Desde Mississippi: ¡Mi padre no es un criminal!

Un doble y terrible mensaje: mientras la comunidad de El Paso lloraba la muerte de 22 personas a manos de un supremacista blanco que quería, según sus dichos, acabar con la “invasión hispana” en Texas, en Mississippi, el 7 de agosto, se llevó a cabo una redada mayúscula en contra de trabajadores indocumentados que laboraban en plantas procesadoras de alimentos de este Estado sureño, con alta presencia de hispanos.

Cerca de 680 trabajadores de siete plantas procesadoras de alimentos fueron arrestados en una sola jornada por el Servicio de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, el ICE; 680 trabajadores que dejaron a sus familias en la absoluta zozobra pues eran, casi todos ellos, su principal sostén financiero.

Se trató, según el fiscal del distrito sur del estado de Mississippi, Mike Hurst, de “la acción de las fuerzas del orden más grande en un solo estado de la historia de Estados Unidos”.

Hurst justificó la acción del ICE y de la fiscalía a su cargo diciendo que su país es “un país de inmigrantes” que da la bienvenida a la gente de otros latitudes, “pero tienen que obedecer nuestras reglas, tienen que venir aquí legalmente. O, si no, entonces no deberían venir”.

¿Quién ayuda a las familias?

Ciertamente, el problema de las redadas golpea, directamente, a los trabajadores indocumentados, pero la mayoría lleva años viviendo en Estados Unidos y tienen una familia establecida en el país.

Por lo pronto, la organización Catholic Extension (Extensión Católica), con base en Chicago (Illinois) ha anunciado que ayudará a las familias de Mississippi con una ayuda inmediata y con el dinero que recaude dinero para su Fondo Sagrada Familia; un programa que lanzó a principios de este año para ayudar financieramente a esposos, esposas e hijos que se quedaron sin sostén debido a la detención o deportación.

Lo que se recaude en el Fondo Sagrada Familia será administrado por la diócesis de Jackson (Mississippi), lugar cercano a donde se realizaron las detenciones de los inmigrantes indocumentados y una de las diócesis más pobres de la Unión Americana.

¿Cómo funciona?

Con un sentido eminentemente católico, de ayuda al más necesitado, Catholic Extension resaltó en un comunicado emitido al día siguiente de la redada en Mississippi que su programa “busca ayudar a traer algo de estabilidad a lo que es un momento terriblemente desestabilizador para las familias”.

Según comenta la agencia de noticias CNS, “Catholic Extension es el principal defensor nacional de la obra misional en las partes pobres y remotas de los Estados Unidos.

El padre Jack Wall, presidente de Catholic Extension, dijo que las redadas policiales de ICE muestran el “costo humano de nuestro sistema de inmigración roto; sufrimiento en medio de la incapacidad de nuestra nación para encontrar una solución legislativa de sentido común para este problema apremiante”.

La idea que empuja a Catholic Extension es la de la extrema importancia que resulta para Estados Unidos tener y mantener una familia fuerte, dijo el padre Wall, “y eso incluye a las familias inmigrantes”.

Contra el caos

Joe Boland, vicepresidente de misión del organismo, dijo a CNS que aunque algunos de los líderes de la nación dicen que se deben hacer cumplir las leyes para prevenir el “caos en este país”, las redadas en sí mismas causan un “caos masivo” a medida que los padres son separados por la fuerza de sus hijos.

“Esto no solo es malo para estas familias y malo para la iglesia, a la que pertenecen muchos de los detenidos, sino que es especialmente malo para el futuro de nuestra sociedad”, dijo Boland.

Y sentenció el hecho con una frase que muy bien haría resonando en los muros de la Casa Blanca y en la célebre oficina oval donde despacha el presidente Trump: “Cuando separamos familias, nadie gana”.

Los arrestados pasaron a custodia del ICE, que decidirá si los encierra en un centro de detención hasta ser deportados a sus países de origen o si los pone en libertad, mientras los jueces deciden sobre su permanencia o no en Estados Unidos.

Así que, por un lado, un residente, supremacista blanco, mata a 22 personas queriendo erradicar a los mexicanos de Texas, en Mississippi 680 familias se quedan sin sostén. Ninguno de los detenidos era, como dijo uno de sus hijos a la prensa, “un criminal”.

Con información de CNS

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