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09:35



Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte (San Pablo, 1 Corintios, 12, 26-27)




Tenía pensado otro post para esta semana, pero la tragedia de Santiago de Compostela me ha hecho cambiar de idea. Estaba en París, en un viaje familiar, cuando tuvimos noticia de la tragedia.




El jueves, mi sobrina y yo, fuimos a Notre Dame donde coincidimos con el comienzo de la oración de vísperas que presidía el arzobispo de París. Empezó aludiendo al accidente de tren de Santiago. Quiso solidarizarse con el dolor de las familias de los fallecidos, con los accidentados y con todo el pueblo español. Fueron palabras de cariño y llenas de unción. El arzobispo de París pedía a los católicos franceses oraciones por nosotros.




Francia y España, franceses y españoles, hemos vivido (y todavía hoy permanece) en rivalidad. Aliados con la llegada de los borbones al trono español, la invasión napoleónica, primero, y la cuestión sobre Marruecos, después, nos enfrentó. Sin embargo, lo que la lucha política y estratégica puede separar, la fe católica puede unir.




Vivir y celebrar la misma fe une a los pueblos y nos hace solidarios los unos con los otros. Esto es la catolicidad de la Iglesia y la comunión de los santos. Estés donde estés, cuando llegas a un lugar y encuentras una iglesia católica, sabes que estás en tu hogar, que no estás solo.




La Iglesia es un Cuerpo. Si un miembro sufre, todos sufren con él. Y es precisamente esta unión, comunión en el Cuerpo de Cristo, lo que nos hace solidarios en el dolor. Se podría decir que nos hace una sola carne, porque al participar de la misma comunión, tengo que salir de mi aislamiento. Paso de un ‘yo’ a un ‘nosotros’.




Y por eso, ante el sufrimiento del otro, sea creyente o no, sea católico o de cualquier otra confesión, o religión, no digo, eso no es mi problema, sino que nuestro afecto, solidaridad y oraciones está con las víctimas y sus familias.




… en mi oración de comunión tengo que tener siempre presente que de esta manera él me ensambla con todas las otras personas que lo reciben, con el que está próximo a mí (quien posiblemente no me resulta simpático), pero también con aquel que está lejos, en Asia, África, América o en cualquier otro lugar. Al hacerme una sola cosa con él, tengo que aprender a abrirme a los demás y, en consecuencia, a comprometerme con ellos .







04:07

El evangelio del domingo, XVII del Tiempo Ordinario, empieza con estas palabras: «Un día Jesús estaba orando en cierto lugar; cuanto terminó, le dijo uno de sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar como enseñó Juan a sus discípulos". Él les dijo: "Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino"».

Cómo sería el rostro y toda la persona de Jesús cuando estaba inmerso en oración, lo podemos imaginar por el hecho de que sus discípulos, sólo con verle orar, se enamoran de la oración y piden al Maestro que les enseñe también a ellos a orar. Y Jesús les contenta, como hemos oído, enseñándoles la oración del Padre Nuestro.




También esta vez queremos reflexionar sobre el evangelio inspirándonos en el libro del Papa Benedicto XVI sobre Jesús: «Sin el arraigo en Dios –escribe el Papa-, la persona de Jesús es fugaz, irreal e inexplicable. Éste es el punto de apoyo sobre el que se basa este libro mío: considera a Jesús a partir de su comunión con el Padre. Éste es el verdadero centro de su personalidad».




Los evangelios justifican ampliamente estas afirmaciones. Por lo tanto nadie puede contestar históricamente que el Jesús de los evangelios vive y actúa en continua referencia al Padre celestial, que ora y enseña a orar, que funda todo sobre la fe en Dios. Si se elimina esta dimensión del Jesús de los evangelios no queda de Él absolutamente nada.




