abril 2016
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08:58

(RV).- Tras su viaje en la isla griega de Lesbos, el Papa Francisco vuela con tres familias refugiadas de Siria. La acogida y el mantenimiento estarán a cargo del Vaticano, lo explicó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi.

El Papa ha querido hacer un gesto de acogida a los refugiados acompañando a Roma con su mismo vuelo a tres familias de refugiados de Siria, 12 personas en total, de las cuales 6 son menores. Se trata de personas que estaban presentes en los campos de acogida de Lesbos antes del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía.

La iniciativa del Papa ha sido realizada a través de un acuerdo entre la Secretaría de Estado con las autoridades competentes griegas e italianas. Todos los miembros de las tres familias son musulmanes.  Dos familias vienen de Damasco, una de Deir Azzor (en la zona ocupada del Daesh). Sus casas fueron bombardeadas. La acogida y el mantenimiento de las tres familias serán a cargo del Vaticano. La hospitalidad inicial será garantizada por la Comunidad de San Egidio. (Mercedes De La Torre y jesuita Guillermo Ortiz – Radio Vaticana).

(from Vatican Radio)

05:58

(Radio Vaticana) En su declaración conjunta los responsables de las respectivas iglesias, expresan que se han encontrado en la isla griega de Lesbos para manifestar su profunda preocupación por la situación trágica de los numerosos refugiados, emigrantes y demandantes de asilo, que han llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto y, en muchos casos, de amenazas diarias a su supervivencia.

“La opinión mundial no puede ignorar la colosal crisis humanitaria originada por la propagación de la violencia y del conflicto armado, por la persecución y el desplazamiento de minorías religiosas y étnicas, como también por despojar a familias de sus hogares, violando su dignidad humana, sus libertades y derechos humanos fundamentales”.

En el texto firmado por los jefes religiosos se implora firmemente por el fin de la guerra y la violencia, una paz justa y duradera y el regreso digno de quienes fueron forzados a abandonar sus hogares. Piden a las comunidades religiosas que incrementen sus esfuerzos para recibir, asistir y proteger a los refugiados de todas las confesiones religiosas, y que los servicios de asistencia civil y religiosa trabajen para coordinar sus esfuerzos. “Hasta que dure la situación de necesidad, pedimos a todos los países que extiendan el asilo temporal, ofrezcan el estado de refugiados a quienes son idóneos, incrementen las iniciativas de ayuda y trabajen con todos los hombres y mujeres de buena voluntad por un final rápido de los conflictos actuales”.

“Europa se enfrenta hoy a una de las más graves crisis humanitarias desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, dicen los líderes religiosos en la declaración de Lesbos. Y citando el evangelio de san Mateo en el capítulo 25 manifiestan “Para afrontar este desafío serio, hacemos un llamamiento a todos los discípulos de Cristo para que recuerden las palabras del Señor, con las que un día seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme… Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,35-36.40).

TEXTO COMPLETO DE LA DECLARACIÓN CONJUNTA

Nosotros, el Papa Francisco, el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo de Atenas y de Toda Grecia Ieronymos, nos hemos encontrado en la isla griega de Lesbos para manifestar nuestra profunda preocupación por la situación trágica de los numerosos refugiados, emigrantes y demandantes de asilo, que han llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto y, en muchos casos, de amenazas diarias a su supervivencia. La opinión mundial no puede ignorar la colosal crisis humanitaria originada por la propagación de la violencia y del conflicto armado, por la persecución y el desplazamiento de minorías religiosas y étnicas, como también por despojar a familias de sus hogares, violando su dignidad humana, sus libertades y derechos humanos fundamentales.

La tragedia de la emigración y del desplazamiento forzado afecta a millones de personas, y es fundamentalmente una crisis humanitaria, que requiere una respuesta de solidaridad, compasión, generosidad y un inmediato compromiso efectivo de recursos. Desde Lesbos, nosotros hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que responda con valentía, afrontando esta crisis humanitaria masiva y sus causas subyacentes, a través de iniciativas diplomáticas, políticas y de beneficencia, como también a través de esfuerzos coordinados entre Oriente Medio y Europa.

Como responsables de nuestras respectivas Iglesias, estamos unidos en el deseo por la paz y en la disposición para promover la resolución de los conflictos a través del dialogo y la reconciliación. Mientras reconocemos los esfuerzos que ya han sido realizados para ayudar y auxiliar a los refugiados, los emigrantes y a los que buscan asilo, pedimos a todos los líderes políticos que empleen todos los medios para asegurar que las personas y las comunidades, incluidos los cristianos, permanezcan en su patria y gocen del derecho fundamental de vivir en paz y seguridad. Es necesario urgentemente un consenso internacional más amplio y un programa de asistencia para sostener el estado de derecho, para defender los derechos humanos fundamentales en esta situación que se ha hecho insostenible, para proteger las minorías, combatir la trata y el contrabando de personas, eliminar las rutas inseguras, como las que van a través del mar Egeo y de todo el Mediterráneo, y para impulsar procesos seguros de reasentamiento. De este modo podremos asistir a aquellas naciones que están involucradas directamente en auxiliar las necesidades de tantos hermanos y hermanas que sufren. Manifestamos particularmente nuestra solidaridad con el pueblo griego que, a pesar de sus propias dificultades económicas, ha respondido con generosidad a esta crisis.

Juntos imploramos firmemente por fin de la guerra y la violencia en Medio Oriente, una paz justa y duradera, así como el regreso digno de quienes fueron forzados a abandonar sus hogares. Pedimos a las comunidades religiosas que incrementen sus esfuerzos para recibir, asistir y proteger a los refugiados de todas las confesiones religiosas, y que los servicios de asistencia civil y religiosa trabajen para coordinar sus esfuerzos. Hasta que dure la situación de necesidad, pedimos a todos los países que extiendan el asilo temporal, ofrezcan el estado de refugiados a quienes son idóneos, incrementen las iniciativas de ayuda y trabajen con todos los hombres y mujeres de buena voluntad por un final rápido de los conflictos actuales.

Europa se enfrenta hoy a una de las más graves crisis humanitarias desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Para afrontar este desafío serio, hacemos un llamamiento a todos los discípulos de Cristo para que recuerden las palabras del Señor, con las que un día seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme… Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,35-36.40).

Por nuestra parte, siguiendo la voluntad de Nuestro Señor Jesucristo, decidimos con firmeza y con todo el corazón de intensificar nuestros esfuerzos para promover la unidad plena de todos los cristianos. Reiteramos nuestra convicción de que «la reconciliación (entre los cristianos) significa promover la justicia social en todos los pueblos y entre ellos… Juntos queremos contribuir a que los emigrantes, los refugiados y los demandantes de asilo se vean acogidos con dignidad en Europa» (Charta Oecumenica, 2001). Deseamos cumplir la misión de servicio de las Iglesias en el mundo, defendiendo los derechos fundamentales de los refugiados, de los que buscan asilo político y los emigrantes, como también de muchos marginados de nuestra sociedad.

Nuestro encuentro de hoy se propone contribuir a infundir ánimo y dar esperanza a quien busca refugio y a todos aquellos que los reciben y asisten. Nosotros instamos a la comunidad internacional para que la protección de vidas humanas sea una prioridad y que, a todos los niveles, se apoyen políticas de inclusión, que se extiendan a todas las comunidades religiosas. La situación terrible de quienes sufren por la crisis humanitaria actual, incluyendo a muchos de nuestros hermanos y hermanas cristianos, nos pide nuestra oración constante.

Lesbos, 16 de abril de 2016 - Ieronymos II - Francisco - Bartolomé I

 

 

(from Vatican Radio)

07:28

(RV).- El Papa Francisco recibió en audiencia al Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, el señor Juan Evo Morales Ayma, quien posteriormente se ha encontrado con mons. Paul Richard Gallagher, secretario  para las Relaciones con los Estados. Durante las conversaciones, transcurridas en una atmósfera de cordialidad, se trataron  algunos temas concernientes a la actual coyuntura socio-económica del país, considerando especialmente las políticas sociales. A continuación, se habló de las relaciones entre la Iglesia y el  Estado recordando la larga tradición cristiana de Bolivia y la contribución decisiva de la Iglesia a la  vida de la Nación. También hubo referencias a cuestiones de interés común, como la educación, la sanidad y la ayuda a los pobres. Por último se examinaron algunas situaciones internacionales.

(MZ-RV)

(from Vatican Radio)

05:08

(RV).- En la audiencia general del miércoles de la tercera semana de Pascua del Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco pidió que se le acompañe con la oración durante su visita a Lesbos:

«El próximo sábado iré a la isla de Lesbos, donde en los meses pasados han transitado numerosísimos prófugos. Iré con mis hermanos, el Patriarca de Constantinopla Bartolomé y el Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo, para expresar cercanía y solidaridad tanto a los prófugos como a los ciudadanos de Lesbos y a todo el pueblo griego, tan generoso en la acogida. Pido, por favor, que me acompañen con la oración, invocando la luz y la fortaleza del Espíritu Santo y la maternal intercesión de la Virgen María»

(CdM – RV)

(from Vatican Radio)

03:51

 

Reflexionando sobre la narración evangélica de la llamada de Mateo, que por ser un recaudador de impuestos en nombre del imperio romano, era considerado por los fariseos un pecador público, Francisco dijo en la Audiencia General del 13 de abril de 2016 que: “Jesús, en cambio, invita a Mateo a seguirlo, y comparte su mesa con publicanos y pecadores, ofreciendo también a ellos la posibilidad de ser sus discípulos. Con estos gestos, les indica que no mira a su pasado, a su condición social o a los convencionalismos exteriores, sino que los acoge con sencillez y les abre un futuro. Esta actitud de Jesús vale también para cada uno de nosotros: ser cristianos no nos hace impecables. La Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. La vida cristiana es, pues, una escuela de humildad que se abre a la gracia, en la que se aprende a ver a nuestros hermanos a la luz del amor y de la misericordia del Padre”.

El Sucesor de Pedro afirmó que “nos reconforta contemplar a Jesús que no excluye a nadie. Él es el buen médico que se compadece de nuestras enfermedades. No hay ninguna que él no pueda curar. Nos libra del miedo, de la muerte y del demonio. Nos hace sus comensales, ofreciéndonos la salvación en la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía... Todos, sin excepción, tenemos necesidad de experimentar y de nutrirnos de su misericordia, que es fuente de la que brota nuestra salvación”.

(from Vatican Radio)

11:15

Son dos las persecuciones contra los cristianos: una es la «explícita», y el recuerdo de la Papa se dirigió a los mártires asesinados en Pascua en Pakistán, y la otra la «educada, disfrazada de cultura, modernidad y progreso» que termina por quitarle al hombre la libertad y también el derecho a la objeción de conciencia. Pero precisamente en el sufrimiento de las persecuciones el cristiano sabe que tiene siempre al lado al Señor, aludió Francisco durante la misa celebrada el martes 12 de abril por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.

Para su meditación, el Pontífice se basó en la primera lectura (Hechos de los apóstoles 7, 51 - 8, 1). «Hemos escuchado —explicó— el martirio de Esteban: la tradición de la Iglesia lo llama el protomártir, el primer mártir de la comunidad cristiana». Sin embargo, «antes que él había habido pequeños mártires que, sin hablar pero con la vida, habían sido perseguidos por Herodes». Y «desde ese momento hasta la actualidad existen mártires en la Iglesia, ¡ha habido y hay!». Y «son hombres y mujeres perseguidos sólo por confesar y decir que Jesucristo es el Señor, pero ¡esto está prohibido!». Es más, esta confesión «provoca —en algunos momentos de la historia, en algunos lugares— la persecución».

«Es lo que aparece claramente —afirmó Papa— en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que leeremos mañana: después del martirio de Esteban se desencadenó una gran persecución en Jerusalén». Entonces «todos los cristianos huyeron, sólo los apóstoles se quedaron». Y, añadió, «la persecución —yo diría— es el pan de cada día de la Iglesia: por otra parte ya lo dijo Jesús».

«Nosotros cuando hacemos un poco de turismo por Roma, y vamos al Coliseo, pensamos que los mártires fueron los asesinados por los leones», prosiguió el Pontífice. Pero «los mártires no fueron sólo esos». En realidad los mártires «son hombres y mujeres de todos los días: hoy, el día de Pascua, hace sólo tres semanas». Francisco se refirió a «los cristianos que celebraban la Pascua en Pakistán: fueron martirizados sólo por celebrar el Cristo resucitado». Y «de esta forma la historia de la Iglesia sigue adelante con sus mártires». Puesto que «la Iglesia es la comunidad de creyentes, la comunidad de los confesores, de los que confiesan que Jesús es Cristo: es la comunidad de mártires».

«La persecución —observó el Papa— es una de las características, de los rasgos en la Iglesia, e impregna toda su historia» Y «la persecución es cruel, como la de Esteban, como la de nuestros hermanos pakistaníes hace tres semanas». Sí, cruel «como la que hacía Saulo que estaba presente en la muerte de Esteban, del mártir Esteban: iba, entraba en las casas, tomaba a los cristianos y los llevaba para ser juzgados».

Hay, sin embargo, advirtió Francisco, «otra persecución de la que no se habla tanto». La primera forma de persecución «se debe a confesar el nombre de Cristo» y por lo tanto es «una persecución explícita, clara». Pero la otra persecución «se presenta disfrazada como cultura, disfrazada de cultura, disfrazada de modernidad, disfrazada de progreso: es una persecución —yo diría un poco irónicamente— educada». Se reconoce «cuando el hombre es perseguido no por confesar el nombre de Cristo, sino por querer tener y manifestar los valores del hijo de Dios». Por lo tanto, es «una persecución contra Dios Creador en la persona de sus hijos».

Y así «vemos todos los días que los potencias hacen leyes que obligan a ir por este camino y una nación que no sigue estas leyes modernas, cultas o al menos que no quiera tenerlas en su legislación, es acusada, es perseguida educadamente». Es «la persecución que le quita al hombre la libertad, ¡también la de la objeción de conciencia! Dios nos ha hecho libres, pero ¡esta persecución te quita la libertad! Y si tú no lo haces, serás castigado: perderás el trabajo y muchas cosas o serás dejado de lado».

«Esta es la persecución del mundo», insistió el Pontífice. Y «esta persecución también tiene un jefe». En la persecución de Esteban «los jefes eran los doctores de la letra, los doctores de la ley y los sumos sacerdotes». En cambio, «el jefe de la persecución educada, Jesús lo llamó: el príncipe de este mundo». Se puede ver «cuando las potencias quieren imponer actitudes, leyes contra la dignidad del Hijo de Dios, persiguen a estos y van contra el Creador Dios: es la gran apostasía». Así «la vida de los cristianos sigue adelante con estas dos persecuciones». Pero también con la certeza de que «el Señor nos ha prometido que no se aleja de nosotros: “¡Tened cuidado, tenes cuidado! No caed en el espíritu del mundo. ¡Tened cuidado! Pero id adelante, Yo estaré con vosotros”».

En conclusión, Francisco pidió al Señor en la oración, «la gracia de entender que el camino del cristiano siempre va adelante en medio de dos persecuciones: el cristiano es un mártir, es decir, un testigo, uno que debe dar testimonio del Cristo que nos ha salvado». Se trata de «dar testimonio de Dios Padre, que nos ha creado, en el camino de la vida». En este camino el cristiano «muchas veces tiene que sufrir: esto trae mucho sufrimiento». Sin embargo, «así es nuestra vida: Jesús siempre a nuestro lado, con el consuelo del Espíritu Santo». Y «¡esa es nuestra fuerza!».

06:37

Para Jesús, lo que cuenta es la vida de las personas y no un esquema de leyes y palabras: la muerte de Esteban y Juana de Arco, la muerte de muchos otros inocentes en la historia e incluso el suicidio de Judas recuerdan el mal que puede hacer «un corazón cerrado a la palabra de Dios» hasta el punto de utilizarla contra la verdad. Lo dijo el Papa durante la misa celebrada el lunes 11 de abril por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.

En la primera lectura, tomada de los Hechos de los apóstoles (6, 8-15), explicó Francisco, «la Iglesia nos hace escuchar el pasaje del discurso de Esteban, y del juicio» contra él. «Algunos de los doctores de la ley, doctores de la letra, se levantaron para discutir con Esteban —recordó el Papa—, pero no pudieron resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba». De hecho, «Esteban había sido ungido por el Espíritu Santo y tenía la sabiduría del Espíritu Santo, y hablaba con esa fuerza, con esa sabiduría, la misma que tenía Jesús; pero Él era Dios, que hablaba con la autoridad, la autoridad que viene de Dios, la autoridad que viene del Espíritu Santo».

No pudiendo hacer nada contra él, prosiguió Francisco, esas personas que estaban en la sinagoga «instigaron a algunos para que» lo acusasen injustamente de haber pronunciado «palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios». No siendo capaces de «dialogar con él y abrir el corazón a la verdad», «rápidamente tomaron el camino de la calumnia». Los Hechos relatan que Esteban fue capturado y llevado ante el Sanedrín y que también se presentaron testigos falsos para acusarlo.

La historia de Esteban, señaló el Papa, es significativa: «El corazón cerrado a la verdad de Dios se aferra solamente a la verdad de la ley, de la letra —más que a la ley, a la letra— y no encuentra otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte». Precisamente «Jesús había reprendido esta actitud, ya que con los profetas, en el Antiguo Testamento, había sucedido lo mismo». Tanto es así que «Jesús había dicho» a esas personas «que sus padres habían matado a los profetas “y vosotros hacéis los monumentos, los sepulcros”» Sin embargo, su «respuesta es más que hipócrita, es cínica: “Si hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros padres, no hubiéramos hecho lo mismo”». Y «así se lavan las manos y ante sí mismos se juzgan puros». Pero, «el corazón está cerrado a la palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrado al mensajero de Dios que trae la profecía para hacer que el pueblo de Dios siga hacia adelante».

«Me duele —confesó Francisco— leer ese breve pasaje del Evangelio de Mateo, cuando Judas arrepentido va a los sacerdotes y les dice: “he pecado”, y quiere dar ... y da las monedas». Pero ellos le contestan: «¡Qué nos importa! ¡Tú verás!». Tienen «un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué hacer». Ellos le dicen: «Tú veras». Y así Judas «fue y se ahorcó».

Y «¿qué es lo que hacen cuando Judas va a colgarse? Hablan y dicen: “pero, pobre hombre ...”». Y, a continuación, refiriéndose a los treinta denarios añaden, «son precio de sangre, no pueden entrar en el templo». En esencia son «son los doctores de la letra», y así siguen «tal y tal y tal regla ...».

