Alberto Fernández visita Guadalupe y pide que el aborto no sea delito

El presidente electo de la Argentina Alberto Fernández visitó México, y en el mismo viaje, encomendó el país a la Virgen de Guadalupe y pidió que el aborto no sea considerado un delito.

El presidente electo argentino Alberto Fernández, de visita en México, pasó por el santuario de la Virgen de Guadalupe donde encomendó su país y los pueblos de Latinoamérica a la Emperatriz de América.

El presidente electo mostró durante gran parte de la campaña cercanía con la Iglesia. Pidió reunirse con los Obispos de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, tuvo reuniones con sacerdotes de la pastoral de las villas, convocó a Cáritas a una reunión pública, e incluso hizo público, según él, que Francisco le reconcilió con la Iglesia. “Yo soy un católico poco practicante y estoy muy enojado con la Iglesia porque no practica muchos de los valores que nos pide practicar, sobre todo el amor por los pobres, por los perseguidos, por los marginados. Y debo admitir que Francisco me reconcilió con la Iglesia y para Navidad le envió un mail y le dije que era la primera vez que le escribía a un cura para esa fecha porque él me había reconciliado con la Iglesia”, expresó.

Simultáneamente con esta aproximación suya a la Iglesia, el presidente electo no ha dejado de postular y defender la legalización del aborto y de promover ideas de la ideología de género. Por ejemplo, antes de viajar a México, Fernández había subido un mensaje de Twitter una proclama a favor de la marcha del orgullo gay en la que expresó: “En una sociedad que nos educó para la vergüenza, ser libres es la mejor respuesta. Vamos a construir una Argentina con más derechos, en la que reinen el amor y la igualdad. Vamos a construir una Argentina para todos, todas y todes”. Y en la misma tierra de la Guadalupana aseguró en una conferencia de la UNAM que el aborto nunca debiera haber sido un delito.

“Yo no soy hipócrita. Si hay algo que me complica la vida es decir lo que creo. Toda mi vida enseñé que el aborto nunca debió haber sido un delito”, pronunció ante la pregunta de una joven, y completó: “a esta altura de los acontecimientos creo que no debe ser un delito y que las mujeres deben acceder en las condiciones de asepsia que el Estado tiene que garantizar”.

Los riesgos de una religión a la carta

Alberto Fernandez no es ni el único político ni el único cristiano que se muestra interpelado por un aspecto de la Iglesia y alejado, explícitamente, de otros. Sean sus gestos por motivos genuinos o electorales, en un punto ambos son contrapuestos. Nuestra Señora de Guadalupe lleva a un niño en su vientre; desde la concepción es Madre de Dios, enseñan los Evangelios. En Guadalupe, María “se muestra sin el niño en brazos y con el niño en el vientre, y ese es un mensaje poderosísimo ante la cultura de la muerte, ante el hecho de que muchos niños mueren antes de nacer”, explicaba hace algunos años el cardenal Marc Ouellet.

En su homilía de cierre de la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia 2005 Benedicto XVI exponía la paradoja de la convivencia del olvido de Dios con el “boom de lo religioso”, en una contraposición que puede servir para acercarse a esta situación en la que se encuentra tanto Fernández como muchos otros políticos de distintas corrientes políticas:

“En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no. Y de este modo, junto al olvido de Dios existe como un “boom” de lo religioso. No quiero desacreditar todo lo que se sitúa en este contexto. Puede darse también la alegría sincera del descubrimiento. Pero, a menudo la religión se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que agrada, y algunos saben también sacarle provecho. Pero la religión buscada a la “medida de cada uno” a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte”.

María de Guadalupe, en sus apariciones, remitía a san Juan Diego al Obispo, a la Iglesia. Lo sigue haciendo, pese a lo que cada uno de sus hijos haga o piense, sea presidente electo de un país o simple peregrino.

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