The Handmaid’s Tale: ¡Somos seres humanos!

Verdes, ocres, grises azulados y dañinos. Puertas altas. Difuminados. Estética de cuento de horror, con lobos y ogros que espían. Mucha moralina y una crítica al presente necesaria. Si no han oído hablar de esta serie, tarde o temprano lo harán. Acaba de terminar su proyección en HBO y ya hay segunda temporada confirmada. Hablamos de The Handmaid’s Tale, y es de lo mejor del año. La producción de Hulu y MGM Televisión es excelente, y el guión de Bruce Miller, desgarrador y estimulante. Una serie ineludible.

The Handmaid’s Tale sentará mal a muchos; será criticada por moralistas y desgajará los ánimos de los más sensibles. Véanla un día que no estén especialmente alicaídos, pero véanla. La crítica social que contiene va más allá de las reducciones tópicas y progresistas que se le atribuyen, y convierten este cuento futurista en una reflexión humana y religiosa fundamental por los fundamentos antropológicos que plantea.

Adaptación de la obra homónima de la reconocidísima Margaret Atwood, The Handmaid’s Tale es una mezcla del mundo futuro de Orwell, Huxley y Bradbury con Black Mirror y Hijo de los hombres. Miller crea con fidelidad a Atwood un ambiente emocional desconcertante y un brutal clima totalitario propio tanto de la Alemania de Hitler como del Estado islámico. Sin lugar a dudas, el resultado es duro y asfixiante pero también absorbente, lúcido e inteligente. Capítulos que suman un todo único en un relato minucioso y lento, en el que caminas de puntillas para poder vivir, para recuperar al hombre que hay detrás del esclavo, escondido en la uniformidad.

«Voy a sobrevivir», afirma Offred, June en el pasado. Un pasado casi inmediato.

Estamos en Gilead, o lo que era hasta hace poco Estados Unidos. June es ahora Offred, una mujer a lo Jane Austen, vestida como una criada de Veermer y que han sido reclutadas en el Centro Rojo. Vestidas de rojo llamativo y con cofia blanca, son las monjas del útero. Ha caído la natalidad en un mundo occidental consumista e inmoral, donde el hedonismo ha campado satánicamente. La toxicidad del hombre y de sus obras es tan elevada que se las mujeres (o los hombres…) han llegado a ser estériles. Un grupo de fascistas teocráticos, los Hijos de Jacob, quiere volver a los valores tradicionales del mundo pre-capitalista.

Pan artesano, productos ecológicos, pero también machismo, esclavismo, y abolición de los derechos fundamentales. Nada de libros, nada de placeres, nada de libertad, nada de vida religiosa en primera persona, etc. Todo es pecado, es decir, posibilidad de acabar con el esquema y el moralismo erigido a golpe de cita bíblica.

Gilead es una sociedad distópica que ha acabado con la Constitución, con el Congreso y con el presidente de Estados Unidos. Curas, médicos y homosexuales son vistos como peligros potenciales. Las iglesias católicas van al suelo, y la Biblia es reducida a la interpretación protestante de los poderosos.

Para asegurar el futuro de la especie humana, infértil como castigo divino, las mujeres fértiles del pasado han sido reconvertidas en úteros al servicio de la clase alta. Siempre hay un Ojo que te vigila. El Gran Hermano. Es un Estado sin perdón. Pero Offred se sigue sabiendo libre y quiere escapar de la prisión de fertilidad. «Somos seres humanos», dice la frecuente voz en off de Offred.

The Handmaid’s Tale plantea la represión de la justicia de los derechos humanos conseguidos con la modernidad y la persecución de la libertad religiosa que el cristianismo defiende. Gilead es una República teocrática laicista. Sí parece una paradoja pero es así por la doblez de sus jefes, y porque toda la religiosidad no es más que una estrategia que elimina al Dios vivo de la libertad, el amor y el perdón.

Cuando salió la novela, en 1984, las premisas de Atwood, miembro de Amnistía Internacional y defensora de las causas ambientales, parecía una animalada. Con el tiempo se han ido cumpliendo. En la serie se dice que las cosas no ocurren de golpe, que pasan poco a poco, con los gestos libres de cada hombre, con decisiones que se van tomando en contra de la realidad y de la justicia humana, esa que lleva el corazón en su verdad.

Al abrirse las puertas del tren que lleva a Auschwitz, uno se sube sin preguntarse por qué. Parece que paso a paso hemos llegado a esa sociedad que describe la autora, donde la religión se reduce a código, donde los fanatismos crecen, donde los Estados cierran fronteras, donde la tribu suplanta la libertad del ser humano, y donde el ecologismo se ha convertido en ética. Sin embargo, en este ambiente la propuesta de The Handmaid’s Tale es clara: la libertad interior del ser humano es inquebrantable, y no hay nada que pueda mermarla.

09:24
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