noviembre 2013
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04:44



Empieza [el domingo] el primer año del ciclo litúrgico trienal, llamado año A. En él nos acompaña el Evangelio de Mateo. Algunas características de este Evangelio son: la amplitud con la que se refieren las enseñanzas de Jesús (los famosos sermones, como el de la montaña), la atención a la relación Ley-Evangelio (el Evangelio es la «nueva Ley»). Se le considera como el Evangelio más «eclesiástico» por el relato del primado a Pedro y por el uso del término «Ecclesia», Iglesia, que no se encuentra en los otros tres Evangelios.




La palabra que destaca sobre todas, en el Evangelio de este primer domingo de Adviento, es: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor... Estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre». Se pregunta a veces por qué Dios nos esconde algo tan importante como es la hora de su venida, que para cada uno de nosotros, considerado singularmente, coincide con la hora de la muerte. La respuesta tradicional es: «Para que estuviéramos alerta, sabiendo cada uno que ello puede suceder en sus días» (San Efrén el Sirio). Pero el motivo principal es que Dios nos conoce; sabe qué terrible angustia habría sido para nosotros conocer con antelación la hora exacta y asistir a su lenta e inexorable aproximación. Es lo que más atemoriza de ciertas enfermedades. Son más numerosos hoy los que mueren de afecciones imprevistas de corazón que los que mueren de «penosas enfermedades». Si embargo dan más miedo estas últimas porque nos parece que privan de esa incertidumbre que nos permite esperar.




La incertidumbre de la hora no debe llevarnos a vivir despreocupados, sino como personas vigilantes. El año litúrgico está en sus comienzos, mientras que el año civil llega a su fin. Una ocasión óptima para hacer hueco a una reflexión sabia sobre el sentido de nuestra existencia. La misma naturaleza en otoño nos invita a reflexionar sobre el tiempo que pasa. Lo que decía el poeta Giuseppe Ungaretti de los soldados en la trinchera del Carso, durante la primera guerra mundial, vale para todos los hombres: «Se está / como en otoño / en los árboles / las hojas». Esto es, a punto de caer, de un momento a otro. «El tiempo pasa y el hombre no se da cuenta», decía Dante.




Un antiguo filósofo expresó esta experiencia fundamental con una frase que se ha hecho célebre: «panta rei», o sea, todo pasa. Ocurre en la vida como en la pantalla televisiva: los programas se suceden rápidamente y cada uno anula el precedente. La pantalla sigue siendo la misma, pero las imágenes cambian. Es igual con nosotros: el mundo permanece, pero nosotros nos vamos uno tras otro. De todos los nombres, los rostros, las noticias que llenan los periódicos y los telediarios del día --de mí de ti, de todos nosotros--, ¿qué permanecerá de aquí a algún año o década? Nada de nada. El hombre no es más que «un trazo que crea la ola en la arena del mar y que borra la ola siguiente».




Veamos qué tiene que decirnos la fe a propósito de este dato de hecho de que todo pasa. «El mundo pasa, pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Jn 2, 17). Así que existe alguien que no pasa, Dios, y existe un modo de que nosotros no pasemos del todo: hacer la voluntad de Dios, o sea, creer, adherirnos a Dios. En esta vida somos como personas en una balsa que lleva un río en crecida a mar abierto, sin retorno. En cierto momento, la balsa pasa cerca de la orilla. El náufrago dice: «¡Ahora o nunca!», y salta a tierra firme. ¡Qué suspiro de alivio cuando siente la roca bajo sus pies! Es la sensación que experimenta frecuentemente quien llega a la fe. Podríamos recordar, como conclusión de esta reflexión, las palabras que santa Teresa de Ávila dejó como una especie de testamento espiritual: «Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa. Sólo Dios basta».







03:59

José Antonio Fortea , cura de la diócesis de Alcalá es quizás el exorcista más conocido en España. Así, en un escrito ha relatado de manera detallada cómo se produjo su conversión y su vocación. Fortea era un chaval de Barbastro, Huesca, de 15 años, que no iba a misa excepto en alguna ocasión familiar o escolar y no tenía ningún interés por Dios. El cambio llegó el 12 de octubre de 1983, cuando estudiaba segundo de BUP. Este es su relato de ese momento clave para su vida:

“Un día como otro cualquiera, entré en mi habitación y, de pronto, sentí que era un egoísta y una mala persona. Me entró un gran arrepentimiento y vi que la Iglesia era el camino por donde iría progresando hacia la virtud. Todo esto no duró más de medio minuto, no oí ninguna voz celestial, ni tuve ninguna visión, pero de pronto se había operado en mí una gran conversión: había comprendido que era un pecador y que el camino de la salvación era la Iglesia.




Así de sencillo, así de repentino. Ya me gustaría poder escribir treinta capítulos, como san Agustín, explicando mi marcha hacia la conversión. Pero en mi caso no hubo evolución, sino irrupción repentina de la gracia.




Es curioso, nada había preparado ni presagiado ese momento, no tenía ningún remordimiento, ninguna preocupación, nada. Fue una acción fulminante de la gracia. Vivía tan feliz en mi alejamiento de la religión y de pronto... De pronto, en medio minuto, me acababa de convertir en una persona religiosa. Era increíble. En los días precedentes, ni mi familia, ni mis amigos, ni mis profesores me habían impulsado a ello. Nada, absolutamente nada. No había una causa razonable que provocara aquel cambio tan brusco, tan profundo.




Sin duda, cualquier psiquiatra me diría que eso se debía a mil causas latentes en mi subconsciente. Pero no, yo, que me conozco bien, puedo asegurar que aquello fue la gracia, una gracia súbita, contundente, que me hizo pasar del blanco al negro en medio minuto, sin hablar con nadie, sin leer nada, sólo dándome cuenta de esas dos cosas, que yo era un pecador y que las enseñanzas de la Iglesia eran la verdad y constituían el camino para progresar en virtud. Fue un cambio sin dudas ni vacilaciones.




En aquel mismo momento me arrodillé al lado de mi cama y oré intensamente, sabiendo que alguien me escuchaba. Aquélla sí que fue una oración profunda. No duró más allá de dos minutos, pero en cuanto me levanté, tomé una hoja de papel y comencé a hacer examen de conciencia. Sin ningún tipo de resistencia por mi parte, entendí que debía confesarme.




Externamente seguí igual, pero internamente era ya otra persona. No comuniqué a nadie mi cambio, mi conversión. Al llegar el domingo, pensé que debía ir a misa. Pero se me hacía muy duro, porque cuando iba a misa era acompañado de mi familia o de todo el curso. Me resultaba muy violento ir solo. Pensaba que, al entrar, la gente me miraría y que comentarían en voz baja mi presencia allí. Barbastro no era Nueva York, todos nos conocíamos, y mis miedos no eran infundadas imaginaciones de mi mente.




Estuve luchando internamente media hora, en mi casa. Pero cada vez que me decía voy, me imaginaba a las señoras susurrando ah, mira, el hijo de Fortea, qué raro, si nunca viene.




Finalmente, a pesar de mis esfuerzos internos, me rendí; no podía ir, era superior a mis fuerzas. Diez minutos después, un amigo que en nueve años nunca me había invitado a ir a misa me llamó por teléfono y me preguntó: ¿Quieres ir a misa? Nadie me había propuesto jamás ir a misa, y ese domingo, ¡justamente ese!, recibía aquella llamada. Dios existía, dijeran lo que dijeran Marx, Freud o Sagan en su documental Cosmos.




Ese día fui, y ya no dejaría de ir cada domingo en lo que me quedaba de vida. Ese domingo me confesé y por fin comulgué a ciencia y conciencia. Dios había irrumpido en mi vida de un modo arrasador. No había precisado de tiempo, ni de preparación, ni de nada; entró cuando Él quiso, como Señor que entra cuando quiere, donde quiere.




No hace falta decir que mi presencia en aquella iglesia de San Francisco fue notada. Había más de trescientas personas, y las noticias no tardarían en llegar a mi madre. Y reza muy fervorosamente después de comulgar, le llegó a decir a mi madre una señora de la misma calle. Mi madre no se opuso y no me dijo nada, pero sí que me refirió ese comentario, sugiriéndome que no me significara tanto.







03:14

El Papa Francisco visitará Tierra Santa el próximo mes de mayo, según informa CNN citando a una fuente oficial. La información se conoce tres días antes de que el Pontífice reciba al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y un mes después de que se encontrara con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, que aprovechó para invitar a Francisco.

La visita está programada para los días 25 y 26 de mayo, fechas en las que está previsto que el Pontífice se reúna con autoridades tanto israelíes como palestinas. Además, una delegación oficial del Vaticano viajará antes para ultimar todos los preparativos del viaje.




Por otro lado, el Papa ha anunciado que 2015 será "un año dedicado a la vida consagrada", al final del encuentro con 120 superiores generales reunidos en el Aula Nueva del Sínodo, según ha informado la Oficina de Prensa de la Santa Sede.




En la reunión han estado presentes los participantes de la 82 asamblea general de la Unión de los Superiores Generales que tuvo lugar del 27 al 29 de noviembre en Roma.




