La emoción de caminar 60 kilómetros hasta María, en Luján

Miles de peregrinos, probablemente más de un millón, caminan hoy desde la Ciudad de Buenos Aires o sus alrededores hasta el santuario de Nuestra Señora de Luján, patrona de los argentinos, reina de sus corazones.

El 30 de septiembre llegó y esta 43 edición de la peregrinación a Luján, formalmente Peregrinación Juvenil, comienza con sol y sin nubes. Como un guiño del cielo para aquellos que parten con la columna central a las 11 AM desde el santuario de San Cayetano.

Que no llueva fue el deseo de todos mientras miraban durante la semana el pronóstico, que anunciaba lluvias para todo el día. No porque la lluvia los aterrorice para emprender los 60 kilómetros de marcha, sin parar. Sino porque se disfruta especialmente la caminata a Luján con la aún tierna luz del sol de primavera durante el día, la fresca caricia de la brisa del atardecer, y esas estrellas titilantes que marcan el camino como a los pastores en Belén cuando a la madrugada lo único que se ve cruzando el campo es el paso del peregrino que va delante.

Durante las más de 15 horas de camino pareciera recrearse lo que es la vida de cada peregrino, mientras va volviendo sobre ella en su corazón. Momentos de efusión al partir, dudas ante los primeros calambres, emoción al ver pasar a uno que no se entiende cómo llegó hasta allí y sigue caminando (acaso las abuelas de más de 70 largos que caminan y caminan), el aliento del que acompaña desde alguno de los 60 puestos a la vera del camino, el obispo que sale a bendecir a la calle, la sensación de reconciliación ante una confesión, la sensación de pueblo caminante y de patria de hermanos hija de la misma madre, y finalmente, el desplome al legar y verla a María, candente y bella como siempre, y de poner a sus pies todo, absolutamente todo, lo que somos, lo que tenemos.

Hay Misas a toda hora esperando a los peregrinos que van llegando. Durante años, la central de las 7 de la mañana del domingo la celebraba el cardenal Jorge Bergoglio, como Arzobispo de Buenos Aires, diócesis desde la que sale la columna central y en la que nació la peregrinación. El cardenal Bergoglio solía sentarse a confesar desde horas de la mañana en algunos de los confesionarios de madera ubicados dentro del templo, en una de las capillas del sector derecho. Cuentan los sacerdotes que se unen a este servicio espiritual en Luján, o en algunos de los puestos a lo largo de los kilómetros, que en Luján se movilizan corazones como nunca, que se reencuentran corazones con Dios como nunca.

Madre, enseñanos a construir la paz, es el lema de este año. “De miles de intenciones, uno de los datos más relevantes que conformaron un común denominador es pedirle a la Virgen por la paz en la familia, en sus hogares, en los barrios, en el país. La preocupación de sus fieles denota la necesidad de armonía, acuerdo, amistad y unión en todos los órdenes de la vida”, explican desde la organización.

Se suele hablar de la grieta en la Argentina, de radicales diferencias políticas que incluso afectarían posibles condiciones para una visita del Santo Padre al país. Aquel que camina, aquel que ayuda, aquel que al menos contempla por unos minutos la fe del pueblo argentino encarnada en este millón de peregrinos ve que no hay grieta en lo más importante: el saberse hijos de Dios y de María. Caminando a Luján, la grieta no existe.

06:17
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