La liturgia diaria meditada - Verán al Hijo del hombre venir con gran poder y gloria (Lc 21,25-28.34-36) 02/12



Domingo 02 de Diciembre de 2018
Domingo 1° de Adviento
Morado.

(Empieza la novena de la Inmaculada Concepción).

Con el Adviento, renovamos nuestra esperanza en el cumplimiento de las promesas de Dios. Por eso, las lecturas y oraciones de este tiempo están cargadas de esperanza en la salvación y liberación de todo mal. El color morado nos ubica en un tiempo cercano a la luz, que se asemeja al color del cielo antes del amanecer. Todo es esperanza, por eso es también es un tiempo para poner nuestra seguridad en Dios y sus promesas.


Martirologio Romano: En Roma, santa Bibiana, mártir, a quien el papa san Simplicio dedicó una basílica en el Esquilino (s. inc.).


Ya se menciona en el Liber Pontificalis el culto a la mártir Bibiana cuando se afirma en él que el Papa Simplicio (468 - 473) le dedicó una basílica. Restaurada en el siglo XVII por el infatigable papa Urbano VIII quien con su pasión renacentista, además de salvar un monumento antiguo, quiso dejar un testimonio litúrgico del hallazgo incluyendo en el calendario de la Iglesia universal la fiesta de Santa Bibiana en el día 2 de Diciembre.

Antífona de entrada          Sal 24, 1-3
A ti, Señor, elevo mi alma; Dios mío, yo pongo en ti mi confianza. Que no tenga que avergonzarme ni se rían de mí, mis enemigos. Ninguno de los que esperan en ti tendrá que avergonzarse.

Oración colecta     
Dios todopoderoso y eterno, te rogamos que la práctica de las buenas obras nos permita salir al encuentro de tu Hijo que viene hacia nosotros, para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Dios nuestro, acepta los dones que recibimos de ti y ahora te presentamos; que esta ofrenda realizada en el tiempo presente, sea para nosotros anticipo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sal 84, 13
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que fructifique en nosotros la celebración de los santos misterios con los que tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos, mientras peregrinamos en medio de las realidades transitorias de esta vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

1ª Lectura    Jer 33, 14-16
Lectura del libro de Jeremías.
Llegarán los días –oráculo del Señor– en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá: En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.
Palabra de Dios.

Comentario
El Mesías, nuestro rey esperado, probablemente pase por similares experiencias, porque como enseñaron nuestros Maestros, los sucesos de los antiguos sirven como señales para los nuevos. Esperemos que acontecimientos normales se transformen en liberación. Esperemos a que lo normal y probable, tantas veces imposible de lograr, como la paz, la armonía entre los diversos grupos humanos o el cuidado del planeta, se haga posible”.

Salmo 24, 4-5a. 8-10. 14
R. A ti, Señor, elevo mi alma.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos. Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R.

El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados; él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres. R.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad, para los que observan los preceptos de su alianza. El Señor da su amistad a los que lo temen y les hace conocer su alianza. R.

2ª Lectura    1Tes 3, 12—4, 2
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica.

Hermanos: Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por us­tedes. Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos. Amén. Por lo demás, hermanos, les rogamos y les exhortamos en el Se­ñor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía. Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del Señor Jesús.
Palabra de Dios.

Comentario
Esperamos un encuentro definitivo. Sin saber cuándo o cómo será, creemos que será definitivo. Nos preparamos para ese encuentro. Y, ¿cómo lo hacemos? San Pablo nos ayuda a descubrirlo: a través del amor mutuo y solidario.

Aleluya        Sal 84, 8
Aleluya. ¡Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

Evangelio     Lc 21, 25-28. 34-36
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Jesús dijo a sus discípulos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas. Los hombres desfallecerán de miedo ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la em­briaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.
Palabra del Señor.

Comentario
Ver al Señor que desciende es una hermosa imagen. Consideramos que el Señor volverá del mismo modo que se elevó desde este mundo. Por eso, repetimos imágenes maravillosas y que nos ayudan a ver que el Señor nunca nos abandonará. En este tiempo de Adviento, que hoy empezamos, esperamos no solamente la venida de Jesús hecho hombre y nacido de mujer, sino también su retorno triunfante, glorioso, y resucitado.

Oración introductoria
Señor, creo y espero en Ti, te amo. Creo en el valor que tiene mi lucha y mi sacrifico si está unido al tuyo. Que esta meditación me dé la gracia de saber aceptar con prontitud las inspiraciones de tu Espíritu para poder llegar al cielo cuando me llegue mi tiempo

Petición
Dame la sabiduría para poder amar y seguir tu voluntad, así como el don del entendimiento para comprender con profundidad las verdades de mi fe.