A ellos, destacó el Papa, «no les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas: el Evangelio dice que regresó arrepentido». A ellos «les importa sólo su esquema de leyes y las muchas palabras y muchas cosas que han construido». «Esta es la dureza de sus corazones, la insensatez del corazón de esta gente, que dado que no podía resistir la verdad de Esteban va a buscar evidencias y testigos falsos para juzgarlo: la suerte de Esteban está marcada como la de los profetas como la de Jesús».

Y esta forma de hacer «se repetirá» en el tiempo, dijo Francisco recordando que «no sólo sucedió en los primeros tiempos de la Iglesia». Por otra parte, señaló, «la historia nos habla de mucha gente que fue asesinada, juzgada, a pesar de que era inocente: juzgada con la palabra de Dios contra la palabra de Dios». El Papa se refirió «a la caza de brujas o a santa Juana de Arco», y también «a muchos otros que fueron quemados, condenados porque no se «ajustaron», según los jueces, a la palabra de Dios».

Es «el modelo de Jesús —concluyó el Pontífice— que, por ser fiel y haber obedecido la palabra del Padre, termina en la cruz». Francisco volvió a proponer la imagen de la gran ternura de Jesús que les dijo a los discípulos de Emaús : «Insensatos y tardos de corazón». Al Señor, concluyó, «pidámosle que, con la misma ternura, mire las pequeños o grandes insensateces de nuestro corazón y nos acaricie» diciéndonos «“insensato y tardo de corazón” y comience a explicarnos las cosas».

06:05

(RV).- Los doctores de la ley juzgan a los demás usando la Palabra de Dios contra la Palabra de Dios, cierran el corazón a la profecía, a ellos no les importa la vida de las personas sino sólo sus esquemas hechos de ley y palabras. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El Pontífice centró su reflexión partiendo de la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, según la cual los doctores de la ley acusan a Esteban con calumnias porque no logran “resistir a la sabiduría y al espíritu” con que habla. Instigan a falsos testigos para que digan que han oído “pronunciar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”.

“El corazón cerrado a la verdad de Dios – observó el Santo Padre –  sólo está aferrado a la verdad de la ley”, y precisó que “más que de la ley, de la letra”, y “no encuentra otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte”. Jesús ya los había reprendido por esta actitud, porque “sus padres habían asesinado a los profetas” y ellos, ahora, construyen monumentos a aquellos profetas.

Y la respuesta de los “doctores de la letra” es “cínica” más que “hipócrita”: “Si nosotros hubiéramos estado en la época de nuestros padres, no habríamos hecho lo mismo”. Y “así – explicó el Papa – se lavan las manos y ante sí mismos se juzgan puros. Pero el corazón está cerrado a la Palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrado al mensajero de Dios que lleva la profecía, para que el pueblo de Dios vaya adelante”:

“Me hace mal cuando leo aquel pequeños pasaje del Evangelio de Mateo, cuando Judas arrepentido va a los sacerdotes y dice ‘He pecado’ y quiere dar… y devuelve las monedas. ‘¡Qué nos importa! – responden ellos – así,  ¡Tú te las arreglas!’. Un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué cosa hacer. ‘Tú te las arreglas’. Y Judas fue a ahorcarse. ¿Y qué cosa hacen ellos, cuando Judas va a ahorcarse? Hablan y dicen: ‘¿Pero pobre hombre’? ¡No! Inmediatamente las monedas: ‘Estas monedas  tienen el precio de la sangre, no pueden entrar en el templo’… la regla tal, tal, tal, tal… ¡Los doctores de la letra!”.

El Papa Francisco prosiguió diciendo:

“A ellos no les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas: el Evangelio dice que ha vuelto arrepentido. Sólo les importa su esquema de leyes y tantas palabras y tantas cosas que han construido. Y ésta es la dureza de su corazón. Y ésta es la dureza del corazón, la necedad del corazón de esta gente, que dado que no podía resistir a la verdad de Esteban va a buscar testigos, testigos falsos, para juzgarlo”.

Esteban – afirmó el Obispo de Roma – termina como todos los profetas, termina como Jesús. Y esto se repite en la historia de la Iglesia:

“La historia nos habla de tanta gente que es asesinada, juzgada, si bien era inocente: juzgada con la Palabra de Dios, contra la Palabra de Dios. Pensemos en la caza de brujas o en Santa Juana de Arco, en tantos otros que son quemados, condenados, porque no se adaptaron, según los jueces, a la Palabra de Dios. Es el modelo de Jesús quien, por ser fiel y haber obedecido a la Palabra del Padre, termina en la cruz. Con cuánta ternura Jesús dice a los discípulos de Emaús: ‘Insensatos y tardos de corazón’. Pidamos hoy al Señor que con la misma ternura mire las pequeñas o grandes necedades de nuestro corazón, nos acaricie y nos diga: ‘Insensato y tardo de corazón” y comience a explicarnos las cosas”. 

(María Fernanda Bernasconi - RV).

(from Vatican Radio)

06:30

 

(RV).- Al finalizar el rezo del Regina Coeli en el tercer domingo de pascua, el Papa Francisco lanzó un nuevo llamamiento “por la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado”. En concreto, el Obispo de Roma recordó al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil secuestrado en Yemen recientemente.

Palabras del Papa después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas,

En la esperanza donada de Cristo resucitado, renuevo mi llamamiento por la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado; en particular deseo recordar al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, secuestrado en Adén en Yemen el pasado 4 de marzo.

Hoy en Italia se celebra la Jornada Nacional para la Universidad Católica del Sagrado Corazión, que tiene por tema “En la Italia de mañana yo estaré”. Espero que esta gran Universidad, que continúa a realizar un importante servicio a la juventud italiana, pueda continuar con compromiso renovado su misión formativa, actualizándola siempre más a las exigencias actuales.

Saluto a todos ustedes, romanos y peregrinos procedentes de Italia y de diferentes partes del mundo, y un saludo a todos aquellos que están haciendo el maratón; en particular, los fieles de Gandosso, Golfo Aranci, Mede Lomellina, Cernobbio, Macerata Campania, Porto Azzurro, con un pensamiento especial para los confirmandos de Campobasso.

Agradezco por su presencia a los coros parroquiales, de los cuales algunos han realizado su servicio estos días en la basílica de San Pedro. Muchas gracias.

A todos les deseo un buen domingo y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

(Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

 

(from Vatican Radio)

04:30

(RV).- “Pertenecer a la Iglesia es un regalo maravilloso”. El Papa Francisco durante su catequesis jubilar del segundo sábado de abril, pidió a los fieles de lengua portuguesa que fueran conscientes del valor que tiene ser parte de esta familia que es la Iglesia, y en este sentido imploró a la Virgen María para que nos ayude a ser un “instrumento de caridad” con los hermanos.  

Ayuda, limosna, misericordia, dar, caridad… fueron algunos de los conceptos que subrayó el Obispo de Roma durante sus mensajes dirigidos a los peregrinos de diferentes lenguas. “En este Año Jubilar pidamos la gracia de tener una mirada de amor más atenta con las personas que ayudan, descubriendo así que hay más alegría en el dar que en recibir”, explicó a los fieles de lengua francesa.

Saludando a los personas llegadas desde Polonia, les invitó a pasar las Puertas Santas de las Basílicas Papales de Roma -que también están abiertas en sus diócesis-, para obtener la indulgencia jubilar, tanto para ellos como para sus personas queridas o los difuntos, así como para los que dedican su tiempo a las obras de misericordia, los enfermos, los prisioneros o los ancianos que no pueden levantarse o salir de sus casas para atravesar este símbolo jubilar. Y en este sentido recordó a los fieles de lengua árabe que “no tenemos que tener miedo de la misericordia, porque es un amor que nos lleva a reconocer el rostro de Jesús y a involucrarnos con Él”.

Dirigiéndose a los jóvenes, Francisco pidió que este Año Santo “sea de particular intensidad”, “siendo fieles de vuestro Bautismo”, por su parte pidió a las parejas de recién casados que sean protagonistas en la Iglesia y en la sociedad, contribuyendo a la construcción de la civilización del amor.

(MZ-RV)

(from Vatican Radio)

06:41

(Radio Vaticana).- Un rápido examen de sus contenidos, permite comprender que la Exhortación apostólica Amoris laetitia quiere confirmar con fuerza no el “ideal” de la familia, sino su realidad rica y compleja. Hay en sus páginas una mirada abierta, profundamente positiva, que se nutre no de abstracciones o proyecciones ideales, sino de una atención pastoral a la realidad. El documento es una lectura densa de sugerencias espirituales y de sabiduría práctica, útil a cada pareja humana o a personas que desean construir una familia. Se ve sobretodo que es fruto de una experiencia concreta con personas que saben por experiencia qué es la familia y el vivir juntos por muchos años. La Exhortación habla de hecho el lenguaje de la experiencia. jesuita Guillermo Ortiz

Amoris laetitia, sobre el amor en la familia (síntesis)

“Amoris laetitia” (AL – “La alegría del amor”), la Exhortación apostólica post-sinodal “sobre el amor en la familia”, con fecha no casual del 19 de marzo, Solemnidad de San José, recoge los resultados de dos Sínodos sobre la familia convocados por Papa Francisco en el 2014 y en el 2015, cuyas Relaciones conclusivas son largamente citadas, junto a los documentos y enseñanzas de sus Predecesores y a las numerosas catequesis sobre la familia del mismo Papa Francisco. Todavía, como ya ha sucedido en otros documentos magisteriales, el Papa hace uso tambiénde las contribuciones de diversas Conferencias episcopales del mundo (Kenia, Australia, Argentina…) y de citaciones de personalidades significativas como Martin Luther King o Eric Fromm. Es particular una citación de la película “La fiesta de Babette”, que el Papa recuerda para explicar el concepto de gratuidad.