Durante el encuentro se han abordado diferentes temas entre los que destacan la identidad y misión de la vida consagrada, la situación de las vocaciones, la relación de los religiosos y las iglesias particulares, las fronteras de la misión de los consagrados y la formación, según ha informado la Oficina de Prensa de la Santa Sede.




En esta línea, el Papa ha insistido en la formación basada en cuatro columnas fundamentales -la formación espiritual, intelectual, comunitaria y apostólica- y ha reiterado que es imprescindible evitar cualquier forma de hipocresía y de clericalismo a través de un diálogo franco y abierto sobre cada aspecto de la vida. "La formación es una obra artesanal y no policiaca", ha aseverado.




Además, ha destacado que "el objetivo es formar religiosos que tengan un corazón tierno y no ácido como el vinagre" porque, según ha insistido, "se aceptan los pecadores, pero no los corruptos".




Finalmente, Francisco se ha referido a los desafíos culturales y educativos en las escuelas y en las universidades. "El educador debe estar a la altura de las personas que educa e interrogarse sobre cómo anunciar a Jesucristo a una generación que cambia", ha asegurado.




Al despedirse, el Papa ha agradecido a los 120 superiores generales su labor. "Gracias por vuestro testimonio y también por las humillaciones que debéis pasar", ha concluido.







17:59

Génesis 1-2 narra de manera simbólica el origen del universo, enmarcándolo dentro de la obra creadora de Dios. Este mundo, al que llamaremos real, le va apareciendo casi a modo de evolución narrativa cada uno de los elementos que componen la naturaleza hasta aparecer el hombre como corona de esa creación de Dios. Es interesante descubrir cómo el autor sagrado a manera de poema va convirtiendo en un cántico la obra de Dios desde el primer día hasta el último de la creación, coronando cada estrofa con la frase “y vio Dios que era bueno”. Estos elementos de la naturaleza se van sucediendo unos a otros desde los más simples hasta el más complejo, por eso aparecen primero las plantas, luego los animales, hasta aparecer finalmente el hombre a la par de los diferentes astros y lumbreras del cielo. Este mundo del que habla la Sagrada Escritura es el mundo real en el que nos movemos y existimos, en el que nos relacionamos con los demás, amamos, creemos y morimos. Para conocerlo es necesario inmiscuirse en él, comprometerse con él y relacionarse con él, en el que se necesita viajar mucho para conocerlo personalmente y maravillarse ante su imponencia.

Pero existe otro mundo, uno ficticio, creado por el hombre, más fácil de conocer. A este se accede por medio de la tecnología: la internet y con ella los medios masivos de redes sociales: twitter, facebook, etc. En este, no cuentan los amigos y las personas sino los contactos, los seguidores fantasmas, aquellos que con un “click” se unen a nosotros y se convierten en gente sin rostro que inflan el ego y hacen sentir populares a quien sea.




En este mundo virtual, a diferencia del real, no existe la diferencia entre el día y la noche pues nunca duerme, nunca descansa, nunca se desconecta. A la hora que esté conectado siempre habrá quien le conteste desde cualquier rincón del planeta.




En el mundo real existen las personas, con rostros visibles, caras amables o necesitadas, gente real con problemas reales y sueños reales, aquellos que se pueden abrazar, besar, con quien se puede comer. Un mundo que nos deleita con sus colores y sus paisajes, que nos permite aspirar la brisa del mar o sentir el olor de una cascada, un mundo en el que los juegos son reales y se puede sudar hasta el cansancio, donde se puede sentir la humedad del pasto al amanecer cuando se patea un balón a pie descalzo.




Este otro mundo, el mundo virtual nos trae “amigos” virtuales, gente que no conoces y con quien hablas diariamente por tu BB por skype o por Messenger. Gente que está al otro lado del planeta que solo sabe dar click a tus estados de ánimo y desearte feliz cumpleaños cuando el sistema se lo recuerda. Este mundo tiene juegos virtuales, aquellos en los que no hay que salir de la habitación, que permite tener mascotas virtuales a las que hay que “alimentar” para que no se mueran de hambre; ejercicios virtuales donde ya no se necesita aspirar el aire de la naturaleza, ni hacer equipo o estrategia para el triunfo sino que solo basta ganar a la máquina. Aquí no hay necesidad de salir a contemplar la noche para divisar las estrellas pues todo lo muestra una pantalla para maravillarse en el monitor que nos muestra las más lejanas constelaciones.




Cada día, estos juegos virtuales, los hacemos más sofisticados con personajes que parecen cada vez más reales para que no haya necesidad de la comunicación y la comunión. ¿Recuerdan cuando empezó con el Atari? Pasó luego por el Nintendo, el Súper nintendo, el Play station, el Wii, el Xbox y el Xbox 360. A eso añádale que vienen en 3D para que todo lo virtual se vea más real. En fin es un mundo que hemos inventado para la diversión pero que ha ido acaparando poco a poco nuestra atención y ha reducido nuestra capacidad para las relaciones reales. Hoy estamos abiertos al mundo pero cerrado a los nuestros. Hoy hablamos con los que no tienen rostros y hemos dejado de lado a los que sufren junto a nosotros, a los que no miramos la cara por mirar la pantalla de nuestro pc, nuestro BB, del ipad, de la tablet. No me opongo a la tecnología, sino al mal uso de ella, a la usurpación de funciones y de relaciones, a llenar nuestras soledades con máquinas, a tener cientos de amigos virtuales y ninguno real, al sexo virtual, al juego virtual, al amor virtual. Cada cosa debe tener el lugar que le corresponde pero no podemos permitir que invadan espacios tan íntimos en el que ya no es posible vivir sin ellos o hayamos llegado a la nomofilia (adicción a la tecnología) y el descuido absoluto de nuestro entorno.




Una sugerencia respetuosa a todos los padres: enseñen a sus hijos a manejar primero su vida, a vivir independiente de la tecnología, a que entiendan que la tecnología es para el hombre y no el hombre para la tecnología. Posponga lo más posible la compra de un teléfono de alta gama, de un BB. Su hij@ no se traumatizará por no estar a la par de sus amigos.




Juan Avila Estrada Pbro.







04:15

La asunción de un compromiso político es una “exigencia” para el católico, “no hay excusa” para que no se implique en este campo.

Así de rotundo se expresó el filósofo Teófilo González Vila,durante su intervención en el Seminario ‘Medio siglo de Pacem in Terris’, organizado por el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala en Madrid.




A pesar de que la participación en la vida pública, y especialmente en la política, debe interpelar al católico, afirmó que se aprecia en España “una ausencia pavorosa de políticos católicos”.




Y no por falta de personas capacitadas, sino que esta escasez, a juicio de González Vila, es achacable, en gran medida, a la primacía de los intereses personales sobre la disposición de servicio.




“Hay muchos católicos que tienen vocación y capacidad para la política y no entran en ella por egoísmo”, ha señalado al respecto.




Asimismo, también ha lamentado la postura de quienes evitan pronunciarse políticamente según sus creencias y también la actitud de quienes rehúyen la política por ver en ella algo sucio.




“El que dice que no entra en política por no mancharse las manos, se está manchando por el hecho de no entrar”.




El filósofo también ha expuesto el modo en que, desde su punto de vista, debería articularse la acción de los políticos católicos. Lo que sería deseable es una “unidad negativa” entre todos ellos, porque ninguno debería ir “en contra de la moral católica”. Pero no es exigible una “unidad positiva”, porque “a partir de los mismos principios” se puede optar por diversas soluciones.




González Vila, cuya conferencia llevaba por título ‘Los católicos y la política a partir de Pacem in Terris’, ha expresado, en línea con lo apuntado, su criterio desfavorable a la formación de un partido político confesional católico. “Si montáramos un partido de estas características nos estaríamos contradiciendo”. En el fondo, la fundación de una formación de estas características supondría poner bajo un sello confesional las “exigencias de moral natural” que reclaman los católicos, lo que supondría “dar la razón a los laicistas”, ha expuesto el ponente. Por lo tanto –ha añadido- “no hay ninguna razón que justifique un partido confesional”.




Al inicio del Seminario, el Director del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, José Peña, se ha referido a la figura del Papa Juan XXIII, al que considera la “figura más importante del siglo XX”. Entre las aportaciones del Pontífice, ha destacado su empeño por “constitucionalizar” los Derechos Humanos y su desconfianza hacia las fórmulas tecnocráticas que postulaba la corriente de pensamiento del ‘final de las ideologías’, tan en boga en aquellos tiempos.




“Juan XXIII vio que la tecnocracia era la forma más sutil de acabar con la democracia porque suponía ignorar al ser humano”, ha apuntado Peña.







04:15

La Fundación Solidaridad Humana (www.fsh.es), con sede en Madrid, propone un original regalo para estas Navidades, "algo con más sentido y más original que los típicos regalos": un curso de crecimiento como pareja.

El nombre completo es "Curso de Crecimiento Personal y Relacional: Amor, Comunicación y Sexualidad Humana", y se propone para el Adviento, antes del aluvión de propuestas navideñas: Sábado 14 de Diciembre de 10 a 14h y de 15:30 a 19:30h y Domingo 15 de Diciembre de 10 a 14h.




El curso sirve tanto para parejas que están pensando en casarse como para matrimonios que llevan años de relación.