De este dato histórico se deriva una consecuencia fundamental, esto es, que no es posible conocer al verdadero Jesús si se prescinde de la fe, si se realiza un acercamiento a Él como no creyentes o ateos declarados. No hablo en este momento de la fe en Cristo, en su divinidad (que viene después), sino de fe en Dios, en la acepción más común del término. Muchos no creyentes escriben hoy sobre Jesús, convencidos de que son ellos los que conocen al verdadero Jesús, no la Iglesia, no los creyentes. Lejos de mí (y creo que también del Papa) la idea de que los no creyentes no tengan derecho a ocuparse de Jesús. Jesús es «patrimonio de la humanidad» y nadie, ni siquiera la Iglesia, tienen el monopolio sobre Él. El hecho de que también los no creyentes escriban sobre Jesús y se apasionen con Él no puede sino agradarnos.




Lo que desearía mostrar son las consecuencias que se derivan de un punto de partida tal. Si se niega la fe en Dios o se prescinde de ella, no se elimina sólo la divinidad, o el llamado Cristo de la fe, sino también al Jesús histórico tout court; no se salva ni siquiera el hombre Jesús. Si Dios no existe, Jesús no es más que uno de los muchos ilusos que oró, adoró, habló con su sombra o con la proyección de su propia presencia, por decirlo al modo de Feuerbach. Pero ¿cómo se explica entonces que la vida de este hombre «haya cambiado el mundo»? Sería como decir que no la verdad y la razón han cambiado el mundo, sino la ilusión y la irracionalidad. ¿Cómo se explica que este hombre siga, a dos mil años de distancia, interpelando a los espíritus como ningún otro? ¿Puede todo ello ser fruto de un equívoco, de una ilusión?




No hay más que una vía de salida a este dilema, y hay que reconocer la coherencia de los que (especialmente en el ámbito del californiano «Jesus Seminar») la han tomado. Según aquellos, Jesús no era un creyente hebreo; era en el fondo un filósofo al estilo de los cínicos; no predicó un reino de Dios, ni un próximo final del mundo; sólo pronunció máximas sapienciales al estilo de un maestro Zen. Su objetivo era despertar en los hombres la conciencia de sí, convencerles de que no tenían necesidad ni de Él ni de otro Dios, porque ellos mismos llevaban en sí una chispa divina. Pero éstas son -mira por dónde- ¡las cosas que lleva décadas predicando la Nueva Era!




La mirada del Papa ha sido adecuada: sin el arraigo en Dios, la figura de Jesús es fugaz, irreal; yo añadiría contradictoria. No creo que esto deba entenderse en el sentido de que sólo quien se adhiere interiormente al cristianismo puede entender algo de él, pero ciertamente debería alertar respecto a creer que sólo situándose fuera de éste, fuera de los dogmas de la Iglesia, se pueda decir algo objetivo sobre él.




[Traducción del original italiano realizada por Zenit]







02:51

No han cambiado su fecha ni su lugar para la JMJ de Río de Janeiro. Sólo un cambio de Papa: no será Benedicto XVI sino Francisco. El gran protagonista: el Señor, y la juventud particularmente querida por Él. A su lado, como un padre, está el Sucesor de Pedro que acude a esa cita para confirmar la fe en los hermanos más jóvenes. En el año de la Fe era importante este encuentro. Francisco que ejerce el ministerio petrino y Benedicto en este momento emérito, están presentes cada uno a su manera. El primero acudiendo a Río y el segundo orando desde Roma por el encuentro. Serán de Francisco las catequesis, de Benedicto XVI el mensaje previo como preparación estos meses atrás.

El tema de esta JMJ es realmente hermoso por su grande calado misionero: “Id y haced discípulos a todos los pueblos”. Así concluye el evangelio de San Mateo. En el mensaje para esta JMJ se dice: «La célebre estatua del Cristo Redentor, que domina aquella hermosa ciudad brasileña, será su símbolo elocuente. Sus brazos abiertos son el signo de la acogida que el Señor regala a cuantos acuden a Él, y su corazón representa el inmenso amor que tiene por cada uno de vosotros. ¡Dejaos atraer por él! ¡Vivid esta experiencia del encuentro con Cristo, junto a tantos otros jóvenes que se reunirán en Río para el próximo encuentro mundial! Dejaos amar por Él y seréis los testigos que el mundo tanto necesita».




