¿Están destruyendo las redes sociales nuestra capacidad de perdonar?

Un artículo recientemente publicado por Eric Spitznagel en el periódico New York Post pone énfasis en un tema que los estudiosos de las redes sociales han pasado de largo: la destrucción de nuestra capacidad de perdonar.

El caso más sonado en este 2019 en Estados Unidos fue el de Botham Jean, un joven afroamericano que fue asesinado por una agente de la policía de Dallas, Amber Guyger, quien se confundió de piso y creyó que estaba entrando en el suyo cuando entró al piso exactamente arriba del que habitaba.

Al final del juicio en contra de Guyger, el hermano de Botham, Brandt Jean, le pidió a la juez la posibilidad de darle a la asesina de su hermano un abrazo de perdón en la corte.

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El acto provocó una violenta reacción en línea, sobre todo de la comunidad afroamericana que vio en ello un momento de debilidad ante una policía blanca.

¿Me permite darle un abrazo?

Después de perdonar a Guyger, quien recibió una sentencia de 10 años por el asesinato, le preguntó a la juez: “¿Puedo darle un abrazo, por favor?”.

La juez, también afroamericana, estuvo de acuerdo y los dos se abrazaron en lo que parecía un momento genuino de verdadero perdón.

Este asunto, que arrancó lágrimas de todos los presentes (y los que lo vieron en los medios), fue denostado en redes sociales. Muchos de los comentarios fueron de personas que estaban “disgustadas y furiosas” con Brandt Jean, calificando el abrazo como “estúpido” e “inaceptable”.

Brandt Jean, un jovencito de apariencia tímida pero con una fe enorme, fue etiquetado como “el traidor más grande de Estados Unidos”, y un usuario de Twitter resumió los sentimientos de muchos en solo cinco palabras: “¿Perdón?, al carajo con eso”.

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Pasado de moda

“El perdón nunca ha estado menos de moda, particularmente en esta era de las redes sociales, cuando las personas obtienen puntos por ser desagradables entre sí”, escribe Spitznagel.

“El perdón a menudo requiere proximidad“, explica a New York Post Martha Minow, profesora de derecho de la Universidad de Harvard y autora de un libro publicado este año que lleva por título ¿Cuándo debe perdonar la ley?

Minow añade algo esencial: que la falta de contacto visual en los medios digitales, junto con el efecto de desinhibición, hace que sea más fácil elegir la ira sobre el perdón: “Se necesita tiempo y paciencia para perdonar a alguien (…) En realidad, debes escuchar las disculpas y decidir si es confiable. No puedes hacer eso en línea”.

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carballo | Shutterstock

¿Se debe perdonar a los enemigos?

La madre de los Brandt, Allie Jean, que vive en la nación caribeña de Santa Lucía, le dijo a New York Post que estaba “sorprendida” por la decisión de su hijo Brandt de ofrecer perdón al asesino de su hermano Botham.

“No es fácil amar a tus enemigos”, dijo al rotativo neoyorquino Allie Jean. “Es la cosa más brutal en la que puedas pensar. Pero tenemos que llegar a ese lugar si realmente queremos llegar al cielo”.

La madre de los Brandt luchó por encontrar la paz después de la muerte de su hijo, pero aún no ha llegado al perdón de la mujer policía. “No como Brandt, añade su madre. En mi corazón perdono a Guyger, pero no puedo decirle esas palabras”.

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El problema de la inmediatez… y del anonimato

Perdonar como Brandt Jean puede parecer más de lo que cualquiera de nosotros podría ofrecer, pero Fred Luskin, director del Proyecto de Perdón de la Universidad de Stanford y autor de Perdona por el Bien, cree que todos tenemos la capacidad de sorprendernos.

“Hay un viejo dicho que dice que la adversidad revela el carácter, no lo desarrolla“, dice. “Hasta que hayas estado allí, no tienes idea de qué cualidades podrían surgir de ti”, subraya Luskin quien ha trabajado con víctimas de violencia en Irlanda del Norte, Sierra Leona y los ataques del 11 de septiembre en el World Trade Center.

Y dos cosas más de Luskin: primera, que el perdón nunca debe apresurarse y segunda, que el perdón no debe esperar demasiado para perdonar.

Sentirse demasiado cómodo con la rabia o la tristeza “hará que su cerebro piense que esas son las únicas formas de estar (…) Eso es parte de nuestro problema cultural. No hemos practicado suficientes alternativas al miedo, la tristeza y la ira”.

Y el problema del perdón en las redes sociales es la inmediatez y el anonimato en el insulto. Estamos perdiendo nuestra capacidad de mirar al otro con amor y aborrecer el delito.

Antes lo contrario, pareciera que el perdón es, hoy, una patente para continuar la guerra de clases, de razas, de sexos, de religiones…

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