A los primeros les puede aportar "un mapa de ruta para el camino que comienzan". A los segundos, "el replantearse las maneras de hacer, de comunicarse, de resolver sus conflictos, de revisar sus criterios de actuación o educación readaptándose al ciclo vital que estén viviendo en ese momento: hijos pequeños, hijos adolescentes, la etapa de nido vacío..."




La Fundación, con más de 20 años de experiencia en este campo, ha impartido estos cursos a más de 6.000 personas y señala lo que responden los asistentes cuando se les pregunta "para qué les ha servido":




- “Para afrontar con esperanza mi matrimonio”



- “Para aclarar etapas y visión de vida”



- “Para ayudarme a crecer personalmente y aprender a valorarme. Para aclarar dudas de la sexualidad y el amor”



- “Creo que en la situación en la que vivo me ha ayudado a madurar cómo madre y como esposa”



- “Me ha servido mucho el curso porque supone una nueva estructuración de mi persona y así también poder ayudar a los demás: mi marido, hijos y amigos”



- “He tomado conciencia de trabajar mi relación de pareja para conseguir llevarla al último escalón”




La cercanía de la Navidad hace que se pueda plantear el "regalar el curso", no sólo a la propia pareja, sino a amigos y parientes, especialmente a aquellos que están pasando una etapa de dificultad en su relación.




Más información, en PDF:



www.fsh.es/FolletoInformativoAH.pdf






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02:29

En su homilía en la residencia de Santa Marta durante la misa matinal del jueves 28 de noviembre, el Papa advirtió de que hay “poderes mundanos” que querrían que la religión fuera “una cosa privada”, pero que los cristianos han de mantenerse firmes en adorar a Dios “con confianza y fidelidad”.

Es el pensamiento que el Papa Francisco ofreció esta mañana durante la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Los cristianos que hoy son perseguidos – dijo – son el signo de la prueba que anuncia la victoria final de Jesús.




En la lucha final entre Dios y el Mal, que la liturgia propone al final del año, hay una gran insidia, que el Papa llama “la tentación universal”. Es la tentación de ceder a los halagos de quien quisiera salirse con la suya sobre Dios.




Pero precisamente quien cree, tiene un punto de referencia límpido hacia el cual mirar. Es la historia de Jesús, con las pruebas que padeció en el desierto y después las “tantas” soportadas en su vida pública, sazonadas con “insultos” y “calumnias”, hasta la afrenta extrema, la Cruz, pero donde el príncipe del mundo [el demonio] pierde su batalla ante la Resurrección del Príncipe de la paz.




El Papa Francisco indicó estos pasajes de la vida de Cristo porque en el trastorno final del mundo, descrito en el Evangelio, la puesta en juego es más alta que el drama representado por las calamidades naturales:




“Cuando Jesús habla de estas calamidades en otro pasaje nos dice que se producirá una profanación del templo, una profanación de la fe, del pueblo: que se producirá la abominación, se producirá la abominación de la desolación. ¿Qué significa eso? Será como el triunfo del príncipe de este mundo: la derrota de Dios. Parece que él, en aquel momento final de calamidades, parece que se adueñará de este mundo, será el amo del mundo ”.




He aquí el corazón de la “prueba final”: la profanación de la fe. Que, entre otras cosas, es muy evidente – observó Francisco – dado lo que padece el profeta Daniel, en el relato de la primera lectura: echado en la fosa de los leones por haber adorado a Dios en lugar de al rey.




Por tanto, “la abominación de la desolación” – reafirmó el Papa – tiene un nombre preciso, “la prohibición de adoración”.




“No se puede hablar de religión, es una cosa privada, ¿no? De esto públicamente no se habla. Se quitan los signos religiosos. Se debe obedecer a las órdenes que vienen de los poderes mundanos. Se pueden hacer tantas cosas, cosas bellas, pero no adorar a Dios. Prohibición de adoración. Éste es el centro de este fin. Y cuando llegue a la plenitud – al ‘kairós’ de esta actitud pagana, cuando se cumpla este tiempo – entonces sí, vendrá Él: ‘Y verán al Hijo del hombre venir sobre una nube con gran poder y gloria’. Los cristianos que sufren tiempos de persecución, tiempos de prohibición de adoración son una profecía de lo que nos sucederá a todos”.




Y sin embargo, concluyó el Papa Francisco, en el momento en el que los “tiempos de los paganos se habrán cumplido” será el momento de levantar la cabeza, porque estrá “cerca” la “victoria de Jesucristo”:




“No tengamos miedo, sólo Él nos pide fidelidad y paciencia. Fidelidad como Daniel, que ha sido fiel a su Dios y ha adorado a Dios hasta el final. Y paciencia, porque los cabellos de nuestra cabeza no caerán. Así lo ha prometido el Señor. Esta semana nos hará bien pensar en esta apostasía general, que se llama prohibición de adoración y preguntarnos: ‘¿Yo adoro al Señor? ¿Yo adoro a Jesucristo, el Señor? ¿O un poco a medias, hago el juego del príncipe de este mundo?’. Adorar hasta el final, con confianza y fidelidad: ésta es la gracia que debemos pedir esta semana”.







17:44

En mi anterior artículo hablaba de la sumisión, tomando pie del libro de Costanza Miriano, Cásate y sé sumisa. Para completar el comentario, y haciendo justicia a la autora, conviene hablar de su segundo libro, que da título a este artículo. El libro en español aún no está publicado, aún está en el horno de la editorial, así que he echado mano de algunos artículos y comentarios de la prensa italiana.

Muchas personas dan la vida por el trabajo, por la carrera, por una idea o una ideología. Sin embargo, parece pasado de moda pensar que se pueda dar la vida por una persona. Y con este “pasado de moda” olvidamos también la genialidad del cristianismo: “nadie tiene un amor mayor que el que entrega la vida por sus amigos”. Por eso nos extraña el título, por el miedo al compromiso, a la entrega, a dar la vida toda de una vez o gota a gota.




El hombre, dice Costanza, es mirado con dulzura y deja de ser el miembro de una sociedad terrible, patriarcal, para convertirse en algo (alguien) concreto, cercano. Las “mujeres sumisas” quieren ver en su marido a esa persona noble, dispuesto a entregar la vida, generoso, heroico. La verdadera virilidad, sigue afirmando Costanza, consiste, como nos ha enseñado Jesucristo, en la capacidad de morir a uno mismo para hacer vivir a los demás. Un hombre que debe saber sacrificarse y proteger a quien está cerca.




Una pareja de novios no se casa, o no se debería casar, esperando “que funcione” el matrimonio y la familia, casi como la manzana que cae al suelo por la ley de la gravedad, después de rebotar la cabeza de Newton. Un hombre y una mujer se casan con el fin honesto, el propósito, el esfuerzo de hacerlo funcionar. Esta delicada realidad no se basa en el amor romántico, que cada vez pesa menos en nuestro siglo, sino en el trabajo y complementariedad mutua, de la m4ujer como mujer y del varón como varón. Un periodista italiano recalcaba: el matrimonio no es una satisfacción perfecta; no existe mi media naranja perfecta.




Encontramos, tanto en este libro como en el anterior, la “bendita irreductibilidad”. Hombres y mujeres están ahí, queramos o no, como dos realidades iguales y distintas a la vez, que se complementan mutuamente. En algo sí deben ser totalmente iguales: en apostar y jugarse la vida seriamente el uno por el otro.




Lejos de la visión estereotipada de la igualdad, de lo “políticamente correcto”, la autora usa una hiperbólica ironía y descubre algo que reconocemos a simple vista: hombre y mujer son distintos, diferentes. Aquello de “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”. Cada uno tiene un papel complementario en la relación de pareja, y en ningún caso él debe estar por encima de ella ni viceversa.




Como exhorta la autora, mujer, esposa y madre de cuatro hijos, las parejas deben volver a encontrar el significado y el coraje de una vida compartida, aportando cada uno su parte complementaria. Saber someterse al otro, que no es carecer de juicio sino ceder en lo que es secundario o accidental; y saber mandar sin tiranía como un servicio a la esposa. No quita que haya circunstancias en las que convenga obrar al revés: el marido con sumisión y la mujer con sacrificio.




¿Cuál es el secreto? La sumisión, franca y sincera, en ese clima de amor mutuo, que permite hablar al corazón. El amor todo lo soporta y todo lo consigue, transforma al alma más cerrada. Con cuánta más razón, unirá a quienes dijeron un Sí quiero, sí quiero construir un proyecto de vida caminando junto a ti.




El título del primer libro ha escandalizado a muchos, pidiendo para él la censura que tanto critican de años pasados; el del segundo, pasará sin pena ni gloria. Uno y otro son estereotipos. Igual que un buen marido no quiere tener a una esclava por mujer, como perrito que lleva aquí y allá, una buena mujer no quiere que su marido muera físicamente por ella. ¿Y qué va a hacer después, si lo que más anhela es compartir toda su vida con él?







08:00





La jornada de puertas abiertas que propone el secretario de la Conferencia Episcopal para que entren políticos a los templos a fin de que conozcan la realidad del clero tiene sus riesgos. Uno es que Sánchez Gordillo, una vez dentro, socialice algo tan personal como la comunión, so pretexto de que es preciso que el cuerpo de Cristo se distribuya a partes iguales entre la concurrencia. Y, ya que está, el alcalde de Marinaleda es capaz de ocupar la sacristía si considera que está infrautilizada. Además, a poco que vea una cruz sin imagen se instala en ella so pretexto de que lleva barba.



