Virgen del Cobre: la mensajera de paz que llegó flotando sobre el mar

Nuestra Señora de la Caridad del Cobre es la santa Patrona de Cuba. Su santuario está ubicado a 27 kilómetros de la ciudad de Santiago, en un pueblo que se dedica a la explotación del cobre desde hace más de 4 siglos. La devoción especial por la Virgen de la Caridad nació a comienzos del siglo XVII, tras el hallazgo de la estatua de María en el mar en 1612.

De acuerdo a la versión de los 3 testigos, dos indígenas y un niño afrocubano de 10 años de edad, la imagen fue encontrada repentinamente flotando en las aguas de la bahía de Nipe. Y sobre la tablilla que sostenía la estatua se leía: “Yo soy la Virgen de la caridad”.

La Virgen representada con el niño Jesús en el brazo izquierdo y una cruz en la mano derecha fue llevada inicialmente al pueblo de Barajagua, pero poco tiempo después fue trasladada al pueblo de El Cobre, donde los pobladores del lugar le construyeron su primera ermita en 1648. Con el pasar del tiempo la capilla se agrandó y en 1680 se convirtió en un templo.

La fama milagrosa de la Virgen se extendió en toda la isla, logrando la devoción de todos sus habitantes sin distinción. Blancos, mestizos, indígenas, mulatos y afrocubanos le imploraban su intervención. El santuario de la Virgen, que está siempre lleno de flores, se encuentra sobre una colina y tiene 240 escalones.

En su interior se encuentra la Capilla de los Milagros que contiene los exvotos de todos aquellos que han obtenido una gracia de la Virgen cubana. En el altar mayor de la basílica está la efigie de la Santa Señora con el niño Jesús, y cada uno tiene una corona de oro.

La Sagrada imagen María también refleja el sincretismo religioso cubano, ya que los aborígenes la identificaron con “Atabey” su diosa nativa, mientras los africanos la relacionaron con “Oshun”, la “diosa de las Aguas”. Para los cubanos, esta Virgen es también un símbolo patriótico.

La Real Cédula que declaraba la independencia de los esclavos de la minas de El Cobre fue leída ante la imagen de la Virgen un 19 de mayo de 1801. Y durante la guerra de la Independencia, en 1868, los cubanos separatistas contra España – los “mambises” – se encomendaron a la Virgen “Mambisa” para lograr la victoria ante las Fuerzas españolas.

Y después de la independencia, los combatientes del ejercito libertador le  celebraron oficialmente su fiesta un 8 de septiembre de 1898. Nuestra Señora de la Caridad fue proclamada patrona  de la República de Cuba por el Papa Benedicto XV, el 10 de mayo de 1916, luego de recibir un pedido oficial por parte de los veteranos de la guerra de la Independencia.

Años después, en 1927 la imagen que tiene casi 84 centímetros de altura fue trasladada a un santuario mucho más grande. Y en 1936 la estatua de María fue coronada solemnemente por delegación del papa Pío XI. Más tarde, luego del triunfo de la Revolución cubana en 1959, la Iglesia y el Gobierno comunista se distanciaron, a pesar de ello, el Santuario Nacional de Nuestra Señora del Cobre fue elevado a Basílica Menor en 1977 por el papa Pablo VI.

En 1998, el Papa Juan Pablo II visitó el santuario de la Virgen del Cobre en Santiago de Cuba, y coronó a la Santísima imagen mariana, como la “Reina y Patrona de la isla”. En el mes de agosto de 2010, después de 51 años, la Virgen del Cobre salió de nuevo en procesión por las calles, como simbolo de religiosidad, patriotismo y reconciliación cubana.

Siguiendo la devoción mariana, el 8 de septiembre, los peregrinos visitan el santuario con velas y flores. Unos rezan, otros suben arrodillados las escaleras de la basílica, algunos llevan en sus brazos a sus familiares discapacitados. Y al salir del lugar, los fieles se llevan consigo pequeñas piedras que contienen partículas de cobre como un simbolo de protección y amor de su Madre, Reina y Patrona de Cuba.

Oración

Santa María de la Caridad que viniste como mensajera de paz, flotando sobre el mar, tú eres la Madre de todos los cubanos. A ti acudimos, Santa Madre de Dios, para honrarte con nuestro amor de hijos. En tu corazón de Madre ponemos nuestras ansias y esperanzas, nuestros afanes y nuestras súplicas; por la patria desgarrada, para que entre todos construyamos la paz y la concordia.

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