A menudo pensamos mal de nosotros mismos propulsando la espiral de las emociones negativas. Por lo general, esto no tiene nada que ver con los hechos. A pesar de todo, esta forma de pensar es muy destructiva – socava la autoestima y las relaciones con los demás. Afortunadamente, basta con sólo unos pocos pasos simples para romper este círculo vicioso.
Ayer oí de nuevo mi voz negativa interior. En voz baja, pero con fuerza suficiente para ser oído, me susurró: “Me temo que mis ideas no atraerán a nadie durante la reunión”, y luego fui lo soltó todo: “Mis ideas son estúpidas, eh, no valgo para nada” No importa que esté todavía de buen humor después de las fiestas de navidad y con la cabeza llena de planes para el nuevo año. La voz interior negativa es como un mal hábito, nos acompaña todo el año, pero es ahora cuando se vuelve más pesado, en los meses más fríos, de enero a marzo.
Los pensamientos negativos, y por lo tanto – los pensamientos en sí, hay que aprender a controlarlos.
Comenta mis propósitos para todo el año. Según ella, probablemente he calculado mal… Susurra: “No vas a perseverar, no aguantarás en el gimnasio ni una semana, gorda perezosa”.Tal vez tiene la culpa de ello la deficiencia de la vitamina D y los días cortos… El problema es que la voz interior hace que sea imposible alcanzar la felicidad, causa estrés y, finalmente, destruye la salud. Algunas personas son más propensas a pensamientos negativos, otras menos. Esto puede estar relacionado con las experiencias de la infancia o puede ser de origen genético. Los estudios han demostrado que las reflexiones negativas se producen más en mujeres que en hombres.
Si no lo hacemos, dañamos nuestra autoestima, la productividad y las relaciones. ¿Cómo hacerlo? – he aquí los consejos de la Dra. Judith Beck, una psicóloga de la corriente cognitiva-conductual.
Actuando en contra de la intuición, ¿verdad? Pero la Dra. Beck considera que el primer paso para dejar atrás tus pensamientos negativos es confirmar su presencia en el cerebro. – La ansiedad y la obsesión disminuyen cuando tratamos de controlar los pensamientos – dijo en una entrevista la Dra. Beck. En lugar de encogerse de hombros ante la idea de malos sentimientos, di – Sí, me siento mal. La mera aceptación de la preocupación y de la incertidumbre hará que empequeñezcan.
Después de identificar las emociones negativas viene el momento de cuestionarlas. Con el fin de socavar la legitimidad de su existencia, hazte algunas preguntas, como un abogado en la sala del tribunal. Un ejemplo: te sientes mal como madre, porque se le olvidaron las clases de natación a tu hija y no la llevaste. Hecho: ¡muy mal! y por eso tienes el derecho de sentirte mal por eso. Ahora compara esta omisión, que ya sabes con otras situaciones del pasado. ¿Siempre te has acordado de las actividades deportivas de tus hijos? ¿Eres una madre responsable y cariñosa con tus pequeños? Continuando la enumeración de todas las situaciones en las que no les fallaste a tus hijos, te darás cuenta de que existen muchas evidencias para refutar la idea inicial de ser una “mala madre”.
El mismo mecanismo se puede utilizar para los errores en el trabajo o problemas de pareja. Por ejemplo, después de una ruptura, como subraya la Dra. Beck, uno se puede topar con los pensamientos razonables: “Mi pareja ya no me quiere”, y casi seguro que se tenga que aceptar este pensamiento como verdadero. Sin embargo, el pensamiento: “Ya nadie más me va a amar”, es innecesario – sólo es un buen medio para que surjan voces negativas.
3. Habla con alguien que te conoce bien
No se trata de rodearse de personas que siempre nos dan la razón, sino de la gente que conocen tu verdadero carácter y son capaces de evaluar objetivamente tu comportamiento. Puede ser una hermana, un amigo o el colega de hace muchos años. Ellos te vieron en diferentes situaciones de la vida y pueden ayudarte en la defensa contra los pensamientos negativos sobre ti mismo. Es importante que te reconcuerden que eres una buena persona, y algunos errores de vez en cuando no lo anulan. Lo mejor sería que anotaran en un pedazo de papel lo positivo de tu carácter. Es bueno comenzar el día leyendo una lista de este tipo. Preferiblemente a diario.
Para muchas personas, esta parte es la más difícil – dar un paso adelante. Ahora, cuando has recordado que eres una persona competente, utiliza esta energía positiva para resolver el problema. Con toda seguridad, la clave para esto no está en pensar una y otra vez en lo mismo hasta la locura. Según Rick Hanson, autor de “Hardwiring Happiness: The New Brain Science of Contentment, Calm, and Confidence”, cuanto más nos concentramos en el lado negativo, tanto más el cerebro se convierte en un hervidero de pensamientos negativos. Vale la pena preguntarse si mis pensamientos me ayudan a reconstruirme o si me hunden. En este último caso, se necesita un descanso. Pasear al perro, correr, etc.
