La liturgia diaria meditada - El ciento por uno: ahora en el presente y en el mundo venidero, vida eterna (Mc 10, 28-31) 28/02



Martes 28 de Febrero de 2017
De la feria
Verde.

Martirologio Romano: En Roma, en la vía Tiburtina, sepultura de san Hilario, papa, que escribió cartas sobre la fe católica, con las que confirmó los concilios de Nicea, Éfeso y Calcedonia, enalteciendo el primado de la Sede Romana (468).

Antífona de entrada          cf. Sal 17,19-20
El Señor fue mi apoyo: me sacó a un lugar espacioso, me libró, porque me ama.

Oración colecta     
Concédenos, Señor, que los acontecimientos de este mundo se orienten para nuestro bien, según tus designios de paz, y que tu Iglesia se alegre de servirte con entrega y serenidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Dios nuestro, que nos das lo que debemos ofrecerte y consideras esta ofrenda como un gesto de nuestra devoción hacia ti; te pedimos confiadamente poder alcanzar los premios eternos, ya que nos concedes la fuente del mérito. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Sal 12, 6
Cantaré al Señor, porque me ha favorecido; alabaré el nombre del Señor Altísimo.

O bien:         cf. Mt 28, 20
“Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”, dice el Señor.

Oración después de la comunión
Saciados con el alimento de la salvación, te pedimos, Padre de misericordia, que, por este sacramento que recibimos en la tierra, nos hagas participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Ecli 35, 1-12
Lectura del libro del Eclesiástico.
Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas, y ser fiel a los mandamientos es ofrecer un sacrificio de comunión; devolver un favor es hacer una oblación de harina, y hacer limosna es ofrecer un sacrificio de alabanza. La manera de agradar al Señor es apartarse del mal, y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación. No te presentes ante el Señor con las manos vacías, porque todo esto lo prescriben los mandamientos. Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar, su fragancia llega a la presencia del Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado y su memorial no caerá en el olvido. Glorifica al Señor con generosidad y no mezquines las primicias de tus manos. Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría. Da al Altísimo según lo que él te dio, y con generosidad, conforme a tus recursos, porque el Señor sabe retribuir y te dará siete veces más. No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría, y no te apoyes en un sacrificio injusto. Porque el Señor es juez y no hace distinción de personas.
Palabra de Dios.

Comentario
Los rituales y sacrificios todavía estaban vigentes cuando se escribió el Eclesiástico. El libro recuerda que cumplir los mandamientos era tan importante como hacer las ofrendas. En estas palabras, más que la prescripción ritualista, debemos buscar el sentido que ha de darse a cualquier sacrificio: una ofrenda que con corazón alegre presentamos a Dios como simple signo de que queremos ofrendarle toda nuestra vida.

Sal 49, 5-8. 14. 23
R. ¡El Señor es el único Juez!

Al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios. El Dios de los dioses, el Señor, habla para convocar a la tierra desde la salida del sol hasta el ocaso. R.

“Reúnanme a mis amigos, a los que sellaron mi alianza con un sacrificio”. ¡Que el cielo proclame su justicia, porque el Señor es el único Juez! R.

“Escucha, pueblo mío, yo te hablo; Israel, voy a alegar contra ti: Yo soy el Señor, tu Dios. No te acuso por tus sacrificios: ¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!”. R.


“Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza y cumple tus votos al Altísimo. El que ofrece sacrificios de alabanza me honra de verdad; y al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios”. R.

Aleluya        cf. Mt 11, 25
Aleluya. Bendito eres, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.

Evangelio     Mc 10, 28-31
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
Pedro le dijo a Jesús: “Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús respondió: “Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”.
Palabra del Señor.

Comentario
Cada uno de nosotros puede hacer su propio inventario de ese ciento por uno que ha recibido de Dios. Al seguir a Jesús, hemos encontrado hermanos y hermanas de comunidad, por lo que nuestra casa y nuestros corazones se han ensanchado. Demos gracias por esa multiplicación que el evangelio ha hecho en nuestra vida.

Oración introductoria
Señor, gracias por darme la oportunidad de estar contigo en esta oración. Aunque me prometes retribuir el ciento por uno, hoy me conformo con poder experimentar tu cercanía para que mi corazón pueda amarte como al único totalmente amable; mi inteligencia pueda creer en Ti como en él único que no engaña y mi libertad pueda elegirte a Ti como lo único que colma mis ansias y anhelos.

Petición
Señor, dame el don de saber orar y encontrarme contigo en esta oración.

Meditación 

Hoy, como aquel amo que iba cada mañana a la plaza a buscar trabajadores para su viña, el Señor busca discípulos, seguidores, amigos. Su llamada es universal. ¡Es una oferta fascinante! El Señor nos da confianza. Pero pone una condición para ser discípulos, condición que nos puede desanimar: hay que dejar «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio» (Mc 10,29).

Pedro, en nombre de los Apóstoles, recuerda al Maestro: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mc 10,28), como queriendo decir: ¿qué sacaremos de todo eso?

La promesa del Señor es generosa: «El ciento por uno: ahora en el presente (...) y en el mundo venidero, vida eterna» (Mc 10,30). Él no se deja ganar en generosidad. Pero añade: «Con persecuciones». Jesús es realista y no quiere engañar. Ser discípulo suyo, si lo somos de verdad, nos traerá dificultades, problemas. Pero Jesús considera las persecuciones y las dificultades como un premio, ya que nos ayudan a crecer, si las sabemos aceptar y vivir como una ocasión de ganar en madurez y en responsabilidad. Todo aquello que es motivo de sacrificio nos asemeja a Jesucristo que nos salva por su muerte en Cruz.

Pero entre las cosas que se nos prometen está una poco agradable, poco comprensible: las persecuciones. Se nos prometen persecuciones como premio por el seguimiento de Cristo. ¿Quién, en efecto, está libre de las cruces de esta vida? ¿Quién en esta tierra ha vivido sin sufrir algo? Nadie. Todos somos pasto de las fieras del egoísmo de nuestros hermanos. Y sin embargo Cristo nos promete estos sufrimientos por Él. ¡Qué extraño regalo! Muy extraño. Pero extraño es para el que no ama. Es una locura sufrir por Cristo si no se le tiene. Quien lo tiene lo da todo porque lo ama. Quien sufre por alguien amado crece, se enaltece, siente que recibe más de lo que ha podido dar. Pero también sabe que esos padeceres no son eternos. Eterna será la Gloria junto a Cristo en el cielo. Y por eso lo sufre todo, se deja querer por Jesús plenamente. No tengamos miedo. Optar por Cristo siempre será la mejor empresa de nuestra vida. Hay que vivirlo para comprenderlo.

Siempre estamos a tiempo para revisar nuestra vida y acercarnos más a Jesucristo. Para muchos, dejar “casa, hermanos, hermanas, madre, padre...” significará dejar todo aquello que nos impida vivir en profundidad la amistad con Jesucristo y, como consecuencia, serle sus testigos ante el mundo. 

Propósito
Desprenderme de alguna posesión material para ayudar a un necesitado. 

Diálogo con Cristo
Señor auméntame la fe, auméntame mi amor a Ti, porque cuando hay fe sincera y amor verdadero, nada ni nadie será más importante en mi vida que el cumplir tu voluntad. Permite que sea tu discípulo y misionero para hacer partícipes a los demás de tu amor, de esa felicidad que sólo Tú puedes dar.



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