¿Cómo educar la fuerza de voluntad?

Hacer los deberes al llegar del colegio. Recoger la habitación antes de empezar a jugar. Ensayar con un instrumento o entrenar a un deporte. Que ayuden a los demás… Seguro que te ves peleándote con tus hijos con estas cuestiones: cómo hacerles que decidan de forma correcta qué hay que hacer en cada momento, y que lo hagan…

Los expertos nos dan una serie de claves para educarles a que tengan esa fuerza de voluntad, a que la desarrollen y la mantengan porque esta es clave para conseguir logros en la vida.

Tu ejemplo

 Y la primera es, lo habrás oído mil veces, el ejemplo. Si ven a un padre o madre que nada más llegar a casa se tira al sofá, esperando que se lo hagan todo, poca fuerza de voluntad podrá enseñarles. Si quieres hablar de orden, pero realmente no puedes predicar con el ejemplo, mal asunto…

Así que ya sabes, para educar la fuerza de voluntad, lo primero que los padres la pongan en práctica. A la hora de comer, por ejemplo, si queremos enseñarles a no picar entre horas, a cumplir los horarios, a respetar a las personas mayores…

La paciencia

A los niños les gusta el orden, se sienten cómodos sabiendo qué viene después, y sí, son impacientes por naturaleza, pero también disfrutan jugando a los turnos. Lo aprenderán en el cole, pero también en casa: enséñales a esperar, a que no todo debe ser inmediato… Salvo lo urgente de primera necesidad, lo demás puede esperar.

Ver una película resultará igual de atractivo antes que después de ver los deberes. Incluso más después con la satisfacción del trabajo hecho.

Por cierto, recomendación: no cedas un día como excepción en asuntos de este estilo. No sólo porque los pequeños a veces no entienden las excepciones y volverán a demandarlo sino porque para trabajar la fuerza de voluntad hace falta tiempo, repetición, para que se instaure ese chip natural de la fuerza de voluntad es requisito la constancia. Queremos que la rutina se ejecute sin mayor estrés, procura no romperla.

Priorizar

Es algo básico para nuestra vida y para la de nuestros niños. Primero decidimos prácticamente todo por ellos, pero conformen se desarrollan empiezan a hacerlo ellos. ¿Qué es la vida si no una decisión tras otra? Por eso es fundamental que aprendan a diferenciar qué es más importante, qué es esencial, qué es deseo, qué es obligación… Desde pequeñas cosas, como dejar las ‘chuches’ para después de la comida, a esforzarse con constancia para tocar un instrumento musical.

Cuando antes se aprenda a que hay que saber priorizar, más orden habrá en su cabeza.

Planificar

Viene a ser el complemento de los puntos anteriores. Si les vamos enseñando qué es más importante en ese momento, y a la vez a esperar… voilà… Ahí lo tienes: el horario, la planificación. Son herramientas fundamentales para el funcionamiento de la sociedad, del colegio a las empresas, pasando por tu casa y por la vida de cada persona. La planificación, la organización nos hace más responsables, nos convierte en nuestros jefes y nuestro papel es asumir las tareas que por nuestras decisiones nos hemos encomendado.

Reconocer los logros (y no insistir en los errores)

La fuerza de voluntad suele traer recompensa por sí sola, pero no olvides nunca valorar los logros de tus hijos -ni del resto de personas que te rodean-. La satisfacción de lograr metas, de establecer rutinas productivas es fabulosa, pero si además quienes están cerca te reconocen el esfuerzo, sumas más puntos.

Queremos que sean adultos fuertes, que consigan sus metas sin miedo al esfuerzo y sin pereza: animémoslos. Y si se equivocan, consuelo, comprensión y aprender del tropieza. Nada de reproches. Porque la vida es eso, decidir y a veces, equivocarse. Pero siempre, con fuerza de voluntad.

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