‘Converso’: no resolver las cuestiones pendientes no deja libre al ser humano

Tras haberse fogueado y prodigado por numerosos festivales de cine de medio mundo, llega el 29 de septiembre a las salas de cine españolas Converso, el filme-documental entusiasta y emocionante, escrito y dirigido por el navarro David Arratibel, que distribuirá Márgenes.

El título hace referencia tanto a la primera persona del presente de indicativo del verbo conversar como a aquellas personas que abrazan una religión diferente de la que tenían. Una película sobre el Espíritu Santo y las conversaciones pendientes.

El director David Arratibel se siente un día como un extraño en su propia casa. Toda su familia ha abrazado la fe católica y él no es capaz de entender cómo ha ocurrido. Por esta razón decide realizar Converso, que tiene como protagonistas a sus propios parientes, y que intenta explicar su proceso de transformación al catolicismo.

Un retrato intimista y personal que se construye través de confesiones íntimas e imágenes reales del día a día de los miembros que componen esta familia navarra. El trabajo de David Arratibel ha sido galardonado con el premio al Mejor Director de Cine Documental en el Festival de Málaga, además de con el Premio Especial del Público a la Mejor Película en el Festival Punto de Vista de Navarra.

Converso es el segundo documental de David Arratibel. En el primero, Oírse (2013), se nos mostraba la vida cotidiana de personas con problemas de audición. Nos introducía en un mundo desconocido y dramático bajo el formato de documental-ensayo. Por mucho que se trate de una enfermedad poco reconocida -escuchar zumbidos dentro de la cabeza- Arratibel logró interesarnos.

Ahora vuelve a capturar nuestro interés con “conversaciones” sobre una actitud minoritaria en la sociedad moderna: el retorno a la fe, un nuevo documental-ensayo cuya importancia e interés excede el marco familiar en el que fue rodado. Y todo ello dice mucho a favor de la valentía del director de funcionar a contracorriente.

Déjese claro, desde el primer momento, que la película no es fatalista, no es fruto de sacristías toscas ni, lo más importante, fruto de un fanatismo como subtexto. No. Se mire por donde se mire Converso exhibe con naturalidad encuentros muy íntimos sobre la vida y vicisitudes personales en el contexto de una familia que, por motivos personales, también sufrió. Pero supo abrazarse a la fe y encontrar un mundo de consuelo y paz irremplazables.

Y uno de los muchísimos méritos de Arratibel es filmar a su familia sobre un tema que no es cómodo de expresar, salvo si se examina desde un punto de vista no racional. Desde esa óptica de agnosticismo que invade a Arratibel se suceden los 61 minutos del filme descubriendo poco a poco las idas y venidas de sus protagonistas al mejor estilo del documental que, como en Converso, puso otra a la familia en primer plano, sin apenas un guión trabajado.

Nos referimos a El desencanto (1976), de Jaime Chávarri. En ella, la familia del poeta Leopoldo Panero muestra sus vergüenzas, sus complejos e incluso sus iniquidades. Considerada como símbolo de una época y certificado de defunción cultural del franquismo, es hoy una película de culto, precedente y modelo de cuanto ha venido después en el documental español.

Desde el punto de vista de la estructura, el documentalista ordena el material en una serie de episodios que buscan recoger retazos de pura realidad que nos ayuden a comprender de manera cronológica los distintos procesos asimilados por su familia directa.

Arratibel filma la historia de su cuñado, su hermana, su madre y hermanastra siempre con la honestidad por bandera. Como Raúl, el cristiano que se redime de sus pecados y siente haberse librado de un peso enorme en su ser con la confesión, el director utiliza la cámara y el filme para sentarse a hablar con su familia y desatarse de los silencios e inseguridades que le han abordado a lo largo de la última década.

Y si bien es cierto que durante dos tercios del filme, la historia se desarrolla con total objetividad según el modelo pregunta-respuesta, Arratibel deja para el final reflexiones poderosas. Su voz no se vuelca en discursos teológicos. Sin embargo, realiza algo todavía mejor: nos interpela como espectadores en un debate sobre el funcionamiento interno de la propia familia a lo largo de los últimos diez años. Y todo ello gracias a una narración sencilla, sin alardes, con un uso sobrio y justo de la música como metáfora -los protagonistas se expresan con desparpajo, entusiasmo y sentido del humor- o de los planos iniciales en que se atisba cómo tiene organizada María su hogar.

Un trabajo excelente, fresco, inconscientemente pedagógico y purificador que deja claro que no resolver las cuestiones pendientes no deja libre al ser humano, y que va ayudar mucho a quienes no sepan resolver fácilmente las cosas de familia.

17:42
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