Otro riesgo es que Cayo Lara pida que se confisque el cepillo, la hucha de los donativos y la sotana roja para que formen parte de la aportación española al museo del Kremlin, junto al oro de Moscú. El tercero es que el PSOE aproveche la estancia para recoger firmas contra el concordato y, de paso, busque las escrituras de la viña del Señor a fin de expropiarla por el procedimiento de urgencia si la Iglesia no paga por ella la contribución agraria. Y el cuarto que Rajoy, cuando el cura le pregunte si cree que Dios es uno y trino responda a la gallega con otra pregunta: ¿Usted que cree que creo?









06:59





Desde pequeños, en los cuentos de la infancia, no vienen hablando de parejas que se quieren mucho y sin esfuerzo. Donde todo es maravilloso sin que en su vida haya ningún problema.

Después, el cine romántico nos fue enseñando lo mismo.



Actualmente, también se nos dicen que por ahí fuera, en algún lugar, existe alguien con el que yo podría vivir de una manera placida y feliz. Con quien el amor no me supusiese esfuerzo.




Eso que es tremendamente atractivo, es absolutamente falso.




Uno tiene que ser consciente que, aunque conociese a todos los hombres o mujeres del mundo, la convivencia sería difícil, exigiría esfuerzo.




Saber callar y hablar en el momento oportuno, no es fácil. Dominar la soberbia. Evitar el continuo querer quedar por encima, que es la droga que más matrimonios rompe, tampoco es facil. Ese deseo de quedar por encima, hace que ya no haya problemas más importantes que otros; porque de lo que se trata es de quedar por encima.




Todo se convierte en un problema importante.




Como la relación de pareja es una relación entre iguales, si no se domina el orgullo, siempre estará uno intentando ganar terreno al otro.




Por tanto, ese alguien que buscamos con el que la relación sería una constante maravilla, no existe.




El éxito de una relación viene dado por el esfuerzo, lucha contra uno mismo, que el hombre y la mujer quieran hacer para mejorar personalmente.




Eso quiere decir, que hay que buscar a la persona con la que compartir la vida, fijándose, además de en sus características físicas y psicológicas, en su predisposición a buscar, a afrontar la vida con un deseo de crecer, en la importancia que le da a mejorar como persona, en cómo lucha por vivir sus creencias. Y si estas son compatibles con las mias.




Si no tiene miedo a amar de verdad y a comprometerse en el amor.




Tener miedo a la verdad personal es suicida y hace que la capacidad de amar se estanque. El no tener miedo al amor hace que el amor surja. Estoy hablando de amor, no de sexo.




Actualmente, tenemos mucho miedo a amar, a comprometernos, porque intuimos, con verdad, que todo amor lleva consigo, en mayor o menor medida, cierto sacrificio.




El que no quiera tener dolores, pase la vida entera libre de amores, dice la canción popular. Así es. Esa es la razón de que muchas personas en nuestra sociedad, pasen la vida sin saber lo que es el amor, con una tristeza de fondo y un desasosiego, que compensan, de vez en cuando, con algo de sexo. Así se hace uno la ilusión de que es querido.




No se puede vivir siempre en la tristeza, con el corazón en la mano, ofreciéndolo, buscando una pareja ideal que no existe, porque unos y otros tienen miedo al esfuerzo, por comodidad.




En la medida que uno no se engañe, se diga la verdad, y se enfrente consigo mismo, se irá dando cuenta que ese esfuerzo es menos costoso de lo que nuestra imaginación nos dice. Y merece la pena.




Entonces, si estamos en disposición de encontrar la pareja ideal aquella, que como nosotros, esté dispuesta todos los días a luchar por mejorar como persona. Por querer más.







05:29

“Estoy convencido de que este Congreso suscitará en las Iglesias de América una gran pasión por la misión universal, convencidos como estamos, que la missio ad Gentes, y de manera particular aquella ad extra, es también el medio más eficaz para volver a dar vitalidad y entusiasmo a nuestras comunidades católicas”.

Así lo reiteraba el cardenal Fernando Filoni, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Enviado especial del Santo Padre Francisco, hablando a los participantes del IV Congreso Americano Misionero (CAM 4) y IX Congreso Misionero Latino-americano (COMLA IX), en la apertura del Congreso.




En su ponencia, el cardenal ha manifestado en primer lugar como la elección del Papa Francisco, el primer Papa latino-americano, “toca de manera particular al Continente americano y latinoamericano del que él proviene, por cultura, por formación y por experiencia pastoral”, por lo que ha subrayado que “desde los primeros momentos de su Pontificado el Papa Francisco ha hablado de la misionariedad y del testimonio incluso heroico, que, a veces, llega hasta el martirio. Una Iglesia misionera que tiene como primera tarea el anuncio del Evangelio y de la misericordia de Dios, sin límites, manifestada en la Persona de Jesús. Una Iglesia al servicio en las periferias existenciales de los pobres y entre las llagas de la sociedad. Una Iglesia que sabe ser compasiva, tierna, de comunión y de fraternidad”.




El Papa Francisco se ha detenido también a hablar con fuerza sobre la misionariedad en su viaje a Brasil, hablando a los jóvenes reunidos para la Jornada Mundial de la Juventud y a los obispos de la Coordinación del CELAM, recordando la Conferencia de Aparecida.




En esta línea se introduce el IV Congreso Americano Misionero, ha subrayado el Cardenal, es más “el objetivo y la orientación de la celebración de este Congreso, que se sitúa en la línea pastoral–misionera que ha caracterizado el continente en estas décadas, es el de lanzar de manera específica la missio ad Gentes ”.




El Prefecto del Dicasterio Misionero se ha detenido a hablar sobre la evangelización ad Gentes y, de forma particular, sobre la llamada ad extra,entendida como responsabilidad que todas las Iglesias particulares tienen del anuncio del Evangelio en los territorios donde el Evangelio todavía no ha llegado, o ha llegado desde hace poco, o allí donde todavía no se ha consolidado”.




Por lo demás, ha reiterado el Cardenal, “la missio ad Gentes ad extra es lo que justifica los Congresos Misioneros”.




“La fe y la missio ad Gentes se encuentran hoy ante un mundo obligado a medirse y a afrontar nuevos desafío” ha continuado diciendo el enviado especial del Papa, recordando que “la evangelización es una misión in fieri, constantemente abierta a las indicaciones del Espíritu y al contexto histórico de los grupos humanos”.




Por lo que ha evidenciado “la participación de todas las Iglesias a la misión universal… que ha vuelto a ponerse en marcha por la reflexión del Vaticano II y por la praxis eclesial de estos últimos 50 años”.




En la conclusión de su relación, el Cardenal Filoni ha reiterado que “también hoy, más aún, sobre todo en nuestro tiempo, existe la necesidad y la urgencia de evangelizar, porque el anuncio del Evangelio es siempre una buena nueva que lleva la salvación a todos los hombres y tiende a crear paz y respeto entre las personas y los pueblos. Evangelizar, en una palabra, es un acto de amor”.




Por último un apelo: “la Iglesia de este continente puede dar y hacer más, porque también aquí, donde existen tantas pobrezas, y la esperanza tiene todavía un papel y un vigor, ¡nadie es tan pobre que no pueda compartir al menos la propia fe! Ánimo América, ánimo América Latina, puedes dar y hacer más, por eso pido a los discípulos misioneros de Jesús, que son tantos, que se presenten y se den a conocer! Ánimo América, «¡comparte tu fe»!»”




Texto íntegro del discurso del cardenal Filoni (documento *.doc en Fides)



www.fides.org/spa/attachments/view/file/C.Fil_CAM4_Rel_SPA.doc







05:29

El papa Francisco acaba de clausurar el Año de la Fe proclamado por su antecesor y pontífice emérito, Benedicto XVI. Este acontecimiento ha coincidido con el fin del año litúrgico que la Iglesia hace coincidir con la festividad de Cristo Rey del Universo.

Así ha definido el pontífice argentino la realeza de Cristo en la homilía de clausura del Año de la Fe: «Cristo, descendiente del rey David, es precisamente el "hermano" alrededor del cual se constituye el pueblo, que cuida de su pueblo, de todos nosotros, a precio de su vida. En él somos uno, un solo pueblo; unidos a él, como centro, participamos de un solo camino, un solo destino. Y, por último, Cristo es el centro de la historia de la humanidad y el centro de la historia y de todo hombre».




De la cita se deduce la naturaleza del reinado o señorío de Cristo: un Rey que se ha entregado por su pueblo; es el Señor de la Historia y también el Rey de nuestra historia personal, la de cada hombre y mujer. El que quiere reinar en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestras sociedades; no por la fuerza ni por la imposición sino como resultado del amor, del servicio, que en lenguaje evangélico es la manera de «dirigir». El que quiera ser el primero entre vosotros (dirigente, rey), que sea vuestro servidor, nos recuerda el Evangelio.



