La Unidad de España




El presidente de los obispos españoles y arzobispo de Madrid, cardenal Rouco, ha dirigido como es habitual al comenzar la Asamblea Plenaria, un discurso a los obispos y, de alguna manera a todos los católicos españoles. Aunque cada obispo es el sucesor de los apóstoles en su diócesis y el presidente de la Conferencia Episcopal no es un "súper obispo" que manda sobre los demás, no cabe duda de que sus palabras tienen una gran importancia y son muy representativas de lo que siente la mayoría del Episcopado, que fue quien le eligió para el cargo.




Rouco ha hablado de varias cosas en su discurso, como es lógico, todas ellas conectadas con la realidad de la Iglesia y de la sociedad española, pero quizá la más significativa ha sido la alusión al proceso de secesión que ha emprendido una parte de España, Cataluña. Sobre este tema ya se pronunció la Conferencia Episcopal nada menos que en tres ocasiones en los últimos once años, en 2002, 2006 y 2012. Ahora, sin embargo, ante la decisión del Gobierno autonómico catalán de llevar a cabo un referéndum ilegal a favor de la independencia, ha sido el presidente de los obispos españoles el que ha querido hablar del asunto, citando las anteriores declaraciones colectivas. Sus palabras eran muy necesarias debido a que sesenta instituciones católicas con presencia en Cataluña se habían manifestado hace unos días a favor de la independencia, entre ellas nada menos que los jesuitas y los claretianos.




"Nos preocupa -dijo el cardenal- que la unión fraterna entre todos los ciudadanos de las distintas comunidades y territorios de España, con muchos siglos de historia común, pudiera llegar a romperse". "La unidad de la nación española -añadió- es una parte principal del bien común de nuestra sociedad que ha de ser tratada con responsabilidad moral. A esta responsabilidad pertenece necesariamente el respeto de las normas básicas de la convivencia —como es la Constitución Española— por parte de quienes llevan adelante la acción política".




En definitiva, el cardenal Rouco, ha dejado claro que no se puede romper un país que lleva unido más de cinco siglos sin que eso acarree graves consecuencias para los habitantes de ese país y sin que se perjudique por lo tanto el bien común. Además, añade, hay que respetar las reglas del juego, que están en la Constitución, por las que no se pueden convocar referéndums ilegales.




Ninguna Constitución es sagrada, ni tampoco las fronteras. Pero modificar una u otra es algo tan importante y delicado para la vida de los que en ese país residen que no sólo no se puede hacer a la ligera sino que no se debe hacer poniendo en peligro el bien común y yendo contra la legalidad. No es, pues, una cuestión política solamente sino también moral, lo mismo que sucede con el aborto o con el terrorismo, entre otras cosas. Por eso, con toda claridad y uniéndome a los obispos españoles representados por su presidente, me manifiesto abiertamente en contra de una independencia catalana conseguida de forma ilegal y que supondría un grave quebranto del bien común, incluido del de los que viven en Cataluña. Cuando no se respetan las leyes uno se convierte en un delincuente y no creo que ese sea un buen principio de nada y para nadie. Además, en un mundo que, para bien y para mal, es cada vez más una "aldea global", en una Europa cada vez más cohesionada, un proceso independentista no sólo está trasnochado sino que sería muy perjudicial para los quedaran viviendo en una Cataluña independiente que empezaría por encontrarse, nada más empezar a existir, fuera de las instituciones europeas.




La unidad de España es un bien moral. Lo dicen los obispos y estoy de acuerdo totalmente con ellos. Por eso, recemos para que esa unidad no se rompa.




http://www.magnificat.tv/es/node/4871/2







17:29
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