Las técnicas de respiración ayudan a relajarnos y a recuperar el control de las emociones. La respiración consciente puede disminuir la frecuencia cardíaca y traer una sensación de paz, de manera que se pueda dominar el caos del pensamiento, que es de lo que se alimenta la energía negativa. Acuéstate boca arriba y aspira tres veces de forma lenta y profunda para aclarar tu mente. Si aún sientes la afluencia de pensamientos negativos, considera acudir a un especialista, que te ayudará a encontrar técnicas efectivas para ti.
Paula cumplirá en junio 4 años. Su historia es la de una luchadora. Se despierta con una sonrisa de oreja a oreja. Con carcajadas que son contagiosas para quienes la rodean el resto del día. “Paula tiene cero interés por las cosas. El entorno físico no le atrae. Quizás algún sonido pero lo que le conecta son los niños que están a su alrededor. Le activan”.
La descripción es de su padre. Rafa. 39 años. Vive en Barcelona junto con su mujer desde hace 14. Hace 3 a su hija le diagnosticaron una enfermedad rara. El síndrome de Rett le hace estar “encerrada en un cuerpo que no le permite expresarse. Es una cárcel”, narra Raquel, su madre.
El rostro de Paula es muy expresivo. Es redondeado. Cálido. Se deja acompañar por unos mofletes pronunciados y una pequeña nariz que acentúan su ternura. Pelo largo y rubio que acompaña a veces de una coleta o de dos trenzas. Cada vez que quiere comunicar algo, lo hace con un gesto. Con la mirada. Y en ese instante, sus diminutas pestañas y su boca realzan la intención.
Paula nació un 30 de junio de 2013. Con todos sus órganos sanos. En su primer año de vida, como el resto de niñas de su edad, decía mamá, cogía la cuchara sola pero un día sus padres tuvieron que empezar de cero. “Llevar a un bebé en brazos es una sensación maravillosa… ¡Quién nos iba a decir que un capricho del destino iba a provocar en Paula una enfermedad que hiciera que nuestros brazos fuesen imprescindible soporte vital durante el resto de su vida!”.
Raquel y Rafa lo escribieron. Decidieron crear un blog para explicar que estaban ante un trastorno neurológico de base genética que afecta a una de cada diez mil mujeres. Que está relacionada con el cromosoma X. Que es la causa principal del retraso mental en niñas. Que a pesar de que sus órganos están sanos, las órdenes no llegan correctamente desde el cerebro y este hecho les lleva a una incapacidad absoluta. Que pierden el habla y la movilidad en su primer año de vida.
Raquel y Rafa escribieron que en España hay más de 3.000 familias que como ellos un día se enfrentaron a este escenario. “Vas a un centro sanitario y a veces tienes suerte porque el médico ha oído hablar del tema pero lo normal es que no sepan de qué va. Lo asocian al autismo”, apunta Rafa.
En sus familias no había antecedentes. “Habíamos oído hablar del síndrome de Dravet, otra enfermedad catalogada como rara que provoca continuas convulsiones que pueden ser mortales o del síndrome de Sanfilippo pero de Rett no sabíamos ni cómo se escribía”, explica de manera sosegada Raquel.
Para estos policías chilenos (carabineros como se los denomina en el país) tal vez se trataba de un día de rutina con el único objetivo de atender una denuncia por una situación, aunque al parecer extraña, generada en una vivienda de la localidad de Puerto Montt (Chile), un lugar muy pintoresco en la región de Los Lagos.
Sin embargo, estos agentes quizás nunca se imaginaron que luego de tal procedimiento se irían a llevar el susto de sus vidas. Efectivamente, la gran pregunta es, ¿qué fue lo que les asustó tanto?
“‘Al ingresar pudimos percatarnos que caían especies desde el entretecho. Cuando yo salía por la puerta, un cuchillo de unos 15 centímetros, me rozó la espalda. También se vio humo que salía de una parte de la casa”, expresó uno de los carabineros, el cabo segundo Boris Olavarría.
“Hay algunos colchones quemados, como asimismo especies quebradas, como lámparas que cayeron del techo”, prosiguió.
“Invoqué al diablo indicándole que se retirase del lugar y cuando estaba saliendo sentí un cuchillo que me rozó la espalda. Como andaba con chaleco antibalas, se pudo evitar alguna lesión”, agregó Olavarría, siendo quizás la reacción menos esperada para apaciguar estos temas.
La familia, que desde hace días –según sus propios integrantes dan testimonio- está conviviendo con este tipo de eventos, decidió pedir auxilio a las fuerzas policiales debido a esta situación agobiante. Luego de la intervención policial tuvo que abandonar el hogar por motivos de seguridad.