Nuestros jóvenes son un regalo para la Iglesia y para la sociedad. Y cuando han hecho la experiencia del encuentro con Cristo, cuando han escuchado en los labios del Señor su propio nombre que les llama como hace un amigo, cuando les confía un encargo que se convierte en envío, cuando les susurra una palabra como secreto bendito, entonces el cristianismo vuelve a llenar de vida las calles de la ciudad y de esperanza nuestros laberintos.




No queremos evadirnos jovialmente con la JMJ al margen de las cosas que siguen retando nuestra esperanza y nuestra fe. Estamos en medio de un mundo que vive y entiende las cosas de modo bien distinto. Lo estamos viendo al hilo de las crisis varias de índole económica y política, en las que subyace propiamente una crisis más honda que es moral, una crisis del sentido y significado. Cuando se oscurece el horizonte y parece que difícilmente encontraremos salida, entonces los cristianos hemos de afirmar con humilde fortaleza que queremos vivir no con criterios mundanos, sino con los que aprendemos mirando al Señor, escuchando su Palabra y acogiendo sus signos y milagros, junto a los mejores hijos de la Iglesia que han sido siempre los santos.




Y esta visión es la que proviene de la fe viendo las cosas como las contemplan los ojos de Dios y no como las maquinan y pervierten nuestros intereses y nuestras trampas. Una fe que nos deja asomarnos a nuestro mundo con todo lo que tiene de herida y de esperanza, de tragedia y de maravilla, de gracia y de pecado, testimoniando un modo nuevo de estar aquí en medio de la sociedad junto a tantos otros. Lo afirma con fuerza la primera encíclica del Papa Francisco: «La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro» (Lumen Fidei, 4).




Con todo nuestro afecto, con nuestra oración fiel, acompañemos al Papa Francisco y a los jóvenes cristianos en esta JMJ en el año de la Fe, y que de allí salga una nueva generación que forme familias cristianas y que siga a Cristo en el sacerdocio o en la vida consagrada. El domingo pasado el Papa Francisco ha invitado a vivir Río de Janeiro escuchando las preguntas que nos anidan en el corazón. Y amándolas ver que sólo en Cristo se halla su respuesta. Esto nos hace misioneros de una verdad, una bondad y una belleza más grandes que nosotros y que coinciden con el Señor. Esto es lo que anunciamos yendo hasta el confín del mundo para hacer discípulos a todos los pueblos.







23:06

Pasadas 24 horas después de predicar la "revolución de la fe" en la playa de Copacabana, el Papa Francisco volvió a reunirse allí con cientos de miles de jóvenes para pedirles ir "contracorriente".

Porque la alternativa, señaló, es la tibieza. De nuevo, fue cuando se pasó al español, cuando improvisó exhortaciones que ampliaban el texto oficial de su meditación del Via Crucis. Así, interpeló con pasión a los jóvenes con una frase que no salía en el discurso oficial: "¿Quieres ser como Pilato, la sin valentía de ir contracorriente? ¿Eres de los que se lavan las manos y miran a otro lado?"




Hacer visible lo que otros ocultan



Un leit-motiv del pontificado de Francisco y de este viaje a Brasil es hacer visible lo que el mundo tiende a ocultar. Por eso ha insistido, por ejemplo, en el tema del cuidado a los ancianos, cuyo maltrato -extendidísimo en España, más que el femenino- apenas aparece en el radar social. El Via Crucis del viernes por la noche en Copacabana buscaba dar esa visibilidad.