Premisa

La Exhortación apostólica impresiona por su amplitud y articulación. Esta se subdivide en nueva capítulos y más de 300 párrafos. Se abre con siete párrafos introductivos que ponen en plena luz la conciencia de la complejidad del tema y la profundización que requiere. Se afirma que las intervenciones de los Padres en el Sínodo han compuesto un “precioso poliedro” (AL 4) que debe ser preservado. En este sentido, el Papa escribe que “no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones del magisterio”.  Por lo tanto para algunas cuestiones “en cada país o región se deben buscar soluciones más inculturadas, atentas a la tradiciones y a los desafíos locales. De hecho,“las culturas son muy diversas entre sí y todo principio general (…) tiene necesidad de ser inculturado, si quiere ser observado y aplicado”” (AL 3). Este principio de inculturación resulta verdaderamente importante incluso en el modo de plantear y comprender los problemas que, más allá de las cuestiones dogmáticas bien definidas del Magisterio de la Iglesia, no puede ser “globalizado”.

Pero sobre todo el Papa afirma inmediatamente y con claridad que es necesario salir de la estéril contraposición entre la ansiedad de cambio y la aplicación pura y simple de normas abstractas. Escribe: “los debates que se dan en los medios de comunicación, en las publicaciones y aún entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, hasta la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o extrayendo conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2).

Capítulo primero: “A la luz de la Palabra”

Puestas estas premisas, el Papa articula su reflexión a partir de la Sagrada Escritura en el primer capítulo, que se desarrolla como una meditación sobre el Salmo 128, característico de la liturgia nupcial tanto judía como cristiana. La Biblia “está poblada de familias, de generaciones, de historias de amor y de crisis familiares” (AL 8) y a partir de este dato se puede meditar cómo la familia no es un ideal abstracto sino un “trabajo ‘artesanal’” (AL 16) que se expresa con ternura (AL 28) pero que se ha confrontado también con el pecado desde el inicio, cuando la relación de amor se transforma en dominio (cfr. AL 19). Entonces la Palabra de Dios “no se muestra como un secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje también para las familias que están en crisis o en medio de algún dolor, y les muestra la meta del camino” (AL 22).

Capítulo segundo: “La realidad y los desafíos de la familia”

A partir del terreno bíblico en el segundo capítulo el Papa considera la situación actual de las familias, poniendo “los pies sobre la tierra” (AL 6), recurriendo ampliamente a las Relaciones conclusivas de los dos Sínodos y afrontando numerosos desafíos, desde el fenómeno migratorio a las negociaciones ideológicas de la diferencia de sexos (“ideología del gender”); desde la cultura de lo provisorio a la mentalidad antinatalista y al impacto de la biotecnología en el campo de la procreación; de la falta de casa y de trabajo a la pornografía y el abuso de menores; de la atención a las personas con discapacidad, al respeto de los ancianos; de la desconstrucción jurídica de la familia, a la violencia contra las mujeres. El Papa insiste sobre lo concreto, que es una propiedad fundamental de la Exhortación. Y son las cosas concretas y el realismo que ponen una substancial diferencia entre teoría de interpretación de la realidad e “ideologías”.

Citando la Familiares consortio Francisco afirma que “es sano prestar atención a la realidad concreta, porque “las exigencias y llamadas del Espíritu resuenan también en los acontecimientos mismos de la historia”, a través de los cuales “la Iglesia puede ser guiada a una comprensión más profunda del inagotable misterio del matrimonio y de la familia”. (AL 31) Por lo tanto, sin escuchar la realidad no es posible comprender las exigencias del presente ni los llamados del Espíritu. El Papa nota que el individualismo exagerado hace difícil hoy la entrega a otra persona de manera generosa (Cfr. AL 33). Esta es una interesante fotografía de la situación: “se teme la soledad, se desea un espacio de protección y de fidelidad, pero al mismo tiempo crece el temor de ser atrapado por una relación que pueda postergar el logro de las aspiraciones personales” (AL 34).

La humildad del realismo ayuda a no presentar “un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificialmente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales” (AL 36). El idealismo aleja de considerar al matrimonio tal cual es, esto es “un camino dinámico de crecimiento y realización”. Por esto no es necesario tampoco creer que las familias se sostienen “solamente insistiendo sobre cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia” (AL 37). Invitando a una cierta “autocrítica” de una presentación no adecuada de la realidad matrimonial y familiar, el Papa insiste que es necesario dar espacio a la formación de la conciencia de los fieles: “Estamos llamado a formar las conciencias no a pretender sustituirlas” (AL 37). Jesús proponía un ideal exigente pero “no perdía jamás la cercana compasión con las personas más frágiles como la samaritana o la mujer adúltera” (AL 38).

Capítulo tercero: “La mirada puesta en Jesús: la vocación de la familia”

El tercer capítulo está dedicado a algunos elementos esenciales de la enseñanza de la Iglesia a cerca del matrimonio y la familia. La presencia de este capítulo es importante porque ilustra de manera sintética en 30 párrafos la vocación de la familia según el Evangelio, así como fue entendida por la Iglesia en el tiempo, sobre todo sobre el tema de la indisolubilidad, de la sacramentalidad del matrimonio, de la transmisión de la vida y de la educación de los hijos. Son ampliamente citadas la Gaudium et spes del Vaticano II, la Humanae vitae de Pablo VI, la Familiares consortio de Juan Pablo II.

La mirada es amplia e incluye también las “situaciones imperfectas”. Leemos de hecho: “’El discernimiento de la presencia de las ‘semina Verbi’’ en otras culturas (cfr Ad gentes, 11) puede ser aplicado también a la realidad matrimonial y familiar. Fuera del verdadero matrimonio natural también hay elementos positivos presentes en las formas matrimoniales de otras tradiciones religiosas’, aunque tampoco falten las sombras” (AL 77). La reflexión incluye también a las “familias heridas” frente a las cuales el Papa afirma –citando la Relatio finalis del Sínodo 2015- “siempre es necesario recordar un principio general: “Sepan los pastores que, por amor a la verdad, están obligados a discernir bien las situaciones” (Familiares consortio, 84). El grado de responsabilidad no es igual en todos los casos, y puede haber factores que limitan la capacidad de decisión. Por lo tanto, al mismo tiempo que la doctrina debe expresarse con claridad, hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y hay que estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 79).

Capítulo cuatro: “El amor en el matrimonio”

El cuarto capítulo trata del amor en el matrimonio, y lo ilustra a partir del “himno al amor” de san Pablo en 1 Cor 13,4-7. El capítulo es una verdadera y propia exégesis atenta, puntual, inspirada y poética del texto paulino. Podríamos decir que se trata de una colección de fragmentos de un discurso amoroso que está atento a describir el amor humano en términos absolutamente concretos. Uno se queda impresionado por la capacidad de introspección psicológica que sella esta exégesis. La profundización psicológica entra en el mundo de las emociones de los conyugues –positivas y negativas- y en la dimensión erótica del amor. Se trata de una contribución extremamente rica y preciosa para la vida cristiana de los conyugues, que no tiene hasta ahora parangón en precedentes documentos papales.

A su modo este capítulo constituye un tratado dentro del desarrollo más amplio, plenamente consciente de la cotidianidad del amor que es enemiga de todo idealismo: “no hay que arrojar sobre dos personas limitadas –escribe el Pontífice- el tremendo peso de tener que reproducir de manera perfecta la unión que existe entre Cristo y su Iglesia, porque el matrimonio como signo implica “un proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios”” (AL 122). Pero por otra parte el Papa insiste de manera fuerte y decidida sobre el hecho de que “en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a lo definitivo” (AL 123), propiamente al interior de esa “combinación de alegrías y de fatigas, de tensiones y de reposo, de sufrimientos y de liberación, de satisfacciones y de búsquedas, de fastidios y de placeres” (AL 126) es, precisamente, el matrimonio.

El capítulo se concluye con una reflexión muy importante sobre la “transformación del amor” porque “la prolongación de la vida hace que se produzca algo que no era común en otros tiempos: la relación íntima y la pertenencia mutua deben conservarse por cuatro, cinco o seis décadas, y esto se convierte en una necesidad de volver a elegirse una y otra vez” (AL 163). El aspecto físico cambia y la atracción amorosa no disminuye pero cambia: el deseo sexual con el tiempo se puede transformar en deseo de intimidad y “complicidad”. “No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. En cambio, sí podemos tener un proyecto común estable, comprometernos a amarnos y a vivir unidos hasta que la muerte nos separe, y vivir siempre una rica intimidad” (AL 163).

Capitulo quinto: “El amor que se vuelve fecundo”

El capítulo quinto esta todo concentrado sobre la fecundidad y la generatividad del amor. Se habla de manera espiritual y psicológicamente profunda del recibir una vida nueva, de la espera propia del embarazo, del amor de madre y de padre. Pero también de la fecundidad ampliada, de la adopción, de la aceptación de la contribución de las familias para promover la “cultura del encuentro”, de la vida de la familia en sentido amplio, con la presencia de los tíos, primos, parientes de parientes, amigos. Amoris laetitia no toma en consideración la familia “mononuclear”, porque es bien consciente de la familia como amplia red de relaciones. La misma mística del sacramento del matrimonio tiene un profundo carácter social (cfr. AL 186). Y al interno de esta dimensión el Papa subraya en particular tanto el rol específico de la relación entre jóvenes y ancianos, como la relación entre hermanos y hermanas como práctica de crecimiento en relación con los otros.

