proporcional de la fuerza", para "garantizar la defensa de los ciudadanos indefensos", que es competencia del Consejo de Seguridad.

Así lo afirmó el secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin, al hablar en la 69 ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.




"Con la dramática situación del norte de Irak y partes de Siria - señaló el prelado - estamos viendo un nuevo fenómeno: la existencia de una organización terrorista que amenaza a todos los países, comprometiéndose a sustituirlos por un gobierno mundial pseudo-religioso. Desgraciadamente, como dijo recientemente el Santo Padre, aún hoy hay quienes se atreven a ejercer el poder de obligar a las conciencias y tomar la vida, perseguir y matar en nombre de Dios (cf. L´Osservatore Romano, 3 de mayo de 2014). Estas acciones conducen a lesionar la totalidad de grupos étnicos, poblaciones y culturas antiguas. Hay que recordar que este tipo de violencia se debe a un desprecio de Dios y falsifica ´la religión en sí misma, ya que la religión busca un lugar para reconciliar a los hombres y mujeres con Dios, para iluminar y purificar la conciencia, y para dejar claro que todo ser humano es la imagen del Creador "(Benedicto XVI, Discurso a los Miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, 7 de enero de 2013)."




El cardenal criticó la teoría del "choque de civilizaciones", que hace "caso omiso de las experiencias profundas y con muchos datos de buenas relaciones entre culturas, etnias y religiones, e interpreta a través de esta visión situaciones más complejas, como el problema del Medio Oriente y los conflictos civiles que ocurren actualmente en otros lugares".




Sobre esta base se han adoptado "métodos" que "no siempre han cumplido con la ley", ni han tenido en cuenta la realidad de las personas que estuvieron involucradas.




"Estos errores, y que de hecho fueron aceptadas tácitamente por lo menos, deberían dar lugar a un serio examen de conciencia".




Afrontar los desafíos que estas nuevas formas de terrorismo plantean a una visión del choque de civilizaciones "sólo conduce a reacciones xenófobas que, paradójicamente, por lo tanto, sirven para reforzar los mismos sentimientos en el corazón del propio terrorismo. Los desafíos que enfrentamos deben estimular a un nuevo llamamiento para el diálogo interreligioso e intercultural y los nuevos avances en el derecho internacional, para promover justas y valientes iniciativas de paz".




El camino a seguir, entonces es "en primer lugar", "la promoción del diálogo y el entendimiento entre cultura", pero también la "responsabilidad de proteger" indicada a los Estados en virtud del derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.




"Teniendo en cuenta que las nuevas formas de terrorismo son" transnacionales ", que ya no son de la competencia de las fuerzas de seguridad de cualquier Estado: los territorios de diferentes Estados están involucrados. Así se exigirá a las fuerzas combinadas de varias naciones a garantizar la defensa de los ciudadanos indefensos. Puesto que no hay ninguna norma jurídica que justifique las acciones unilaterales de la policía más allá de las fronteras de un Estado, no hay duda que la responsabilidad recae en el Consejo de Seguridad".




Y "la Santa Sede espera firmemente que la comunidad internacional tendrá la responsabilidad de considerar los mejores medios para detener cualquier agresión y para prevenir la comisión de nuevos y aún más graves injusticias".




El cardenal Parolin añadió que la situación actual "es una oportunidad para los Estados miembros de las Naciones Unidas de honrar el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas, para intervenir en los conflictos trágicos que desgarran pueblos y naciones enteras. Es "decepcionante, que hasta ahora, la comunidad internacional se ha caracterizado por voces contradictorias e incluso con el silencio sobre el conflicto en Siria, Oriente Medio y Ucrania".




"Aquí con vosotros hoy, no puedo dejar de mencionar a los muchos cristianos y las minorías étnicas, que en los últimos meses han sufrido una terrible persecución y el sufrimiento en Irak y Siria".




Para ellos, se pide a todo el mundo "un compromiso constante de respetar y promover la dignidad de cada persona, como querido y creado por Dios. Esto también significa respeto a la libertad religiosa, que la Santa Sede considera que es un derecho fundamental, ya que ´nadie puede ser obligado a actuar contra su conciencia´, y todos ´tienen el deber y, por tanto, el derecho a buscar la verdad en materia de religión´".







05:30

Un chiste gráfico en el que un sacerdote pregunta a un niño si quiere ser cristiano y éste le responde «no, señor, prefiero ser Messi» preside el despacho de Fernando Fueyo (Gijón, Asturias, 1937) y expresa a la perfección la capacidad del sacerdote de compaginar humor, vocación religiosa y pasión futbolística.

