Dormir, ¿es realmente un tiempo perdido?

Atención: nuestra forma de vivir es perjudicial para nuestro equilibrio físico y mental, y el cuerpo se venga

Aunque el sueño es uno de los mejores amigos del hombre, ¿por qué es tan poco reconocido? La vida moderna perjudica la calidad del sueño. Por ejemplo, en Francia, donde el consumo de pastillas para dormir y ansiolíticos rompe todos los récords.

Según un informe fechado en diciembre de 2014 y publicado por la Agencia Nacional para la Seguridad de los Medicamentos y Productos de Salud (ANSM), se habrían vendido en Francia 131 millones de cajas de medicamentos para ayudar a quienes tienen problemas para dormir. Alrededor de 11,5 millones de franceses lo han usado al menos una vez al año: 7 millones para la ansiedad y 4,2 millones para el insomnio. O entre dos y cinco veces más que en los países europeos vecinos.

¿Cuál es la causa de esta anomalía? Están el estrés laboral, el miedo al desempleo, el fracaso familiar, el terrorismo… Son, sin duda, motivos de preocupación pero, para Maryvonne Gasse, autora de El sueño, amigo del hombre, no son suficientes para explique este malestar visiblemente más profundo en Francia que en cualquier otro lugar.

La respuesta, dice ella, no es ni fisiológica ni geográfica, ni siquiera económica. Es cultural: “Cartesianos y orgullosos de serlo”, los franceses se encierran demasiado en la mente dejando de lado el cuerpo. ¿Resultado? La sobreexcitación del cerebro, el exceso de racionalidad y el autocontrol son factores que amenazan el equilibrio mental.

Este es el mal francés: la mente que trabaja a toda velocidad, desafiando al cuerpo. Y el cuerpo se venga. La noche es el momento ideal, porque el cerebro continúa su impulso: permanece hiperactivo, lo que impide la secreción hormonal necesaria para conciliar el sueño.

Indudablemente, no sólo sucede a los franceses: el sobreesfuerzo mental, unido a un estilo de vida poco saludable, es un mal que afecta a las sociedades industrializadas, cada vez más.

Domando tu cuerpo

Entonces, para terminar con las malas noches, debemos recuperar el equilibrio más fundamental: el que debe reinar entre lo físico y lo mental, pues la naturaleza humana está compuesta tanto de materia como de espíritu.

Es esencial “aceptar, aprender a conocer y amar esta naturaleza, a veces reconciliarse con ella”, dice Maryvonne Gasset. Mejor cuidar nuestro cuerpo según sus necesidades, que varían según la edad, el sexo, el carácter, las condiciones físicas … para mantenernos en buenos términos con él. De lo contrario, puede vengarse.

¿Cómo re-domesticar el propio cuerpo? No es un milagro, comienza con el deporte. Para respetarlo y darle el lugar que se merece, es recomendable entrenarlo, fortalecerlo, ejercitarlo igual que ejercitamos la memoria o la inteligencia. El mantenimiento de nuestro capital físico regula y estimula nuestras energías.

Es un seguro de salud, pero también una buena enseñanza moral. “El cuerpo no es un simple envoltorio del alma. No es un objeto a nuestra disposición. Es parte de nuestra persona, de nuestro ser. ¡Una cuestión de sentido común, pero muy ignorada! ”

Una mente sana en un cuerpo sano

La vida sedentaria nos lleva a vivir en lugares cerrados, frente a las pantallas, la espalda curvada, el cuello extendido, el aliento corto, la angustia en el vientre … Una tortura para nuestro cuerpo … De ahí la importancia de ponerle en movimiento, para rectificar nuestras posiciones de trabajo, para aliviar el estrés, para obtener un poco de relajación.

Piscina, baloncesto, tenis, estiramientos, yoga … A cada uno sus preferencias. Nada mejor que practicar algunos movimientos todas las mañanas, ¡un cuarto de hora antes de comenzar la maratón del día!

De cara a la noche, un deporte de resistencia puede ser muy beneficioso: nadar, caminar, montar en bicicleta. Varios largos en la piscina o una buena caminata enérgica hacen posible vaciar la cabeza, eliminar el estrés, y conciliar el sueño más fácilmente, gracias a las endorfinas liberadas.

Además, si no tienes un gimnasio cerca, una simple caminata diaria de 30 minutos que termine con respiraciones profundas es una forma simple y práctica, estés donde estés, de cuidar tu cuerpo y asegurarte un buen sueño.

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