Pequeños consejos si quieres que tu marido pierda peso

Si quieres que tu marido se ponga a dieta y logre adelgazar, necesitas ante todo que él esté convencido. Si no está motivado y les impones restricciones dietéticas, fracasará. Aprovechará el almuerzo que toma fuera de casa para recuperar aquello que no ha comido; o picará entre horas, cuando tú no le veas, (especialmente por la noche); o peor aún, estará muy “liado” con comidas y cenas de negocios. Pero, si logras convencerle y se decide a ponerse a dieta para perder los kilos que le sobran, entonces podrán pensar juntos en el “programa” de medidas (alimenticias y espirituales) a tomar.

¿De dónde vienen estos kilos de más?

Sin duda, el aumento de peso se debe al exceso de comida, a los aperitivos -acompañados de cacahuetes- o a las copas de vino y cerveza que se beben aquí y allá, que multiplican las calorías. Algunos también tienen profesiones de “riesgo” en las que se citan para comidas de negocios, o se saltan el almuerzo o, por falta de tiempo, pican algo más tarde, a cualquier hora, o comen mucho demasiado rápido sin plantearse si su alimentación es equilibrada.

El perfil típico es el de un hombre que toma se toma solo un café por la mañana mientras se pone la chaqueta antes de salir de casa, el que almuerza poco y a la hora de la cena, muerto de hambre, se llena. Y, además, como eres una estupenda cocinera, llega el fin de semana y está impaciente por tomar algunas de tus deliciosas recetas (platillos). 

“¡Cariño, te reduje la barriga!”

¿Cómo se hace esto? En primer lugar, tenemos que reducir cantidades. Debemos ajustar la cantidad a las necesidades del organismo. Sin embargo, la mayoría de los hombres engordan porque toman porciones demasiado grandes. Si tu esposo no hace un trabajo duro en el que queme calorías, entonces no necesita volver a servirse dos veces el mismo plato o repetir el postre. Por el contrario, el día que haya a hacer deporte o ejercicio físico, entonces sí puede aumentar la cantidad de pan o pasta durante la comida anterior.

Te puede interesar: Dos métodos para saber cuánto puedes comer

Opta por realizar tres comidas bien planificadas y de forma regular, a las mismas horas. El día debe comenzar con un desayuno completo para cubrir las necesidades que tenga elorganismo a lo largo de toda la mañana (bebida, pan, mantequilla, leche, queso, fruta). Si no tiene tiempo, prepara tu desayuno a la misma hora que el suyo y despiértele un cuarto de hora antes. Entre un almuerzo suprimido y uno abundante, es necesario encontrar el equilibrio adecuado.

A mediodía, la comida debe incluir verduras y/o frutas (vitaminas y fibra); carne o pescado, o huevos sin salsa ( proteínas); patatas, pasta, arroz, o pan (carbohidratos y energía); y una porción de queso o productos lácteos (calcio y proteína). Acompañar esta comida con agua con o sin gas. Si tu marido suele tomar patatas fritas tres veces a la semana, o incluso todos los días (¡sí, existe tal cosa!), sugiérele que reduzca la frecuencia de su consumo a una vez cada diez días.

Te puede interesar: 8 alimentos que eliminamos de nuestra dieta por miedo a engordar

La cena compensará las deficiencias del almuerzo. Si no ha tomado ningún producto lácteo, verdura o fruta a la hora del almuerzo, debe comerlos por la noche. La cena no debe ser ni demasiado pesada ni demasiado ligera, por mucho que se quiera adelgazar más rápido pues tu marido corre el riesgo despertarse en mitad de la noche para ir directamente al frigorífico o a la despensa de la cocina. ¡Desastre!

¿Y la cerveza de la noche?

No siempre es fácil imaginar el número de calorías que proporcionan ciertas bebidas. Así, el aperitivo al mediodía, una pequeña cerveza al salir de la oficina o una copita de whisky por la noche son auténticas bombas de relojería. Los cafés dulces que se repiten a lo largo del día tampoco son mejores.

Te puede interesar: El alcohol, un enemigo silencioso para los que están a dieta

Entonces, ¿por qué no sugirle tomar por ejemplo un zumo de tomate para sustituir aquella cerveza? ¿Por qué no animarle a tomar el café sin azúcar, o con edulcorante? Por supuesto, la mejor bebida es el agua, con gas o sin gas, independientemente de la marca, o directamente la del grifo,

En comidas de negocios, basta con un vaso de vino bastará que podrá acompañar con el agua que desee. 

¡Rezad a San Isnardo!

Durante la dieta, pueden invocar juntos a San Isnardo. Originario de Chiampo, en la región de Vicenza, Italia, recibió el hábito dominicano de Santo Domingo en 1219, quien le confió la tarea de fundar el convento de Pavía. Llevaba una vida de intensa penitencia, pero era tan obeso que al final de su vida no podía salir de su celda . Sufría mucho por su peso, tanto moral como físicamente. Era una de sus cruces más pesadas.

Si tu esposo está dispuesto a seguir estos consejos, ayúdale comiendo como él: se sentirá apoyado. Una vez que los kilos se pierdan, es importantísimo mantener los buenos hábitos alimenticios adquiridos.

Pero si el caballero no está decidido a hacer dieta, siempre se puede reducir -sin su conocimiento- la cantidad de grasa utilizada para cocinar, el azúcar de los postres, y no llenar la nevera o la depensa con embutidos, chocolates o galletitas para el aperitivo.

En resumen, como mínimo, debe eliminar el pan (excepto en el desayuno), el alcohol (puede beber un vaso de vino al día como máximo), el azúcar añadido y las porciones de más de dos o tres cucharas (especialmente varias porciones). Eso debería ser suficiente para hacer desaparecer algunos kilos de más. 

Bénédicte Drouin

Let's block ads! (Why?)

06:39
Etiquetas:
Reacciones:

Publicar un comentario

[facebook][blogger][disqus]

Diocesis de Celaya

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets