Los burros no sabemos lo que es el pudor


Por el Hermano Asno OFS, Fraternidad de la Purísima Concepción de Celaya

La afirmación es clara y directa. Los asnos en verdad que no sabemos lo que es el pudor. Pregúntenle a cualquier arriero que tenga su casita en el rancho o en el monte y que tenga una buena cantidad de burros y les dirá qué tanta pudorosa vergüenza tiene un burro. Es más, a mí me preguntaron en una ocasión, cuando llevaba una pesada carga de leña, si sabía que era es el pudor y entre rebuzno y rebuzno, les dije que no. Y es que el pudor se aplica a los seres humanos, no a los burros. Sin embargo, no me quise quedar con la duda y de inmediato acudí con el señor cura que celebra misa en mi pueblo actual, El Burral, allá rumbo al norte de Guanajuato.

De inmediato le suelto mi duda: "Padre, ¿los burros tenemos pudor?" y le veo que no se aguanta las ganas de soltar la carcajada. Toma aire y me dice: "Hermanito Asno, en la antigua Grecia, entre los años 384 y 322 antes de Cristo, existió un filósofo llamado Aristóteles y escribió una obra que se llamó 'Moral a Nicómaco'. En su libro Cuarto, en el Capítulo IX habla 'Del pudor y de la vergüenza' y explica que se puede definir al pudor diciendo, que es una especie de miedo a la deshonra. Sus consecuencias se aproximan mucho a las que produce el temor que asalta a la vista de un peligro. Los que se sienten con vergüenza, se ruborizan luego; como los que tienen miedo a la muerte se ponen instantáneamente pálidos".

Prosigue el padre citando al tal Aristóteles: "Esta afección misma de la vergüenza o pudor no cuadra a todas las edades; tiene su asiento natural en la juventud. Si en nuestra opinión es bueno que los corazones jóvenes sean muy susceptibles de esta afección, es porque viviendo entregados casi exclusivamente a la pasión, están expuestos a cometer muchas faltas y el pudor les puede ahorrar muchas. Alabamos entre los jóvenes a los que son tímidos y pundonorosos; pero no puede alabarse esta timidez en un anciano; porque no creemos que un anciano pueda hacer jamás cosa de que tenga que avergonzarse. La vergüenza nunca se da en el hombre de corazón completamente recto, puesto que aquella se produce como resultado de las malas acciones, y un hombre de bien jamás debe cometerlas. Poco importa por otra parte que las cosas sean vergonzosas verdaderamente, o que lo sean en la opinión; ni unas ni otras deben hacerse, y entonces debe estarse seguro de no tener nada de qué avergonzarse. Una cosa vergonzosa sólo un corazón viciado es capaz de hacerla. Pero si alguno que por naturaleza es capaz de cometer un acto de este género, cree que sólo por el hecho de ruborizarse de ello es ya un hombre de bien, incurre en un gran absurdo. La vergüenza sólo se aplica a los actos voluntarios, y el hombre de bien nunca hará voluntariamente una acción vergonzosa. Convengo, por otra parte, en que bajo cierto punto de vista no puede concebirse el pudor sin un principio de honradez. Si se comete tal o cual falta, será muy bueno avergonzarse por ello; pero esto nada tiene de común con las virtudes verdaderas". 

"Ciertamente la impudencia, que no conoce el pudor, es un vicio; y el que no se ruboriza del mal que hace, es un miserable; pero no se hace más hombre de bien sólo por ruborizarse después de haber cometido cosas tan culpables".

Me quedo pensando ante las palabras del padre y llegué a la conclusión que efectivamente los burros -y las burras- no tenemos ni pudor y menos vergüenza.

Algunos medios de comunicación, promotores de la deshonestidad y sin principios de honradez.

Hablar del pudor en estos tiempos, desgraciadamente es como hablar utilizando una lengua muerta, un idioma antiguo, un código encriptado. Si usted pregunta en la calle a una persona, a una jovencita, a un jovencito y hasta una persona madura sobre qué es el pudor, quizá le deje ver a través de sus ojos el desconocimiento pleno de algo que por la falta de uso es lo que ha provocado el desorden sexual, el desorden en el vestir, en el hablar, en el mirar, en el comportamiento diario y que es en cierta medida y aunque usted no lo crea, la causa de acoso sexual.

Cuando se habla de pudor, algunas personas que nos autocalificamos de "amplio criterio" inmediata y despectivamente utilizamos la palabra "moralina", con la sensación de que nos duele escuchar que nos recuerda la vergüenza de haber cometido más de una inmoralidad.

La pureza exige el pudor. Este es parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas.

El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre sí. El pudor es modestia; inspira la elección de la vestimenta. Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreción.

Existe un pudor de los sentimientos como también un pudor del cuerpo. Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de comunicación a hacer pública toda confidencia íntima. El pudor inspira una manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la presión de las ideologías dominantes.

Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en el pudor a niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana.