Meditación 

1.- En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. Este texto del profeta Jeremías lo hemos entendido siempre los cristianos como un texto mesiánico, en referencia al advenimiento de Cristo. Este Mesías, Cristo, nos traerá la verdadera justicia y la verdadera paz, de las que tan necesitado estaba el pueblo judío y de las que tan necesitados estamos nosotros ahora. Porque nuestro mundo, el actual, está lleno de injusticias, violencias y guerras, y no vamos a conseguir nunca vencer la injusticia con más injusticia, ni la violencia con más violencia. Sólo la paz de Cristo, la paz que Dios quiere, debe imponerse en la tierra, una paz hecha de amor a Dios y al prójimo. Cristo luchó no sólo contra la violencia y la injusticia, sino que denunció y combatió las causas de toda injusticia y de toda guerra: la ambición, el egoísmo desmesurado, la primacía absoluta de los valores materiales sobre los valores espirituales. Nosotros, como cristianos, debemos luchar no sólo contra la violencia y la injusticia, sino contra las causas que las producen; sólo así podremos alcanzar en el mundo la verdadera paz, la paz de Cristo, la paz de Dios.

2.- Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos… para que, cuando Jesús, nuestro Señor, vuelva acompañado de todos los santos, os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre. San Pablo, en esta primera carta a los Tesalonicenses, les habla a los primeros cristianos de la segunda venida del Señor, de la Parusía, que él, en aquel momento, creía cercana. La palabra “parusía” era una palabra que se usaba en el mundo grecorromano para referirse a la venida del Emperador, una venida que llegaba siempre acompañada de una gran ostentación de la fuerza casi divina del Emperador de Roma. San Pablo usa aquí esta palabra para referirse a la segunda venida de Cristo, que llegaría ahora lleno de poder y majestad. Y les dice que para recibir dignamente a Cristo, en esta su segunda venida, lo que deben hacer ellos es tener el corazón lleno de amor mutuo y de amor a todos. Este consejo de san Pablo era válido entonces y sigue siendo válido ahora y siempre: para recibir a Cristo lo mejor es tener el corazón lleno de amor al prójimo más cercano y a todas las personas. Tratemos nosotros, en este primer domingo de Adviento, de llenar nuestro corazón de amor santo para poder celebrar así dignamente la Navidad cristiana de este año 2015. Con el salmo 24, levantemos nuestra alma al Señor, para que él nos enseñe el verdadero camino para conseguir esto.

3.- Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneos en pie ante el Hijo del hombre. Todos los cristianos sabemos muy bien que en la Navidad de cada año celebramos el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. El nacimiento ya ocurrió hace más de dos mil años, por lo que en cada año lo que celebramos es el recuerdo vivo y entrañable de aquel acontecimiento que cambió la historia del mundo. El tiempo litúrgico del Adviento de cada año son cuatro semanas en las que los cristianos queremos prepararnos de manera especial para poder celebrar la Navidad con un corazón puro, agradecido y lleno de esperanza. Celebramos el Adviento con el corazón agradecido a Dios nuestro Padre porque, viéndonos perdidos en el pecado, nos envió a su Hijo para salvarnos y para mostrarnos el camino de nuestra salvación. Queremos, durante este tiempo de Adviento, limpiar nuestro corazón de todo aquello que nos impida realmente celebrar la Navidad en perfecta comunión con el espíritu de su Hijo. Y lo hacemos llenos de esperanza, porque sabemos que es el mismo Jesús el que nos va a ayudar a conseguir lo que tan íntimamente deseamos. Sea, pues, bienvenido cada año este tiempo litúrgico de Adviento, como tiempo de preparación para celebrar con dignidad cristiana la Navidad. Pero no debemos olvidar nunca que toda nuestra vida debe ser un real y maravilloso tiempo de Adviento, en el que nos preparemos cada día para vivir siempre en comunión con el Jesús cuyo aniversario de su nacimiento celebramos en Navidad. El niño Jesús debe estar naciendo todos los días en nuestro corazón y nosotros debemos vivir toda nuestra vida temporal con la esperanza cristiana de hacer de esta vida temporal un camino vital para nuestra vida eterna. Que este tiempo litúrgico del Adviento nos ayude a vivir siempre despiertos para vivir toda esta pobre vida nuestra en pie ante el Hijo del hombre.

Propósito
¡Atrevámonos a esperar y pidámosle a nuestro Señor esta gracia, y nuestro espíritu rejuvenecerá!

Diálogo con Cristo
Jesús, Tú me enseñas que quien tiene esperanza vive de manera distinta, porque no hay sombra, por más grande que sea, que pueda oscurecer la luz de tu amor. Ayúdame a confiar cuando se presente la angustia o la tristeza. Dame la fuerza para realizar la misión que has querido encomendarme y que mi testimonio propague esta esperanza cristiana en mi familia y en mi medio ambiente.



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