Diagnóstico certero de la situación actual

ReL ha publicado una información, diría que en exclusiva, de la homilía que el cardenal Cañizares, arzobispo de Valencia –y en su día obispo de Ávila-, pronunció en la celebración eucarística con motivo de la festividad de la Transverberación o Éxtasis de Santa Teresa, en el monasterio de la Encarnación de la capital abulense, el miércoles 26 de agosto. Estuvo acompañado por varios obispos y numerosos sacerdotes.

Como la información, de Juan Francisco Pacheco, aún permanece disponible y recuperable en estas páginas, me libera de hacer un resumen amplio de la misma. Sólo quiero llamar la atención sobre la almendra de la reflexión del purpurado valenciano.

Cañizares recordó la expresión de la Santa “quien a Dios tiene nada le falta. Solo Dios basta”. “Ahí se condensa –añadió- la más verdadera y genuina antropología, de la que andamos tan carentes en nuestro tiempo, y en cuya ausencia radica el fondo de la crisis y quiebra humana, cultura y social que atravesamos. (...) Por eso la quiebra moral y de humanidad que hoy padecemos está unida inseparablemente a la ´crisis de Dios´, a su ausencia del espacio humano y cultural”.

Diagnóstico sumamente certero. La sociedad actual, al menos la que tenemos a nuestro alrededor, la que nos envuelve y en cierto modo nos condiciona, prescinde en sus hábitos personales y sociales de la figura de Dios. Cierto que no es una sociedad atea, como quisieran algunos, sino indiferente, “pasota” en convicciones religiosas, y por ello, como recuerda el cardenal, “una sociedad sin Dios se vuelve contra el hombre”, según dijo San Juan Pablo II. “Quien no conoce a Dios no conoce al hombre. Quien olvida a Dios destruye la humanidad del hombre. Este es el gran y principal problema de nuestro tiempo”.

Me reconforta pensar que los altos eclesiásticos, en lugar de irse por las ramas de un pietismo desfasado, afrontan la realidad –la triste realidad- tal cual es, sin salirse de la ortodoxia, como parece que quieren algunos mitrados en el sínodo de la familia, pero sin poner la cabeza bajo el ala para no ver lo que pasa a nuestro alrededor.

Por eso echo de menos planes pastorales asentados en el mundo poco grato en el que vivimos a fin de afrontar el inmenso desafío que nos plantea el laicismo agresivo y el indiferentismo invasor. No veo yo que los pastores, en conjunto, digan lo que hay que hacer –esa es una de sus responsabilidades-, sino, sobre todo, cómo hay que hacerlo, a través de qué medios y recursos humanos y modelos de compromiso personal como en su día fue la Acción Católica.

La reflexión del cardenal Cañizares está en la línea de salida que los feligreses podemos esperar. Ahora falta la segunda parte, los planes de acción, porque sin acción, sin planes concretos y coordinados de evangelización, los que quieren nuestra ruina nos arrollarán como una manada enloquecida de búfalos.

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17:17
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