¿Qué hacer con los cansancios y los agobios diarios?

Cada día, en la puerta del colegio, entre los grupos de padres y madres que van a recoger a sus hijos, se escucha la palabra “cansancio“.

Y si en lugar de un corrillo grande fuera posible meterse en medio de conversaciones más íntimas, casi con toda seguridad escucharíamos más bien hablar de “agobio“.

Por mucho que en redes sociales o en la mayoría de situaciones cotidianas, las personas muestren el lado más amable de la vida, ¿quién no tiene desvelos?

Que levante la mano aquel padre o madre de familia a quien no le quita el sueño un problema con su hijo, la enfermedad de un amigo o una discusión de pareja.

La vida también son “los cansancios” y “los agobios”, aunque no siempre sea sencillo saber qué hacer o dónde ir con ellos.

No se trata de airear los disgustos a diestro y siniestro. Sin embargo, es importante tener espacios de desahogo en los que poder compartir los “runrunes interiores” mientras alguien escucha con cariño, aconseja o ayuda a buscar soluciones.

¿Qué hacer ante ante el cansancio o los agobios de la vida?

No siempre apetece compartir; o no solo apetece compartir.

La solución a los problemas no siempre es exclusivamente algo concreto o tangible. A menudo puede estar relacionado con confiar en Alguien más, con apuntar más allá, aunque tengamos que estar con los pies en la tierra.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.  (Mt 11, 28)

No es un reclamo publicitario. Es una cita del Evangelio. Probablemente, una de las más conocidas. Pero del mismo modo que una cosa es entender una idea y algo bien distinto interiorizarla y hacerla vida, algo así sucede con el Evangelio. Lo que más cuesta es hacerlo vida.

A “los cansancios” hay que buscarles descanso y a los “agobios”, soluciones. Pero éstas no tienen por qué estar al margen de lo espiritual. De hecho, es atendiendo la faceta espiritual, cuando es posible encontrar serenidad, aunque siga existiendo un conflicto.

Pero no solo se trata de lograr serenidad, sino también de mostrar un aspecto de tu persona que puede ayudarte a fortalecer las relaciones.

Si es un problema relacionado con los hijos lo que te quita el sueño… ¿te has preguntado en el bien que puede hacerles saber que tú rezas por ellos, que pides por ellos o que das gracias a Dios por sus logros? ¿Has probado a rezar con ellos? ¿Has pensado en cómo cambia tu relación con los demás cuando no dejas al margen a Dios en momentos de “agobio” o cansancio”?

El Evangelio no son palabras vacías; al contrario. Todo se llena de sentido cuando lo hacemos vida.

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