Los valores del rugby

Se puso en marcha la Copa Mundial de Rugby de Japón, y con ella, la ilusión de 20 países. Los países del hemisferio norte renuevan su ilusión de disputarla a las potencias del hemisferio sur – sí, en el rugby así se han dado las cosas- la copa Web Ellis.

Organizada por la World Rugby, la Copa del Mundo es el evento magno de un deporte que en sus orígenes está inspirado en el mismo futbol medieval que el futbol contemporáneo. Aunque algunos se ocupan en desmitificarlo, el principal responsable del nacimiento del rugby habría sido el estudiante de Teología de la Universidad de Oxford en el siglo XIX William Webb Ellis. En poco tiempo, el rugby se las arregló para extenderse por las naciones del Reino Unido, cruzar el Canal de la Macnha, y llegar hasta los Estados de influencia británica en todos los continentes, donde alcanzó una popularidad tan alta como su nivel de juego. De hecho, pese a haber nacido en Inglaterra, en una sola ocasión ésta obtuvo el título mayor, obtenido tres veces por los poderosos All Blacks de Nueva Zelanda, dos por los Wallabies de Australia, y dos por los Springboks de Australia.

Pero detrás de las luces de este evento, y más allá de las competencias profesionales que en Europa y las potencias del sur se llevan adelante, el rugby ocupa la vida de decenas de miles de jóvenes cada fin de semana, obligándolos para disputarlo a mantenerse sanos, a trabajar en equipo, y a desarrollar actitudes fundamentales para el juego que nutren aquellas necesarias para la vida responsable.

Regulado a nivel internacional por la World Rugby, ésta ha establecido como valores fundamentales del deporte, tan importantes en su desarrollo como las reglas del juego, la integridad, el respeto, la solidaridad, la pasión, y la disciplina. Son guías que estructuran su accionar, que buscan irradiar tanto en las estructuras profesionales como amateurs con las que se juega el rugby en todo el mundo. Pero ante todo se trata de propuestas que no nacen del azar, sino de la trayectoria de un deporte cimentado en su carácter formativo y juvenil:

· La preocupación por la integridad, por mantener lejos a los vicios de la corrupción de otros deportes hiperprofesionales marca la vida de los clubes en los que se juega en todo el mundo; el rugby no es promovido por empresas con fines de lucro que piensan un espectáculo, sino por familias que protegen y cuidan su esencia como parte de una tradición que hace bien a sus hijos. En Sudáfrica, en Irlanda, en la Argentina, se observa la misma preocupación por cuidar la esencia de aquello que ha hecho bien a otras generaciones.

· El respeto ha de ser aliado de la fricción, y es promovido más allá de lo que ocurra sobre el césped; sería peligrosísimo un deporte de esta intensidad sin una voluntad por respetar la integridad del otro. Un respeto que parte del conocimiento, y de allí el valor que se otorga en las divisiones formativas al tercer tiempo, al encuentro post partido entre los distintos clubes.

· La solidaridad es parte del juego: si un compañero va con la ovalada, sino es acompañado, difícilmente avance. Casi espontáneamente esa solidaridad del juego se traslada hacia afuera, y propone al rugby como un deporte inclusivo, que derrumbe clases sociales y hasta raciales. Esa solidaridad se hace amistad en el rugby, y puede, como enseña el caso sudafricano, unir un país.

· No es posible el rugby sin pasión, que obliga a la resiliencia, a levantarse tras ser derrumbado, a avanzar pasando la pelota hacia atrás, a buscar lo imposible: sin pasión, no se entiende, como se ve a veces en las divisiones juveniles, que un ni niño de 1.40 m se atreva a tacklear a otro 20 cm más alto. Y corpulento…

· No es posible vivir esa pasión sin disciplina, sin foco en un bienestar integral del jugador que permita desarrollar 80 minutos a un nivel de intensidad superlativo tanto en lo físico como en lo mental.

Por cerca de un mes, la pelota ovalada disputará la atención mundial con la redonda, que tantos deportes protagoniza. Mucho tienen para aprender del Rugby algunos deportes que en ocasiones viven en un divorcio entre sus estructuras hiperprofesionales y las que se viven en el llano de su práctica.

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