Es que, según reproduce el portal BioBio, lo que estaba padeciendo la familia provocó que la propia municipalidad tuviera que dar una respuesta. Al lugar también acudieron sacerdotes y pastores protestantes, agrega.
La situación generada en Puerto Montt generó todo tipo de repercusiones, desde memes en redes sociales, trasmisiones en vivo de lo que estaba pasando (Puerto Montt Informa), hasta comentarios de diversa índole de parte de vecinos y curiosos del lugar.
Pero lo más importante tal vez tiene que ver con la reapertura de un viejo debate, ¿existen de verdad los fantasmas? ¿Hay que tenerles miedo?
De momento, todo parece indicar que por un buen tiempo los policías no se volverán a acercar a esta peculiar casa y esto no es una especulación, sino que fue confirmado por la propia municipalidad.
Ocurrió en Gran Canaria (España). Allí, con motivo del Carnaval se celebra una Gala, la Gala Drag Queen, en la que de manera divertida y un poco transgresora se ofrecen distintas “performance” con disfraces, videos, y canciones.
Esta vez la gala Drag Queen se les fue de las manos. Quisieron ser transgresores y terminaron siendo irreverentes, agresivos y blasfemos ante lo religioso y la Iglesia Católica. En un momento dado una de las candidaturas aparece: Una virgen se desnuda, Cristo se baja de la cruz con unas estrofas provocadoras. Todo un insulto hacia el sentimiento religioso.
En el montaje aparecen nazarenos y “atrezzo” que ridiculiza las convicciones católicas.
Llegó el momento de la decisión final y saber quién iba a ganar la gala. El jurado no quiso premiar una “performance” tan agresiva, pero finalmente la propuesta blasfema (Drag Sethlas) ganó por el voto del público y el voto por teléfono. Lo irreverente, lo blasfemo, el insulto…salió victorioso.
En las redes sociales no tardó en comentarse lo sucedido y ya son muchos los que han visto en esta gala una falta de respeto a la religión católica y a los creyentes.
El obispo de Canarias también ha manifestado su opinión al respecto: “estoy viviendo ahora el día más triste de mi estancia en Canarias”- tras ver a “miles de personas que coreaban, aplaudían y votaban con los teléfonos” al ganador.
“Ha triunfado la frivolidad blasfema en la gala Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Triunfado en los votos, y triunfado en los aplausos de una muchedumbre enardecida”, indica monseñor Francisco Cases en un comunicado.
Ya había sucedido con un periódico de las villas miseria de Argentina, «Cárcova News», y después con un periódico callejero holandés de Utrecht, «Straatnews». Pero no hay dos sin tres. En vista de la ya próxima visita a la ciudad de Milán, que será el próximo sábado 25 de marzo de 2017, Francisco concedió una larga entrevista a una revista mensual de los sin techo milaneses.
«Scarp de’ tenis» es una publicación pero también un proyecto social. Y los protagonistas son las personas sin hogar, las personas que viven en situaciones personales difíciles o que sufren alguna forma de exclusión social.
El proyecto pretende darles un empleo y contribuir a sus ganancias. Pero pretende, en primer lugar, acompañarlos en la conquista de la autoestima. Los que hicieron la entrevista, difundida por la Sala de prensa de la Diócesis de Milán, fueron el director Stefano Lampertico y Antonio Mininni, vendedor y después histórico responsable de la redacción de la publicación. Publicamos una amplia síntesis de lo que el Papa les dijo.
Ponerse en los zapatos del otro
«Es muy fatigoso ponerse en los zapatos de los demás, porque a menudo somos esclavos de nuestro egoísmo. En un primer nivel podemos decir que la gente prefiere pensar en los propios problemas sin querer ver el sufrimiento o las dificultades del otro. Pero hay otro nivel de comprensión. Ponerse en los zapatos de los demás significa tener una gran capacidad de comprensión, comprender le momento y las situaciones difíciles.
Pongo un ejemplo: en el momento del luto se dan las condolencias, se participa en la vigilia fúnebre o en la misa, pero son verdaderamente pocos los que se ponen en los zapatos de ese viudo o de esa viuda, o de ese huérfano. Claro que no es fácil. Se siente dolor, pero después todo acaba allí. Si pensamos luego en las existencias que a menudo están hechas de soledad, entonces ponerse en los zapatos del otro significa servicio, humildad y magnanimidad. Es también la expresión de una necesidad.
Yo necesito que alguien se ponga en mis zapatos. Porque todos nosotros necesitamos comprensión, compañía y algún consejo. Cuántas veces me he encontrado con personas que, después de haber buscado consuelo en un cristiano, fuera laico, sacerdote, monja u obispo, me dicen: “Sí, me ha escuchado, pero no me ha comprendido”.
Comprender significa ponerse en los zapatos de los demás. Y no es fácil. A menudo, para suplir esta falta de grandeza, de riqueza y de humanidad nos perdemos con las palabras. Se habla, se habla. Se aconseja. pero cuando solo hay palabras o demasiadas palabras, no hay esta “grandeza” de ponerse en los zapatos del otro.»