También buscaba "santificar" la playa de Copacabana, el lugar más corporal, hedonista, vanidoso de Río, que a su vez es la ciudad más descreída y arreligiosa de Brasil.




Huevos a Santa Clara: dejó de llover



Según Globonews TV, después de tres días de lluvia, el prefecto de la ciudad, Eduardo Paes, cumplió con una petición del Papa: envió una cesta de huevos a los pies de Santa Clara, costumbre que también existe en España para rogar buen tiempo en ocasiones importantes.




Y la santa cumplió: el viernes fue día sin lluvia, e incluso hubo sol en la playa, y muchos peregrinos y peregrinas, en biquini y bañador, se mojaron en las aguas del Atlántico.




Pero la noche era ya más fresca, y el ánimo más espiritual. Los jóvenes cristianos convirtieron la frívola Copacabana en la mismísima Vida Dolorosa, y cada estación del Via Crucis representaba una etapa del Via Crucis que hoy recorren los peregrinos cuando van a Jerusalén.







Un via crucis especial



Los textos de las meditaciones estuvieron a cargo de los misioneros dehonianos P. Zezinho y P. Joaozinho, ligados a la Renovación Carismática, autores de canciones que utilizan los jóvenes en todo Brasil (hablábamos de ellos en este artículo de ReL sobre curas que venden miles de libros y discos). Entre las estaciones, sonaban temas de autores barrocos, pero con ritmos y arreglos modernos.




Cada estación contaba con una lectura bíblica recitada de memoria por un actor (a veces, profecías del Antiguo Testamento sobre el Mesías sufriente), y un testimonio muy breve a cargo de otra persona. La cruz avanzaba de estación en estación precedida por una nube de incensarios, y seguida de cien oficiales de marina y docenas de jóvenes arropados en las banderas de numerosos países.




1ª Estación: Jesús condenado a muerte - Testimonio de un misionero, sobre el morir a uno mismo.




2ª Estación: Jesús con la Cruz a cuestas - Personajes cargando sus pequeñas cruces; testimonio de un converso, llamado a tomar la cruz en la vida




3ª Estación: Jesús cae por primera vez - El pueblo brasileño le observa, con un estandarte de una Virgen rusa, de estilo odiguitria (que señala al Niño con la mano). El testimonio lo dio una voluntaria en un servicio de ayuda a toxicómanos.




4ª Estación: Jesús se encuentra con su Madre - Una embarazada pide defender la vida desde la concepción; "nosotras las mujeres tenemos esa vocación de defender la vida" y recuerda el Cántico de María, que dice que Dios "derroca a los poderosos".




5ª Estación: Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz... un seminarista expresa su deseo de ser también él cireneo y ver luz en la cruz.




6ª Estación: La Verónica enjuaga el rostro de Cristo. Sobre un candelabro hebraico, se despliega el rostro de Cristo según la Sindone de Turín. Una consagrada habla de su trabajo con prostitutas, enfermos, emigrantes... "Tu faz se queda en el paño de mi solidaridad", dice al Cristo.




7ª Estación: Jesús cae por segunda vez. Unos obreros de la construcción, primero muy atareados, dejan de trabajar. Una pareja de novios lo explican: su amor no puede construirse sobre pasiones pasajeras, sino sobre el amor real y comprometido. "Cada elección implica una renuncia", advierten, "y si caemos, Señor, haz que nos levantemos y no nos alejemos".




8ª Estación: Las hijas de Jerusalén lloran por Cristo. Una mujer ofrece una receta: en el dolor, mejor que hablar sobre Dios, es hablar con Dios...




9ª Estación: Tercera caída de Jesús. Motoristas con casco... y personas en sillas de ruedas. Pero el tema del testimonio son las distracciones y vanidades intelectuales que debilitan la fe. Como respuesta, un hecho: "el ansia de amor que tengo es tan grande, que nada en el mundo la puede llenar". Porque ese ansia responde a una realidad, pero no de este mundo, sino de la vida eterna.




