Enferma de cáncer, sus alumnos la sorprenden el día de fin de curso

“Desde pequeña soñé con ser profesora de lengua castellana”. Irene* es una maestra vocacional, de esas que uno no olvida aunque hayan pasado muchos años.

Estudió en la Universidad, se licenció y comenzó a trabajar en colegios. En paralelo, se casó y tuvo una hija.

“El trabajo actual es un instituto, con adolescentes“. “Es emocionante, atractivo, intenso pero gratificante”, dice. Y es que donde otros ven un problema o una dificultad, ella ve personas a las que amar y educar para lograr que tengan el mejor futuro posible. Quiere a sus alumnos y, aunque no es su tutora, eso hace que además de transmitirles los contenidos de las asignaturas, se vuelque en conseguir su crecimiento intelectual y espiritual.

Un cáncer que no se cura (de momento)

A Irene le detectaron un cáncer de mama metastásico en 2009. Tenía 33 años y su hija 3. La operaron y todo volvió a la calma. Sin embargo, en 2016 reapareció, esta vez con metástasis en los huesos. Volvieron los tratamientos, las analíticas, la caída del cabello, los dolores… En 2017 se produjo una nueva recaída, esta vez con metástasis ósea y en el hígado.

Pero Irene decidió que tenía un marido, una hija y unos alumnos por los que luchar. Y así lleva -esta segunda vez- 3 años, entre sesiones de quimioterapia, clases e incluso viajes de estudio: este curso le pidieron en el colegio que acompañara a sus alumnos a París y no quiso decir que no.

“Me someto -ha escrito su testimonio para Aleteia- a sesiones semanales de quimio para intentar frenar el avance de mi enfermedad y que esta no se apodere de mi cuerpo o al menos que no lo haga demasiado pronto”.

¿De dónde saca la fortaleza?

“Junto con cada sesión de quimio mi tratamiento va acompañado de mi FE (lo escribe con mayúsculas) y la de los que me rodean. Entramos en la capilla del hospital cada vez que tengo visita, y pedimos y damos gracias o simplemente sosegamos nuestro espíritu y buscamos la paz necesaria para afrontar el día”.

“Esa fe y esa quimio me dan vida”

“Esa fe -explica Irene- y esa quimio me dan vida. Y esa vida es la que intento trasladar a los alumnos, chicos de 13 a 16 años que no siempre tienen claros los verdaderos valores: intento inculcarles la grandeza de la vida, la importancia de la salud, lo efímero de la belleza terrenal y cómo debemos dar amor, cariño y apoyo a quienes nos rodean”.

“He dado clase calva”

“He dado clase calva, con pañuelo, sin cejas ni pestañas, hinchada por los tratamientos, con kilos de más por la cortisona, pero he dado clase llena de FE, llena de AMOR y de ALEGRíA”.

Quien diga que los adolescentes no saben apreciar el esfuerzo de sus maestros, no conoce a los alumnos de Irene. La semana pasada celebraron la fiesta de final de curso. Estaban presentes sus padres, familiares y amigos. Por un día dejaron sus camisetas con mensaje y sus vaqueros, y casi estaban desconocidos: ellas con sus vestidos y ellos con traje.

En el discurso del acto académico, dos alumnas se encargaron de pronunciar unas palabras en nombre de todos:

“Queremos agradecerte todo lo que has hecho por nosotros durante este año, tanto por habernos enseñado a analizar textos y a saber analizar nuestra querida sintaxis, como también inculcarnos el ser buenas personas”.

Recordaron la frase de la profesora que “nos llegó al corazón a todos”: “Los contenidos académicos son muy importantes, pero ser buenas personas lo es mucho más”.

“Eres una mujer única”

“Eres una mujer única y un ejemplo a seguir por todos, luchadora y ganadora. Una mujer que nos ha demostrado lo fuerte y valiente que se puede llegar a ser. Y que aunque te caigas puedes levantarte mil veces”.

“De todos los sitios se saca algo bueno, pero de nuestro paso por este centro te sacamos a ti. Nos quedamos con tus sonrisas y con tu forma de ser, con la felicidad que nos transmitías cada vez que entrabas por la puerta de clase, y sobre todo con la sonrisa que nos sacan a todos cada vez que nos hablan de ti”.

Irene quiso hacerles un regalo especial para el último día del curso. Tomó lápices y a cada uno le añadió un pequeño mensaje personal, como esa frase que dicen las mamás cuando uno se marcha de viaje y ya está en la puerta: “A., inténtalo siempre”, “L., eres única”, “E., haz de hoy un día increíble”, “A., llegarás muy lejos”, “M., eres increíble”, “J., lo conseguirás”, “I., eres maravillosa”…

Es un pequeño detalle que sin duda guardarán en la memoria y en el corazón.

*Irene es un nombre falso. Tras él se esconde la auténtica M. A. L., que reside en España, en una ciudad de la Comunidad Valenciana, a pocos kilómetros del Mediterráneo.

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