Toledo, 27 de julio de 1936. En el nº 8 de la calle Sillería

Al vernos rechazados del hotel, al padre Márquez y a mí, la criada de la casa de la que Dios se valió para salvarnos, dijo que en su casa había dos camas que podíamos aprovechar. Aceptamos el ofrecimiento y, acompañados por la misma criada, nos dirigimos a su casa, que estaba en la calle del Instituto nº 23, y que había de ser nuestro refugio y salvación por espacio de 66 días.

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