Capítulo sexto: “Algunas perspectivas pastorales”

En el sexto capítulo el Papa afronta algunas vías pastorales que orientan para construir familias sólidas y fecundas según el plan de Dios. En esta parte la Exhortación hace un largo recurso a las Relaciones conclusivas de los dos Sínodos y a las catequesis del Papa Francisco y de Juan Pablo II. Se confirma que las familias son sujeto y no solamente objeto de evangelización. El Papa señala que “a los ministros ordenados les suele faltar formación adecuada para tratar los complejos problemas actuales de las familias” (AL 202). Si por una parte es necesario mejorar la formación psico-afectiva de los seminaristas e involucrar más a las familias en la formación al ministerio (cfr. AL 203), por otra “puede ser útil (…) también la experiencia de la larga tradición oriental de los sacerdotes casados” (cfr. AL 239).

Después el Papa afronta el tema de guiar a los novios en el camino de la preparación al matrimonio, de acompañar a los esposos en los primeros años de vida matrimonial (incluido el tema de la paternidad responsable), pero también en algunas situaciones complejas y en particular en las crisis, sabiendo que “cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón” (AL 232). Se analizan algunas causas de crisis, entre las cuales una maduración afectiva retrasada (cfr. AL 239).

Entre otras cosas se habla también del acompañamiento de las personas abandonadas, separadas y divorciadas y se subraya la importancia de la reciente reforma de los procedimientos para el reconocimiento de los casos de nulidad matrimonial. Se pone de relieve el sufrimiento de los hijos en las situaciones de conflicto y se concluye: “El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Por eso, sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama de nuestra época” (AL 246).

Se tocan después las situaciones de matrimonios mixtos y de aquellos con disparidad de culto, y las situaciones de las familias que tienen en su interior personas con tendencia homosexual, confirmando el respeto en relación a ellos y el rechazo de toda injusta discriminación y de toda forma de agresión o violencia. Pastoralmente preciosa es la parte final del capítulo; “Cuando la muerte planta su aguijón”, sobre el tema de la perdida de las personas queridas y la viudez.

Capítulo séptimo: “Reforzar la educación de los hijos”

El séptimo capítulo esta todo dedicado a la educación de los hijos: su formación ética, el valor de la sanción como estímulo, el paciente realismo, la educación sexual, la transmisión de la fe, y más en general, la vida familiar como contexto educativo. Es interesante la sabiduría práctica que transparenta en cada párrafo y sobre todo la atención a la gradualidad y a los pequeños pasos “que puedan ser comprendidos, aceptados y valorados” (AL 271).

Hay un párrafo particularmente significativo y pedagógicamente fundamental en el cual Francisco afirma claramente que “la obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo (…) Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía” (AL 261).

Notable es la sección dedicada a la educación sexual titulada muy expresivamente: “Si a la educación sexual”. Se sostiene su necesidad y se nos pregunta “si nuestras instituciones educativas han asumido este desafío (…) en una época en que se tiende a banalizar y a empobrecer la sexualidad”. Ella debe realizarse “en el cuadro de una educación al amor, a la recíproca donación” (AL 280). Se pone en guardia de la expresión “sexo seguro”, porque transmite “una actitud negativa hacia la finalidad procreativa natural de la sexualidad, como si un posible hijo fuera un enemigo del cual hay que protegerse. Así se promueve la agresividad narcisista en lugar de la acogida” (AL 283).

Capítulo octavo: “Acompañar, discernir e integrar la fragilidad”

El capítulo octavo constituye una invitación a la misericordia y al discernimiento pastoral frente a situaciones que no responden plenamente a aquello que el Señor propone. El Papa que escribe usa tres verbos muy importantes: “acompañar, discernir e integrar” que son fundamentales para afrontar situaciones de fragilidad, complejas o irregulares. Entonces el Papa presenta la necesaria gradualidad en la pastoral, la importancia del discernimiento, las normas y circunstancias atenuantes en el discernimiento pastoral y en fin, aquella que él define la “lógica de la misericordia pastoral”.

El capítulo octavo es muy delicado. Para leerlo se debe recordar que “a menudo, la tarea de la Iglesia asemeja a la de un hospital de campaña” (AL 291). Aquí el Pontífice asume lo que ha sido fruto de las reflexiones del Sínodo sobre temáticas controvertidas. Se confirma qué es el matrimonio cristiano y se agrega que “otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal, pero algunas lo realizan al menos de modo parcial y análogo”. La Iglesia por lo tanto “no deja de valorar los elementos constructivos en aquellas situaciones que no corresponden todavía o ya no corresponden más a su enseñanza sobre el matrimonio” (AL 292).

En relación al “discernimiento” acerca de las situaciones “irregulares” el Papa observa que “hay que evitar los juicios que no toman en cuenta la complejidad de las diversas situaciones, y es necesario estar atentos al modo en que las personas viven y sufren a causa de su condición” (AL 296). Y continua: “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia “inmerecida, incondicional y gratuita”” (AL 297). Todavía: “Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral” (AL 298).

En esta línea, acogiendo las observaciones de muchos Padres sinodales, el Papa afirma que “los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo”.  “Su participación puede expresarse en diferentes servicios eclesiales (…) Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia (…) Esta integración es también necesaria para el cuidado y la educación cristiana de sus hijos, que deben ser considerados los más importantes” (AL 299).

Más en general el Papa hace una afirmación extremamente importante para comprender la orientación y el sentido de la Exhortación: “Si se tiene en cuenta la innumerable diversidad de situaciones concretas (…) puede comprenderse que no debería esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos. Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares, que debería reconocer que, puesto que “el grado de responsabilidad no es igual en todos los casos”,  las consecuencias o efectos de una norma no necesariamente deben ser siempre las mismas” (AL 300). El Papa desarrolla de modo profundo exigencias y características del camino de acompañamiento y discernimiento en diálogo profundo entre fieles y pastores. A este fin llama a la reflexión de la Iglesia “sobre los condicionamientos y circunstancias atenuantes” en lo que reguarda a la imputabilidad y la responsabilidad de las acciones y, apoyándose en Santo Tomas de Aquino, se detiene sobre la relación entre “las normas y el discernimiento” afirmando: “Es verdad que las normas generales presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar, pero en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares. Al mismo tiempo, hay que decir que, precisamente por esa razón, aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma” (AL 304).

En la última sección del capítulo: “la lógica de la misericordia pastoral”, Papa Francisco, para evitar equívocos, reafirma con fuerza: “Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano. Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas” (AL 307). Pero el sentido general del capítulo y del espíritu que el Papa quiere imprimir a la pastoral de la Iglesia está bien resumido en las palabras finales: “Invito a los fieles que están viviendo situaciones complejas, a que se acerquen con confianza a conversar con sus pastores o con laicos que viven entregados al Señor. No siempre encontrarán en ellos una confirmación de sus propias ideas o deseos, pero seguramente recibirán una luz que les permita comprender mejor lo que les sucede y podrán descubrir un camino de maduración personal. E invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia” (AL 312). Sobre la “lógica de la misericordia pastoral” Papa Francisco afirma con fuerza:“A veces nos cuesta mucho dar lugar en la pastoral al amor incondicional de Dios.  Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio” (AL 311).

Capítulo noveno: “Espiritualidad conyugal y familiar”

El noveno capítulo está dedicado a la espiritualidad conyugal y familiar, “hecha de miles de gestos reales y concretos” (AL 315). Con claridad se dice que “quienes tienen hondos deseos espirituales no deben sentir que la familia los aleja del crecimiento en la vida del Espíritu, sino que es un camino que el Señor utiliza para llevarles a las cumbres de la unión mística” (AL 316). Todo, “los momentos de gozo, el descanso o la fiesta, y aun la sexualidad, se experimentan como una participación en la vida plena de su Resurrección” (AL 317). Se habla entonces de la oración a la luz de la Pascua, de la espiritualidad del amor exclusivo y libre en el desafío y el anhelo de envejecer y gastarse juntos, reflejando la fidelidad de Dios (cfr. AL 319). Y, en fin, de la espiritualidad “del cuidado, de la consolación y el estímulo”. “Toda la vida de la familia es un “pastoreo” misericordioso. Cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro” (AL 322), escribe el Papa. Es una honda “experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él” (AL 323).

En el párrafo conclusivo el Papa afirma: “ninguna familia es una realidad perfecta y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar (...). Todos estamos llamados a mantener viva la tensión hacia un más allá de nosotros mismos y de nuestros límites, y cada familia debe vivir en ese estímulo constante. ¡Caminemos familias, sigamos caminando! (…) No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido” (AL 325).

La Exhortación apostólica se concluye con una Oración a la Sagrada Familia (AL 325).

(from Vatican Radio)

05:41

(RV).- Como es habitual en este periodo del año, el Papa Francisco recibió en la mañana de este viernes, en la Sala Clementina, a más de 200 miembros de la “Papal Foundation”, la asociación caritativa católica estadounidense instituida en Filadelfia en 1990, en ocasión de su peregrinación anual.

Tras dar la bienvenida a los administradores y “Stewards de Saint Peter”, "Delegados de San Pedro", el Papa expresó, en primer lugar, palabras de aprecio por la generosidad hacia su ministerio y la Iglesia en el mundo, y agradeció después “en nombre de todos los que reciben asistencia mediante su compromiso de caridad”.