10ª Estación: Jesús, despojado de sus vestiduras. Por primera vez en el Via Crucis, un actor escenifica a Cristo, un Cristo tambaleante y ensangrentado, en una subida agónica... Después de 9 estaciones, resulta emocionante y duro. El tema es algo desconcertante: la dependencia de las redes sociales, la adicción a la tecnología, a lo virtual, "una dispersión que roba identidad al joven".




11ª Estación: Jesús es clavado a la Cruz. Y lo escenifican hombres perfectamente trajeados ante un Muro de las Lamentaciones, sin clavos ni leños. Da testimonio un chico que ha vivido la cárcel pero dice que es peor la prisión invisible de no conocer a Dios (algo que también ha vivido). Dios, insiste, también ama al pecador.




12ª Estación: Jesús muere. Si Dios es tan frágil que puede morir... en un hospital, enfermos de blanco, y de fondo, el cielo, la eternidad. "En el Calvario de los enfermos terminales gustamos el sabor de la eternidad", explica el testimonio.




13ª Estación: El Descendimiento de la Cruz. Una Pietá de Miguel Ángel... y silencio. Hablan con gestos coreografiados un grupo de jóvenes sordos. Cuando el discurso es insuficiente y las palabras inútiles, la respuesta es la que da María: el silencio junto a Dios...




14ª Estación: Jesús es sepultado. La Cruz de los Jóvenes acaba su procesión ante el Papa. Una joven llama a anunciar lo sucedido con "una Nueva Evangelización".







Pero esa Cruz de los Jóvenes, que recorrió los países del antiguo Bloque del Este, que ha estado en países musulmanes, budistas, regímenes ateos... en los pueblos más pobres y los enclaves opulentos, ha recorrido también Brasil durante 2 años. "¿Qué habéis dejado en la cruz, y qué os ha dejado ella?", pregunta el Papa a los jóvenes brasileños.




El Papa insiste: "¡Jesús recorre nuestras calles y carga nuestros miedos!" Recuerda la muerte de más de 250 jóvenes en una fiesta en Brasil en enero, en la ciudad de Santa Marta. También eso lo lleva Cristo. "La Cruz nos deja la certeza del Amor de Dios", señala. Y repite dos veces las palabras con las que Juan Pablo II entregó la cruz a los jóvenes: "Anunciad que sólo en Cristo Muerto y Resucitado se encuentra la Salvación".




Predicó mucho en español



Tres cuartos de la predicación la hizo el Papa en español, ganando mucho en viveza. Después de un Padrenuestro cantado en latín y de la bendición final, Francisco, que había venido en papamóvil besando niños, se retiró en un pequeño Fiat. Muchos jóvenes se quedaron unas horas para el concierto de distintos grupos. Pero no toda la noche.




Ni siquiera la noche del sábado podrán dormir en Copacabana, no es algo que estuviera previsto, ya que la noche al raso se había diseñado en otra localidad, inutilizada por las lluvias.




Discurso del Santo Padre durante el Vía Crucis



(versión oficial, sin sus improvisaciones)



Queridísimos jóvenes




Hemos venido hoy aquí para acompañar a Jesús a lo largo de su camino de dolor y de amor, el camino de la Cruz, que es uno de los momentos fuertes de la Jornada Mundial de la Juventud. Al concluir el Año Santo de la Redención, el beato Juan Pablo II quiso confiarles a ustedes, jóvenes, la Cruz diciéndoles: “Llévenla por el mundo como signo del amor de Jesús a la humanidad, y anuncien a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención” (Palabras al entregar la cruz del Año Santo a los jóvenes, 22 de abril de 1984: Insegnamenti VII,1 (1984), 1105).




