¿Qué tiene en común los tiradores de El Paso y Christchurch, Nueva Zelanda?

B. T., el acusado de asesinar a más de cincuenta personas en dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, en marzo pasado, y P.C., el tirador de El Paso (Texas) quien el sábado tres de agosto en una tienda de Walmart dejó un reguero de 22 muertos, entres ellos ocho mexicanos, tienen una (dizque) teoría que los une: la de “la gran sustitución”.

El pistolero de Nueva Zelanda (insistimos en no poner su nombre porque estos desequilibrados, en su mayoría, buscan la notoriedad y el “lucimiento” ante los suyos) había publicado, previamente a la matanza, un manifiesto con el nombre de “La gran sustitución”. P.C., en otro manifiesto escribió: “De hecho, la comunidad hispana no era mi objetivo hasta leer ‘La gran sustitución’”.

De una manera vaga –desde luego sin entender mucho de qué va el asunto—tienen como referente al autor francés Renaud Camus quien en 2012 publicó un texto en el que habla de cómo en Europa, en una generación, había un pueblo y que, de pronto, a la siguiente generación será sustituida por otro o varios pueblos (en referencia directa a los musulmanes y a los inmigrantes de África).

¿Qué es esto?

Como todas las ideas supremacistas, las de “la gran sustitución” forman una batiburrillo de verdades a medias y mentiras completas. Con un denominador común: el miedo al otro, al extranjero, al invasor. Mezcla de aporofobia (horror al pobre) y engreimiento (somos la raza superior), el asunto es convertirlo, sin dilación alguna, en el enemigo a vencer, antes que sea demasiado tarde.

El 11 de septiembre de 2013 Renaud Camus lanzó un llamamiento con el nombre de “No al Cambio de Pueblo y de Civilización” (NCPC), que puede ser considerado como una bandera del movimiento que ha engendrado los asesinos de Christchurch y El Paso. Decir “no”, con palabras y obras, al remplazo presentado como “la más grave crisis de nuestra historia y el problema más severo que debemos enfrentar hoy”.

“Mi amor para todos los que dicen NO, todos los que se levantan contra el cambio de pueblo y de civilización, todos los que rechazan la conquista y la colonización de Europa, así como la anunciaron, cada cual por su lado, Houari Boumédiène y Vladimir Putin, sin olvidar esos otros visionarios que fueron Enoch Powell y Jean Raspail”, escribió Renaud Camus en el NCPC.

Las evidencias

Unos veinte minutos antes de matar a 22 personas y herir a 29 en el centro comercial Cielo Vista de El Paso, P.C. publicó el manifiesto “Una verdad incómoda” en la página digital supremacista 8chan, en la cual hablaba de la invasión hispana que estaba sufriendo su Estado (Texas) y proponía exterminar a la población hispana y a los migrantes, como una forma de lograr una formar de vivir “más sostenible”

Armado con una AK-47, el asesino confeso de El Paso (al momento de abordarlo la policía de El Paso dijo, simplemente, “Yo soy el atacante”) trató de matar “al mayor número de mexicanos” que estaban el sábado haciendo sus compras de fin de temporada vacacional en Cielo Vista. Los investigadores del caso han dicho que P. C. no tiene ningún empacho en “colaborar” con ellos: sabía a lo que iba.

El Paso y Ciudad Juárez (Chihuahua, México) están divididos por una valla, pero unidos históricamente como ciudades hermanas. P. C. tenía claro que 85 por ciento de la población de El Paso es de origen hispano, casi todos de origen mexicano. Y que los sábados, en los centros comerciales, van a hacer sus compras del otro lado de la frontera: quiso dejar claro que matar mexicanos era la forma de cuestionar el reemplazo de los blancos de su Estado, de su país, por otra raza.

Una tragedia anunciada

En un duro comunicado, los obispos que forman la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, condenaron “la trágica pérdida de 22 vidas este fin de semana en El Paso demuestra que la retórica y las ideas llenas de odio pueden convertirse en la motivación para que algunos cometan actos de violencia”.

Y pusieron el dedo en la llaga del supremacismo blanco: “Los sentimientos antiinmigrantes, antirrefugiados, antimusulmanes y antisemitas que se han proclamado públicamente en nuestra sociedad en los últimos años han incitado al odio en nuestras comunidades”.

Sin referirse directamente al presidente de Estados Unidos o a cualquiera otro personaje del gobierno republicano, los obispos señalaron sin tapujos que el odio y la dura retórica anti-hispana “se hicieron eco en la explicación del tirador de El Paso sobre por qué cometió el tiroteo de este fin de semana, así como en la motivación de los tiradores que atacaron la Sinagoga del Árbol de la Vida en Pittsburgh el año pasado y la Iglesia Madre Emanuel AME en Charleston en 2015”.

Se llama odio al extranjero. Porque viene a invadirme, a quitarme calidad de vida, a dejarme sin trabajo, sin tradiciones, sin cultura. A reemplazar lo mío por lo desconocido.

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