Remarcando que este año la peregrinación se desarrolla en el ámbito del Jubileo de la Misericordia, Francisco recordó el llamado de Cristo “a compartir esta misericordia con aquellos que están espiritualmente y materialmente necesitados, mediante obras de misericordia espirituales y corporales, con aquel espíritu de generosidad y ternura que refleja la inconmensurable bondad de Dios”.

“Las obras de misericordia están en el corazón de su misión”, prosiguió Francisco y destacó cómo a través de su generosa ayuda a proyectos diocesanos, parroquiales y de las comunidades, asisten a muchas personas para que respondan eficazmente  a las necesidades de sus comunidades.  “De esta manera, aseguró, vuestra caridad se irradia en el mundo, ofreciendo nuevas iniciativas que ayudan a difundir el abrazo misericordioso del Padre”.

“Espero que con la gracia de Dios, estos días de peregrinación sean para ustedes una nueva fuerte invitación a la santidad y una experiencia intensa de la misericordia de Dios”, expresó el Pontífice al concluir su discurso. Y con el deseo de que el Padre Celeste pueda sostenerlos en sus buenas obras y conducirlos a una fe y a “una experiencia siempre más profunda de su infinito amor” les aseguró: “Sepan que mis oraciones y mi bendición los acompaña”.

(MCM-RV)

 

 

 

(from Vatican Radio)

05:41

(RV).-  “Amoris Laetitia – La alegría del amor”, es el título de la Exhortación Apostólica post-sinodal, firmada por el Papa Francisco el 19 de marzo y presentado la mañana del viernes 8 de abril en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El documento dedicado al amor en la familia recoge los resultados de los dos Sínodos sobre la Familia, desarrollados en el 2014 y en el 2015.

Video sobre la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia”

(from Vatican Radio)

11:21

(RV).-  El Papa Francisco recibió la mañana del jueves al Presidente del Gobierno de la República de Croacia,Tihomir Orešković que sucesivamente encontró al cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, a quien acompañaba Mons. Antoine Camilleri, Subsecretario para las Relaciones con los Estados. En los coloquios, transcurridos en una atmósfera de cordialidad, se destacaron las buenas relaciones entre la Santa Sede y la República de Croacia, de las que la visita de hoy es una expresión significativa, y se confirmó la voluntad común de proseguir el diálogo constructivo sobre las cuestiones bilaterales que conciernen a las relaciones entre la comunidad eclesial y la civil.

Se habló también del relieve que asume para los fieles croatas la figura del beato Alojzije Stepinac y de la condición de la minoría croata en Bosnia y Herzegovina. Durante el amplio intercambio de opiniones sobre temas internacionales y regionales se manifestó preocupación en particular por la crisis humanitaria de los prófugos en Oriente Medio, así como por las situaciones de conflicto que interesan a diversas regiones del mundo y por las acciones encaminadas a debilitar las bases de la convivencia civil.

(RC-RV)

 

(from Vatican Radio)

09:13

(RV).- Su Santidad el Papa Francisco, acogiendo la invitación de Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico de Constantinopla y del Presidente de la República de Grecia, irá a Lesbos el sábado 16 de abril de 2016.

En esa isla el Santo Padre, Su Santidad Bartolomé y Su Beatitud Hieronimus II, arzobispo de Atenas y de toda Grecia, encontrarán a los prófugos y a los allí acogidos.

 

(from Vatican Radio)

04:46

(RV).- “El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del primer miércoles de abril, el significado del Evangelio de la misericordia.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma después de haber reflexionado sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, inició sus reflexiones sobre cómo Jesús ha llevado la misericordia a plenitud. “De hecho, afirmó el Pontífice, es Jesús la misericordia de Dios hecha carne. Una misericordia que Él ha expresado, realizado y comunicado siempre, en cada momento de su vida terrena. Encontrando a la gente, anunciando el Evangelio, curando a los enfermos, acercándose a los últimos, perdonando a los pecadores, Jesús hace visible un amor abierto a todos, sin límites. Un amor puro, gratuito, absoluto. Un amor que alcanza su culmen en el Sacrificio de la Cruz”.

La misión de Jesús y el inicio del tiempo de la misericordia

Los cuatro Evangelios, señala el Santo Padre, afirman que Jesús, antes de iniciar su ministerio, quiso recibir el bautismo de Juan el Bautista. Este acontecimiento, afirma el Papa, marca decisivamente toda la misión de Cristo, quien “se acercó al río Jordán, junto a tanta gente de su pueblo, y se puso en la fila con los pecadores, para hacerse bautizar. Por lo tanto, precisa el Pontífice, desde el inicio de su ministerio, Él se ha manifestado como Mesías que asume la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión”. Todo lo que Jesús ha realizado después del bautismo ha sido la realización del programa inicial: es decir, traer a todos el amor de Dios que salva; hacerse prójimo con los últimos, comunicando a ellos la misericordia de Dios que es perdón, alegría y vida nueva. ¡El Hijo enviado por el Padre es realmente el inicio del tiempo de la misericordia para toda la humanidad!

Nadie está excluido del sacrificio salvífico de Cristo

Podemos contemplar todavía más claramente – señala el Sucesor de Pedro – el gran misterio de este amor dirigiendo la mirada a Jesús crucificado. “Es en la cruz que Jesús presenta a la misericordia del Padre el pecado del mundo, y con ella todos nuestros pecados. Nada ni nadie queda excluido de esta oración sacrificial de Jesús. Esto significa que no debemos temer en reconocernos y confesarnos pecadores, porque todo pecado ha sido llevado por el Hijo en la cruz”. Por ello, agregó el Papa, “cuando nosotros lo confesamos arrepentidos confiando en Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído! No debemos temer nuestras miserias: la potencia del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se acaba jamás”.

Antes de concluir su catequesis el Papa Francisco invitó a que en este Año Jubilar pidamos a Dios la gracia de tener experiencia de la potencia del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y de mirar al mundo con más bondad.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de haber reflexionado sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, hoy iniciamos a meditar sobre como Jesús mismo lo ha llevado a su pleno cumplimiento. Una misericordia que Él ha expresado, realizado y comunicado siempre, en cada momento de su vida terrena. Encontrando a la gente, anunciando el Evangelio, curando a los enfermos, acercándose a los últimos, perdonando a los pecadores, Jesús hace visible un amor abierto a todos: ¡ninguno está excluido! Abierto a todos sin límites. Un amor puro, gratuito, absoluto. Un amor que alcanza su culmen en el Sacrificio de la Cruz. ¡Sí, el Evangelio es de verdad el “Evangelio de la Misericordia”, porque Jesús es la Misericordia!

Los cuatro Evangelios afirman que Jesús, antes de iniciar su ministerio, quiso recibir el bautismo de Juan Bautista (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22; Jn 1,29-34). Este acontecimiento imprime una orientación decisiva en toda la misión de Cristo. De hecho, Él no se ha presentado al mundo en el esplendor del templo: ¿podía hacerlo, eh? No se ha hecho anunciar al son de trompetas: podía hacerlo. Ni mucho menos ha venido en las vestiduras de un juez: podía hacerlo. En cambio, después de treinta años de vida oculta en Nazaret, Jesús se acercó al río Jordán, junto a tanta gente de su pueblo, y se puso en la fila con los pecadores. No ha tenido vergüenza: estaba ahí con todos, con los pecadores, para hacerse bautizar. Por lo tanto, desde el inicio de su ministerio, Él se ha manifestado como Mesías que asume la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión. Como Él mismo afirma en la sinagoga de Nazaret identificándose con la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). Todo lo que Jesús ha realizado después del bautismo ha sido la realización del programa inicial: traer a todos el amor de Dios que salva. Jesús no ha traído el odio, no ha traído la enemistad: ¡nos ha traído el amor! ¡Un amor grande, un corazón abierto a todos, a todos nosotros! ¡Un amor que salva!

Él se ha hecho prójimo con los últimos, comunicando a ellos la misericordia de Dios que es perdón, alegría y vida nueva. ¡El Hijo enviado por el Padre, Jesús, es realmente el inicio del tiempo de la misericordia para toda la humanidad! Todos aquellos que estaban presentes en la orilla del Jordán no entendieron enseguida el significado del gesto de Jesús. El mismo Juan el bautista se sorprendió de su decisión (Cfr. Mt 3,14). ¡Pero el Padre celeste no! Él hizo oír su voz desde lo alto: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección» (Mc 1,11). De este modo el Padre confirma el camino que el Hijo ha iniciado como Mesías, mientras desciende sobre Él como una paloma el Espíritu santo. Así el corazón de Jesús bate, por así decir, al unísono con el corazón del Padre y del Espíritu, mostrando a todos los hombres que la salvación es el fruto de la misericordia de Dios.