Desde entonces, la Cruz ha recorrido todos los continentes y ha atravesado los más variados mundos de la existencia humana, quedando como impregnada de las situaciones vitales de tantos jóvenes que la han visto y la han llevado. Nadie puede tocar la Cruz de Jesús sin dejar en ella algo de sí mismo y sin llevar consigo algo de la cruz de Jesús a la propia vida. Esta tarde, acompañando al Señor, me gustaría que resonasen en sus corazones tres preguntas: ¿Qué han dejado ustedes en la Cruz, queridos jóvenes de Brasil, en estos dos años en los que ha recorrido su inmenso país? Y ¿qué ha dejado la Cruz en cada uno de ustedes? Y, finalmente, ¿qué nos enseña para nuestra vida esta Cruz?




1. Una antigua tradición de la Iglesia de Roma cuenta que el apóstol Pedro, saliendo de la ciudad para huir de la persecución de Nerón, vio que Jesús caminaba en dirección contraria y enseguida le preguntó: “Señor, ¿adónde vas?”. La respuesta de Jesús fue: “Voy a Roma para ser crucificado de nuevo”. En aquel momento, Pedro comprendió que tenía que seguir al Señor con valentía, hasta el final, pero entendió sobre todo que nunca estaba solo en el camino; con él estaba siempre aquel Jesús que lo había amado hasta morir en la Cruz. Miren, Jesús con su Cruz recorre nuestras calles para cargar con nuestros miedos, nuestros problemas, nuestros sufrimientos, también los más profundos.




Con la Cruz, Jesús se une al silencio de las víctimas de la violencia, que no pueden ya gritar, sobre todo los inocentes y los indefensos; con ella, Jesús se une a las familias que se encuentran en dificultad, que lloran la pérdida de sus hijos, o que sufren al verlos víctimas de paraísos artificiales como la droga; con ella, Jesús se une a todas las personas que sufren hambre en un mundo que cada día tira toneladas de alimentos; con ella, Jesús se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o simplemente por el color de su piel; en ella, Jesús se une a tantos jóvenes que han perdido su confianza en las instituciones políticas porque ven egoísmo y corrupción, o que han perdido su fe en la Iglesia, e incluso en Dios, por la incoherencia de los cristianos y de los ministros del Evangelio. En la Cruz de Cristo está el sufrimiento, el pecado del hombre, también el nuestro, y Él acoge todo con los brazos abiertos, carga sobre su espalda nuestras cruces y nos dice: ¡Ánimo! No la llevas tú solo. Yo la llevo contigo y yo he vencido a la muerte y he venido a darte esperanza, a darte vida (cf. Jn 3,16).




2. Y así podemos responder a la segunda pregunta: ¿Qué ha dejado la Cruz en los que la han visto, en los que la han tocado? ¿Qué deja en cada uno de nosotros? Deja un bien que nadie más nos puede dar: la certeza del amor indefectible de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer. Queridos jóvenes, fiémonos de Jesús, confiemos totalmente en Él (cf. Lumen fidei, 16). Sólo en Cristo muerto y resucitado encontramos salvación y redención. Con Él, el mal, el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra, porque Él nos da esperanza y vida: ha transformado la Cruz de instrumento de odio, de derrota, de muerte, en signo de amor, de victoria y de vida.







El primer nombre de Brasil fue precisamente “Terra de Santa Cruz”. La Cruz de Cristo fue plantada no sólo en la playa hace más de cinco siglos, sino también en la historia, en el corazón y en la vida del pueblo brasileño, y en muchos otros. A Cristo que sufre lo sentimos cercano, uno de nosotros que comparte nuestro camino hasta el final. No hay en nuestra vida cruz, pequeña o grande, que el Señor no comparta con nosotros.