Leyendo la homilía del papa Francisco no he podido menos que recordar lo escrito por Benedicto XVI en Jesús de Nazaret: «... los dominadores, que no toleran ningún otro reino y desean eliminar al rey sin poder, pero cuya fuerza misteriosa temen. Pero "su reino no tendrá fin": este reino diferente no está construido sobre un poder mundano, sino que se funda únicamente en la fe y en el amor».




La advocación de Cristo Rey del Universo ha sido comentada y explicada repetidamente por el magisterio de la Iglesia; en uno de sus últimos viajes (Cuba y México, marzo de 2012), Benedicto XVI nos recordaba, a los pies del monumento a Cristo Rey del Cerro del Cubilete (Estado de Guanajuato, México) que la imagen allí situada está acompañado por dos coronas, una de soberano y otra de espinas, que representan que «su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar».




Y volviendo a Francisco, en su primer discurso a su llegada a Brasil con motivo de la JMJ, hacía referencia a los jóvenes que llegaban al país carioca «atraídos por los brazos abiertos de Cristo Redentor. Quieren encontrar un refugio en su abrazo, justo cerca de su corazón…» La imagen del cerro del Corcovado, en Río de Janeiro creo que expresa muy bien el mensaje de Cristo Rey del Universo: señorío y brazos abiertos para atraer a toda la humanidad.




Esta es la naturaleza e identidad de Cristo Rey: el poder es el servicio que nace del amor de un Dios que, siendo rey, asume la naturaleza humana y se entrega por amor a nosotros. Por cierto, que los bautizados somos sacerdotes, profetas y reyes por el bautismo.




Y por último, una reflexión personal. No se pierdan el himno a Cristo Rey compuesto por los jóvenes mártires de Barbastro mientras esperaban su martirio. La música y la letra la encuentran pinchando aquí.




Y en el trailer de la película Un Dios prohíbido este himno aparece como música de fondo a partir del minuto 1.10, aproximadamente.




[Artículo publicado en Revista Ecclesia y en Profesionales por la Ética.]







05:29

Si un lector entra en Vatican.va a leer la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" del Papa Francisco, y repasa el texto (o usa la función F8 de su teclado para buscar palabras clave) descubrirá que nunca usa la palabra "capitalismo", ni siquiera "capital" (excepto para hablar de una "fuente capital de la Gracia de Cristo").

Pero, como ya sucediera en 2009 con la Encíclica "Caritas In Veritate" de Benedicto XVI (que usaba 40 veces la palabra "mercado", pero sólo 1 la palabra "capitalista"), y de hecho también con la Rerum Novarum de León XIII en 1891, ya han empezado las quejas de economistas de escuela conservadora ortodoxa (económicamente hablando, no en lo religioso).




James Pethokoukis, columnista del muy conservador American Enterprise Institute, escribe: “Los conservadores estadounidenses se mostraron indignados y decepcionados por la declaración dura del Papa Francisco sobre el libre mercado y el capitalismo y su énfasis en los daños causados por la desigualdad, el consumismo y la teoría económica del derrame”.




Samuel Gregg, director de investigación del Acton Institute, un think tank conservador con base en Michigan, fundado por el sacerdote Robert Sirico (aún en sus funciones directivas), afirma que “una serie de afirmaciones de este documento y algunos de los supuestos que subyacen a esas declaraciones son bastante cuestionables”. En ese sentido, Gregg defiende que “la apertura de los mercados de todo el mundo ha contribuido a reducir la pobreza en muchos países en desarrollo”.




En realidad, el texto del Papa Francisco no habla expresamente de "apertura de mercados" pero sí usa expresiones que pueden sonar fuerte a algunas personas: Francisco habla de ídolos como el "mercado divinizado", la "autonomía absoluta de los mercados" y "la mano invisible del mercado".




Daniel J. Mitchell, economista del también conservador, Cato Institute, comenta: “Yo no soy un experto en teología papal, así que no sé si es correcto decir que estoy sorprendido (con su exhortación apostólica). Sin embargo, puedo decir que se equivoca sobre el capitalismo”, explica a La Tercera. “En pocas palabras, los mercados libres son la única forma efectiva de generar una prosperidad ampliamente compartida”, agrega.




“Si el tema es el capitalismo, basta ver su propio continente. Tenemos a Chile con un sistema de libre mercado arriba, tenemos a su país, Argentina, con una economía mixta más abajo y después tenemos a Venezuela con una economía controlada por el gobierno, que es un desastre económico. Entonces está equivocado con el capitalismo”, recita Mitchell a la BBC.




Y añade: “No creo que los comentarios del Papa tengan un impacto sobre la política en EEUU. Y si no hay impacto en la política, no creo que haya ningún impacto en la economía subyacente”, concluyó Mitchell.







Lo que de verdad dice el texto papal



Pero, ¿qué dice en realidad sobre economía Evangelii Gaudium? Lo copiamos a continuación.




53. Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».




54. En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.




No a la nueva idolatría del dinero




55. Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.




56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.




No a un dinero que gobierna en lugar de servir




57. Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética –una ética no ideologizada– permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos». [San Juan Crisóstomo, De Lazaro Concio II, 6: PG 48, 992D.]




58. Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.




No a la inequidad que genera violencia




59. Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas.




60. Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.




202. La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad,[ «eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial»: Benedicto XVI,Discurso al Cuerpo Diplomático (8 enero 2007): AAS 99 (2007), 73.] no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales.




203. La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral. ¡Cuántas palabras se han vuelto molestas para este sistema! Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia. Otras veces sucede que estas palabras se vuelven objeto de un manoseo oportunista que las deshonra. La cómoda indiferencia ante estas cuestiones vacía nuestra vida y nuestras palabras de todo significado. La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo.




204. Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos.







03:44

En su esencia la violencia llamada “de género” es un problema moral: cuando un ser humano acude a la violencia para relacionarse con otro, se hace patente que subyace a esa conducta un déficit de valoración de la dignidad humana del sujeto pasivo. Eso sucede en la violencia en la pareja, en el aborto, en la explotación laboral, en la prostitución, en el terrorismo, en la pedofilia, en la violación, etc. Alrededor de ese déficit moral puede haber muchas otras cosas: machismo, racismo, egoísmo supino, alcoholismo, patologías siquiátricas, etc. Cuando se pretenden resolver estos problemas de conductas violentas atendiendo solo a estas últimas causas sin atender al problema moral de fondo normalmente se logran efectos muy limitados.

A muchos les sorprende que no disminuya la llamada violencia de género en nuestra sociedad y que se incremente el número de casos entre los más jóvenes. A mí no me sorprende, pues junto a las siempre discutibles medidas estructurales y policiales arbitradas, en paralelo estamos ayudando a extender el relativismo moral entre nuestros jóvenes; se les está diciendo que nada es bueno o malo en sí mismo, que lo importante es la autosatisfacción y buscar el propio bienestar como sea, que las consideraciones morales son una estupidez de trasnochados, que cada uno debe crearse a su medida sus principios éticos pues en esta materia no hay nada objetivo ni permanente, que tienen derecho a obtener placer y conseguir satisfacer sus deseos como sea... Les enseñamos a reírse de la moral y luego nos sorprendemos de que sean inmorales. No parece muy consecuente.




Solo con leyes y políticas no se crea el humus moral de una sociedad capaz de erradicar la violencia. Para caminar de manera sostenida hacia formas más humanas de convivencia hacen falta fuertes motivaciones éticas prejurídicas y prepolíticas, especialmente –por su eficacia transformadora de la conciencia- las de raíz religiosa, como hasta Habermas reconoció ante Ratzinger. A las leyes y políticas justas les corresponde reforzar ese sustrato moral previo que ellas no pueden crear por sí mismas.




Como escribío C.S. Lewis, si todos nos reímos de quien dice “esto es justo”, solo queda quien dice “yo quiero”. Es decir, si despreciamos la objetividad de la verdad moral sobre el hombre, solo queda el voluntarismo descarnado del poder individual o colectivo, el “yo quiero” como única regla de conducta. Así no acabaremos ni con la llamada “violencia de género” ni con ninguna otra forma de explotación.




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17:29



El presidente de los obispos españoles y arzobispo de Madrid, cardenal Rouco, ha dirigido como es habitual al comenzar la Asamblea Plenaria, un discurso a los obispos y, de alguna manera a todos los católicos españoles. Aunque cada obispo es el sucesor de los apóstoles en su diócesis y el presidente de la Conferencia Episcopal no es un "súper obispo" que manda sobre los demás, no cabe duda de que sus palabras tienen una gran importancia y son muy representativas de lo que siente la mayoría del Episcopado, que fue quien le eligió para el cargo.




Rouco ha hablado de varias cosas en su discurso, como es lógico, todas ellas conectadas con la realidad de la Iglesia y de la sociedad española, pero quizá la más significativa ha sido la alusión al proceso de secesión que ha emprendido una parte de España, Cataluña. Sobre este tema ya se pronunció la Conferencia Episcopal nada menos que en tres ocasiones en los últimos once años, en 2002, 2006 y 2012. Ahora, sin embargo, ante la decisión del Gobierno autonómico catalán de llevar a cabo un referéndum ilegal a favor de la independencia, ha sido el presidente de los obispos españoles el que ha querido hablar del asunto, citando las anteriores declaraciones colectivas. Sus palabras eran muy necesarias debido a que sesenta instituciones católicas con presencia en Cataluña se habían manifestado hace unos días a favor de la independencia, entre ellas nada menos que los jesuitas y los claretianos.




