Cuando el sexo separa a la pareja

En relación a este problema, en nuestra consulta suelo escuchar expresiones que contienen pensamientos y actitudes comunes como estas:

Esposa: “Me da por pensar que le interesa más su trabajo, sus familiares y amigos y que ya no le importo. Estoy tan decepcionada… Pienso que ha dejado de quererme.

Tristemente, le parece de lo más normal tener intimidad sin haber cuidado sus modales, su apariencia, o por lo menos haber sido antes un poco cariñoso, y, para colmo, cuando lo hacemos, al terminar se da la vuelta para dormir y roncar sin decir ni pio… ¡Todo esto hace que me sienta tan mal!

¡Además…esto y lo otro!”

Esposo: “No la entiendo. Nada que ver con como era al principio. Ahora no solo no me deja tomarla de la mano, sino que me rehúye de muchas maneras o es muy fría en las relaciones íntimas. Me frustra verdaderamente, tanto que ni se lo imagina.

La verdad, yo trato de “cumplir” en la cama aun cuando estoy cansado, o bien, es lo que deseo sin más, y no veo nada de malo.

¡Y por si fuera poco!… el otro día… tal vez necesite alguna forma de terapia”.

¿Qué está pasando?

El fondo: malentendidos, falta de comprensión y empatía.

Más no falta de amor.

Por ello, en el ámbito sexual la comunicación debe ser sincera y confiada, diciendo lo que preocupa, lo que se piensa y en lo que se siente afectada una o las dos partes cuando las cosas no van bien, ya que las relaciones íntimas según  la edad y las circunstancias, son delicadamente importantes, pues además de ser el reducto fisiológico del amor,  son esencialmente unitivas, física, afectiva y espiritualmente.

Sin embargo en ciertos casos, se incurre en actitudes que atentan contra su calidad.

En el varón:

  • En cuanto a la intimidad, suelen algunos varones considerar muy erróneamente que su importancia estriba en tecnicismo sexuales y la sola búsqueda del placer por el placer mismo.
  • Por ello pasan por alto una implicación más personal, valorándolas y entregando todo su ser a través de ellas.
  • Por lo tanto, descuidan sistemáticamente los detalles afectivos como sustento natural de las mismas.
  • Usan de las relaciones como un desfogue de sus preocupaciones y tensiones, con el riesgo de quedar instalado en ello, desvalorizándolas, confundiendo y frustrando a su esposa.
  • Descuidan su apariencia física y con ello todos los que fueron sus modales de conquista, precisamente porque considera el matrimonio como un terreno conquistado, en el que él es un vencedor que quiere a su modo.

La mujer:

  • Al contrario del varón, por lo propio de su feminidad, la mujer no suele separar amor y sexo, y si no se siente querida, es como si su cuerpo se bloquease.
  • La mujer, aun deseando tener relaciones sexuales con su marido, no suele comunicarlo con actitudes suficientemente claras aun cuando discretas y delicadas, por lo que pueden pasar desapercibidas al varón.
  • Ante el descuido de las atenciones y demás manifestaciones de afecto que entrelazaban afectivamente, la esposa se siente celosa y comienza a desconfiar del amor del esposo, así como a buscar al presunto rival que no tiene que ser otra mujer; pueden serlo también familiares, amigos, el trabajo o las aficiones.
  • Su desconfianza la manifiesta en el distanciamiento físico y afectivo, considerando que es lo que más puede doler y necesitar el esposo para corregirse, lo que hace más grave la crisis, al no ser comprendida.

Todo se arreglaría aclarando que ya no confían en su amor y la razón de ello, pero optan por la hostilidad que ensancha la brecha de la comunicación: cuando el camino correcto debería ser confiar en que cuando se dice o hace algo, que el otro no entiende, este debería de saber que existe algo que ignora, y buscar esos datos, en vez de pensar que actúa por maldad o faltas de amor.

De evitar que la crisis se haga crónica por la humildad y la comprensión, reconociendo los respectivas culpas y errores aprobando la difícil prueba de acusarse a sí mismos, como testimonio de que realmente se desea reconducir la situación al plano de la mutua confianza, ya que si se han peleado es porque se desean y aman, por lo que deben luchar contra la indiferencia que los llevaría necesariamente por el camino contrario.

Se trata de recomenzar y volver al punto cuando la confianza estaba intacta y cualquier detalle de cariño suscitaba un abrazo.

La intimidad mal vivida es un aspecto de la vida conyugal que hay que tratar con muchísima delicadeza y cuidado. Porque los esposos, precisamente porque se quieren, pueden llegar a hacerse mucho daño si no se tratan con la delicadeza y cuidado necesario.

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org

   

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