Primera caravana migrante del 2020: ¿llegará a la frontera con Estados Unidos?

Desde octubre de 2018, la ciudad hondureña de San Pedro Sula se ha convertido en el punto de encuentro y de salida de las caravanas de migrantes que han hecho historia en su paso por Guatemala, México y la frontera con Estados Unidos.

Esta semana se registró ya la primera caravana del año. Pero las condiciones han cambiado desde 2018. México y Estados Unidos han firmado un acuerdo para “sellar” la frontera sur del país azteca.

Para lograr el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá y espantar los fantasmas de una elevación de aranceles estadounidense a los productos mexicanos, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador decidió concebir una especie de muro virtual al sur del país.

En la región limítrofe con Guatemala, la Guardia Nacional ha desplegado más de 15.000 elementos que cuidan que las personas que vienen de Centroamérica ingresen al país con un estatus migratorio bien definido o en busca de refugio. Si no se da lo uno o lo otro, van de regreso.

Sin embargo, lo último que quieren los integrantes de la caravana hondureña es quedarse a vivir en México. Van a Estados Unidos, cueste lo que cueste. Organismos de derechos humanos han advertido que ante este despliegue militar, las caravanas van a buscar alternativas. Y en México “alternativas” suelen significar vejaciones.

¿Por qué se van tantos?

En la terminal de autobuses de San Pedro Sula, como en caravanas anteriores, cerca de mil personas, de todas las edades, se congregaron el pasado martes 14 para iniciar una marcha de más de 2.500 kilómetros hasta la frontera de México con Estados Unidos. Las imágenes muestran jóvenes, adultos, niños, mujeres, familias…

La pregunta que hay detrás de todo esto es por qué abandonan su hogar con esa premura y arrostrando tantos peligros si, por ejemplo, la tasa de crecimiento económico de Honduras en los últimos años ha estado por encima del promedio de crecimiento de Centroamérica y muy por encima del promedio de América Latina y del Caribe.

De acuerdo con las cifras proporcionadas por el Banco Mundial, el Producto Interno Bruto (PIB) de esta nación centroamericana creció 4.8 por ciento en 2017, 3.7 ciento en 2018 y cerca de 3.3 por ciento en 2019.

El país ha logrado reducir el déficit fiscal y estabilizar la deuda pública y posee “múltiples fortalezas con el potencial de impulsar al país hacia un crecimiento más rápido y una mayor prosperidad compartida”, dice el Banco Mundial.

Honduras tiene una ubicación estratégica, una creciente base industrial, esfuerzos continuos para diversificar sus exportaciones y una población joven y en crecimiento. La pregunta es: ¿por qué emigran tantos jóvenes, tantas familias hacia México y, luego, a Estados Unidos?

Las razones para dejar el hogar

Contrario a lo que muestran los números absolutos, en lo que respecta a los números relativos, Honduras –como reflejo de gran cantidad de países latinoamericanos, casi todos– enfrenta altos niveles de pobreza y desigualdad.

El Banco Mundial muestra que la tasa de pobreza (ingreso promedio de 5.5 dólares por persona al día) se redujo de 60.8 a 52.6 por ciento entre 2005 y 2017. Por otra parte, la tasa de pobreza extrema (1.90 dólares diarios de ingreso por persona) es de 17.2 por ciento, la más alta de América Latina y el Caribe solo después de Haití.

La desigualdad (GINI 50.5 en 2017, entre los más altos de la región y del mundo) también ha resultado en una de las clases medias más pequeñas en América Latina y el Caribe (11 por ciento en 2015, en comparación con el promedio regional de 35 por ciento).

Finalmente, Honduras registra altos niveles de violencia con más de 41 homicidios por cada 100.000 habitantes, lo que la sitúa entre las tasas más altas en el mundo.

Según el análisis del Banco Mundial, el crecimiento económico volátil y la alta desigualdad han creado las condiciones para el surgimiento de dos ciclos que se refuerzan mutuamente en Honduras: un ciclo de alta violencia y bajo crecimiento; y un ciclo de alta migración/recepción de remesas y de bajo crecimiento.

Conflicto en puerta

La caravana que salió de San Pedro Sula el martes 14 de enero, la primera del 2020, como ya es costumbre, fue organizada a través de grupos de Whatsapp. Los viandantes provienen del “Triángulo Norte de América Central”. Principalmente son hondureños, luego salvadoreños y guatemaltecos.

La tendrán mucho más difícil que en otras ocasiones. El 7 de junio de 2019, México y Estados Unidos firmaron un acuerdo por el que López Obrador se comprometió a endurecer el control migratorio a cambio de que Washington no impusiese aranceles a las exportaciones mexicanas.

La frontera sur de México se encuentra con un muro militar que ha elevado, exponencialmente, el número de centroamericanos, sobre todo hondureños, detenidos al cruzar la frontera por los lugares tradicionales, urgiéndolos a internarse a México por otras senda muy peligrosas.

De hecho, desde que se firmó el acuerdo para “sellar” la frontera sur de México, el flujo migratorio hacia Estados Unidos se ha reducido en aproximadamente 36 por ciento.

Pero no es solo México. En Honduras la policía disparó gas lacrimógeno en Corinto contra quienes trataban de cruzar la frontera sin hacer el trámite migratorio, mientras que en Guatemala, trabajadores de migración y aduanas de Estados Unidos están asesorando a la policía desde el terreno,

Finalmente en México, las autoridades han mandado un mensaje claro: no van a dar salvoconductos. La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, cambiando completamente la postura mexicana sobre los migrantes centroamericanos, dijo el miércoles 15: “México no es un país de tránsito”.

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