"Nos preocupa -dijo el cardenal- que la unión fraterna entre todos los ciudadanos de las distintas comunidades y territorios de España, con muchos siglos de historia común, pudiera llegar a romperse". "La unidad de la nación española -añadió- es una parte principal del bien común de nuestra sociedad que ha de ser tratada con responsabilidad moral. A esta responsabilidad pertenece necesariamente el respeto de las normas básicas de la convivencia —como es la Constitución Española— por parte de quienes llevan adelante la acción política".




En definitiva, el cardenal Rouco, ha dejado claro que no se puede romper un país que lleva unido más de cinco siglos sin que eso acarree graves consecuencias para los habitantes de ese país y sin que se perjudique por lo tanto el bien común. Además, añade, hay que respetar las reglas del juego, que están en la Constitución, por las que no se pueden convocar referéndums ilegales.




Ninguna Constitución es sagrada, ni tampoco las fronteras. Pero modificar una u otra es algo tan importante y delicado para la vida de los que en ese país residen que no sólo no se puede hacer a la ligera sino que no se debe hacer poniendo en peligro el bien común y yendo contra la legalidad. No es, pues, una cuestión política solamente sino también moral, lo mismo que sucede con el aborto o con el terrorismo, entre otras cosas. Por eso, con toda claridad y uniéndome a los obispos españoles representados por su presidente, me manifiesto abiertamente en contra de una independencia catalana conseguida de forma ilegal y que supondría un grave quebranto del bien común, incluido del de los que viven en Cataluña. Cuando no se respetan las leyes uno se convierte en un delincuente y no creo que ese sea un buen principio de nada y para nadie. Además, en un mundo que, para bien y para mal, es cada vez más una "aldea global", en una Europa cada vez más cohesionada, un proceso independentista no sólo está trasnochado sino que sería muy perjudicial para los quedaran viviendo en una Cataluña independiente que empezaría por encontrarse, nada más empezar a existir, fuera de las instituciones europeas.




La unidad de España es un bien moral. Lo dicen los obispos y estoy de acuerdo totalmente con ellos. Por eso, recemos para que esa unidad no se rompa.




http://www.magnificat.tv/es/node/4871/2







17:29





Los islamistas que han invadido la ciudad de Deir Atieh, al norte de Damasco, están sembrando el terror, la muerte y la destrucción.




La agencia católica Agenzia Fidesha ha informado el 25 de noviembre de 2013 que grupos islamistas sunnitas que combaten contra el gobierno del alauita chiíta Bashar al Assad han ocupado la ciudad de Deir Atieh, han entrado en el hospital municipal y han tomado como rehenes a los enfermos cristianos.




Los civiles capturados han sido utilizados como escudos humanos. La situación es especialmente preocupante para los cristianos. La población de Deir Atieh, cerca de 25 mil personas, ha comenzado a huir. Los milicianos examinan los documentos de identidad de las personas que tienen la intención de abandonar la ciudad y retienen a los cristianos.




Para poder salir de la aldea, un sacerdote ortodoxo griego dijo que estaba casado y simuló ser una mujer. Se le permitió salir por tener nombre árabe y no tener ascendencia o referencia cristiana.




En la ciudad de Deir Atieh recientemente habían encontrado refugio cristianos de Qara, otra ciudad en las montañas de Qalamon, a 90 km de Damasco que huían de los islamistas.




NOTAS




http://www.fides.org/en/news/34764-ASIA_SYRIA_The_village_of_Deir_Atieh_invaded_by_Islamists_Christians_identified_and_detained#.UpW3x8Q2bHs









15:44



Pablo H. Breijo - A algo menos de un mes para que llegue Navidad el grupo musical Pentatonix ha publicado un videoclip de la canción “El tamborilero” (Little Drummer Boy). Merece la pena escuchar esta canción que se incluye en el disco PTXmas en el que se pueden oír ocho villancicos clásicos pero versionados en formato a capella.

Pentatonix es un grupo a capella de cinco personas con sede en Arlington, Texas. En Estados Unidos son muy conocidos por proclamarse vencedores en la tercera edición de The Sing-Off, un concurso musical de la cadena televisiva NBC.




En sus orígenes Pentatomix estaba compuesto por Kirstie Maldonado, Mitch Grassi y Scott Hoying, tres jóvenes que se conocieron en el instituto. Posteriormente se unieron Avi Kaplan y Kevin Olusola. Su música se puede comprar a través de iTunes .












12:30

"Les felicito porque ustedes son valientes, con este frío que hace en la plaza, son verdaderamente valientes!" Así comenzó el Papa la catequesis de su audiencia pública del miércoles 27 de noviembre.

El viento y frío intensos que estos días han llegado a Roma, no ha impedido que los fieles, con el entusiasmo que les caracteriza, hayan mostrado su cercanía una semana más el santo padre acudiendo a la plaza de San Pedro para escuchar su catequesis.




Pasadas las 9.30 de la mañana, Francisco ha llegado la plaza y, protegido de las bajas temperaturas con abrigo blanco y bufanda, ha dedicado el mismo tiempo que cualquier otro miércoles para recorrer la plaza montado en el jeep, para hacer sentir su cercanía y bendecir a los presentes.




Como es habitual, varios han sido los niños que alzados en brazos por los hombres de seguridad, han recibido una caricia y una bendición del santo padre.




Unos panaderos le acercaron también un "panetone" de tamaño gigante, provocando su asombro y sonrisa.




Clausurado ya el Año de la Fe, hoy el Santo Padre ha finalizado con la serie de catequesis sobre el Credo, que a lo largo de estos meses, han hecho reflexionar a los fieles, frase a frase y concepto a concepto, la fe que profesan al recitar el Credo.




Hoy Francisco ha hablado de la ´resurrección de la carne´. Ha subrayado de forma especial una frase ´quien practica la misericordia no teme a la muerte´, por ello, ha invitado a los presentes a repetirlo con voz alta y con fuerza.




Como novedad esta mañana, ha habido un saludo especial dedicado a los peregrinos de lengua ucraniana, a los que Francisco se ha dirigido diciendo "saludo a los peregrinos ucranianos, guiados por el arzobispo mayor su beatitud Sviatoslav Shevchuk, los obispos con los fieles de la Iglesia greco-católica, venidos a las tumbas de los apóstoles para la conclusión del Año de la Fe y por el quincuagésimo aniversario de la traslación del cuerpo de san Josafat a la Basílica Vaticana".




El ejemplo de este santo - ha afirmado el papa - que ha dado la propia vida por el Señor Jesús y por la unidad de la Iglesia, es para todos una invitación a comprometerse cada día con la comunión entre los hermanos.




Resumen en lengua española de su catequesis



Queridos hermanos y hermanas:



Concluyendo ya las catequesis sobre el Credo, hoy quisiera detenerme en la "resurrección de la carne", y hablarles del sentido cristiano de la muerte y de la importancia de prepararnos bien para morir en Cristo.




Para quien vive como si Dios no existiese, la muerte es una amenaza constante, porque supone el final de todo en el horizonte cerrado del mundo presente. Por eso, muchos la ocultan, la niegan o la banalizan para vivir sin aprensión la vida de cada día.




Sin embargo, dentro de nosotros hay un deseo de vida dentro de nosotros, más fuerte incluso que el miedo a la muerte, que nos dice que no es posible que todo se quede en nada. La respuesta cierta a esta sed de vida es la esperanza en la resurrección futura.




La victoria de Cristo sobre la muerte no sólo nos da la serena certeza de que no moriremos para siempre, sino que también ilumina el misterio de la muerte personal y nos ayuda a afrontarla con esperanza. Para ser capaces de aceptar el momento último de la existencia con confianza, como abandono total en las manos del Padre, necesitamos prepararnos. Y la vigilancia cristiana consiste en la perseverancia en la caridad. Así, pues, la mejor forma de disponernos a una buena muerte es mirar cara a cara las llagas corporales y espirituales de Cristo en los más débiles y necesitados, con los que Él se identificó, para mantener vivo y ardiente el deseo de ver un día cara a cara las llagas transfiguradas del Señor resucitado.




A continuación, ha saludado a los peregrinos de lengua española diciendo: "Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Guatemala, Argentina y los demás países latinoamericanos. No olviden que la solidaridad fraterna en el dolor y en la esperanza es premisa y condición para entrar en el Reino de los cielos".




Después de los saludos en todas las lenguas y antes de finalizar, el pontífice ha dirigido un pensamiento afectuosos a los jóvenes, a los enfermos y recién casados. "Queridos jóvenes - ha dicho - preparad vuestros corazones para acoger a Jesús Salvador; queridos enfermos, ofreced vuestro sufrimiento para que todos reconozcan en la Navidad el encuentro del Cristo con la frágil naturaleza humana; y vosotros recién casado, vivid vuestro matrimonio como el reflejo del amor de Dios en vuestra historia personal".




Tras la bendición final, Francisco ha comenzado con los saludos habituales. Primero a los arzobispos y obispos, después ha descendido hacia la plaza para saludar a algunas personalidades y finalmente, ha dedicado un tiempo a los enfermos de las primeras filas. Con uno de ellos, el santo padre ha intercambiado la bufanda, la suya blanca por una gris y negra. Con gran termura, el papa Francisco ha abrazado y charlado con niños, adultos y ancianos.




