El misterio de las imágenes católicas que sudaban en Canarias y a veces protegían de la enfermedad


La historiadora Ana María Díaz Pérez ha investigado documentos sobre un fenómeno poco conocido en Canarias: en los siglos XVII y XVIII varias imágenes religiosas en iglesias y en casas particulares sudaron durante varios días seguidos sin que se pudiese determinar la causa.

Ana María Díaz, que es doctora en Historia del Arte, tiene previsto impartir una conferencia sobre este fenómeno dentro de las "I Jornadas de Criptobiología en la sociedad de las nuevas tecnologías" que organiza el Museo de la Naturaleza y el Hombre del Cabildo de Tenerife.




La investigadora señala en una entrevista a Efe que encontró bibliografía sobre estos hechos por casualidad, al estudiar en archivos otras cuestiones relacionadas con el arte, y se percató de que la descripción solía coincidir: una imagen religiosa -un cuadro, una escultura o un retablo -que de repente registraba un fenómeno de exudación.




Los casos de los que ha encontrado constancia documental se han registrado en islas de la provincia occidental, lo que no quiere decir que el fenómeno no se hay producido también en la oriental, pero "es complicado" averiguarlo porque puede estar descrito en documentos privados y normalmente en la bibliografía se citan los casos más divulgados.




La primera descripción de un incidente de este tipo que encontró Ana María Díaz es la referente a un cuadro de San Juan Evangelista en la Iglesia de La Concepción de La Laguna que comenzó a sudar durante una misa cantada en 1648.




Ello provocó la sorpresa de los fieles, que cerraron las puertas y abandonaron el templo, pero cuando éste fue abierto de nuevo al día siguiente, la imagen seguía sudando.




Entonces se decidió mojar con agua los cuadros de los otros tres evangelistas -San Mateo, San Marcos, San Lucas- también presentes en la iglesia que, en la jornada posterior, aparecieron secos, mientras el de San Juan exhibía aún el sudor.




"Estuvo sudando 40 días seguidos", relata la investigadora, quien precisa que en la época se empezaron a barajar distintas hipótesis, desde que los monaguillos habían rociado el cuadro sin darse cuenta o que le había caído agua, pero al no encontrar explicación se empezó a hablar de un suceso sobrenatural.




Coincidió además el acontecimiento con que llegó a Canarias una epidemia de peste bubónica, que en el caso de Tenerife se expandió por La Laguna y Santa Cruz, y durante los días en los que la imagen de San Juan Evangelista sudó, no se registraron muertes entre los infectados, que se curaron.




Ana María Díaz explica que hay un documento de la época en el que un juez y seis testigos detallan cómo han presenciado este fenómeno y, al olvidarse de firmar el papel, buscaron a otras siete personas que vieron "el portento de la exudación" y atestiguaron que era verdad.




En aquellos días se llegó a consultar al ilustrado Viera y Clavijo, sacerdote y con conocimientos de química, quien al ser preguntado por el San Juan Evangelista de La Laguna contestó "muy inteligentemente" que sea cual fuese el origen del fenómeno "Dios se había valido de ello".




La investigadora ha encontrado relatos similares acerca de la imagen de un San Ramón Nonato cuando inicialmente estaba depositada en una casa particular de La Gomera, y de la que se describe que sudó durante 18 días en 1765, y posteriormente fue trasladada a la Iglesia de la Asunción.




También en Tenerife consta el relato de una imagen del Cristo de las Tribulaciones que igualmente en una casa particular sudó durante 19 días en 1795, y que fue luego trasladado a la Iglesia de San Francisco de la capital.




Además en una casa de Icod de los Vinos hay constancia de tres autos que mencionan cómo sudó una imagen de un Cristo, mientras que un fenómeno similar se detalla en un "Ecce Homo" pintado en una lámina de cobre en La Palma.




Ya en la época en la que sucedían estos hechos se intentaba discernir su origen y si el sudor provenía de la pintura, el barniz, el agua o el aceite, pero no había medios técnicos suficientes para determinarlo y al final "siempre hay dos versiones: la religiosa y la científica".




Los datos recopilados por Ana María Díaz obre esta cuestión han sido editados en un artículo presentado a un congreso celebrado en la Casa de Colón de Gran Canaria y han sido ampliados posteriormente para un capítulo del libro "Enigmas y tesoros de Canarias".







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