La pureza cristiana exige una purificación del clima social. Obliga a los medios de comunicación social a una información cuidadosa del respeto y de la discreción. La pureza de corazón libera del erotismo difuso y aparta de los espectáculos que favorecen el exhibicionismo y las imágenes indecorosas.

Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una concepción errónea de la libertad humana; para llegar a su madurez, esta necesita dejarse educar previamente por la ley moral. Conviene pedir a los responsables de la educación que impartan a la juventud una enseñanza respetuosa de la verdad, de las cualidades del corazón y de la dignidad moral y espiritual del hombre.

El pudor sobrevive

Por andar a la moda, algunas de nuestras jóvenes, educadas en el valor del pudor, se sienten molestas con prendas que exhiben su cuerpo. Las vemos bajarse pudorosamente la playera ombliguera, arreglarse la falda, cubrir su escote con un suéter. Las más decididas se liberan de la moda y usan ropa cómoda que les permita no ser objeto sexual para los mirones que las rodean, faltándoles al respeto con la imaginación. El recato no está reñido con el buen gusto y hasta con esa cierta coquetería que es esencial en la mujer.

¡Todavía hay pudor!

El pudor se aprende en el hogar. El pudor también es un valor que se debe enseñar a los niños, no sólo a las niñas. Se basa en el respeto a la dignidad del cuerpo y en el derecho a la intimidad. Los papás deben procurar que, tanto los hijos como las hijas, tengan la privacidad que necesitan, aunque esto sea muy difícil en los departamentitos modernos. La falta de privacidad propicia el abuso sexual.

Cuando todavía son los papás quienes eligen la ropa de sus hijos, procuren no disfrazarlos de adultos ni ponerles ropa provocativa, aunque esté de moda.

Cuando son los hijos quienes eligen su ropa, no permitan que vistan inmoralmente y explíquenles por qué no son buenas ciertas modas.

Fórmenlos en el aprecio de su cuerpo y en la preparación para el amor verdadero.

Sin embargo, presentar el cuerpo como algo malo o vergonzoso hará de sus hijos personas tímidas que no se sentirán bien al usar un traje de baño o un uniforme deportivo, y les causarán traumas muy difíciles de superar en su vida de esposos.

Si quieres evitar una agresión sexual...

No uses ropa provocativa...
-Cuida tus miradas y tus gestos...
-No te quedes sola con un hombre, aunque sea conocido...
-No permitas familiaridades de tus amigos o parientes...
-No admitas pláticas o chistes picantes...
-Busca ayuda cuando sospeches una mala intención...

Si quieres vivir el pudor
-Evita la pornografía.
-Evita las lecturas y programas de televisión indecentes e inmorales.
-Evita caer en las falsas enseñanzas del homosexualismo y el lesbianismo.

El pudor evita que el hombre y la mujer sean reducidos a objetos

El pudor es un mecanismo instintivo, propio de la castidad, que protege con la vergüenza la intimidad sexual. Evita todo tipo de excesos y peligros morales en materia sexual.

Es un muro protector de la pureza que ayuda a evitar excesos y peligros morales de todo tipo en materia sexual. Aunque el pudor es instintivo, también es necesario aprender ya desde pequeños para que se sepa apreciar y guiar correctamente.

El pudor protege la propia intimidad. No es casto el que trata de ignorar lo sexual sino el que comprende su propósito en los designios de Dios. El pudor es propio de la persona humana. Los animales no tienen pudor. Por eso hacen en público sus funciones más íntimas.

"Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en el pudor a niños y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana".

El pudor no indica miedo irracional a exponer el cuerpo. Supone mas bien respeto a lo más personal del hombre.

El pudor se expresa en: la casa, el vestido y el lenguaje. La casa es un lugar íntimo. Hay tiempos para compartir con otros, pero también hay tiempos para que la familia este reunida a solas para compartir desde el corazón con la confianza que no es propia tener con todo el mundo.

El vestido. Se cubren las partes más íntimas, que no se comparten con cualquiera. Quien ama respeta y busca que se respete la intimidad. De ahí el celo que muestra el marido o el novio por la decencia en el vestir de su esposa o de su novia.

Pudor no es miedo al cuerpo desnudo, sino respeto a su gran dignidad. Da libertad para no ser dominado por la lujuria y protege también al prójimo. Protegerse de la mirada intrusa. Salvaguarda el sexo del uso posesivo de los demás. No permite ser reducido a un objeto. Palpar algo es, en cierta medida, un acto de posesión. Ver es como tocar a distancia. Ofrecer a la mirada ajena las partes íntimas del cuerpo supone dejarse poseer en lo que tiene uno de más íntimo. Toda exhibición sugiere un acto de entrega. Hacerlo en público se asemeja a la prostitución.

El lenguaje. El pudor no permite expresarse para hacer «de dominio público» sus estados afectivos ni sus debilidades ante la tentación. Evita aquellos aspectos de vulgaridad, chabacanería y desorden que acompañan a ciertas expresiones sexuales.

Para el cristiano, el cuerpo es templo del Espíritu Santo.

San Pablo de Tarso les recuerda a los habitantes de Corinto que "el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!".

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