Qué digo cuando me encuentro con una persona sin hogar
«“Buenos días”. “¿Cómo estás?”. Algunas veces se intercambian pocas palabras, otras veces, por el contrario, se entra en una relación y se escuchan historias interesantes: “Estudié en un colegio, había un buen cura…”.
Alguno podría decir, pero, ¿qué me interesa? Las personas que viven en la calle comprenden inmediatamente cuando hay verdadero interés por parte de la otra persona o cuando hay, no quiero decir ese sentimiento de compasión, pero seguro de pena. Se puede ver a una persona sin hogar y verla como una persona, o como si fuera un perro. Y ellos se dan cuenta de esta manera diferente de ver.
En el Vaticano es famosa la historia de una persona sin hogar, de origen polaco, que generalmente se quedaba en la Plaza Risorgimento de Roma, no hablaba con nadie, ni siquiera con los voluntarios de la Caritas que le portaban un plato caliente por la tarde. Solamente después de un largo tiempo lograron hacer que les contara su historia: “Soy un cura, conozco bien a su Papa, estudiamos juntos en el seminario”.
Los rumores llegaron a Juan Pablo II, que escuchó el nombre, confirmó que había estado con él en el seminario y quiso encontrarse con él. Se abrazaron, después de cuarenta años, y al final de una audiencia el Papa pidió que lo confesara ese sacerdote que había sido compañero suyo. Y después de la confesión, su amigo le dijo al Papa: “Pero ahora te toca a ti”.
Y el compañero de seminario fue confesado por el Papa. Gracias al gesto de un voluntario, de un plato caliente, de algunas palabras de consuelo, de una mirada de bondad, esta persona pudo volver a levantarse y emprender una vida normal que lo llevó a convertirse en capellán de un hospital. El Papa lo ayudó, claro, este es un “milagro”, pero es también aun ejemplo para decir que las personas sin hogar tienen una gran dignidad.
En el arzobispado, en Buenos Aires, debajo de una portón, entre las rejas y la banqueta, vivían una familia y una pareja. Me los encontraba todas las mañanas cuando salía. Los saludaba y siempre intercambiaba algunas palabras con ellos. Nunca pensé correrlos de ahí. Algunos me decían: “Ensucian la Curia”, pero la suciedad está dentro. Creo que hay que hablar de personas con gran humanidad, no como si tuvieran que pagarnos una deuda, y no hay que tratarlas como si fueran pobres perros.»
La limosna a los que están por las calles
«Hay muchos argumentos para justificarse a sí mismo cuando no se da limosna. “Pero, ¿cómo, yo doy dinero y luego él lo gasta para tomarse un vaso de vino?”. Un vaso de vino es la única felicidad que tiene en la vida, está bien así. Pregúntate, más bien, ¿qué haces tú a escondidas? ¿Cuál “felicidad” buscas tú a escondidas? O, al contrario que él, eres más afortunado, con una casa, una esposa, hijos, ¿qué te hace decir “Ocúpense ustedes de él”?.
Una ayuda siempre es justa. Claro, no es algo bueno lanzarle al pobre solo calderilla. Es importante el gesto, ayudar a quien pide viéndolo a los ojos y tocándole las manos. Arrojar dinero y no ver a los ojos, no es un gesto de cristiano.
¿Cómo se puede educar a la limosna? Cuento una anécdota de una señora que conocí en Buenos Aires, mamá de cinco hijos (en esa época tenía tres). El papá estaba trabajando y estaban almorzando, oyeron tocar la puerta, el más grande va a abrir: “Mamá, hay un hombre que pide de comer. ¿Qué hacemos?”.
Los tres, la más pequeña tenía cuatro años, estaban comiendo una milanesa, la mamá les dice: “Bien, cortamos a la mitad nuestra milanesa”. “Pero, mamá, hay otra”, dijo la niña. “Es para papá, para esta tarde. Si hay que dar, debemos dar la nuestra”. Con pocas y simples palabras aprendieron que se debe dar de lo propio, eso de lo que no te querrías separar nunca.
Dos semanas después, la misma señora fue a la ciudad para ocuparse de algunas comisiones y se vio obligada a dejar a los niños en casa, tenían tarea que hacer y les dejó la merienda ya lista. Cuando volvió, encontró a los tres hijos en compañía de un sin techo en la mesa, comiendo la merienda. Habían aprendido bien y demasiado deprisa, claro, les había faltado un poco la prudencia. Enseñar a la caridad no es descargar culpas propias, sino un tocar, es un ver a una miseria que tengo dentro y que el Señor comprende y salva. Porque todos nosotros tenemos miserias dentro.»
