La liturgia diaria meditada - Parábola de los talentos (Mt 25, 14-30) 01/09



Sábado 01 de Septiembre de 2018
De la feria. Verde.
Santa María en sábado. Blanco.

Comienza el Mes de la Biblia.

Martirologio Romano: En la región de Nimes, de la Galia Narbonense (hoy Francia), san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camargue y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y acabado el curso de su vida mortal (s. VI/VII).

Antífona de entrada          Sal 85, 1. 3
Inclina tu oído, Señor, respóndeme; salva a tu servidor que en ti confía. Ten piedad de mí, Señor, que te invoco todo el día.

Oración colecta   
Señor Dios, que unes a tus fieles en una sola voluntad; concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes, para que, en la inestabilidad del mundo presente, nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:           de santa María en sábado
Dios nuestro, que entre los pobres y humildes elegiste a la Virgen María para ser la Madre del Salvador; concédenos que, como ella, podamos ofrecerte una fe sincera y pongamos sólo en ti la esperanza de nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo...

Oración sobre las ofrendas       
Señor, que en el sacrificio único de Cristo, te has adquirido un pueblo de hijos, sé bondadoso con nosotros y concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Cf. Sal 103, 13-15
Señor, la tierra se sacia con el fruto de tus obras: el pan que sale de la tierra y el vino que alegra el corazón del hombre.

Oración después de la comunión
Padre nuestro, realiza plenamente en nosotros la obra de tu misericordia, y concédenos tu gracia para que podamos agradarte en todo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        1Cor 1, 26-31
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.
Hermanos: Tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”.
Palabra de Dios.

Comentario
¿Pablo quiere hacernos creer con estas palabras que no necesitamos capacitarnos para trabajar por el Reino, o que no debemos buscar crecer como personas? Definitivamente, no; Pablo mismo da testimonio de que él es una persona formada y que, para la tarea, es preciso aprovechar el intelecto. Aún así, todos participamos de la pobreza ante la maravilla del Reino, de la gloria de Dios y del mismo Dios. Todo es nada frente a él.

Sal 32, 12-13. 18-21
R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se eligió como herencia! El Señor observa desde el cielo y contempla a todos los hombres. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Nuestro corazón se regocija en él: nosotros confiamos en su santo Nombre. R.

Aleluya        Jn 13, 34
Aleluya. “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como yo los he amado”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Mt 25, 14-30
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos ganó otros dos; pero el que recibió uno solo hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presento otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel; y  que respondiste fielmente en lo poco, te encargare de mucho mas: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!» Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes». 

Oración introductoria
Señor, gracias por los talentos que me has dado. No permitas que la apatía o el desánimo me lleven a enterrarlos o a utilizarlos para mi beneficio personal. Ilumina mi oración, permite que me acerque a Ti con confianza y con un corazón sincero, para desprenderme de mi voluntad y unirme más a la tuya.

Petición
Padre, ayúdanos a comprender que lo que se nos ha dado se multiplica dándolo. Es un tesoro que hemos recibido para gastarlo, invertirlo y compartirlo con todos.

Meditación

1.- Actitud productiva. En el evangelio de Mateo esta parábola de los talentos (o las minas) está situada después de la del criado fiel y de las diez vírgenes. A partir del versículo 31 del capítulo 25 se describe la parábola del juicio final que leeremos el próximo domingo, fiesta de Cristo Rey. Todas ellas tienen un carácter escatológico, pues describen lo que sucederá al final de los tiempos. Se nos pide una actitud de vela, de estar preparados. La parábola de los talentos nos enseña que además de la actitud de espera vigilante, es necesaria la actitud productiva, es decir dar frutos de buenas obras.

2.- Nos juzgarán sobre el modo en que hemos empleado los talentos recibidos. Por la fe nos fiamos de Jesucristo, le seguimos y dejamos que El transforme nuestra vida. Creer en Jesucristo es comprometerse en la construcción del Reino. No se trata, por tanto, de quedarse con los brazos cruzados o de cumplir una serie de normas cultuales o devocionales. El cristiano se distingue por lo que cree, por lo que celebra y por lo que vive. ¡Cuántas veces hemos esquivado el bulto, abandonando nuestro compromiso cristiano! ¡Que alguien actúe!, pero si todos decimos los mismo… Es más fácil contentarse con rezar, con no meterse con nadie, con cumplir el precepto dominical. Yo creo que al final de nuestra vida nos juzgarán sobre el modo en que hemos empleado los talentos que Dios nos ha dado. Es más fácil decir "yo no valgo", o "no tengo tiempo", o "no me atrevo", o "me da miedo". El evangelio de Mateo es duro con los temerosos, con aquellos que prefieren enterrar su talento.

3.- Lo primero que tenemos que hacer es descubrir nuestros talentos. Y lo digo en plural porque todos tenemos más de un don o carisma: inteligencia, palabra, espíritu de servicio, amabilidad, habilidad manual. ¿Cuáles son tus talentos? Después de reconocerlos hay que ponerlos en juego para bien de la comunidad. ¿Dónde soy necesario, qué servicio puedo prestar? Ahí está la llamada del Señor, Él cuenta contigo. Pero cuidado, no actúes por vanagloria, para que te vea la gente, por autocomplacencia. Muchas veces hay intenciones ocultas en nuestros actos. En nuestras comunidades cada cual está llamado a una misión según el carisma recibido. En ocasiones pretendemos desempeñar funciones para las que no estamos llamados, causando con ello más daño que beneficio. Si Dios no te ha dado el carisma del buen oído no te empeñes en cantar en el coro.

4.- Los dejó encargados de sus bienes; a cada cual según su capacidad. La parábola de los talentos es bastante clara y fácil de entender; lo importante es que cada uno de nosotros sepamos aplicarla a nuestra propia vida. Todos hemos nacido con unas cualidades y unas capacidades determinadas, después la vida nos ha dado a cada uno unas posibilidades distintas para realizar nuestras cualidades y nuestras capacidades. El Señor nos va a juzgar a cada uno según nuestras obras, pero teniendo siempre en cuenta nuestra capacidad real, las posibilidades reales que hemos tenido para hacer unas cosas u otras. Lo que no quiere el Señor es que seamos negligentes y holgazanes, como el siervo que recibió un solo talento, y que renunciemos, por cobardía o por miedo, a poner nuestras cualidades y capacidades al servicio del evangelio. Los talentos que tenemos son regalo de Dios, y Dios quiere que cada uno de nosotros pongamos a trabajar con dedicación y esfuerzo los talentos que Dios nos ha dado a cada uno. Si podemos llegar al diez, trabajemos para conseguir el diez y si sólo podemos llegar al cinco trabajemos para llegar al cinco, pero nunca renunciemos a dar todo lo que realmente podemos dar. Somos empleados de Dios, trabajemos para Dios, es decir, intentemos con todas nuestras fuerzas que el reino de Dios pueda realizarse en el mundo en el que Dios nos ha puesto a cada uno. Cada uno según nuestra capacidad.

Analiza tu jornada. ¿Qué has hecho hoy? ¿Qué cualidades han dado su fruto? ¿Cuántas veces has dejado sin hacer lo que debías?

Propósito
Señor, qué fácilmente olvido lo fugaz y lo temporal de esta vida. En vez de buscar multiplicar, en clave al amor a los demás, los numerosos talentos con los que has enriquecido mi vida, frecuentemente me dejo atrapar por el camino fácil de la comodidad o la ley del menor esfuerzo. Concédeme la gracia de saber reconocer y multiplicar los dones recibidos.

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