El consejo del papa Francisco para tomar decisiones difíciles

¿Qué hacer cuando hay que tomar una decisión difícil? El papa Francisco invitó a hacer un ejercicio espiritual para responder cuestiones de ‘vida o de muerte’, especialmente para aprender a tomar decisiones que tienen el sabor de la eternidad, el sabor del amor.  En el altar de la catedral de la Basílica vaticana, Francisco ha presidido hoy, 4 de noviembre, la misa en sufragio de los 147 cardenales y obispos fallecidos durante el año. 

El Papa sostuvo que “no nacimos para la muerte, sino para la resurrección”. Por ello, citó a San Pablo: “nuestra ciudadanía está en el cielo” (Filipenses 3:20) y, como dice Jesús en el Evangelio, seremos resucitados el último día (ver Jn 6:40).

Francisco invitó a reflexionar sobre la resurrección en todas las cosas concretas. Hoy, en los quehaceres cotidianos: En resumen, – insistió – “¿vivo yendo al Señor o doy vueltas alrededor de mí mismo? ¿Cuál es la dirección de mi camino? ¿Solo estoy tratando de causar una buena impresión, para salvaguardar mi puesto, mis tiempos y mis espacios, o voy al Señor?”.

Tomar decisiones difíciles

En esta ocasión, presentó como estímulo en vista de la resurrección una enseñanza traída de los Ejercicios espirituales, “donde San Ignacio sugiere, antes de tomar una decisión importante, imaginarse ante Dios al final de los días”. 

Entonces, indica que imaginarse delante a Dios es un punto de llegada para todo y para todos. De esta manara, cada decisión en la vida enfrenta la perspectiva del bien y busca estar más cerca de la resurrección, “que es el significado y el propósito de la vida”. 

“Como la partida se calcula a partir de la meta, como la siembra se juzga por la cosecha, así la vida se juzga bien a partir de su final, desde su final”. 

En este contexto, citó a san Ignacio:

“Considerando cómo me hallaré el día del juicio, pensar cómo entonces querría haber deliberado acerca la cosa presente; y la regla que entonces querría haber tenido, tomarla ahora” (Ejercicios espirituales, 187). 

El Obispo de Roma indicó que este “puede ser un ejercicio útil para ver la realidad con los ojos del Señor y no solo con los nuestros; tener una mirada proyectada sobre el futuro, sobre la resurrección, y no solo sobre el hoy que pasa; para tomar decisiones que tienen el sabor de la eternidad, el sabor del amor”. 

¿Salgo de mí para ir al encuentro del Señor? ¿Tengo sentimientos y actos de piedad por los necesitados? ¿Tomo decisiones importantes ante Dios?”.

Salir de sí mismo

El Papa aseguró que otro estímulo para aspirar a la resurrección es salir de nosotros mismos, recordando que Jesús tuvo una visión, disruptiva: “el que viene a mí, no lo expulsaré”. 

Hoy, mientras oramos por nuestros hermanos cardenales y obispos, que han salido de esta vida para ir al encuentro del Resucitado, no podemos olvidar la salida más importante y más difícil, que da sentido a todas las demás: salir de nosotros mismos. 

La vida es toda una salida: del útero de la madre para salir a la luz, desde la infancia hasta la adolescencia, desde la adolescencia hasta la vida adulta, etc., hasta salir de este mundo. 

Entonces, afirmó: “Solo saliendo de nosotros mismos abrimos la puerta que conduce al Señor. Pidamos esta gracia:

“Señor, deseo venir a Ti, por las calles y los compañeros de viaje de todos los días. Ayúdame a salir de mí mismo, para salir a encontrarte, tú que eres la vida”.

La piedad

Por otro lado, el Papa indicó que los “sentimientos de piedad” producen magníficas recompensas. Pues, “la piedad hacia los demás abre las puertas de la eternidad”. 

Arrodillarse ante la necesidad de los últimos “para servirlos es hacer una antesala para el paraíso”. La piedad, dijo, es “el puente que conecta la tierra con el Cielo”. 

Por lo tanto, podemos preguntarnos si estamos avanzando en este puente: ¿me dejo llevar por la situación de alguien que lo necesita? ¿Sé llorar por los que sufren? ¿Rezo por aquellos a quienes nadie piensa? ¿Ayudo a alguien que no tiene que devolverme?

No es un sentimiento buenista, no es una pequeña caridad; son cuestiones de vida, cuestiones de resurrección.

 “Dejémonos provocar por al menos uno de estos tres estímulos… Entre las muchas voces del mundo que nos hacen perder el sentido de la existencia, sintonicémonos con la voluntad de Jesús, resucitado y vivo: haremos del hoy que vivimos, un amanecer de resurrección”, concluyó el Papa la homilía.

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