Liturgia diaria meditada - El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro (Mt 13,44-52) 30/07


Domingo 30 de Julio de 2017
17° domingo durante el año
Verde.
Semana I para el Salterio. 

Martirologio Romano: San Pedro, “Crisólogo” de sobrenombre, obispo de Ravena y doctor de la Iglesia, que, habiendo recibido el nombre del santo apóstol, desempeñó su oficio tan perfectamente que consiguió capturar a multitudes en la red de su celestial doctrina, saciándolas con la dulzura de su palabra. Su tránsito tuvo lugar el día treinta y uno de este mes en Imola, en la región de la Emilia Romagna.

Antífona de entrada         Sal 67, 6-7. 36
Dios habita en su santa morada. Él congrega en su casa a los dispersos. Él dará poder y fortaleza a su pueblo.

Oración colecta    
Dios nuestro, protector de los que esperan en ti, fuera de quien nada tiene valor ni santidad; acrecienta sobre nosotros tu misericordia, para que, bajo tu guía providente, usemos los bienes pasajeros de tal modo que ya desde ahora podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas       
Acepta, Padre, estos dones recibidos de tu generosidad, y, por la acción poderosa de tu gracia, haz que estos sagrados misterios santifiquen nuestra vida presente y nos conduzcan a los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Sal 102, 2
Bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.

O bien:         Mt. 5, 7-8
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que alimentados con este sacramento divino, memorial perpetuo de la Pasión de tu Hijo, este don de su amor inefable nos conduzca a la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

1ª Lectura    1Rey 3, 5. 7-12
Lectura del primer libro de los Reyes.
El Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Y le dijo: “Pídeme lo que quieras”. Salomón respondió: “Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?”. Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y le dijo: “Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti”.
Palabra de Dios.

Comentario
¡Qué ejemplo para cualquiera que asuma algún tipo de poder, el que alguien se humille ante Dios en el mismo momento que recibe el poder! Salomón sabe que no es un dios, sino un hombre, y por eso apoyará su gobierno en la sabiduría de Dios, que le ayudará a gobernar.

Sal 118, 57. 72. 76-77. 127-130
R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

El Señor es mi herencia: yo he decidido cumplir tus palabras. Para mí vale más la ley de tus labios que todo el oro y la plata. R.

Que tu misericordia me consuele, de acuerdo con la promesa que me hiciste. Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré, porque tu ley es toda mi alegría. R.

Yo amo tus mandamientos y los prefiero al oro más fino. Por eso me guío por tus preceptos y aborrezco todo camino engañoso. R.

Tus prescripciones son admirables: por eso las observo. La explicación de tu palabra ilumina y da inteligencia al ignorante. R.

2ª Lectura    Rom 8, 28-30
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.
Hermanos: Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.
Palabra de Dios.

Comentario
Si amamos a Dios, como dice Pablo, todo lo que nos ocurra, lo que hagamos, lo que pensemos, será bueno, porque sabremos integrarlo a nuestro caminar en la fe. Nada de lo que vivimos es ajeno a nuestro proceso de encuentro con Dios.

Aleluya        cf. Mt 11, 25
Aleluya. Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.

Evangelio     Mt 13, 44-52
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron. Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”.
Palabra del Señor.

Comentario
El Reino está escondido, oculto, sólo que a veces es necesario escarbar un poco, no quedarse en la superficie, buscar algo más allá de lo visible. Seguramente que, al hallarlo, se nos revelará majestuoso, liberador y con una gran riqueza para nuestra vida.
Oración introductoria
Señor, inicio mi oración pidiendo perdón por no corresponder a tu amor. Tú sabes que en mi vida hay mucha cizaña pero, gracias a tu misericordia, también hay buen trigo. Concédeme en esta oración purificar mi corazón, mis hábitos, defectos y debilidades, para ser un cristiano más auténtico y un verdadero apóstol de tu Reino.

Petición
Señor, vence con tu misericordia mi malicia y dame la gracia de amarte más cada día.

