Los 10 looks más icónicos de Diana de Gales

Lady Di tenía muy clara la imagen que quería proyectar y, con los años, fue evolucionando y experimentando con sus atuendos, demostrando siempre tendencia y sentido de moda.

Pero más allá de la ropa y las joyas, ella también descubrió la persona que quería ser en el mundo. Diana fue una bocanada de aire fresco en la realeza británica y le imprimió una cara más humana, amable, dulce y cercana al título de princesa. No en vano la llamaban “la princesa del pueblo”.

Se saltaba el protocolo y abrazaba a la gente “común”, miraba a los ojos con humildad y no temía quitarse la tiara y ponerse un par de jeans para ayudar a los de la Cruz Roja o a cualquiera que lo necesitara. Como ella misma dijo una vez: “La mayor dolencia que el mundo sufre actualmente es el mal de la falta de amor (…) Es preciso que alguien que posea una vida pública pueda dar cariño y afecto a las personas, y hacerlas sentir importantes (…) Nada me hace más feliz que intentar ayudar a los más débiles y vulnerables de la sociedad. Si alguien que precisa de mí, me llama, voy a su encuentro no importa donde esté. Me gusta tocar a las personas, es un gesto que me nace naturalmente, no es premeditado, brota del fondo de mi corazón. Nunca me consideré a mí misma como la reina de mi país. Me gustaría ser la reina del corazón del pueblo”.

Y, sin duda, ese es el título con el que la gente hoy la recuerda. El que no le fue otorgado por nacimiento o matrimonio, sino por la manera en cómo vivió su vida y, sobre todo, impactó en la de los demás.

Para mí, éste es el vestido más icónico de Lady Di y, lo mejor, es que fue una estrategia femenina totalmente pensada (y lo digo en el mejor de los sentidos). Este little black dress -que algunos llaman “el vestido de la venganza”- fue confeccionado por la diseñadora griega Christina Stambolian muchos años antes pero Diana Spencer no lo había querido utilizar por ser muy revelador. ¿Por qué entonces decidió usarlo esa noche para la cena de una subasta? Porque ese mismo día saldría al aire un documental donde el Príncipe Carlos confesaría su relación adúltera con Camilla Parker-Bowles y, según dijo su estilista, ella quería verse “de diez”. Lo logró, pues al día siguiente las primeras páginas de los periódicos hablaban más de lo bella y confiada que ella lucía que de Carlos (que, seamos sinceras, ya era un secreto a voces).

Quizá ahora parezca anticuado y fuera de moda, pero en aquella época, la gente no paraba de decir: “Se ve literalmente como una princesa de cuento de hadas”. Ella misma participó en el diseño del vestido junto al entonces no tan conocido dueto de David y Elizabeth Emanuel. Era de tafetán de seda color marfil y tenía una cola de más de siete metros de largo.

Lo más relevante de este vestido, además de parecer lencería y de ser un look poco común en ella por lo “sensual”, es que fue el primer traje que John Galliano diseñó para Dior (incluso antes de presentar su primera colección en una pasarela).

Este vestido de terciopelo azul marino con la firma de Victor Edelstein nunca se vio mejor que con la princesa Diana de Gales bailando con él en la Casa Blanca junto a John Travolta.

La princesa presentó por primera vez a su hijo Guillermo ante el mundo y la prensa en este holgado vestido verde con lunares blancos. Lo más bonito es que más de 30 años después la duquesa Kate Middleton también presentó a su primogénito Jorge con un vestido de lunares (esta vez azul y de la diseñadora inglesa Jenny Packham).

Para una première en Londres, Lady Di utilizó este vestido de terciopelo color borgoña de Catherine Walker que, por delante, parecía muy conservador, pero al voltearse, era totalmente descubierto y ella lo enfatizó con un largo collar de perlas.

Diana hizo del traje de falda su marca personal. Aunque los tenía en varios modelos y colores para sus visitas oficiales, los de tono crema siempre destacaron más. El de esta foto fue durante una visita a Nueva York junto a la Madre Teresa de Calcuta.

En este atuendo que utilizó en una de sus visitas a Australia, lo más relevante no fue el vestido, sino que tomó un choker de esmeraldas que le había regalado la reina en su boda y lo utilizó como una tiara. Un toque de personalidad que ya demostraba que estaba dispuesta a experimentar con la moda.

Este deslumbrante vestido plateado con grandes hombreras (demostrando que ella siempre estaba en tendencia) le valió el apodo de “Dynasty Di” (por la famosa serie televisiva).

Así fue bautizado por la prensa y la misma Diana. Fue diseñado por Catherine Walker (quien le diseñó la gran mayoría de sus trajes, entre otras cosas, por ser inglesa) para que lo usara en los British Fashion Awards de ese año. Walker se inspiró en los cuellos de la época isabelina y lo bordó con cientos de perlas que le daban ese brillo que le dieron el nombre al vestido. Hoy en día se encuentra expuesto en el Victoria & Albert Museum de Londres.

14:08
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