El papa Francisco enseña súplica atrevida a Dios y para vivir bien

Audiencia general: el Pontífice centra su predicación en la meditación: “Santificado sea tu nombre”

El papa Francisco instó a hoy a los fieles a rezar a Dios con insistencia, valentía y sinceridad confiándole todo lo que se necesita para vivir bien.  Porque, insistió, el “mal no es eterno”, tiene “los días contados”, pero se necesita ser “coherentes”, pues el cristiano que hace cosas malas, “escandaliza”. 

“En su simplicidad y esencialidad, el Padrenuestro es modelo de toda oración porque contiene, a la vez, la contemplación de Dios, de su misterio, de su belleza y bondad, como también una súplica atrevida de lo que necesitamos para vivir bien”, dijo el Papa durante la audiencia general de este miércoles, 27 de febrero 2019, en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

Abandonarse 

Con la oración del Padre Nuestro, sostuvo, “Jesús nos enseña a confiar y a abandonarnos en Dios, que nos conoce, nos ama y sabe cuáles son nuestras necesidades”.

Francisco continuó el ciclo de catequesis sobre el Padre Nuestro y centró la meditación sobre la parte de la oración: “Santificado sea tu nombre”, evocando igualmente el libro del profeta Ezequiel (36, 22,23). 

Coherencia 

“Dios es santo, pero si nuestra vida no es santa. Hay una gran incoherencia. La santidad de Dios debe reflejarse en nuestras acciones y en nuestra vida. “Yo soy cristiano, Dios es santo, pero yo hago tantas cosas malas”. ¡No, esto no sirve, esto inclusive hace daño, escandaliza y no ayuda!”. 

Así, profundizó sobre la oración del Padrenuestro que “contiene siete peticiones”. “En las tres primeras – expresó – , que se refieren al  “Tú” de Dios, Jesús nos une a él y a sus más profundas aspiraciones, motivadas por su infinito amor hacia el Padre”. 

Necesidades 

En cambio, “en las últimas cuatro, que indican el “nosotros” y nuestras necesidades humanas, es Jesús quien entra en nosotros y se hace intérprete ante el Padre de esas necesidades”. 

El pan cotidiano, el perdón de los pecados, la ayuda para no caer en la tentación y la liberación del mal”, reveló, Francisco, está es la raíz de cada “oración cristiana”, o, diría de cada “oración humana”, insistió. 

El Pontífice explicó que el “Padre Nuestro” educa a quienes le rezan para que no se digan tantas palabras vanas, con letanías interminables y un bombardeo de palabras para ser escuchados, porque, como dice el mismo Jesús, “su Padre ya sabe lo que necesitan” (Mt 6, 8)  antes de que se lo pidan”. 

Dialogar 

En su catequesis, insistió para que la oración sea un diálogo con Dios, pues, subrayó, cuando “hablamos con Dios, no lo hacemos para revelarle lo que tenemos en nuestros corazones: ¡Él lo conoce mucho mejor que nosotros! Si Dios es un misterio para nosotros, nosotros no somos un enigma ante sus ojos (cf. Sal 139: 1-4)”. 

“Dios es como aquellas madres que solo necesitan una mirada para comprender todo sobre sus hijos: si son felices o están tristes, si son sinceros u ocultan algo …”, expresó.  

El Papa insistió para que cada uno sienta a Dios cerca de sí: “Señor, Tú sabes todo, no hay ni siquiera necesidad que te cuente mi dolor, te pido solo que tu estés a mi lado: eres Tu mi esperanza”.

Familia

Así, en el “Santificado sea tu nombre”, dijo, que “presentamos también nuestro ruego de que su nombre sea santificado en nosotros, en nuestra familia, en nuestra sociedad y en el mundo entero”. 

Al respecto, indicó que santos no se nace, es un regalo que proviene de la oración. “Es Dios quien nos santifica y nos transforma con su amor; mientras nosotros, con nuestro testimonio de vida, manifestamos su santidad en el mundo, y hacemos presente su santo nombre”. 

Mal 

Por ultimo, aseguró que el mal no vencerá, no es eterno, tiene los días contados porque con Jesús no podrá tocarnos: “Jesús, que nos da la fuerza también a nosotros para tomar posesión de nuestra casa interior”. (cfr Mc 3,23-27).

“La oración aleja todo miedo. El Padre nos ama, el Hijo levanta sus brazos al lado de los nuestros, el Espíritu obra en secreto para la redención del mundo. ¿Y nosotros? Nosotros no vacilamos en la incertidumbre.

“Es una gran certeza: Dios nos ama, Jesús ha dado la la vida por mí. ¡Una cosa es cierta: es el mal el que tiene miedo! Y esto es maravilloso.

Maligno 

Por ultimo, saludó a los peregrinos: “Pidamos al Señor que con la fuerza de su santidad destruya el mal que aflige a nuestro mundo, y nos conceda vivir con la convicción de que su amor redentor, que ha vencido al maligno, nunca nos abandona”. 

La audiencia general se concluyó con el canto del Padre Nuestro en latín (Pater Noster) y la Bendición del Sucesor de Pedro.

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