«Los que llegan a Europa escapan de la guerra o del hambre. Y nosotros somos de alguna manera culpables porque explotamos sus tierras pero no hacemos ningún tipo de inversión para que puedan obtener algún beneficio. Tienen el derecho de emigrar y tienen derecho de ser acogidos y ayudados. Pero hay que hacer esto con esa virtud cristiana que es la virtud que debería ser propia de los gobernantes, es decir la prudencia. ¿Qué significa? Significa acoger a todos los que se puede acoger. Y esto hablando de números.
Pero es igualmente importante una reflexión sobre “cómo” acoger. Porque acoger significa integrar. Esto es lo más difícil, porque si los migrantes no se integran, son guetizados. Siempre recuerdo el episodio de Zaventem (el atentado en el aeropuerto de Bruselas del 22 de marzo de 2016, ndr.); estos chicos eran belgas, hijos de inmigrantes pero vivían en un barrio que era un gueto.
¿Y qué significa integrar? También en este caso pongo un ejemplo: de Lesbos vinieron conmigo a Italia trece personas. Al segundo día de permanencia, gracias a la Comunità di Sant’Egidio, los niños ya iban a la escuela. Después, en poco tiempo encontraron dónde vivir, los adultos empezaron a ir a cursos para aprender la lengua italiana y empezaron a buscar trabajo.
Claro, para los niños es más fácil: van a la escuela y en pocos meses saben hablar el italiano mejor que yo. Los hombres buscaron un trabajo y lo encontraron. Integrar, entonces, quiere decir entrar en la vida del país, respetar la ley del país, respetar la cultura del país pero también hacer respetar la propia cultura y las propias riquezas culturales. La integración es un trabajo muy difícil.»
«Nunca me he sentido desarraigado. En Argentina todos somos migrantes. Por esto allá abajo el diálogo interreligioso es la norma. En la escuela había hebreos que llegaban principalmente de Rusia y musulmanes sirios y libaneses, o turcos con pasaporte del Imperio otomano. Había mucha fraternidad.
En el país hay un número limitado de indígenas, la mayor parte de la población es de origen italiano, español, polaco, del Medio Oriente, ruso, alemán, croata, esloveno. En los años a caballo entre los dos siglos anteriores el fenómeno migratorio fue de un alcance enorme. Mi papá tenía veinte años cuando llegó a la Argentina y trabajaba en la Banca de Italia, se esposó allá.»
Lo que más me falta de Buenos Aires
«Solo hay una cosa que me falta mucho: la posibilidad de salir e ir por la calle. Me gusta ir a visitar las parroquias y encontrar a la gente. No tengo nostalgia particular. En cambio, les cuento otra anécdota: mis abuelos y mi papá habrían debido partir a finales de 1928, tenían un boleto para la nave Principessa Mafalda, que se hundió en el mar de Brasil. Pero no lograron vender a tiempo lo que poseían y cambiaron el boleto y se embarcaron en la Giulio Cesare el primero de febrero de 1929. Por eso estoy aquí.»
«También aquí cito mi experiencia de Buenos Aires. En las chabolas hay más solidaridad que en los barrios del centro. En las villas miseria hay muchos problemas, pero a menudo los pobres son más solidarios entre ellos, porque sienten que tienen necesidad unos de otros.
He trabajado más egoísmo en otros barrios, no quiero decir acomodados, porque sería calificar descalificando, pero la solidaridad que se ve en los barrios pobres y en las villas no se ve en otras partes, aunque ahí la vida sea más complicada y difícil. En las villas, por ejemplo, la droga se ve mucho más, pero solo porque en los otros barrios está más “cubierta” y se usa con guante blanco.»
«No conozco Milán. Solo estuve una vez, por pocas horas, en los lejanos años setenta. Tenía unas horas libres antes de tomar un tren para Turín y aproveché para una breve visita al Duomo. En otra ocasión, con mi familia, estuve un domingo almorzando con una prima que vivía en Cassina de’Pecchi. No conozco Milán, pero tengo un enorme deseo, espero encontrar a mucha gente. Esta es mi mayor expectativa: sí, espero encontrar a mucha gente.»
Los santos y las iglesias de Francia representan una pequeña semilla cristiana en una tierra en la que el laicismo y la indiferencia, ligada al desconocimiento, parecen predominar desde hace más de dos siglos. Si nos quedamos en las apariencias externas, seremos incapaces de apreciar esa riqueza. Pero Dios inspira, tanto en el interior del templo, como en las circunstancias ordinarias de la vida.
Así le sucedió a san Vicente de Paúl un 25 de enero de 1617, día en que pronunció una homilía en Folleville, cerca de Amiens. Sus palabras fueron una llamada de atención a un auditorio de campesinos a los que apremiaba a confesarse.
Esta apelación a reconciliarse con Dios no partía de ningún rígido moralismo. Por el contrario, era la consecuencia de una experiencia vivida recientemente: el molinero de Gannes, un pueblo cercano, había pedido confesarse por encontrarse gravemente enfermo.