Texto completo de la catequesis en italiano



Queridos hermanos y hermanas,




¡Felicidades porque son valientes, con el frío que hace en la plaza, son verdaderamente valientes!



Deseo llevar a término las catequesis sobre el Credo, desarrolladas durante el Año de la Fe, que concluyó el domingo pasado. En esta catequesis y en la próxima quisiera considerar el tema de la resurrección de la carne, deteniéndome en dos aspectos tal y como los presenta el Catecismo de la Iglesia Católica, es decir, nuestro morir y resucitar en Jesucristo. Hoy me detengo en el primer aspecto, el “morir en Cristo”.




1. Hay una forma equivocada de mirar la muerte. La muerte nos afecta a todos y nos interroga de modo profundo, especialmente cuando nos toca de cerca, o cuando afecta a los pequeños, a los indefensos de una forma que nos resulta “escandalosa”. Siempre me ha afectado la pregunta: ¿por qué sufren los niños?, ¿por qué mueren los niños? Si se entiende como el final de todo, la muerte asusta, aterroriza, se transforma en amenaza que rompe todo sueño, toda perspectiva, que rompe toda relación e interrumpe todo camino. Esto sucede cuando consideramos nuestra vida como un tiempo encerrado entre dos polos: el nacimiento y la muerte; cuando no creemos en un horizonte que va más allá de la vida presente; cuando se vive como si Dios no existiera. Esta concepción de la muerte es típica del pensamiento ateo, que interpreta la existencia como un encontrarse casualmente en el mundo y un caminar hacia la nada. Pero existe también un ateísmo práctico, que es un vivir sólo para los propios intereses y las cosas terrenas. Si nos dejamos llevar por esta visión errónea de la muerte, no tenemos otra opción que la de ocultar la muerte, negarla, o de banalizarla, para que no nos de miedo.




2. Pero a esta falsa solución se rebela el corazón del hombre, su deseo de infinito, su nostalgia de la eternidad. Y entonces, ¿cuál es el sentido cristiano de la muerte? Si miramos a los momentos más dolorosos de nuestra vida, cuando perdemos a una persona querida -los padres, un hermano, una hermana, un esposo, un hijo, un amigo– nos damos cuenta que, incluso en el drama de la pérdida, doloridos por la separación, surge del corazón la convicción de que no puede haber acabado todo, que el bien dado y recibido no ha sido inútil. Hay un instinto poderoso dentro de nosotros, que nos dice que nuestra vida no termina con la muerte. ¡Esto es verdad! ¡Nuestra vida no termina con la muerte!




Esta sed de vida ha encontrado su respuesta real y confiable en la resurrección de Jesucristo. La resurrección de Jesús no da sólo la certeza de la vida después de la muerte, sino que ilumina también el misterio mismo de la muerte de cada uno de nosotros. Si vivimos unidos a Jesús, fieles a Él, seremos capaces de afrontar con esperanza y serenidad también el paso de la muerte. La Iglesia de hecho reza: “Si bien nos entristece la certidumbre de tener que morir, nos consuela la promesa de la inmortalidad futura”. Una bonita oración de la Iglesia, esta. Una persona tiende a morir como ha vivido. Si mi vida ha sido un camino con el Señor, de confianza en su inmensa misericordia, estaré preparado para aceptar el momento último de mi existencia terrena como el definitivo abandono confiado en sus manos acogedoras, en la esperanza de contemplar cara a cara su rostro. Y esto es lo más bello que puede sucedernos, contemplar cara a cara el rostro maravilloso del Señor, verlo a él, tan hermoso, lleno de luz, lleno de amor, lleno de ternura. Nosotros vamos hacia allí, a encontrarnos con el Señor.




3. En este horizonte se comprende la invitación de Jesús de estar siempre preparados, vigilantes, sabiendo que la vida en este mundo se nos ha dado para prepararnos a la otra vida, con el Padre celeste. Y para esto hay siempre una vía segura: prepararse bien a la muerte, estando cerca de Jesús. ¿Y cómo estamos cerca de Jesús? Con la oración, en los sacramentos y también en la práctica de la caridad. Recordemos que Él está presente en los más débiles y necesitados.




Él mismo se identificó con ellos, en la famosa parábola del juicio final, cuando dice: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era extranjero y me acogisteis, desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estaba en la cárcel y vinisteis a verme. Todo lo que hicisteis con estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis” (Mt25,35-36.40).




Por tanto, un camino seguro es recuperar el sentido de la caridad cristiana y de la compartición fraterna, curar las heridas corporales y espirituales de nuestro prójimo. La solidaridad en compartir el dolor e infundir esperanza es premisa y condición para recibir en herencia el Reino preparado para nosotros. Quien practica la misericordia no teme a la muerte. Pensad bien en esto. Quien practica la misericordia no teme a la muerte. ¿Estáis de acuerdo? ¿Lo decimos juntos para no olvidarlo? Quien practica la misericordia no teme a la muerte. Otra vez. Quien practica la misericordia no teme a la muerte. ¿Y por qué no teme a la muerte? Porque la mira a la cara en las heridas de los hermanos, y la supera con el amor de Jesucristo.




Si abrimos la puerta de nuestra vida y de nuestro corazón a los hermanos más pequeños, entonces también nuestra muerte se convertirá en una puerta que nos introducirá en el cielo, en la patria beata, hacia la que nos dirigimos, anhelando morar para siempre con nuestro Padre, con Jesús, María y los santos.







12:30



Leí en IDEAS CLARAS del 15 de noviembre pasado, un artículo sobre la conciencia, en el que se planteaban estas dos preguntas:

1.- ¿Se debe seguir siempre la propia conciencia?




2.- ¿Hay que respetar siempre la conciencia de los demás?




A la primera se responde que sí, pero hay que tener la conciencia bien formada, porque el escrupuloso ve pecado donde no lo hay, y el laxo ve bueno todo lo que le gusta.




Formar bien la conciencia no es fácil. Hay que leer libros buenos que la formen.




A la segunda pregunta se responde que depende.



No se puede forzar la conciencia del prójimo obligándole a actuar contra su conciencia.




Pero se le debe informar si su conciencia es errónea.




Y si no se quiere convencer, se puede impedir que actúe: es el caso del terrorista que actúa de buena fe.




JORGE LORING, S.I.



COMUNIDAD JESUITAS.



jorgeloring@gmail.com



www.arconet.es/loring http://www.arconet.es/loring









04:29

En presencia del arzobispo de Módena-Nonantola, Antonio Lanfranchi, se ha completado el 23 de noviembre en Módena, Italia, en la iglesia de Santo Domingo de la que era un feligresa, la fase diocesana del proceso de beatificación de Luisa Guidotti Mistrali, miembro de la Asociación Femenina Medico Misionera (AFMM), asesinada en la entonces Rhodesia (actual Zimbabwe) en 1979.

Luisa Guidotti Mistrali nació en Parma, el 17 de mayo de 1932, se trasladó a Módena con la familia tras la muerte de su madre. Después de la escuela secundaria se matriculó en la Facultad de Medicina.




Son los años “pre-conciliares - escribe Luisa - la época en que se comenzó a tomar conciencia del papel de los laicos en la Iglesia”. Y de nuevo: “Yo quería ir de misión como médico, irme para siempre, siendo laica entre los laicos”. Ella se había formado espiritualmente en la Acción Católica.




Según la información recabada por la Agencia Fides, en 1960 Luisa pidió formar parte de la Asociación Femenina Medico Misionaria y en agosto de 1966 partió hacia la entonces Rhodesia, con destino Chirundu, Hospital Pablo VI. Debido a los eventos locales se vio obligada a regresar a Italia por unos meses. Partió más tarde hacia África, con destino al hospital de Regina Coeli Mission y luego a la misión All Souls.




El 6 de julio de 1979, mientras acompañaba a Nyadiri a una mujer embarazada en situación de riesgo, el coche de Luisa fue golpeado por una ráfaga de disparos.







Transportada al hospital del gobierno en Mutoko, llegó ya sin vida. En 1983, el hospital de All Souls recibió el nombre de Luisa Guidotti Mistrali.




El 23 de octubre de 1988, por voluntad del arzobispo de Módena, sus restos fueron trasladados a la Catedral de Módena. Se abrió el proceso de canonización en 1996.







03:44

Es su gran carta de navegación que arranca de la alegría del encuentro con Jesucristo (porque eso es la fe, como subrayó Benedicto XVI y agradece Francisco) y se dispone a surcar las aguas procelosas de un mundo tantas veces dominado por la tristeza del individualismo y de los placeres opacos. Y el puerto es el corazón de cada hombre y mujer por desarreglado que se encuentre, por herido y rebelde que se presente. Allí y sólo allí se juega la partida que la Iglesia debe jugar desde hace más de dos mil años. Por eso Francisco pide (casi diríamos que exige) una conversión de todo el pueblo, desde el Papa hasta el último cristiano de cualquier aldea perdida. Para él todo, costumbres, horarios, ropas, lenguajes y estructuras, debe convertirse en cauce adecuado para la evangelización del mundo, no para la autopreservación. Ya no basta la administración de lo que tenemos, hace falta salir con la alforja, el bastón y las sandalias, con el único recurso de la fe vivida a campo abierto.