Una marea de papeles cubre la mesa, centenares de libros abarrotan las estanterías e imágenes y escudos de su amado Sporting de Gijón conviven con figuras religiosas y arte africano. E




El párroco de El Coto y capellán del equipo gijonés recibe a quien le necesite con una sonrisa que parece no tener fin.




Hijo de familia devota



Oriundo de Gijón -cuenta que nació «en la escalera 3, a diez metros del mar»-, Fueyo se crió en una familia profundamente religiosa. «Mi padre era muy creyente, así que le hizo ilusión que sus hijos se dedicasen al sacerdocio», señala, y explica que su hermano mayor entró en el seminario cinco años antes que él y que su única hermana -fueron tres chicos y una chica- también era monja.




«Aún así, poco antes de mi ordenación, mi padre me preguntó si estaba completamente seguro del paso que iba a dar. No quería que lo hiciese presionado por su devoción o por la de mis hermanos», recuerda con cariño el sacerdote, quien llegó al seminario de Comillas (Cantabria), con sólo doce años.




Tras una década de estudio fue destinado a La Felguera como coadjutor. «Los años en Comillas fueron estupendos. Éramos un montón de chavales y siempre había tiempo para la diversión. Todavía estoy en contacto con la mayoría», apunta. Pero lo de La Felguera ya fue otro cantar.







Huelgas y funerales de mineros



Su bautismo de fuego, como él mismo lo describe, pues le tocó vivir la ´Huelgona del 62´, así como oficiar el funeral de más de un minero. «Salir y hablar ante grandes multitudes nada más ser ordenador sacerdote imponía mucho», reconoce, aunque también destaca que, como sus padres eran naturales de Langreo, siempre se sintió allí muy arropado por su familia.




Tres años después, con la llegada al arzobispado de Vicente Enrique y Tarancón, Fueyo fue trasladado al Seminario Metropolitano de Oviedo, donde permaneció un lustro dando clase de Filosofía.




Se necesitaban misioneros y fue



«Estábamos en el seminario cuando recibimos la visita de un obispo de Burundi que pedía algún voluntario para crear una misión allí», recuerda Fueyo, quien reconoce que ni siquiera sabía dónde situar el país africano.




«Tuvimos que buscarlo en un mapa, pero otro compañero y yo nos animamos a ir».




Una vez en Ntita, una región del Noreste de Burundi, los sacerdotes empezaron de cero a construir la misión.




«Lo más complicado fue aprender el kirindi, pues hay que cambiar el chip, no tiene nada que ver con las lenguas europeas», explica el cura, y sonríe al indicar que «suena como un canto».







Llorar al dejar África



Aunque el periodo de estancia debía ser de cinco años, Fueyo permaneció once en Burundi, hasta que reclamaron su presencia en Gijón, para dar vida a una nueva parroquia en El Coto.




«Me fui de allí llorando y me prometí que no moriría sin volver, cosa que hice en un par de ocasiones hasta que comenzaron los conflictos armados, en 1993», señala.




Así, en 1983 Fernando regresó a Gijón para ponerse al timón de la recién nacida parroquia de San Nicolás de Bari, ocupación que alternó primero con la enseñanza en institutos y después con el arciprestazgo de Gijón.




Capellán del Sporting



También fue por aquella época cuando entró a formar parte, como segundo capellán, del Sporting de Gijón, ´ascendiendo´ al primer puesto hace dos décadas.




«Es un trabajo con el que disfruto mucho y la relación con jugadores y equipo técnico no podría ser mejor. De hecho tuve al ´Pitu´ como alumno en Roces y ya casé a más de uno». A Villa, por ejemplo, cuya foto dedicada adorna la pared del despacho del sacerdote.







Ahora, gracias a la colaboración de la sidrería Ven i Ven, el sacerdote regresará el 20 de octubre a Burundi.




«A Burundi no puedes ir de vacaciones, ni con las manos vacías», indica. Y explica cómo, con la ayuda de miles de personas, ha conseguido reunir los 50.000 euros necesarios para terminar de construir un centro médico en Bujumbura.




«También llevamos una ambulancia prácticamente nueva que nos donó Transinsa», apunta.




Y advierte, con su eterna sonrisa, que «esto no ha hecho más que empezar».







03:52

Escribo esta colaboración semanal en La Razón desde Buenafuente del Sistal, un pequeño rincón del Señorío de Molina donde se halla el monasterio cisterciense de Santa María, un lugar de paz y de sosiego del alma.

He acudido a este lugar antes de que la diócesis de Valencia tome posesión de mí –mejor que tomar yo posesión de ella– el próximo día 4 de octubre como siervo y servidor, como obispo y pastor suyo.




