Despierta, ¡ya viene Dios!

Comienzo el Adviento con el deseo de vivir con esperanza. Me despierto del sueño, del letargo, de la muerte y miro con alegría lo que viene por delante: 

“Tomad en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”.

Me gusta pensar que es así. La salvación está más cerca. Más cerca que cuando empecé mi camino de fe. Han pasado los años y miro hacia delante con más confianza. La salvación está más cerca de mí. Eso me alegra.

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El Adviento es un tiempo para velar, para esperar, para aguardar la venida de Jesús. Un tiempo de anhelo y de deseo. Todavía no nace Jesús en mí y ya lo espero confiado. Viene a mí, va a cambiarme por dentro. Va a lograr hacer vida en mí lo que me pide: 

“Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de riñas ni envidias. Revestíos más bien de nuestro Señor Jesucristo”.

Steve Lacy CC

Quiero dejar de lado las obras de las tinieblas. Esas obras que me enferman y vuelven egoísta. Pienso en mis pecados, mis debilidades, mis deficiencias. Pienso en la fuerza que tiene en mí la tentación. No sé resistir, no soy fuerte.

Necesito cambiar la dirección de mi mirada. Necesito apartar de mí lo que me entristece y debilita. Dejar de lado mis pasiones desordenadas. Mirar a Jesús que viene a nacer en mí. Necesito despertar en medio de mis sueños. Estoy atento como me pide Jesús:

“Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día va a venir vuestro Señor. Estad vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre”.

No sé cuándo va a venir a mi vida. Sólo escucho hoy su petición, quiere que me despierte. Decía el Padre Kentenich:

“Reitero la exhortación: ¡Despiértense! ¡Despiértense! ¡Y despiértense unos a otros!”.

Tengo que despertar y no vivir dormido, perdido en mis ensoñaciones. Quiero estar atento a la vida que sucede a mi alrededor.

No sé cómo va a nacer Jesús en mi alma. Simplemente me pide que me prepare para su venida. Que me despierte y que esté atento.

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