Aquel hombre tenía fama de honrado y virtuoso entre sus convecinos, y es probable que Vicente de Paúl pensara que su confesión sería breve y, en cierto modo, rutinaria. Sin embargo, el sacerdote se llevó una sorpresa cuando el moribundo solicitó hacer una confesión general.
Llegó entonces el momento de revelar una serie de pecados graves, ocultos durante años a causa de una vergüenza transformada en un peso abrumador. Este episodio cambiará por completo el rumbo de la vida de nuestro santo. En vísperas de la fiesta de la conversión de san Pablo, Vicente de Paúl también se convierte tras unos años de dudas y sufrimientos personales, una auténtica noche oscura de su alma.
Fueron, en especial los años de París, donde tuvo la dirección espiritual y la protección del sacerdote Pierre de Bérulle, hombre de gran ascendencia en la corte y fundador de los oratorianos en Francia.
Bérulle recomendó a Vicente como capellán de la familia Gondi, unos banqueros florentinos establecidos en el país. Se diría que así se cumplían las aspiraciones de un joven clérigo, destinado a ser un humilde pastor en las Landas.
La carrera eclesiástica, con sus beneficios correspondientes, le sacaba de la existencia oscura y trabajada de los campesinos para acercarle a ambientes nobiliarios con una vida mucho más amable. ¿Se repetiría la historia de tantos campesinos que, a lo largo de los siglos, eligieron el estado eclesiástico como un modo de mejorar su condición social y económica? Con Bérulle se había empapado de una espiritualidad cristocéntrica, en la que la vida cristiana implica una participación en la Vida del Verbo encarnado.
Ahora, tras la confesión del molinero de Gennes, llegaba otro paso más, en el que la mirada de Vicente de Paúl se dirigía a aquellos en los que apenas había reparado: los pobres, los campesinos…
Había que llegar a las almas necesitadas
En los dominios de la familia Gondi imperaba una miseria material y moral. ¿Bastaba con la atención espiritual al matrimonio Gondi y su hijo, o era más urgente ocuparse de unos 8.000 campesinos necesitados de catequesis y sacramentos?
Si el molinero no había llevado una vida recta, pese a su prestigio social, ¿cuál sería la situación de unos campesinos desatendidos en sus necesidades espirituales y materiales? Muchas almas se perderían si alguien no les llevara el fuego ardiente de la caridad, acompañada siempre de la alegría, porque una alegría indescriptible fue la experimentada por el molinero al verse libre de sus remordimientos.
La vida de Vicente de Paúl cambió para siempre en aquel enero de 1617, y es preciso reconocer que también influyó el interés de la señora de Gondi, que comprendió que las atenciones espirituales del capellán no solo serían para su familia. Había que llegar a otras almas más necesitadas y por eso brindó su apoyo a Vicente.
Este, por su parte, se olvidó de la estrecha mentalidad de no complicarse la vida y disfrutar de las rentas de un cargo eclesiástico. Ahora le apremiaba la caridad de Cristo, signo distintivo de todo cristiano. Bien podrían aplicarse a san Vicente de Paúl estas palabras del Papa Francisco: “Ejerzan con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con el único anhelo de gustar a Dios, y no a ustedes mismos. Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios”.
Algunos cónyuges coinciden en decir: —Verdaderamente no sabemos cómo resolver nuestra difícil crisis. Lo dicen como si hubieran contraído una grave enfermedad incapacitante, y más que nada se refieren a su incapacidad para ponerse de acuerdo en el modo de enfrentar los problemas.
Lo cierto es que las crisis son ineludibles en la vida matrimonial, y solo son positivas cuando dos voluntades que se han unido para cooperar en el logro de objetivos necesarios para la felicidad de ambos, no se enfrentan con posturas cerradas a la hora de las diferencias.
Se concede, se negocia, se pide ayuda. Se evita un choque de dos voluntades que queriendo cosas distintas no tienen que resultar estas absolutamente incompatibles. Por ello las diferencias deben ser recibidas sin sobresaltos, como algo esperado y con mentalidad siempre inclinada a buscar y encontrar soluciones.
Cuando es así, entonces las crisis generan vida porque aun con dolor o esfuerzo contienen potencial de esperanza y crecimiento, pues pueden abrir la puerta a una vida mejor, más plena, más libre, más enamorada, mas serenamente poseída.
Ciertamente las causas de las crisis pueden ser reales como:
Sin embargo, estas causas y su consecuente crisis pueden en vez de vida, generar muerte, cuando anticipan una visión depresiva y precipitada del posible fracaso por: negatividad, orgullo, falta de cooperación, ignorancia y la imposición de una subcultura.
La negatividad: —Es que ya no sabemos si seguir adelante, todo es tan difícil entre nosotros. Tiempo después se han separado.
