San Francisco de Sales, el rostro amable del cristianismo

San Francisco de Sales ha mostrado al mundo un rostro amable y alegre del cristianismo realmente atrayente. Patrón de periodistas y escritores, es considerado uno de los santos más influyentes de los últimos 500 años.

Escribió uno de los clásicos espirituales más populares de todos los tiempos, la Introducción a la vida devotaCon esta obra cambió el panorama de la escritura espiritual y ofreció inspiración a incontables almas desde su publicación.

Sus consejos resultan muy prácticos todavía hoy:

Nació en el castillo de Sales, en Saboya, una región francesa fronteriza, el 21 de agosto de 1567. Al día siguiente a su nacimiento, prematuro, fue bautizado con el nombre de Francisco Buenaventura. Siempre se inspiró en san Francisco de Asís.

Exigente consigo mismo

De pequeño estuvo muy delicado de salud, pero con muchos cuidados se fortaleció. La esmerada educación de sus padres y también sus propios esfuerzos (por ejemplo contra su tendencia a la ira) ayudaron a su carácter alegre y comprensivo.

A los 8 años entró en el Colegio de Annecy, y a los 10 años hizo la Primera Comunión y la Confirmación. Entonces se hizo estos buenos propósitos, que trató de cumplir toda su vida:

1) Cada mañana y cada noche rezaré algunas oraciones.

2) Cuando pase por frente de una Iglesia entraré a visitar a Jesús Sacramentado, si no hay una razón grave que me lo impida.

3) Siempre y en toda ocasión que me sea posible ayudaré a las gentes más pobres y necesitadas.

4) Leeré libros buenos, especialmente vidas de aantos.

Su padre había previsto para su hijo un gran futuro profesional, por lo que le envió a la Universidad de París y más tarde a Padua. Estudió Humanidades, Derecho y Teología.

Pero Francisco deseaba consagrarse a Dios. Rechazó tanto casarse con una encantadora joven de buena familia como formar parte del Senado. Él quería ser cura.

Tras lograr convencer a su padre, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1593. Predicaba con palabras sencillas y ayudaba especialmente a los pobres.

Sufrió creyendo que podría estar predestinado, pero encontró la paz en reconocer que sencillamente amaba a Dios y se abandonaba a su bondad.

Con sus escritos moderados y caritativos, y su paciencia ante las dificultades, ayudó a que muchos calvinistas entraran en la Iglesia católica.

Despertaba gran simpatía y guió a muchos a un encuentro más profundo con Cristo, entre ellos a santa Juana de Chantal, con quien fundó la Congregación de la Visitación.

A lo largo de los siglos ha seguido inspirando a muchos, entre los que destacan san Juan Bosco, fundador de los salesianos.

Sabiduría para todos

Francisco fue obispo de Ginebra (Suiza) a principios del siglo XVII, y como obispo nunca se casó, pero a lo largo de los años, al participar en las vidas de sus feligreses, pudo conocer los desafíos y las necesidades de las personas casadas.

Entonces, aunque habla del matrimonio desde fuera, su sabiduría sobre cómo mantener un matrimonio fuerte es profundamente perspicaz.

En su libro Introducción a la vida devota, Francisco dedica un capítulo completo a dar consejos a las personas casadas, y usa tres interesantes metáforas cuando aconseja a las parejas sobre el amor conyugal y sus efectos…

“La medida del amor es amar sin medida”, escribió. Y lo supo vivir también. Murió dulcemente a los 56 años en el año 1622. Su última palabra: Jesús.

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