En muchas parroquias no se sabe qué hacer con las personas con discapacidad

Uno de los grandes temas del pontificado de Francisco es el que se fraguó en la Quinta Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe celebrada en Aparecida (Brasil) en mayo de 2007: el tema de una Iglesia “en salida”. Una Iglesia en estado permanente de misión y de encuentro.

En el documento conclusivo de Aparecida, redactado bajo la conducción del entonces cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, los obispos de todo el continente señalaban: “Seamos misioneros del Evangelio no sólo con la palabra, sino sobre todo con nuestra propia vida, entregándola en el servicio, inclusive hasta el martirio”.

La idea central era (y sigue siendo) salir a las periferias existenciales como discípulos y misioneros. Sobre todo misioneros, para anunciar a “Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras”.

Indudablemente, uno de esos “lugares” donde hay necesidad de salir o de integrar a los fieles y a sus familias en la vida de las parroquias es en el de las personas con discapacidad. Acercarse a quienes tienen necesidades especiales, hacerles accesible su vida de Iglesia, es uno de los retos menos acogidos en diferentes países que integran el orbe cristiano.

Todos pertenecen a la Iglesia

En ese sentido, la arquidiócesis de Detroit (en el Estado de Michigan, Estados Unidos) ha tomado la iniciativa de organizar el próximo 2 de noviembre un simposio en la Universidad de la Madonna, en Livonia, bajo el lema “All Belong” (“Todos pertenecen”) puesto que, según han dicho los organizadores, las necesidades especiales de algunos creyentes “pueden determinar el acercamiento a la Iglesia de toda la familia”.

Según informa el órgano oficial de la arquidiócesis de Detroit (Detroit Catholic), el enfoque de este encuentro –que bien podría replicarse en gran cantidad de países católicos de América—será el de la inclusión de las personas con necesidades especiales a las parroquias, la educación a las propias parroquias y a los ministerios pastorales, para que estas personas y sus familias sean atendidas con amor y sin discriminación de ninguna especie.

Como católico practicante y padre de un niño con necesidades especiales, Patrick Romzek le dijo a Detroit Catholic: “Demasiadas personas con discapacidad se sienten excluidas” (…) Si bien el corazón de la Iglesia está en el lugar correcto, muchos líderes en nuestras parroquias simplemente no saben qué hacer para ayudar a las personas con discapacidad”.

Romzek y sus compañeros voluntarios del Consejo de Liderazgo de Necesidades Especiales para Caridades Católicas del Sureste de Michigan, quienes son los principales organizadores de este Simposio, señaló: “Queremos inspirar, crear conciencia y comprensión y ampliar la inclusión y la pertenencia de las personas con discapacidad en la Iglesia de la arquidiócesis de Detroit”.

No voltear hacia otro lado

El asunto que se tratará tras una Eucaristía, es de suma importancia, no solo para la arquidiócesis de Detroit, sino para la Iglesia católica en su conjunto. Cifras de la Organización Mundial de la Salud señalan que en el mundo, alrededor de 1.000 millones de personas (15 por ciento de la población) padece un tipo de discapacidad.

En Estados Unidos, por ejemplo, son 53 millones de personas las que padecen algún tipo de discapacidad (uno de cada cinco adultos) y, de ellos, por lo menos ocho millones de adultos católicos poseen algún tipo de discapacidad, lo que propicia un reto que va mucho más allá de las rampas de acceso y las bancas especiales.

Diversos temas, como estrategias para catequistas, trabajo en red y apoyo para crear pertenencia en la parroquia, estrategias para extender los sacramentos a las personas con discapacidades, por qué las personas deben ser incluidas en la vida parroquial y las mejores estrategias para la formación en la fe, serán los que tendrán vigencia en el Simposio.

Charleen Katra, quien forma parte de la junta directiva de la Asociación Católica Nacional para la Discapacidad, será una de las conferencistas principales sobre la inclusión de las personas con discapacidad en los sacramentos y la vida parroquial. “Aunque la mayoría de las parroquias tienen buenas intenciones, muchas simplemente no son conscientes de los desafíos que enfrentan algunos de sus miembros”, dijo al periódico de la arquidiócesis de Detroit.

Los desafíos y las directrices

“Un desafío es cuando las personas (con discapacidad) son percibidas como incapaces de crecer espiritualmente”, subrayó Katra en entrevista de Detroit Catholic. “A veces se cree que las personas que no se comunican verbalmente no entienden lo que se dice o enseña, aunque esto puede no ser necesariamente cierto”.

En un documento de 1995, “Directrices para la celebración de los sacramentos con personas con discapacidad”, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) abordó cómo incluir a las personas con discapacidad en los sacramentos.

El documento de la USCCB declara explícitamente que “cada parroquia debe esforzarse por la accesibilidad total” y enumera las modificaciones permitidas a la preparación sacramental para personas con discapacidades. Por ejemplo, según el documento, todos los católicos están invitados a recibir el sacramento de la Confirmación, independientemente de si las discapacidades del desarrollo les impiden alcanzar la edad de la razón.

También, se alienta a las personas con sondas de alimentación a recibir la Comunión aceptando unas gotas de la Preciosa Sangre debajo de la lengua, y los penitentes con discapacidad para hablar, pueden acudir al sacramento de la Confesión “usando el sistema de comunicación con el que son más fluidos”.

Aplicar las pautas y acoger a todos

Romzek dijo a Detroit Catholic que las pautas señaladas por la USCCB tienen la capacidad de hacer que la vida parroquial católica sea accesible para una porción significativa de la población, por lo que el Consejo de Liderazgo para Necesidades Especiales las ha adaptado en folletos simplificados para parroquias.

“Los trabajadores de las parroquias solo necesitan saber que existen”, señaló Romzek, quien reconoció que, “desafortunadamente, la mayoría de las personas desconocen estas pautas y desconocen las oportunidades para que las personas con discapacidad participen plenamente en la Iglesia“.

Romzek dijo que atender a las personas con discapacidad no es solo lo correcto, también es importante desde un punto de vista evangélico. “Incluso pragmáticamente, es lo correcto porque trece por ciento de la población tiene una discapacidad (…) Eso significa que trece por ciento de la población falta en las bancas si no los acogemos”.

Finalmente, Romzek afirmó a Detroit Catholic que sabe de “muchas familias” que han abandonado la Iglesia porque su hijo discapacitado no fue bien atendido. “Si pierdes al niño, pierdes a la familia; si no son bienvenidos, entonces los padres a menudo lo toman como algo personal y no sienten que la familia sea bienvenida”.

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