4 cosas que decirle a Dios en el confinamiento y el dolor

Cuando un episodio doloroso de nuestra vida termina bien, de buen grado nos decimos que el suceso era providencial.

Como en el caso de un hombre que se rompe la muñeca y que, en el hospital, se encuentra en una unidad en la que trabaja una encantadora enfermera que termina convirtiéndose en su esposa.

En tal caso, no hace falta la fe para reconocer en esa feliz coincidencia un guiño del Cielo.

Sin embargo, ¿qué pensar y, sobre todo, qué hacer cuando los sucesos no terminan del todo a nuestro favor? ¿Es posible decir en cualquier circunstancia, como hacía Teresa del Niño Jesús: “¡Todo es gracia!”?

Los versículos de la Biblia que ayudan a atravesar trances difíciles

Cuando tiene lugar un suceso grave, es del todo normal que, en un primer momento, nos indignemos contra el mal que se produce.

A Dios no le gusta ver a sus hijos sufrir por un cáncer o un fracaso familiar. Él aborrece el mal, ¡no lo quiere!

Sin embargo, cuando el mal está ahí, conviene recordar lo más rápido posible versículos de la Biblia que puedan ayudarnos a mantener la paz durante la adversidad. Por ejemplo:

Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rm 8,28); o

Dios es fiel, y Él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas” (1 Co 10,13).

Reprodução Redes Sociais

Y por qué no decir a Dios:

“En estos versículos escucho la voz del Señor y pido al Espíritu Santo que los haga resonar en el fondo de mi corazón. Yo los rumio, los transformo en palabras de vida y, poco a poco, en vez de estar obsesionado por mi decepción o mi cólera, repito con Jesús y como Él: ‘Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya’ (Mc 14, 36)”

Meditar sobre la vida de los santos

También es interesante releer las cuatro páginas que el Catecismo de la Iglesia católica dedica al misterio de la Providencia (§ 302-314), para recordar la forma en que todos los santos aceptaron sus contratiempos y sus fracasos.

Una meditación que puede ayudar a hablar así al Señor:

“Padre, no sé realmente por qué permites esta prueba en mi vida, por qué no has pedido a mi ángel de la guarda que me impida cometer este error, tener este accidente, ¡pero creo que es por mi bien! ¡Un bien que probablemente no conoceré hasta el Cielo!”

Dar gracias al Señor

GRATEFUL MAN
SHUTTERSTOCK

Incluso si las palabras de agradecimiento no salen espontáneamente, es bueno decir a Dios:

“Te doy gracias por haberme juzgado digno de llevar esta cruz, para salvar el mundo junto a Ti. Te repito con san Pablo: ‘Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia’ (Col 1,24). Voy a intentar no olvidar jamás lo que repetía el Cura de Ars a sus feligreses: ‘Cada uno tiene su cruz. Si conociéramos todos sus méritos y lo que podemos sacar de ellas, ¡nos las robaríamos unos a otros!’”.

Pedir ayuda para superar una adversidad

Pero, sobre todo, hay que pedir ayuda al Señor:

“¡Señor, dame Tu Espíritu para que pueda reaccionar a todos los designios impenetrables de Tu providencia uniéndome al ‘sí’ que nunca has dejado de decir, que complace infinitamente al Padre y que salva al mundo!”

Por el padre Pierre Descouvemont

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