Podemos contemplar todavía más claramente el gran misterio de este amor dirigiendo la mirada a Jesús crucificado. Mientras está por morir inocente por nosotros pecadores, Él suplica al padre: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Es en la cruz que Jesús presenta a la misericordia del Padre el pecado del mundo: ¡el pecado de todos! Mis pecados, tus pecados, los pecados. Es ahí, en la cruz, que Él los presenta. Y con ella todos nuestros pecados son borrados. Nada ni nadie queda excluido de esta oración sacrificial de Jesús. Esto significa que no debemos temer en reconocernos y confesarnos pecadores. Pero, cuantas veces nosotros decimos: “Este es un pecador, este ha hecho esto, aquello…” y juzgamos a los demás. ¿Y tú? Cada uno de nosotros debería preguntarse: “si este es un pecador. ¿Y yo?”. Todos somos pecadores, pero todos somos perdonados: todos tenemos la posibilidad de recibir este perdón que es la misericordia de Dios. No debemos temer, pues, de reconocernos pecadores, confesarnos pecadores, porque todo pecado ha sido llevado por el Hijo en la cruz. Y cuando nosotros lo confesamos arrepentidos confiando en Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído! No debemos temer nuestras miserias: no debemos temer a nuestras miserias. Cada uno de nosotros tiene las suyas. La potencia del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se acaba jamás. Y esta misericordia borra nuestras miserias.

Queridos, en este Año Jubilar pidamos a Dios la gracia de tener experiencia de la potencia del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y de mirar al mundo con más bondad. Si acogemos el Evangelio del Crucificado Resucitado, toda nuestra vida es plasmada por la fuerza de su amor que renueva. ¡Gracias!

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)

04:32

(RV).- “El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído”, con estas palabras el Papa Francisco explicó en la Audiencia General del primer miércoles de abril, el significado del Evangelio de la misericordia.

Continuando su ciclo de catequesis sobre la misericordia en la Sagrada Escritura, el Obispo de Roma después de haber reflexionado sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, inició sus reflexiones sobre cómo Jesús ha llevado la misericordia a plenitud. “De hecho, afirmó el Pontífice, es Jesús la misericordia de Dios hecha carne. Una misericordia que Él ha expresado, realizado y comunicado siempre, en cada momento de su vida terrena. Encontrando a la gente, anunciando el Evangelio, curando a los enfermos, acercándose a los últimos, perdonando a los pecadores, Jesús hace visible un amor abierto a todos, sin límites. Un amor puro, gratuito, absoluto. Un amor que alcanza su culmen en el Sacrificio de la Cruz”.

La misión de Jesús y el inicio del tiempo de la misericordia

Los cuatro Evangelios, señala el Santo Padre, afirman que Jesús, antes de iniciar su ministerio, quiso recibir el bautismo de Juan el Bautista. Este acontecimiento, afirma el Papa, marca decisivamente toda la misión de Cristo, quien “se acercó al río Jordán, junto a tanta gente de su pueblo, y se puso en la fila con los pecadores, para hacerse bautizar. Por lo tanto, precisa el Pontífice, desde el inicio de su ministerio, Él se ha manifestado como Mesías que asume la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión”. Todo lo que Jesús ha realizado después del bautismo ha sido la realización del programa inicial: es decir, traer a todos el amor de Dios que salva; hacerse prójimo con los últimos, comunicando a ellos la misericordia de Dios que es perdón, alegría y vida nueva. ¡El Hijo enviado por el Padre es realmente el inicio del tiempo de la misericordia para toda la humanidad!

Nadie está excluido del sacrificio salvífico de Cristo

Podemos contemplar todavía más claramente – señala el Sucesor de Pedro – el gran misterio de este amor dirigiendo la mirada a Jesús crucificado. “Es en la cruz que Jesús presenta a la misericordia del Padre el pecado del mundo, y con ella todos nuestros pecados. Nada ni nadie queda excluido de esta oración sacrificial de Jesús. Esto significa que no debemos temer en reconocernos y confesarnos pecadores, porque todo pecado ha sido llevado por el Hijo en la cruz”. Por ello, agregó el Papa, “cuando nosotros lo confesamos arrepentidos confiando en Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído! No debemos temer nuestras miserias: la potencia del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se acaba jamás”.

Antes de concluir su catequesis el Papa Francisco invitó a que en este Año Jubilar pidamos a Dios la gracia de tener experiencia de la potencia del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y de mirar al mundo con más bondad.

Texto completo de la catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Después de haber reflexionado sobre la misericordia de Dios en el Antiguo Testamento, hoy iniciamos a meditar sobre como Jesús mismo lo ha llevado a su pleno cumplimiento. Una misericordia que Él ha expresado, realizado y comunicado siempre, en cada momento de su vida terrena. Encontrando a la gente, anunciando el Evangelio, curando a los enfermos, acercándose a los últimos, perdonando a los pecadores, Jesús hace visible un amor abierto a todos: ¡ninguno está excluido! Abierto a todos sin límites. Un amor puro, gratuito, absoluto. Un amor que alcanza su culmen en el Sacrificio de la Cruz. ¡Sí, el Evangelio es de verdad el “Evangelio de la Misericordia”, porque Jesús es la Misericordia!

Los cuatro Evangelios afirman que Jesús, antes de iniciar su ministerio, quiso recibir el bautismo de Juan Bautista (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22; Jn 1,29-34). Este acontecimiento imprime una orientación decisiva en toda la misión de Cristo. De hecho, Él no se ha presentado al mundo en el esplendor del templo: ¿podía hacerlo, eh? No se ha hecho anunciar al son de trompetas: podía hacerlo. Ni mucho menos ha venido en las vestiduras de un juez: podía hacerlo. En cambio, después de treinta años de vida oculta en Nazaret, Jesús se acercó al río Jordán, junto a tanta gente de su pueblo, y se puso en la fila con los pecadores. No ha tenido vergüenza: estaba ahí con todos, con los pecadores, para hacerse bautizar. Por lo tanto, desde el inicio de su ministerio, Él se ha manifestado como Mesías que asume la condición humana, movido por la solidaridad y la compasión. Como Él mismo afirma en la sinagoga de Nazaret identificándose con la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). Todo lo que Jesús ha realizado después del bautismo ha sido la realización del programa inicial: traer a todos el amor de Dios que salva. Jesús no ha traído el odio, no ha traído la enemistad: ¡nos ha traído el amor! ¡Un amor grande, un corazón abierto a todos, a todos nosotros! ¡Un amor que salva!

Él se ha hecho prójimo con los últimos, comunicando a ellos la misericordia de Dios que es perdón, alegría y vida nueva. ¡El Hijo enviado por el Padre, Jesús, es realmente el inicio del tiempo de la misericordia para toda la humanidad! Todos aquellos que estaban presentes en la orilla del Jordán no entendieron enseguida el significado del gesto de Jesús. El mismo Juan el bautista se sorprendió de su decisión (Cfr. Mt 3,14). ¡Pero el Padre celeste no! Él hizo oír su voz desde lo alto: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección» (Mc 1,11). De este modo el Padre confirma el camino que el Hijo ha iniciado como Mesías, mientras desciende sobre Él como una paloma el Espíritu santo. Así el corazón de Jesús bate, por así decir, al unísono con el corazón del Padre y del Espíritu, mostrando a todos los hombres que la salvación es el fruto de la misericordia de Dios.

Podemos contemplar todavía más claramente el gran misterio de este amor dirigiendo la mirada a Jesús crucificado. Mientras está por morir inocente por nosotros pecadores, Él suplica al padre: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Es en la cruz que Jesús presenta a la misericordia del Padre el pecado del mundo: ¡el pecado de todos! Mis pecados, tus pecados, los pecados. Es ahí, en la cruz, que Él los presenta. Y con ella todos nuestros pecados son borrados. Nada ni nadie queda excluido de esta oración sacrificial de Jesús. Esto significa que no debemos temer en reconocernos y confesarnos pecadores. Pero, cuantas veces nosotros decimos: “Este es un pecador, este ha hecho esto, aquello…” y juzgamos a los demás. ¿Y tú? Cada uno de nosotros debería preguntarse: “si este es un pecador. ¿Y yo?”. Todos somos pecadores, pero todos somos perdonados: todos tenemos la posibilidad de recibir este perdón que es la misericordia de Dios. No debemos temer, pues, de reconocernos pecadores, confesarnos pecadores, porque todo pecado ha sido llevado por el Hijo en la cruz. Y cuando nosotros lo confesamos arrepentidos confiando en Él, estamos seguros de ser perdonados. ¡El sacramento de la Reconciliación hace actual para cada uno la fuerza del perdón que brota de la Cruz y renueva en nuestra vida la gracia de la misericordia que Jesús nos ha traído! No debemos temer nuestras miserias: no debemos temer a nuestras miserias. Cada uno de nosotros tiene las suyas. La potencia del amor del Crucificado no conoce obstáculos y no se acaba jamás. Y esta misericordia borra nuestras miserias.

Queridos, en este Año Jubilar pidamos a Dios la gracia de tener experiencia de la potencia del Evangelio: Evangelio de la misericordia que transforma, que hace entrar en el corazón de Dios, que nos hace capaces de perdonar y de mirar al mundo con más bondad. Si acogemos el Evangelio del Crucificado Resucitado, toda nuestra vida es plasmada por la fuerza de su amor que renueva. ¡Gracias!

(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)

09:11

«Sí»: para el cristiano no hay otra respuesta a la llamada de Dios. Y, sobre todo, no debe comportarse nunca como quien pretende no entender, y se gira hacia otro lado. Es precisamente en la solemnidad de la Anunciación del Señor, el lunes 4 de abril por la mañana, que el Papa invitó a vivir una auténtica «fiesta de sí», celebrando la misa en la capilla de la Casa Santa Marta.