Meditación 

1.- El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido. Un tesoro es algo que tiene mucho valor para nosotros y que, por eso mismo, deseamos adquirirlo y conservarlo. A lo largo de la vida podemos desear tener y conservar diferentes tesoros, estando dispuestos a renunciar a muchas cosas para conseguirlos. La salud, por ejemplo, es un tesoro que todos valoramos muchísimo y que todos deseamos tener y conservar, estando dispuestos a renunciar a muchas cosas para no perderla. Pero también el dinero es un tesoro muy buscado por todos, y el amor, y la familia, y la amistad, y el prestigio… Pero en el evangelio de este domingo se nos habla de un tesoro único, al que debemos subordinar todos los demás. Este tesoro único al que se refiere Jesús es el Reino de los Cielos, un Reino que él mismo instauró ya durante su vida mortal y que nosotros debemos esforzarnos para que pueda realizarse también hoy entre nosotros. Para no perdernos mucho en frases y conceptos podríamos decir que para nosotros, los cristianos, el Reino de los Cielos es el mismo Jesús de Nazaret. Jesús de Nazaret es nuestra opción fundamental y esta opción debe presidir y condicionar todas las demás. Optar por Jesús es seguirle incondicionalmente, rechazando todo lo que nos impida seguirle, aunque tengamos que poner en riesgo la salud, y el dinero, y la familia, y el amor… Así lo hicieron los grandes santos, como San Pablo, San Agustín, San Francisco, San Ignacio, y otros muchos. A la mayor parte de nosotros, desde nuestra común condición de pecadores aspirantes a la santidad, no se nos exige generalmente que hagamos tan grandes renuncias y sacrificios heroicos por el hecho de haber optado por el seguimiento de Jesús de Nazaret. En nuestra vida ordinaria podemos seguir apreciando los tesoros a los que hemos aludido antes, siempre que no se opongan frontalmente a la posesión del tesoro único del que nos habla el evangelio de hoy. Es suficiente con que la salud, y el dinero, y la familia, y otros tesoros menores, no nos impidan en ningún caso seguir optando radicalmente por nuestro principal tesoro: Jesús de Nazaret.

2.- Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien. El joven rey Salomón sabía muy bien lo que le convenía a él como rey y al pueblo al que debía gobernar: discernir el mal del bien. Eso es lo que le pidió al Señor y el Señor se lo concedió, dándole un corazón sabio e inteligente. La pena fue que a este joven rey el poder le corrompió y no siempre actuó de acuerdo con los dictados de un corazón sabio e inteligente. También nosotros debemos pedirle a Dios todos los días que nos dé un corazón dócil a su voluntad, que sepamos discernir en cada caso el bien del mal y que después actuemos en consecuencia. Las dos cosas son necesarias para gobernar nuestra vida según la voluntad de Dios: que sepamos discernir el bien del mal y que actuemos en consecuencia. Pidámosle también esto nosotros al Dios de la sabiduría y del amor.

3.- A los que aman a Dios todo les sirve para el bien. Esta afirmación de San Pablo es algo que podemos comprobar todos los días en nuestras relaciones con personas piadosas. Hay personas que saben aceptar todo lo que les ocurre con una gran paz y que todo se lo ofrecen a Dios con amor. Tanto las desgracias como los éxitos, la salud como la enfermedad, todo les sirve para acercarse más a Dios y para amarle más. Todo les sirve para el bien. No se trata de personas ingenuas, o tontas, sino de personas que tienen una gran paz interior y que tienen una fe y una confianza en Dios a prueba de bomba. Debemos pedirle a Dios que nos conceda esta gracia, la de saber aceptar los bienes y los males con serenidad interior y sin perder nunca la confianza en Dios. Después de todo, en la vida cristiana todo es relativo, excepto el amor a Dios y al prójimo.

Propósito
Que todo lo que haga, lea, vea o escuche hoy, sea digno del Espíritu Santo quien quiero que viva en mí. 

Diálogo con Cristo
Jesús, gracias por tu paciencia y comprensión ante mi debilidad. Dame la fuerza de tu Espíritu Santo para que sea capaz de arrancar enérgicamente toda la cizaña que disimuladamente he dejado crecer en mi vida. Me ofrezco a Ti con todo lo que soy, porque no quiero que haya nada en mí que no te pertenezca. Quiero vivir mi fe con autenticidad y con un espíritu puro y nuevo. 

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