Aguas oscuras: David contra Goliath

Robert Billot era un abogado con un futuro prometedor que trabajaba en una prestigiosa firma de abogados especializados en defender a grandes empresas.

Un día, en uno de esos edificios fríos e impersonales, se presentó un ganadero con un puñado de cintas VHS asegurando que ahí tenía la prueba irrefutable de que estaban envenenando el agua del que bebía se ganado pero también, los habitantes de una localidad cercana a un gigante de la industria química.

En un principio Billot no hizo mucho caso pero resulta que aquellos granjeros lo habían localizado porque conocían a su abuela, que no vivía muy lejos de donde supuestamente estaban envenenando las aguas con vertidos químicos ilegales. Billot fue a echar un vistazo y se quedó aterrado.

En 2001 presentó una demanda colectiva contra DuPont, la industria química más importante del mundo. Se demostró que había un vínculo probable entre determinados vertidos y la desmedida proliferación de ciertas enfermedades en la zona como cánceres y malformaciones. En teoría Billot ganó el caso pero aún hoy, 19 años después de aquello este abogado de buen corazón sigue enredado en una compleja telaraña de esquivos trucos legales que podrían llevarle la vida aunque se haya demostrado que tenía razón.

Este es en esencia el contenido real de Aguas oscuras, la última película de Todd Haynes un director al que francamente no le recuerdo una mala película, más bien al contrario. El film está basado en un artículo del The New York Times en el que un periodista destapó una de los casos más preocupantes de salud pública en Estados Unidos y puede también, que en todo el mundo.

Se trata por tanto de una película repleta de valores, en donde David se enfrenta contra un Goliath que en este caso toma forma de una gran empresa de productos químicos. Pero Aguas oscuras es también un ejemplo de hacer lo correcto, de cómo un hombre que tenía su vida solucionada decide arriesgarlo todo por el bien de una comunidad. La labor de hacer lo que está bien. Pura bondad.

Dicho esto, vaya por delante que nadie le va a negar a Aguas oscuras todos estos valores y todos sus aciertos. Sin embargo la película de Haynes, como tal sabe a poco.

No hay carácter propio, viene firmada por Todd Hynes pero muy bien podría haberla dirigido cualquier otro porque no importa. No hay nada que la diferencie de otras historias de denuncia ecológica. Aguas oscuras es como Erin Brockovich pero sin Julia Roberts y un poco más áspera. Si por algo destaca la cinta de Haynes es por su tono gris, en  la propia película pero también en sus formas, en cómo está expuesta y planteada.

Seguramente al final Aguas oscuras irá calando en el público pero lo hará poco a poco. No es un título atractivo, al menos visualmente y ya no digamos cinematográficamente. Es una película correcta pero que parece del montón y no pasaría de ahí si no fuera porque trata un tema de vital importancia. Aguas oscuras es una de esas películas en las que importa más lo que dice (la historia) que cómo lo dice (la técnica cinematográfica) porque lo primero es muy interesante pero lo segundo no tanto.

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