EE.UU.: Las iglesias se protegen contra los tiroteos masivos

En Springtown (Texas), como en otras comunidades de este Estado de la Unión Americana, es cada día más usual que veteranos de la fuerza aérea o del ejército, la policía, de grupos especiales o expertos en respuesta en seguridad y respuesta, den clases a feligreses de iglesias como la Cornerstone Community Church.

Con el título “God and Glock” (juego de palabras intraducible que, literalmente quiere decir “Dios y un Glock”, haciendo referencia a la marca de pistolas de origen austriaco) los periódicos Dallas Morning News / Los Angeles Times han publicado un largo reportaje sobre este inusual “ministerio” que poco a poco se va agregando a la vida de las iglesias en esta parte de Estados Unidos.

Voces de alarma

En Texas se han producido, en los últimos años, un buen número de tiroteos en lugares de culto como para desechar la enseñanza de los feligreses a hacer frente a los que en la jerga policiaca se le llama “un tirador activo”, piensan algunos de los coordinadores de diferentes confesiones religiosas.

El hecho más reciente fue el pasado mes de diciembre de 2019, cuando un hombre abrió fuego durante el servicio dominical en una iglesia en White Settlement, Texas, y mató a dos fieles antes de que una persona armada de la propia congregación le disparara y le diera muerte.

Si bien es cierto que estas clases de seguridad y respuesta ante tiradores y tiroteos crecen siempre que hay un atentado, también lo es que en Texas la legislación actual ya permite a los ciudadanos portar armas (incluso de manera visible) y poderlas llevar al interior de un templo.

También permite formar equipos armados de seguridad propios de las iglesias con alguna licencia y con adiestramiento no regulado por el Estado.

El fin de los lugares sagrados

En los últimos años las cosas han cambiado tanto en Texas que ya no hay lugares “sagrados” a los que incluso los tiradores masivos respeten. “Lo que lo impulsa es una conciencia”, dijo a Dallas Morning News / Los Angeles Times Carl Chinn, presidente de la Red Nacional de Seguridad Basada en la Fe.

“Nuestra ilusión era que debido a que teníamos una cruz en el techo y un nombre sobre la puerta, éramos de alguna manera inmunes a este tipo de ataques”, agregó Chinn.

Dese luego, no todos están de acuerdo en armar a los fieles. La mayor parte de ellos son completamente inexpertos en el uso de armas y pudiera producirse un daño mayor si en un templo atiborrado comienza una balacera provocada por el miedo.

Por otro lado, resulta un contrasentido tener guardias armados a la entrada del templo y tratar de mantener un ambiente de oración dentro de él.

Un dios falso

“El arma es un dios falso ya que da la ilusión de seguridad”, señaló la reverenda Deanna Hollas, coordinadora del ministerio de prevención de la violencia armada en la Presbyterian Peace Fellowship a los dos rotativos estadounidenses.

“Cuando, de hecho, la única forma de estar verdaderamente seguros es amar a nuestros vecinos, ayudar a aquellos que están luchando, para curar los problemas subyacentes que conducen a la violencia en primer lugar”, añade.

En ese mismo sentido se pronunció Jimmy Meeks, un ex oficial de policía y pastor protestante que organizó el seminario en Hurst sobre seguridad de la iglesia. Meeks asegura que la mejor táctica no es armar a los fieles sino convencer con argumentos al posible tirador activo.

“Usarás tu boca un billón de veces más que tu arma”, resaltó Meeks al grupo de asistentes a su seminario sobre seguridad.

Historia de los últimos años

En Texas las iglesias que han sufrido los tiroteos más letales son la First Baptist Church en Daingerfield, donde en 1980 un hombre armado irrumpió y mató a cinco personas. Diecinueve años más tarde, un tirador mató a cuatro adolescentes y tres adultos en la Iglesia Bautista Wedgwood en Fort Worth antes de suicidarse.

En 2017, un hombre armado comenzó a disparar fuera de la Primera Iglesia Bautista en Sutherland Springs antes de continuar con el alboroto en el interior, matando a 26 personas.

Tales tiroteos masivos son raros, pero casi todos los domingos, alguien en alguna iglesia en Texas debe calmar a un adorador enojado o molesto, dijo Meeks. Y de la molestia a las armas en ese Estado sureño puede haber un paso que, a veces, no se puede detener con la boca.

Con información de Dallas Morning News / Los Angeles Times

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