No es que hayan acertado, sino que sus previsiones las terminan fabricando ellos mismos, pues antes que buscar el “como si” se contagian su pesimismo, convirtiendo en realidad sus enfermizos augurios. Existe una predisposición a darse por vencido y “la peor lucha es que la no que no se hace”.
El orgullo: —Es que no comprende ni valora lo mucho que he hecho por él.
El orgullo por el que él o ella piensa que es quien pone la mejor parte, no aceptando errores, carencias o defectos. Con la idea de “quién como yo” se digieren mal los éxitos y peor los fracasos: ¿quién puso más?, ¿Quién puso más amor, ternura y comprensión…? Ni que decir, que el que lleva la cuenta del amor en sus propios términos se encuentra siempre acreedor. De este modo, ocurra lo que ocurra, ya haga la otra parte lo que haga, quien lleva las cuentas siempre estará convencido de que está haciendo un mal negocio, y así, el mismo se convierte en una fuente inacabable de crisis que pueden acabar con el matrimonio y la familia.
Competir: —Mi esposa y yo discutimos por todo y terminamos midiendo fuerzas.
Las crisis se resuelven o truncan el matrimonio ante dos actitudes: se coopera y se logra armonizar o se compite en un precario equilibrio de fuerzas en el que uno de los dos termina perdiendo (en realidad pierden ambos).
La ignorancia: —Aunque no me consta, mi marido ha de ser infiel, así son todos los hombres.
El desconocimiento de lo positivo en la naturaleza del ser personas como varón o como mujer, son muchas veces residuos de una mala educación que hacen un gran daño en las necesarias e intensas relaciones entre hombre y mujer, marido y esposa, padre y madre.
La subcultura: —Comadre, sé que no vio el último capítulo de nuestra telenovela favorita, pero le cuento que por fin Alfredo se liberó, dejo a la amargosa de su mujer y le dio el sí a su fiel secretaria. Ya era justo.
La subcultura que presenta a la imaginación popular una idea esperpéntica del hombre y de la mujer, de los maridos y las esposas, de los padres y de los hijos extraídos de la novela, el cine o la televisión llena de tópicos y generalizaciones. Cuando la vida, el talante o el rol del otro no coincide con la idea desajustada que tenemos del como debiera ser, la crisis está servida.
Negatividad, orgullo, falta de cooperación, ignorancia y subcultura hacen pedir al otro lo que no puede dar, generando falta de respeto, de reconocimiento y de realismo en la relación.
Aceptar y superar las crisis aprendiendo, es la diferencia entre matrimonios que maduran y los que se instalan en el infantilismo crónico en el que solo añaden tiempo, vejez, años, arrugas, mal humor, egoísmo y algo de obsesión hipocondriaca en su relación. O maduran juntos con los años, o simplemente envejecen.
No aprende el esposo que cree resolverlo todo si da mucho a su mujer y a sus hijos ante una crisis de comunicación; la madre que se fabrica una aureola de abnegación y sacrificio para que la veneren y la obedezcan ante una crisis de autoridad; la esposa que espera que únicamente su cariño saque a flote sus errores no admitidos y resueltos en una crisis de afectividad con el esposo y los hijos… entre tantas actitudes equivocadas.
Es por eso que en la tarea de resolver conflictos y madurar, el amor no suple a la verdad, la necesita.
Máster en matrimonio y familia, Universidad de Navarra.
“Hoy es un día triste para Colombia y en especial para mi familia (…) el flagelo del narcotráfico destruye familias por eso decidí ser artista y cambiar mi vida para demostrar que el arte es una gran opción de vida, la mejor diría yo”.
Estas palabras fueron expresadas Juan José Herrera horas antes de que se produjera el trágico final de su padre, el colombiano Ismael Enrique Arciniegas, de 74 años, condenado a muerte por China por narcotráfico.
El caso conmocionó a la opinión pública en las últimas horas y trascendió fronteras. Por un lado, por tratarse del primer colombiano ejecutado en China (y tal vez el primer latinoamericano, dato que no es posible corroborar debido al hermetismo del gobierno chino) y por otro, por el debate que genera este tipo de medidas.
Ismael Enrique estaba detenido desde el año 2010 en la ciudad de Guangzhou, capital de la Provincia de Guangdong. Recién en 2013 fue condenado a pena de muerte luego de reconocer que llevaba cuatro kilos de droga.
Su hijo, que hizo las veces de portavoz de la familia con respecto a esta situación, confirmó que su padre estaba apresado en una “condición inhumana”. “Estaba amarrado a la pata de una cama con 16 eslabones, una hora de sol a la semana y una letrina”, señaló.
Agregó que su padre estaba apegado a Dios a través de la oración y realizó un ferviente llamado a los colombianos que eviten cometer el mismo error de su padre de ir a llevar droga a China.
Y recordó el trabajo de su padre, que era periodista, escritor y publicista.
