Oficio de lecturas - Miercoles de la semana IV - Tiempo ordinario



OFICIO DE LECTURA - MIÉRCOLES DE LA SEMANA IV - TIEMPO ORDINARIO
De la Feria. Salterio IV.

PRIMERA LECTURA

Año I:

De la carta a los Romanos     14, 1-23

NINGUNO DE NOSOTROS VIVE PARA SÍ

    Hermanos: Acoged benignamente a los espíritus débiles, sin criticar las distintas opiniones. Unos creen que pueden comer de todo; otros, al contrario, espíritus débiles, comen sólo legumbres. El que come de todo no desprecie al que no come; y el que no come, no se meta a criticar a aquél. Dios lo acogió en su Iglesia. ¿Quién eres tú para criticar al siervo ajeno? Que se mantenga en pie o que caiga sólo interesa a su propio amo; pero ya se mantendrá en pie, que poderoso es el Señor para sostenerlo.
    Hay quienes tienen preferencia por unos días u otros; y hay quienes los consideran todos iguales. Que cada uno se forme conciencia segura dentro de su propia opinión. El que siente interés por tal día lo siente en honor del Señor. Y el que come de todo come en el nombre del Señor, pues da gracias a Dios; el que se abstiene de comer algo se abstiene por el Señor, y da gracias a Dios.
    Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí. Que si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, para el Señor morimos. En fin, que tanto en vida como en muerte somos del Señor. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de vivos y muertos.
    Y tú, espíritu débil, ¿por qué criticas a tu hermano? O también, tú, espíritu fuerte, ¿por qué desprecias a tu hermano? Mirad que todos compareceremos ante el tribunal de Dios, como dice la Escritura: «Por mi vida -dice el Señor-, ante mí se doblará toda rodilla, a mí me alabará toda lengua.» Total, que cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta a Dios de sí mismo. No nos juzguemos, pues, ya más unos a otros. Más bien aplicad vuestro juicio a no poner tropiezos o escándalos al hermano.
    Yo, conforme a la doctrina de Jesús, Señor, sé y estoy convencido que nada hay de suyo impuro. Mas para quien juzga que una cosa es impura, para ese tal, sí, lo es. Si, por los alimentos que tomas, provocas a tu hermano, ya no procedes según la caridad. No malogres con tu comida a aquel por quien ha muerto Cristo. No deis, pues, lugar a que vuestra buena obra sea objeto de maledicencia.
    El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo, pues el que en esto sirve a Cristo es grato a Dios y acepto a los hombres. Por tanto, trabajemos por la paz y por nuestra mutua edificación.
    Por un manjar no destruyas la obra de Dios. Cierto que todos los manjares son puros; pero son perjudiciales para quien los come dando escándalo. Es mejor abstenerse de carne y de vino y de todo aquello en que tu hermano encuentre escándalo.
    La seguridad de conciencia que tienes, guárdala para ti mismo en la presencia de Dios. Dichoso aquel a quien su conciencia no remuerde por lo que resuelve hacer. Pero quien come, con dudas de si hace bien o mal, ya es culpable ante Dios; porque no procedió con buena conciencia. Todo lo que se hace con mala conciencia es pecado.

Responsorio     Rm 14, 9. 8. 7

R. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de vivos y muertos. * Tanto en vida como en muerte somos del Señor.
V. Ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí; que si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, para el Señor morimos.
R. Tanto en vida como en muerte somos del Señor.


Año II:

Del libro del Génesis     31, 1-18

JACOB HUYE DE SU SUEGRO LABAN

    En aquellos días, Jacob oyó que los hijos de Labán decían:
    «Jacob se ha llevado toda la propiedad de nuestro padre y se ha enriquecido a costa de nuestro padre.»
    Jacob temió a Labán, porque ya no lo trataba como antes. El Señor dijo a Jacob:
    «Vuelve a la tierra de tu padre, tu tierra nativa, y allí estaré contigo.»
    Entonces, Jacob hizo llamar a Raquel y Lía, para que vinieran al campo de los rebaños, y les dijo:
    «He observado el gesto de vuestro padre, ya no me trata como antes; pero el Dios de mis padres está conmigo. Vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas; pero vuestro padre me ha defraudado cambiándome diez veces el salario; aunque Dios no le ha permitido perjudicarme. Pues, cuando decía: "Tu salario serán los animales manchados", todo el rebaño paría crías manchadas; cuando decía: "Tu salario serán los animales rayados", todo el rebaño paría crías rayadas. Dios le ha quitado el rebaño a vuestro padre y me lo ha dado a mí. Una vez, durante el celo, vi en sueños que todos los machos que cubrían eran rayados o manchados. El ángel de Dios me llamó en sueños:
    "Jacob."
    Yo contesté:
    "Aquí estoy."
    Él me dijo:
    "Alza la vista y fíjate: todos los animales que cubren son rayados o manchados; he visto lo que Labán está haciendo contigo. Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una estela e hiciste un voto. Ahora, levántate, sal de esta tierra y vuelve a tu tierra nativa."»
    Raquel y Lía contestaron:
    «¿Nos queda algo que heredar en nuestra casa paterna? Nos trata como extranjeras después de vendernos y de comerse nuestro precio. Toda la riqueza que Dios le ha quitado a nuestro padre era nuestra y de nuestros hijos. Por tanto, haz todo lo que Dios te manda.»
    Jacob se levantó, puso a los hijos y a las mujeres en los camellos, y fue guiando todo el ganado y todas las posesiones que había adquirido en Padán Aram, y se encaminó a la casa de su padre, Isaac, en tierra de Canaán.

