3 cosas que van bien cuando muere un ser querido

Muchos de nosotros somos personalmente conscientes del hecho que enfrentar la muerte de un ser querido no es una serie de pasos claros que hay que eliminar eficientemente de la lista uno a uno. El dolor es único, como los individuos que cargan el peso. Es una experiencia delineada por la naturaleza de la relación que se cambia con la muerte. No importa cuántas veces el dolor llame a la puerta, cada vez es diferente.

A veces llega en oleadas, o quizá como una inundación. Algunos callan, otros se enferman físicamente, buscan comida, alcohol o drogas para encontrar consuelo, o quizá se aislan en busca de refugio en la soledad. Muchos hacen viajes en su memoria, retoman relaciones interrumpidas o dejan ir otras. Algunos agradecen a Dios por lo que han tenido o se enojan con Él por lo que han perdido.

La pérdida es una experiencia humana inevitable. Inspira nuestro arte, tiene un papel en nuestros sueños y ha sido estudiada por innumerables expertos de múltiples disciplinas. Todo esto vuelve evidente el hecho que, si la experiencia del dolor es personal y es vivida de manera distinta cada vez, existe un terreno común que se comparte. Si estás sufriendo por la pérdida de alguien, mira tres sugerencias útiles.

Reír hace bien

Está permitido reír. Todos saben que hace bien llorar cuando se está triste, y es completamente natural sentirse decaído cuando alguien a quien se quiere muere. De lo que no se habla suficiente (algo que es un perjuicio en relación al luto) es la otra cara de la moneda.

Darse el permiso de ser felices – de sentir alegría e incluso reír – no es un acto desleal en relación al difunto. Que la despreocupación derive del oír un chiste, recordar episodios divertidos del pasado o solo gozar un bello día, no quiere decir que eres desleal en relación a la persona que ya no está si gozas la vida, ni el valor de tu relación ni la profundidad de tu amor se miden en base al número de lágrimas que has derramado o la felicidad que has sofocado.

Va bien pedir ayuda

El mundo sigue adelante. Los pájaros siguen cantando como si nada hubiera cambiado. La gente a tu alrededor, sin embargo, sabe que tu mundo ha cambiado para siempre. Estas personas pueden ayudarte.

Pedir ayuda es útil, sí, pero es también un acto de amabilidad en relación a quien quiere darte una mano. Muchos quieren ayudar porque han sido ayudados en el pasado. Algunos simplemente te quieren y desean aliviar tu sufrimiento. No subestimes nunca cuán importante es decirle a quien te rodea lo que está sucediendo.

No te sientas obligado a pedir ayuda solo para hacer sentir mejor a los demás, sino que cuando alguien dice “Dime cómo puedo dar una mano”, díselo realmente. Lavar la ropa, sacar al perro, hacer de canguro, preparar la comida, consejos, o incluso solo ir a dar una vuelta juntos… todas estas cosas alivian el peso y hacen sentir a quien te rodea que es útil. Ganan todos.

Quizá lo que necesitas es un grupo de apoyo. Hay muchas maneras de buscar ayuda. Las agencias gubernamentales, iglesias, grupos cívicos e incluso las escuelas ofrecen varias formas de acceder a una gama de oportunidades de asistencia.

No tenemos un control total del mundo que nos rodea, y no podemos predecir el lugar y el momento exacto en que algo sucederá. La vida, con todos sus eventos, se lleva a cabo en un camino que no logramos controlar, y la experiencia del dolor no es la excepción. Como no podemos controlar la manera en que experimentamos el dolor, no logramos tampoco controlar cuánto durará.

La duración del luto puede variar de persona a persona, y no es algo correcto o incorrecto. Al enfrentar la muerte, como la vida, cada uno tiene su propio ritmo.

Es importante tomarse el tiempo para la propia salud – física, psicológica y espiritual. Puede ser fácil descuidar estas cosas cuando se viven emociones intensas y variadas. Es necesario tomarse tiempo para comer sano para tener energía. El sueño adecuado y el ejercicio ayudan a mantener los niveles de energía y debemos también relajarnos, aunque se trate de pocos minutos sentados en el coche.

Llorar a una persona querida es difícil. No hay pasos sencillos o tratamientos rápidos para golpes imprevistos o heridas profundas del alma, o para las oleadas de tristeza que podrían derrumbarte. Amar a alguien no es algo de lo que se puede uno cuidar, y el dolor es un componente inextricable del amor.

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