El modelo albanés


Para la mayoría de los habitantes de este mundo, Albania no significará prácticamente nada. Casi todos ellos, incluidos los europeos, no sabrán ni dónde está. Por eso quizá no entiendan la importancia del viaje del Papa a este pequeño país balcánico. Hubo un tiempo no muy lejano, sin embargo, en el que Albania sí fue conocido, al menos en determinados ámbitos políticos e intelectuales.



Cuando La URSS extendía sus tentáculos sobre la Europa del Este y tenía a su servicio a los partidos comunistas de la Europa Occidental, entró en crisis con China, la China comunista. Las batallas se libraban en diversos frentes, entre ellos Vietnam, que siempre fue más partidaria del comunismo soviético que del chino, o India. Ambas tenían las mismas razones de vecindad -de mala vecindad- para inclinarse por la URSS más que por China. En Europa, el dictador comunista de los Balcanes, Tito, había probado una especie de autonomía con respecto a la URSS, aprovechando que no tenía frontera directa con ella y que a ésta no le era tan fácil mandar sus tanques desde Bulgaria, que sí la tenía. Fue, con otros líderes mundiales, uno de los creadores de la "Tercera vía", supuestamente intermedia entre capitalismo y comunismo, aunque en la práctica más comunista que capitalista, al menos en el caso de Yugoslavia, la mezcla de países gobernados por Tito. Junto a esta nación estaba la pequeña y pobre Albania. Sus gobernantes podían haber hecho lo que hizo Tito, quedarse en la órbita soviética pero a una cierta distancia; sin embargo, optaron por aproximarse a la lejanísima China y convertirse en un satélite suyo enclavado en Europa.

Era, desde luego, una excentricidad que no reportó muchos beneficios al pueblo albanés, que vivía en la más espantosa miseria. Pero, junto a esto y probablemente ligado a ello, en Albania se intentó un experimento: acabar radicalmente por los métodos que fueran con cualquier síntoma de religión. Como era y sigue siendo un país de mayoría musulmana -lo mismo que su vecina Bosnia-, fueron ellos los que llevaron la peor parte. Pero también sufrieron los católicos y ortodoxos que vivían allí. La persecución fue tan terrible que Albania se convirtió -al menos oficialmente- en el primer país ateo del mundo. Digo oficialmente porque por lo bajo, en las catacumbas, los creyentes siguieron existiendo.



Cuando por fin llegó a libertad, llegó también la resurrección de la religión y lo que había estado escondido pudo salir a la luz, demostrando que aquel experimento asesino, que tantas vidas había costado, no había tenido éxito. Pero se comprobó también otra cosa: que junto a la persecución común se había creado una estrecha relación entre todas las religiones, que se sentían atacadas por un implacable enemigo común. Y esta relación ha seguido manteniéndose desde entonces.



El Papa va, pues, a la tierra de la Madre Teresa de Calcuta -nació en Albania antes de la llegada del comunismo- no sólo a visitar a una heroica y probada comunidad católica, o a hacer un nuevo llamamiento al servicio de los pobres, sino a mostrar al mundo un ejemplo que funciona: la convivencia feliz entre cristianos y musulmanes. De eso, sobre todo, se trata. En un contexto como el que se vive en Oriente Medio, Albania debe ser puesta de nuevo ante la mirada de todos, no ya para ofrecer el ejemplo de un mundo sin Dios, sino para mostrar que es posible tener distinta fe que la de tu hermano sin desear por ello acabar con él o convertirle a la fuerza. Dios quiera que los musulmanes más fanáticos aprendan la lección, porque nosotros los católicos ya la sabemos y la practicamos.







17:19
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