Un «sí» convencido es el que esta mañana pronunciaron los sacerdotes que concelebraron con Francisco en el día de su cincuenta aniversario de ordenación, y también las religiosas vicentinas que trabajan en Santa Marta que renovaron sus votos. «Es toda una historia la que termina y comienza en esta solemnidad que hoy celebramos: la historia del hombre, cuando sale del paraíso», señalo inmediatamente el Papa al comienzo de la homilía. Después del pecado, de hecho, el Señor ordena al hombre que camine, y llene la tierra: «Sé fecundo y ve hacia adelante». Pero «el Señor estaba atento a lo que el hombre hacía». Tanto que «algunas veces, cuando el hombre se equivocó, Él castigó al hombre: pensemos en Babel o en el diluvio».

Así que Dios siempre «miraba lo que el hombre hacía: en un determinado momento, este Dios que observaba y custodiaba al hombre, decidió formar un pueblo y llamó a nuestro padre Abraham: “Sal de tu tierra, de tu casa”». Y Abraham «obedeció, dijo “sí”» al Señor «y se fue de su tierra sin saber a dónde iba». Es «el primer “sí” del pueblo de Dios». Y precisamente «con Abraham, Dios —que miraba al pueblo— comenzó a “caminar con”. Y caminó con Abraham: “Camina en mi presencia”, le dijo».

Dios, explicó el Papa, «luego hizo lo mismo con Moisés, a quien con ochenta años le dijo: “Haz esto”. Y Moisés a los ochenta —es anciano— dice “¡sí!”. Y va a liberar al pueblo».

Y Dios, afirmó de nuevo el Pontífice, «hizo lo mismo con los profetas»: pensemos por ejemplo en Isaías que, cuando el Señor le dice que se vaya y le diga las cosas al pueblo, responde que tiene «labios impuros». Pero «el Señor purifica los labios de Isaías e Isaías dice “¡sí!”».

También con Jeremías, recordó el Papa, sucedió lo mismo: «Señor, yo no puede hablar, ¡soy un muchacho!» fue la primera respuesta del profeta. Pero Dios le ordena que se vaya de todos modos y él contesta «¡sí!». Son «muchos, muchos» los «que han dicho “sí”», es realmente una «humanidad de hombres y mujeres ancianos quienes han dicho “sí” a la esperanza del Señor». Y en la homilía Francisco también quiso recordar a Simeón y Ana.

Hoy —explicó— el Evangelio nos dice el final de esta cadena de “sís” y el comienzo de otro “sí” que comienza a crecer: el “sí” de María». Precisamente «este “sí” hace que Dios —afirmó el Pontífice— no sólo vea cómo va el hombre, no sólo camine con su pueblo, sino que se haga uno de nosotros y tome nuestra carne». De hecho, «el “sí” de María abre la puerta al “sí” de Jesús: “Yo vengo para hacer tu voluntad”». Y «este “sí” va con Jesús durante toda su vida, hasta la cruz: “Aparta de mí este, cáliz, Padre, pero hágase tu voluntad”». Es «en Jesucristo que, como dice Pablo a los corintios, se encuentra el “sí” de Dios: Él es el “sí”».

«Es un día bonito —remarcó el Papa— para dar gracias al Señor por habernos enseñado que este camino del “sí”, y también para pensar en nuestra vida». Sobre todo «algunos de vosotros —dijo, dirigiéndose directamente a los sacerdotes presentes en la misa— celebran el cincuenta aniversario de sacerdocio: hermoso día para pensar en el “sí” de vuestra vida». Pero, «todos nosotros, cada día, tenemos que decir “sí o “no”, y pensar si siempre decimos “sí” o muchas veces nos escondemos, con la cabeza hacia abajo, como Adán y Eva, para no decir “no”», fingiendo no entender «lo que Dios pide».

«Hoy es la fiesta del “sí”», repitió Francisco. De hecho, «en el “sí” de María está el “sí” de toda la historia de la salvación y ahí comienza el último “sí” del hombre y de Dios: ahí Dios recrea, como en el principio con un “sí” hizo el mundo y el hombre, esa hermosa creación: con este “sí” yo vengo para hacer tu voluntad, y de una manera más maravillosa recrea el mundo, nos recrea a todos nosotros». Es «el “sí de Dios que nos santifica, que nos hacer ir hacia adelante en Jesucristo». Por eso, hoy es el día justo «para dar gracias al Señor y preguntarnos: ¿soy hombre o mujer del “sí” o soy hombre o mujer del “no”? O ¿soy hombre o mujer que miro un poco hacia otro lado, para no responder?».

A continuación el Papa expresó el deseo «de que el Señor nos dé la gracia de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sido capaces de decir el “sí”». Y tras haber tenido un pensamiento para los sacerdotes, Francisco concluyó dirigiéndose a las religiosas de la comunidad de Santa Marta: «En este momento, en silencio, las hermanas que están en esta Casas renovarán los votos: lo hacen cada año, porque San Vicente era inteligente y sabía que la misión que les encomendaba era muy difícil, y por esta razón quiso que cada año renovasen los votos. Nosotros acompañamos en silencio la renovación».

08:04

En el sacerdote confesor el penitente debería ver un grande y silencioso abrazo paterno que dice: «Bienvenido a casa». Con esta imagen monseñor Krzysztof Nykiel, regente de la Penitenciaría apostólica, concluyó el congreso promovido por el dicasterio vaticano sobre la bula jubilar Misericordiae vultus, que tuvo lugar del 31 de marzo al 1 de abril. 

Tal vez también gracias al redescubrimiento de esta imagen del confesor —destacó el regente— «uno de los frutos principales de este año de la misericordia» es precisamente «el regreso al confesionario de muchas personas que desde hace muchos años ya no se acercaban al sacramento de la reconciliación». Del mismo modo, se nota el redescubrimiento de las obras de misericordia corporales y espirituales, en las que el Papa Francisco ha insistido particularmente invitando a los fieles «a practicarlas con generosidad».

Monseñor Nykiel recomendó a cada confesor que «acojan a los fieles como el padre de la parábola del hijo pródigo, mostrándoles la ternura del Padre siempre dispuesto a donarnos su perdón». En efecto, explicó el prelado, él «no hace más que acoger lo que Dios ya hizo surgir en el corazón de un hombre: la nueva vida de hijo que sólo Dios suscita y que él sencillamente constata y acoge». Por este motivo el Pontífice, en la bula de convocación del Año santo, pide constantemente que los «confesores sean un verdadero signo de la misericordia del Padre», llamados a «ser siempre, en todas partes, en cada situación y a pesar de todo, el signo del primado de la misericordia».

La variedad de los contenidos y de las perspectivas surgidas en las tres sesiones de trabajo confirman en qué medida la misericordia es el corazón del Evangelio. En efecto, todo el congreso, explicó el regente, ha sido una «gran celebración» de la misericordia de Dios, «un himno de alabanza a la divina misericordia».

08:04

En vísperas de la fiesta de la Divina misericordia, instituida por Juan Pablo II en el año 2000 y celebrada el segundo domingo de Pascua, es muy actual el recuerdo de los santos que la han vivido en su cotidianidad. Comenzando por sor Faustina Kowalska, que recibió de Cristo los secretos de la devoción a la misericordia divina, hasta la madre Teresa de Calcuta, que la hizo tangible con sus gestos de caridad. Habla de ello el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las causas de los santos, en esta entrevista a nuestro periódico.

La misericordia, ¿es sólo una actitud filantrópica o es una dimensión constitutiva de la santidad?

En la cultura cristiana la palabra misericordia tiene muchos significados y puede indicar caridad, bondad, perdón. E incluye también múltiples gestos, que la tradición ha concretado en catorce comportamientos prácticos, las así llamadas obras de misericordia corporales y espirituales. Son expresiones que desde el inicio han caracterizado a los seguidores de Jesús, no pocas veces en contraste con una cierta cultura de la época, que consideraba la compasión, la misericordia y la piedad como una debilidad humana. Los estoicos, por ejemplo, la consideraban una enfermedad del alma, que turbaría la paz del sabio. Sin embargo, hay que añadir que esto no impedía a Cicerón considerar la misericordia como un signo de sabiduría «propio del hombre bueno» y condenar como absurda la concepción estoica. La misericordia cristiana no es sólo expresión filantrópica, sino que tiene profundas raíces teológicas. Misericordioso es la calificación del nombre mismo de Dios, tal como fue revelado a Moisés: «El Señor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad». Este rasgo precioso de la bondad divina se afirma plenamente en la revelación neotestamentaria de Dios como amor. El Magníficat de María es el canto de la misericordia divina, que de generación en generación se extiende sobre aquellos que le temen.

¿Cómo han interpretado los santos la misericordia divina?

Si la misericordia es el amor apasionado de Dios por sus criaturas, ella expresa también la caridad intensa del santo hacia el prójimo. Para santo Tomás de Aquino la virtud de la misericordia está en armonía con la justicia, la cual sin misericordia sería crueldad. En consonancia con el dato bíblico, santo Tomás afirma que es propio de Dios tener misericordia. Por lo cual ser misericordiosos es ser auténticos hijos de Dios: «Sed misericordiosos, comovuestro Padre es misericordioso». Los santos han perfumado la historia con el bálsamo de la misericordia. En la fiesta judía de Sucot —o fiesta de las Chozas— está el siguiente rito. Se atan cuatro plantas: limón, mirto, sauce y palmera. Atadas juntas, la fragancia del limón y del mirto se transmite también a las dos plantas no perfumadas. Y así el perfume se cuadruplica. La misericordia, como perfume de caridad, o sea efusiva y superabundante. De este modo la fragrancia de las buenas obras de los santos contagia benéficamente la debilidad y la fragilidad humana.

Nicola Gori

Diocesis de Celaya

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