“Tratar en lo más humanamente posible (de) evitar que se vaya a malinterpretar su imagen porque es un periodista, es un gran ser humano, es una gran persona, no es un delincuente, es una persona que realmente se equivocó y ese es el pago por su equivocación”, expresó a Radio Caracol.
La Cancillería colombiana, que hasta último momento –indicó- hizo todas las gestiones necesarias para evitar el desenlace, confirmó la ejecución del colombiano.
“El Ministerio de Relaciones Exteriores lamenta profundamente la decisión tomada por las autoridades judiciales de la República Popular China, de ejecutar a Ismael Enrique Arciniegas Valencia, a pesar de las reiteradas peticiones de clemencia y las varias solicitudes presentadas al Gobierno chino para que su sentencia de muerte fuera conmutada”, expresó la cancillería a través de un comunicado.
A pesar de los esfuerzos expresados, nada se pudo hacer con respecto a la vida de este colombiano. Y la propia Cancillería señaló que el tema de los sacerdotes a las cárceles.
Detrás de las políticas de mano dura con respecto al narcotráfico en algunos países como China se esconden una vez más el debate sobre la pena de muerte y el drama humano de una familia que debe atravesar un doloroso proceso que culmina con la peor de las noticias, siendo la segunda vez que les toca una situación familiar debido a que el hermano de Ismael muró hace dos años por un derrame cerebral en Hong Kong al estar detenido en una cárcel de Macao.
Según diversos medios de prensa, actualmente hay otros cinco colombianos condenados a muerte en China también por el delito de narcotráfico. Luego, hay otros 10 también condenados, pero con ejecuciones aplazadas. Pero en total, hay más de 160 colombianos en cárceles chinas.
“La señora Cónsul ha pedido la presencia de un religioso católico en caso que se siga con la pena de muerte”, sostuvo Francisco Javier Echeverri Lara, viceministro de asuntos multilaterales, reproduce El País de Cali.
Tal vez un error haya sido el que llevó a la muerte a este colombiano, quien a pesar de su situación hizo que una nación entera se uniera en oración por su alma.
Dos horas antes de la muerte de su padre, a quien le dieron una inyección letal, Juan José logró tener una conversación con él y posteriormente trasladó a la opinión pública los últimos sentimientos de su padre con respecto a todo esto.
“La vida es una comedia y esta comedia se acabó. Doy gracias a Dios por la familia que me permitió tener. Mucha tranquilidad. Bendiciones”.
Y su hijo concluyó en Facebook:
No es que la Cuaresma sea una temporada de moda como Primavera-Verano u Otoño-Invierno donde hay uno o varios colores que se proponen como tendencia; pero sí es una época muy importante para los católicos y el color morado (en tono preferiblemente oscuro, no pastel) nos recuerda que son 40 días de reflexión, penitencia y conversión espiritual.
Jesús fue vestido con una bata morada durante su Pasión a manera de burla por “ser el rey de los judíos”. Y es que, desde antes de su época, el púrpura era símbolo de la realeza. Por ejemplo, en el Éxodo, se puede leer que a Moisés lo mandan a hacer el tabernáculo “con diez cortinas de lino fino torcido y tela azul, púrpura y escarlata” (EX 26:1) y en las 2 Crónicas 3:14 que el rey Salomón manda a decorar el templo de Jerusalén con telas de este color.
La Iglesia decidió conservar el morado como un símbolo no sólo de penitencia y luto (en anticipación a la crucifixión y de semejanza a Jesús), sino también como un recordatorio de enfrentar nuestros propios pecados, prepararnos espiritualmente y ayudar al prójimo para acercarnos más a Dios y a su reino (manteniendo así el carácter solemne tradicionalmente asignado al púrpura). No es sólo un color que se utiliza en la procesión del Nazareno, es el color de toda la Cuaresma.
Por supuesto, no es que si nos ponemos una minifalda morada estaremos siendo fieles al color litúrgico, el tipo de tela y el diseño de la pieza también deben reflejar el sentimiento previo a la Pascua de Resurrección. Visualmente, es una oportunidad de reflejar austeridad y simplicidad, pero no es una norma de la Iglesia católica. Además, no necesariamente tienes que vestir de morado los 40 días, puede ser un detalle como una pulsera, un pañuelo amarrado a tu bolsa o un accesorio que simplemente te recuerde el significado de estas fechas.
Sólo el Domingo de Ramos y el Viernes Santo el morado es sustituido por el rojo por simbolizar la sangre de los mártires y fuerza del Espíritu Santo. Y luego, el Domingo de Resurrección, el color que debemos llevar es el blanco como señal de vida, pureza, alegría y júbilo.
Pero recuerda que de nada sirve llevar ropa morada sino teñimos nuestro corazón de ese color. Aprovecha estos días para reflexionar, hacer algún sacrificio, ayudar más al otro y ver cómo desde tu más sencilla cotidianidad puedes ser no sólo un mejor católico sino, sobre todo, una mejor persona.