El protagonista de la noticia


Llevamos casi dos semanas desayunando, comiendo y cenando con el drama de la inmigración, que ha dejado en la playa de Ceuta a 15 inmigrantes muertos. Quince personas que soñaban con una vida mejor, que arriesgaron todo y terminaron ahogados en las cercanías de su destino. ¿Se excedió la Guardia Civil en el uso de material anti disturbio para defender las fronteras de España? ¿Están los socialistas buscando sacar rédito político a este drama? ¿Tiene culpa el partido que está en el gobierno? El drama de la inmigración es complejo: la desesperación de los inmigrantes y su situación en el país de origen, la capacidad de un país para recibir grandes oleadas migratorias, la defensa legítima de las fronteras, la dignidad humana de los inmigrantes, las mafias que se aprovechan de este drama y un larguísimo etcétera.

No es fácil manejar este complejo conflicto de intereses, pero me agrada unos argumentos que se están repitiendo mucho: se trata de personas humanas, con su dignidad y sus derechos, seres ante los que no podemos permanecer indiferentes. Con demasiada frecuencia, los telediarios se pueden convertir en “otra serie más”, o un nuevo episodio de la película “telediario” o un interesante reportaje, como los programas sobre animales en el desierto o vida en el polo Norte: vemos a unos personajes detrás del televisor, que se mueven, actúan, casi representan un papel, y nada más. Corremos el peligro de confundir la muerte del amigo del protagonista, en la última película, con las palabras del padre de la joven encontrada muerta, que narra “la película telediario”.




La política nos interesa en la medida en que repercute en la vida concreta, cotidiana. atendemos a la economía cuando ésta tiene alguna consecuencia en la economía doméstica: lo que pagamos de luz o agua, el precio de la compra en el supermercado y la holgura (o apretón) que nos provoca en las relaciones familiares y humanas. Nos interesan las realidades concretas que afectan a nuestro bien, bienestar o felicidad personal. Y de vez en cuando, para entretenernos, ponemos la tele y vemos la película de turno, la serie o el reportaje; y los telediarios, como una película o reportaje más.




Por eso me alegra escuchar que se habla del protagonista de la noticia, la persona con su drama existencial, el drama de la inmigración o el drama de la pérdida de un hijo o de una vida tranquila. ¿Los medios de comunicación tocan el corazón de la persona? ¿O son un instrumento más de la cultura superficial de la curiosidad?




Un fenómeno interesante: el curioso es aquel que se pregunta por qué, el cur? Latino. Y mediante a esa pregunta, hace más de 25 siglos, los griegos empezaron a buscar la razón de las cosas, y sobre todo de esa “cosa” llamada vida. Fue un cur que dio origen a la filosofía, a la ciencia, física y metafísica, a la psicología. Una curiosidad profunda, honesta, seria y amante de la verdad.




¿Qué sucede en nuestra época con la curiosidad? Seguimos siendo curiosos, lo llevamos en el ADN, pero quizás hemos renunciado al fin profundo de la curiosidad: alcanzar la verdad. Y el lugar de caminar hacia la luz que vemos en el horizonte, para conocer esa luz, nos conformamos con entretenernos con juegos de sombras, moviéndonos hacia la derecha o la izquierda de la luz, jugueteando con la mayor o menor penumbra que proyectamos.




En esta sociedad curiosa, que a veces ve pasar los acontecimientos como quien escucha llover sentado tras una ventana y al calor de la chimenea, noticias de estas nos recuerdan quién es el protagonista de la noticia, de cada noticia, de las malas y las buenas. Y escuchar que ante los quince inmigrantes ahogados junto a Ceuta se recuerda que son personas con un drama existencial es una señal de que, en el fondo, las personas nos preocupamos por las personas. Y más allá de la curiosidad superficial, el cur anecdótico, llegamos a la “cor-curiosidad”: un corazón que se pregunta por qué y cómo acontece esta noticia al corazón que la protagoniza.







18:00
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