3. Pero la Cruz nos invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda, a quien espera una palabra, un gesto, y a salir de nosotros mismos para ir a su encuentro y tenderles la mano. Muchos rostros han acompañado a Jesús en su camino al Calvario: Pilato, el Cireneo, María, las mujeres… También nosotros podemos ser para los demás como Pilato, que no tiene la valentía de ir contracorriente para salvar la vida de Jesús y se lava las manos. Queridos amigos, la Cruz de Cristo nos enseña a ser como el Cireneo, que ayuda a Jesús a llevar aquel madero pesado, como María y las otras mujeres, que no tienen miedo de acompañar a Jesús hasta el final, con amor, con ternura. Y tú, ¿como quién eres? ¿Como Pilato, como el Cireneo, como María?




Queridos jóvenes, llevemos nuestras alegrías, nuestros sufrimientos, nuestros fracasos a la Cruz de Cristo; encontraremos un Corazón abierto que nos comprende, nos perdona, nos ama y nos pide llevar este mismo amor a nuestra vida, amar a cada hermano o hermana nuestra con ese mismo amor. Que así sea.







18:52

El ex presidente de las Juventudes Socialistas, Juan Carlos Ruiz Fuentes, pide perdón “por si alguien se hubiera sentido ofendido”.

El Fiscal –en cambio- considera el video ofensivo: “No se puede permitir este tipo de comportamientos en un político”.




Quien fuera presidente de las Juventudes Socialistas en el 2010, Juan Carlos Ruiz Fuentes, ha pedido perdón por el polémico video “Bendito condón”. Lo ha hecho en la vista oral celebrada en la mañana de este viernes 26. Antes de contestar a las preguntas de la acusación ha pedido perdón “por si alguien hubiera podido ofenderse”.




Posteriormente la juez le ha preguntado si hubiera hecho el polémico video si supiera el revuelo causado. “Por supuesto que no; yo no pretendía ofender a nadie; si hubiera sabido que iba a ofender, no lo habría hecho; si alguien se ha sentido ofendido, le pido disculpas”, reiteró.




De esta manera trata de escapar del tipo penal que obliga no sólo a que haya ofensa sino a que haya “animo de ofender”. Con este argumento el fiscal pide su absolución. Pero aclara que el video es “claramente ofensivo” y añade que “no se puede permitir que los políticos, aunque sea en las juventudes, tengan este tipo de comportamientos”.




Ruiz Fuentes pide perdón en el último minuto y en calidad de imputado. ¿Por qué no lo hizo desde el principio de la polémica?, le preguntó el abogado del Centro Jurídico Tomás Moro (CJTM), Javier Pérez-Roldán. “Nadie me pidió que lo hiciera; si me lo hubieran pedido lo habría hecho porque no estaba en mi ánimo el ofender”, respondió.




A pesar de la petición de perdón tardía, el CJTM se felicita de que por primera vez alguien que atenta contra los sentimientos religiosos pida perdón por unos hechos que resultan claramente ofensivos.




“Con independencia de lo que dicte la juez nosotros nos damos por satisfechos; aceptamos el perdón solicitado confiando en que no se vuelva a repetir”, concluye Pérez-Roldán.




Video explicativo:



https://www.youtube.com/watch?v=JF1tHJ1OPNo&feature=youtu.be







18:52



La Policia detuvo al sospechoso días después por haber participado en robos con fuerza en dieciséis ocasiones



El poder de persuasión de dos monjas ha sido suficiente para evitar el robo en un colegio de Gijón al conseguir que un ladrón desistiera de su propósito y abandonara el lugar, aunque fue detenido días más tarde.

Alertadas por los ruidos que se escuchan desde le patio, las religiosas vieron que un hombre intentaba acceder a un aula golpeando el cristal de la puerta con una piedra y le recriminaron su actitud, según ha informado la Policía Nacional. Tras mantener una conversación con las religiosas, el ladrón desistió de cometer el robo y salió del colegio caminando.




Los agentes que acudieron al lugar recabaron suficientes datos para identificar al sospechoso, que fue detenido días después. Es un hombre de 31 años, residente en Murcia, que fue arrestado por robos con fuerza en dieciséis ocasiones anteriores, las cinco últimas en Gijón.









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