He venido a este lugarcillo, sencillo, humilde, pobre, pero rico en bendición de Dios, he venido buscando a Dios, invocando su auxilio que tanto voy a necesitar para ser el pastor conforme al corazón de Dios que la Iglesia en Valencia necesita y Él quiere que sea. Este es un lugar santo, un lugar de encuentro con Dios, un lugar de soledad sonora, un lugar donde en el silencio se escucha a Dios y en cuya soledad se palpa su presencia que todo lo llena. Desde aquí, además, en el retiro del lugar, uno no se aparta de los hombres, sino que los siente más próximos, se experimenta a sí mismo como zambullido en la profundidad de nuestro mundo donde ellos viven, gozan, aman y sufren; aquí se viven con mayor intensidad y densidad los gozos y las esperanzas, las alegrías y tristezas de los hombres, sus desgarros y heridas, sus dolores y quebrantos y se escuchan con mayor fuerza los clamores que de ellos, de los hombres, desde lo más hondo de sus entrañas desgarradas, surgen y llegan hasta el corazón atento que escucha ese clamor.




No se puede ser de otra manera que ser oyente de estos clamores cuando se vive el encuentro con Dios, tan cercano a los hombres y tan al lado de sus necesidades más hondas. Y esto se ve apoyado aquí, en Buenafuente, aún más si cabe, cuando se contempla al Cristo románico del siglo XIII de la capilla de este lugarcillo, tan traspasado y llagado, tan desfigurado en su pasión, que es la de los hombres, también los de hoy que, como Él, andan heridos y maltratados, sometidos e indefensos ante los cálculos y la violencia humana y ante el poder que, sin piedad, pasa de largo de su miseria.




Aquí, en este lugar se vive con especial verdad e intensidad el estar con Él, con el Señor, que vino a servir y no a ser servido, Dios con nosotros, tan unido a nuestra humanidad sufriente y humillada; estar con Él y «verle» en su humanidad llagada y crucifi cada. Ante ese Cristo despojado de todo, humillado, rebajado hasta una muerte tan vejatoria como la de la cruz, con el corazón traspasado y rostro doliente y desfi gurado de hombre, en toda la densidad de su humanidad, que es la nuestra, se entra dentro del misterio de Dios y del hombre: esto es, la pasión inimaginable de Dios, crucificado, enajenado, despojado de sí por amor al hombre, rebajado y anonadado por el hombre, también crucificado y privado de todo, entregado enteramente para que el hombre viva, para levantar y no hundir ni condenar al hombre, para exaltarlo aunque los otros lo desprecien y lo aniquilen. Sin duda: Es el SÍ más grande, más total, más comprometido que se ha pronunciado en toda la historia por el hombre caído, lleno de dolores, torturado. Esta es la gran verdad, la realidad más real y más firme: Dios quiere al hombre hasta un extremo que ni siquiera se podría imaginar por la mente humana si Él no nos lo hubiese dado a conocer y «palpar» ¡qué grande es ser hombre, así amado! ¡Qué contraste todo esto, que es la verdad de la fe cristiana en su realidad nuclear, con tantas cosas y noticias que nos llegan de violencia, de persecución, de eliminación masiva de seres humanos, del pisotear de tantas y tantas maneras, bruscas o sutiles, la dignidad inviolable del ser humano!




Dios está por el hombre, no está en la estratosfera, ajeno a lo que nos pasa, sino que está tan a nuestro lado que llega hasta Él y escucha y acoge el clamor del justo Abel eliminado violentamente por el fratricida Caín. Y Dios sigue pregun- tándonos, como a Caín,: «¿Dónde está tu hermano?», ¿dónde le decimos que esta?: ese hermano masacrado en Irak y en otros lugares por el yihadismo sin Dios, ese hermano que forma parte de una caravana interminable de dolor y penas ante tanta amenaza que pesa sobre él y tiene que huir buscando otra tierra de paz ante la pasividad de quienes podrían y deberían hacer algo más y distinto de lo que se hace; ese hermano asesinado porque sencillamente es cristiano sin que se haga lo suficiente por él; ese hermano que muere de hambre y que no tiene lo necesario para sobrevivir como hombre; ese hermano que muere afectado por el ébola sin que se tomen las medidas necesarias, urgentes y posibles, –por cierto, ¡qué testimonio tan hermoso y grande, interpelante y esperanzador nos han dado los dos hermanos de San Juan de Dios que, como verdaderos hermanos y escuchando el clamor que llega de los contagiados por el ébola han dado su vida por ellos: un testimonio luminoso de Jesucristo que se identifica con los enfermos y los que sufren– ese hermano abandonado que vive en la soledad dejado de los hombres: o esa hermana, mujer, que padece discriminación por ser mujer o madre, o que sufre maltrato y violencia –la violencia doméstica– hasta la muerte en su propio hogar por quien tenía que ser amada; y, además, esos millones de hermanos, inocentes e indefensos, que son eliminados antes de nacer por quienes tenían que protegerlos…