Responsorio     Gn 31, 13; Is 49, 26

R. Yo soy el Dios de Betel, donde ungiste una estela e hiciste un voto; ahora, levántate, * sal de esta tierra y vuelve a tu tierra nativa.
V. Sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu salvador.
R. Sal de esta tierra y vuelve a tu tierra nativa.


SEGUNDA LECTURA

De los Capítulos de Diadoco de Foticé, obispo, Sobre la perfección espiritual
(Capítulos 6. 26. 27. 301. PG 65, 1169. 1175-1176)

EL DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS SE ADQUIERE POR EL GUSTO ESPIRITUAL

    El auténtico conocimiento consiste en discernir sin error el bien del mal; cuando esto se logra, entonces el camino de la justicia, que conduce al alma hacia Dios, sol de justicia, introduce a aquella misma alma en la luz infinita del conocimiento, de modo que, en adelante, va ya segura en pos de la caridad.
    Conviene que, aun en medio de nuestras luchas, conservemos siempre la paz del espíritu, para que la mente pueda discernir los pensamientos que la asaltan, guardando en la despensa de su memoria los que son buenos y provienen de Dios, y arrojando de este almacén natural los que son malos y proceden del demonio. El mar, cuando está en calma, permite a los pescadores ver hasta el fondo del mismo y descubrir dónde se hallan los peces; en cambio, cuando está agitado, se enturbia e impide aquella visibilidad, volviendo inútiles todos los recursos de que se valen los pescadores.
    Sólo el Espíritu Santo puede purificar nuestra mente; si no entra él, como el más fuerte del evangelio, para vencer al ladrón, nunca le podremos arrebatar a éste su presa. Conviene, pues, que en toda ocasión el Espíritu Santo se halle a gusto en nuestra alma pacificada, y así tendremos siempre encendida en nosotros la luz del conocimiento; si ella brilla siempre en nuestro interior, no sólo se pondrán al descubierto las influencias nefastas y tenebrosas del demonio, sino que también se debilitarán en gran manera, al ser sorprendidas por aquella luz santa y gloriosa.
    Por esto dice el Apóstol: No impidáis las manifestaciones del Espíritu, esto es, no entristezcáis al Espíritu Santo con vuestras malas obras y pensamientos, no sea que deje de ayudaros con su luz. No es que nosotros podamos extinguir lo que hay de eterno y vivificante en el Espíritu Santo, pero sí que al contristarlo, es decir, al ocasionar este alejamiento entre él y nosotros, queda nuestra mente privada de su luz y envuelta en tinieblas.
    La sensibilidad del espíritu consiste en un gusto acertado, que nos da el verdadero discernimiento. Del mismo modo que, por el sentido corporal del gusto, cuando disfrutamos de buena salud, apetecemos lo agradable, discerniendo sin error lo bueno de lo malo, así también nuestro espíritu, desde el momento en que comienza a gozar de plena salud y a prescindir de inútiles preocupaciones, se hace capaz de experimentar la abundancia de la consolación divina y de retener en su mente el recuerdo de su sabor, por obra de la caridad, para distinguir y quedarse con lo mejor, según lo que dice el Apóstol: Y ésta es mi oración: Que vuestro amor vaya creciendo cada vez más en el verdadero conocimiento y en delicadeza espiritual. Así sabréis distinguir y escoger lo más perfecto.

Responsorio     Tb 4, 20; 14, 10. 11

R. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos, * para que lleguen a buen fin todos tus proyectos.
V. Practica lo que es agradable a sus ojos, con toda sinceridad y con todas tus fuerzas.
R. Para que lleguen a buen fin todos tus proyectos.


Oración

Concédenos, Señor, Dios nuestro, venerarte con toda el alma y amar a todos los hombres con afecto espiritual. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

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