Si por un instante damos un paso atrás para contemplar este ciclón con perspectiva, vemos que la Evangelii Gaudium forma parte de un camino cuyo inicio podemos datar hace cincuenta años, con la convocatoria del Concilio Vaticano II. Allí empieza a germinar una conciencia que ha requerido tiempo para madurar. Francisco lo documenta con su cuidadosa cadena de citas que abarca desde el beato Juan XXIII al gran doctor Benedicto XVI. Con un firme apoyo en aquel Pablo VI cuya experiencia había madurado y cuajado en la Evangelii Nuntiandi, y en un Juan Pablo II que comenzó su pontificado diciendo “abrid las puertas a Cristo” y “no tengáis miedo”, y que cifró su programa al decir que “el hombre es el camino de la Iglesia”.




“Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”: este es el hilo rojo que atraviesa un texto denso y apasionado por momentos, páginas apretadas donde la pasión misionera de Jorge Bergoglio parece desbordarse, pero siempre nace de la fuente de Jesús vivo y presente a través de la carne de su Iglesia. La nueva estación misionera que el Papa vislumbra no es una tarea de gigantes, nace orgánicamente del corazón del cuerpo eclesial. Porque “si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?”. E insiste (citando a Benedicto) en que “la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción”, porque anuncia la gran fiesta del perdón, el gran rescate de nuestro mal, “un horizonte bello y un banquete deseable”.




Sólo la alegría del encuentro con Jesús que se repite cotidianamente puede permitir “una Iglesia en salida”, siempre dispuesta a superar el propio recinto de seguridades adquiridas. “Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido”, se anticipa frente a posibles objeciones. “Si algo debe inquietarnos es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”.




La Evangelii Gaudium recuerda con fuerza que en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros, y que el anuncio de Jesucristo tiene una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad. Hay una “inseparable conexión entre la recepción del anuncio salvífico y un efectivo amor fraterno”. Para Francisco hacer oídos sordos al grito del pobre nos situaría “fuera de la voluntad del Padre y de su proyecto”. Explica que la opción evangélica por los pobres está alejada de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses personales o políticos.




Francisco no propone para la Iglesia una opción religiosa desencarnada de la historia. Afirma con rotundidad que “nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad…sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos”. Y pregunta si alguien se atrevería “a encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta”. La fe auténtica siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, siendo conscientes de los límites de toda construcción humana, de la necesidad de reparar, corregir y comenzar de nuevo.




Esta Exhortación concluye por donde empezaba, por la alegría que sólo Jesucristo presente puede regalarnos una y otra vez. Es esa alegría (que no es imposición moralista sino reflejo de un bien inmenso experimentado) la que nos “marca a fuego” para la misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Y entonces aparece, como dice Francisco “la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás”. Pero sin esa alegría original la misión se convierte en un plan extenuante, en una cosecha amarga de impotencia. Es cierto que esta perspectiva produce vértigo porque no encuentra apoyo en las seguridades mundanas, en la propia valía, en los planes bien diseñados, ni siquiera en la disposición personal al sacrificio. El único apoyo, la única roca es Cristo presente en su cuerpo (a veces maltrecho pero siempre amado), la Iglesia. Y su único interlocutor es el corazón sediento y desvalido del hombre, no los poderes de este mundo, la opinión publica o los debates abstractos.




Con este texto podemos apropiarnos humildemente del camino secular de nuestra Iglesia, de este gran río con sus meandros, rápidos y estancamientos… para volver a fluir con fuerza en cada época. El Concilio surgió para combatir la reducción de la fe a costumbre, dijo con llaneza Benedicto XVI, para recobrar en la experiencia de la gente-gente la fe como amistad con Jesús que cambia la vida. Francisco nos dice que no perdamos tiempo porque muchos viven sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin un horizonte de sentido y de vida. Si eso no nos importa, ¿a qué nos dedicamos?




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03:44

Hace algunos años mantuve un intercambio epistolar interesantísimo con un buen amigo, agnóstico, de un corazón y un pensamiento inquieto, preocupado muy mucho por el problema del mal que él había sufrido en sus propias entrañas; ya murió; Dios lo habrá acogido en su infinita misericordia. En una de sus cartas hay una expresión referente a la muerte que me dejó y sigue dejándome helado por lo estremecedora que resulta: «Pero la muerte lo niega todo...», decía mi amigo bueno.

No sé si interpreté e interpreto bien a mi amigo, si entiendo que ahí afi rmaba él que la muerte es la nada absoluta, el acabamiento y el final total, la aniquilación plena de la persona, el fi n defi nitivo donde todo se disuelve y no queda nada más que nada, la pura nada. Eso es terrible. Si la muerte lo niega todo, ¿qué sentido tiene la vida? ¿Para qué vivir, para qué esforzarse, para qué trabajar, para qué amar, para qué casarse...? Todo vanidad y sinsentido. Todo vacío. Los cristianos, yo con ellos, no podemos mirar, no miramos, la muerte de esa manera, sin esperanza. Aseguramos y testificamos que la muerte no tiene la última palabra, ni que el abismo de la nada, que es la muerte, se alce con la victoria. Y la razón para esto, no sólo es la refl exión filosófica que nos conduce a la inmortalidad del alma, del hombre; ésta no basta; sino sobre todo es el hecho de la muerte y de la resurrección de Jesús. Podríamos decir con total acierto: ¿Qué sucedería si la resurrección de Jesús no hubiera tenido lugar? ¿Sería Jesús un muerto más, que no significaría nada especial entre el número de muertos de la historia universal, o expresaría algo más hondo? Si no existiera la resurrección, la historia de Jesús terminaría con el Viernes Santo. Jesús se habría corrompido, sería alguien que fue alguna vez. Esto significaría que Dios no interviene en la historia, que no quiere o no puede entrar en este mundo nuestro, en nuestra vida y en nuestra muerte. Todo ello querría decir, por su parte, que el amor es inútil y vano, una promesa vacía y fútil; que no hay tribunal alguno y que no existe la justicia; que sólo cuenta el momento; que tienen razón los pícaros, los astutos, lo que no tienen conciencia.




Muchos hombres –y en modo alguno sólo los malvados– quisieran efectivamente que no hubiera tribunal alguno, pues confunden la justicia con el cálculo mezquino y se apoyan más en el miedo que en el amor confiado. Así se explica el apasionado empeño en hacer desaparecer el domingo de Pascua de la historia, en retroceder hasta situarse detrás de él y detener la historia en el Sábado Santo. De una huída semejante no nace sin embargo, la salvación, sino la resignación y la triste alegría de quienes consideran peligrosa la justicia de Dios y desean, justamente por ello, que no exista. De ese modo se hace visible, no obstante, que la Pascua significa que Dios ha actuado, que el hombre está llamado a la vida, vida eterna y feliz, al amor sin límite alguno donde está la vida y la dicha sin fi n: signifi ca sencillamente que Dios existe y que es amor, y vida; significa que Dios ama al hombre de manera irrevocable, y no le deja en la estacada, ni que caiga y perezca en el abismo de la nada, en el abismo de la muerte: su amor es más fuerte que la muerte y lo llena todo, nada ni nadie podrá separarnos de El, de su amor que se ha revelado en el hecho real de la muerte en la cruz de su Hijo, Jesucristo, y en su victoria sobre la muerte por su resurrección. Esta es la esperanza del cristiano ante la muerte: la vida eterna, que alimenta la confi anza en medio de nuestra amenazada historia, pero que no tiene nada que ver con la utopía. La vida eterna es mi propio futuro, personal e intransferible, y por eso fuerza confi guradora de historia.




Esta es la fe de los cristianos. Una fe que no nos hace olvidar la dureza de la muerte ni el sufrimiento que comporta, ni, por ende, los sufrimientos humanos que son tantos, tan grandes y tan extensos: pero los transforma y los llena con su luz. El cristiano sabe que tanto la muerte como los sufrimientos no pueden ser eliminados, pero pueden recibir un sentido, una luz, pueden ser un acto de amor, una entrega en las manos de Dios que no nos abandona y que los ha asumido como suyos. Esta luz de la fe, que brota del Amor que nos sostiene, nos hace mirar, afrontar y vivir con esperanza el futuro donde encontramos irremisiblemente la muerte y las situaciones de amenaza de muerte en los sufrimientos y en tantas fuerzas aniquiladoras cargadas de llanto y dolor que se ciernen sobre el hombre cada día. La fe empuja, con una fuerza irresistible –la del amor, la de Dios que es Amor–, a poner la mirada fija en la esperanza. El domingo, fiesta de Cristo Rey –centro de todo, de todo lo creado, de toda la historia, del pueblo de Dios, la Iglesia, y de la vida de cada uno– finalizamos el «Año de la fe». No nos dejemos arrebatar, robar, la esperanza ni la fe, sin duda, el don más precioso que ninguno nos puede quitar. Lejos de caminar como cariacontecidos, la fe nos hace vivir la gran alegría de su don que no se puede ocultar y que es preciso, urgente, comunicar y dar a probar a otros.




© La Razón







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