No juzgo, y menos aún condeno a nadie: sólo Dios puede juzgar. No busco demagogias, ni populismos; lo sufro en el silencio, y pido a Dios sabiduría y discernimiento.¿Por qué se ha procedido así? No acabo de entenderlo y me encuentro desconcertado; no se han dado explicaciones convincentes ni sufi cientes. No entiendo lo sucedido, ya que con la medida adoptada se da continuidad y firmeza, y confirma, a la legislación vigente que, de hecho, sanciona el derecho a eliminar al ser humano no nacido –débil, inocente, indefenso– en determinados plazos de su existencia, mientras se retira un proyecto que abría una luz de esperanza en medio de la oscuridad cultural que acentúa una cultura de muerte contraria al hombre, injusta y relativista, que no sitúa en el centro al hombre y su dignidad. Dejo mi reflexión, seguiré.




© La Razón







03:20

A pocos días del inicio del Sínodo extraordinario sobre la Familia, convocado por el Papa Francisco, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Ludwig Müller, señaló que solo Cristo y su amor pueden hacer más llevadera la cruz de la infidelidad o del fracaso matrimonial.




Al presidir ayer la Santa Misa en la Catedral de Córdoba (España), ciudad a donde ha llegado para dictar un curso sobre San Juan de Ávila, el Cardenal Gerhard Müller señaló que “podemos hablar mucho de Dios y, en el fondo, hacerlo sin fe. Podemos ‘deconstruir’ el Evangelio y la Tradición y rehacerlos a gusto del mundo actual, ‘facilitando’ sus exigencias y ‘acomodándolos’ a un hombre postmoderno frágil, superficial e inmaduro”.

“Si así fuera, si fuéramos privados de la ocasión de confrontar nuestras vidas con la Palabra divina, perderíamos también la ocasión de gozar la auténtica felicidad que trae Cristo, quien no viene a evitarnos las cruces de la vida, sino a hacer nuestro yugo más llevadero y a animarnos a hacer siempre la voluntad de Dios”.




La compañía del Señor, dijo, “la encontramos en un camino que conduce a la Pascua y no en un cristianismo de ‘rebajas’ y sin exigencias”.




Solo Cristo y su amor son los únicos que pueden hacer más llevadera la Cruz de la enfermedad, de la pérdida del trabajo, de la soledad y viudedad, de la infidelidad o del fracaso matrimonial”.




Por otra parte, en su ponencia realizada este lunes 29 de septiembre, titulada “La presencia y la misión de la Iglesia en una sociedad pluralista”, con ocasión del Curso de formación sobre San Juan de Ávila, el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe destacó la importancia de la defensa de la vida, la familia y la libertad religiosa.




“La familia debe ser firmemente defendida como el lugar y el ámbito donde cada hombre se llena de amor y crece como hombre en el que el esfuerzo, en su disposición al sacrificio”, dijo.




El Cardenal Müller subrayó además que “la dualidad entre hombre y mujer es necesaria para la constitución de un matrimonio y una familia, y ningún niño puede ser privado de su derecho natural a tener un padre y una madre”.




Citando la Encíclica Centessimus Annus de San Juan Pablo II, el Cardenal subrayó la defensa del “derecho a la vida, del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre”.




La autoridad vaticana subrayó que “la promoción cristiana de los derechos del hombre es clara en lo que respecta a la información y a la construcción de una conciencia colectiva, en todo lo referido a las cuestiones de la inviolabilidad de la vida humana, tratando de influir sobre las regulaciones o leyes encaminadas a la defensa de la vida”.




Además, señaló, “la Iglesia representa la dignidad indispensable de cada hombre, como fundamento de toda vida en común de personas que tienen distintas creencias”.




“Sobre la base de la Ley natural, la Iglesia, en estrecha unión con otros grupos sociales, debe enfrentarse al Estado o a una determinada ideología totalitaria que quiera suprimir o eliminar la religión o la libertad de conciencia, tal y como el Concilio Vaticano II ha dejado claro en su Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae”, dijo.




El texto completo de la homilía y la conferencia del Cardenal Gerhard Müller puede leerlo pinchando AQUÍ encontrarse en el sitio web de la Diócesis de Córdoba:




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