Quinto domingo de San José: cuéntale tus problemas familiares

La vida de José de Nazaret tuvo muchos contrastes: vio la gloria de Jesús, por una parte, y sufrió las duras pruebas a que le sometía Dios. José dio muestras de una gran serenidad, aplomo, fidelidad, entrega a Dios, y nunca dijo que “no” a las exigencias de su vocación como esposo de María y padre de Jesús según la Ley.

Por estas razones san José es patrono también de los matrimonios en crisis, de los separados y de las familias desestructuradas, de las madres solteras. Cuando tengas un problema con algún hijo y no sepas cómo afrontarlo, o con tu marido o mujer, acude a José.

Cuando te está volando el corazón fuera del nido y no sabes cómo sujetarlo, acude a José patrono de la castidad conyugal. Cuando has roto con tu familia, aunque creas que no hay marcha atrás, acude a José, él te aconsejará bien. O cuando eres una madre soltera, apóyate en José, él te ayudará y no te sentirás sola. ¡Qué bueno es José!

Hoy contemplamos a José de Nazaret cuando recibe la visita de los Reyes Magos en su humilde vivienda de Belén. La noticia corrió por todo el pueblo y se habló mucho de ello, pues era anormal que visitaran a una familia humilde unos poderosos Magos llegados de Oriente.

A José le duró muy poquito esta alegría de haber recibido a los Reyes Magos y ver que adoraban a Jesús. Acogió sus presentes, oro, incienso y mirra, sin saber lo que hacer en un primer momento de aquellos obsequios.

Y “avisado en sueños” (Mt, 2, 1-18) José tuvo que partir aquella misma noche: “tomó al Niño y a su Madre, de noche, y se fue a Egipto”. Así que emprendió un fatigoso viaje hacia tierras desconocidas. Necesitaría de los regalos de los Reyes Magos para poder atender las necesidades de su queridísima esposa María y del Niño.

Sorprende en este pasaje del Evangelio que José no dudó ni un momento: Herodes perseguía al Niño Dios para matarlo. Le dijo el ángel que debía estar en Egipto “hasta que yo te avise” (Mt, 2, 13).

José no habla, actúa, no protesta, es dócil a los designios de Dios. No entendía mucho de todo aquello: ¿Cómo el Hijo de Dios puede ser perseguido por un reyezuelo de la Tierra? ¡No se entiende! Bien sabía José que los caminos de Dios son insondables.

Pasamos este quinto domingo contemplando la adoración de los Reyes Magos y la huida a Egipto.

Después de hacer la señal de la Cruz rezamos la oración a san José del papa León XIII:

A ti, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de tu santísima esposa, solicitamos también confiadamente tu patrocinio.

Con aquella caridad que te tuvo unido con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, y por el paterno amor con que abrazaste al Niño Jesús, humildemente te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesucristo, y con tu poder y auxilio socorras nuestras necesidades.

Protege, oh providentísimo Custodio de la divina Familia, la escogida descendencia de Jesucristo; aleja de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios. Asístenos propicio desde el cielo, en esta lucha contra el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del Niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad.

Y a cada uno de nosotros protégenos con tu constante patrocinio, para que, a ejemplo tuyo, y sostenidos por tu auxilio, podamos vivir y morir santamente y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

Después pedimos las gracias para este domingo confiadamente, porque el Santo Patriarca es muy generoso. Finalmente rezamos un Padrenuestro por las intenciones del Papa. Y terminamos: San José ruega por nosotros; ruega por mí.

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