Oficio de lecturas - Martes de la semana XXXI - Tiempo ordinario



OFICIO DE LECTURA - MARTES DE LA SEMANA XXXI - TIEMPO ORDINARIO
De la Feria.

PRIMER LECTURA

Año I:

Del libro del profeta Jeremías     32, 6-10. 16. 24-40


JEREMÍAS, ESTANDO EN LA CÁRCEL, COMPRA EL CAMPO DE ANATOT, COMO UN SIGNO DE ESPERANZA

    En aquellos días, Jeremías dijo: He recibido esta palabra del Señor:
    «Hanamel, hijo de tu tío Salún, vendrá a ti para decirte: "Cómprame el campo, de Anatot, porque a ti te corresponde rescatarlo comprándolo."»
    Y vino a visitarme mi primo, como había dicho el Señor, al atrio de la guardia, y me dijo:
    «Cómprame el campo de Anatot, en el territorio de Benjamín, porque a ti te corresponde rescatarlo y adquirirlo: cómpramelo.»
    Yo comprendí que era palabra del Señor. Y, así, compré el campo de Anatot a mi primo Hanamel; pesé el dinero: diecisiete siclos de plata. Escribí el contrato, lo sellé, hice firmar a los testigos, y pesé la plata en la balanza. Después de entregar a Baruc, hijo de Nerías, el contrato, oré al Señor:
    «Mira, los sitiadores llegan a la ciudad para conquistarla, la ciudad, está entregada en manos de los caldeos, que la atacan con la espada, el hambre y la peste. Sucede lo que anunciaste, y lo estás viendo. Y tú, mi Señor, me dices: "Cómprate el campo con dinero, ante testigos mientras la ciudad cae en manos de los caldeos.»
    Vino a Jeremías la palabra del Señor:
    «Yo soy el Señor, Dios de todos los humanos: ¿hay algo imposible para mí? Pues bien, así dice el Señor: Entrego esta ciudad en manos de los caldeos, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, para que la conquiste. Los caldeos que la atacan entrarán en esta ciudad y le pondrán fuego. La quemarán con las casas, en cuyas azoteas se quemaba incienso a Baal y se hacían libaciones a dioses extranjeros, para irritarme.
    Porque israelitas y judíos practican la maldad en mi presencia, desde su juventud; los israelitas me irritan con las obras de sus manos -oráculo del Señor-. Esta ciudad provoca mi ira y mi cólera, desde el día en que la construyeron hasta hoy; la tendré que apartar de mi presencia, por todas las maldades que cometen israelitas y judíos, irritándome todos, con sus reyes y príncipes, con sus sacerdotes y profetas, los judíos y los habitantes de Jerusalén. Me dan la espalda, y no la cara. Yo los enseñaba sin cesar, y ellos no escuchaban ni aceptaban la corrección. Ponían abominaciones en la casa donde se invocaba mi nombre, profanándola. Construían altares a Baal, en el valle de Ben Hinnom, para pasar por el fuego a su hijos e hijas, en honor de Moloc. Cosa que yo no mandé ni se me pasó por la cabeza. Hicieron abominaciones semejantes, haciendo pecar a Judá.
    Pero ahora, así dice el Señor, Dios de Israel, a está ciudad de la que decís: "Va a caer en manos del rey de Babilonia, por la espada y el hambre y la peste." Mirad que yo los congregaré de todos los países adonde los dispersó mi ira y mi cólera y mi gran furor. Los traeré a este lugar, y los haré habitar tranquilos. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Les daré un corazón entero y una conducta íntegra, para que me teman toda la vida; para su bien y el de sus hijos que los sucedan. Haré con ellos alianza eterna y no cesaré de hacerles bien. Pondré en su corazones mi temor para que no se aparten de mí.»

Responsorio     Jr 32, 37. 38. 40

R. Mirad que yo los congregaré de todos los países, los traeré a este lugar, y los haré habitar tranquilos. * Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
V. Haré con ellos alianza eterna, pondré en sus corazones mi temor.
R. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.


Año II

Del libro de la Sabiduría     10, 1-11, 4

LA SABIDURÍA FUE LA SALVACIÓN DE LOS PATRIARCAS

    La sabiduría fue quien protegió al padre del mundo en su soledad, a la primera creatura modelada por Dios; lo levantó de su caída y le dio el poder de dominarlo todo. Se apartó de ella el criminal iracundo, y su saña fratricida le acarreó la ruina. Por su culpa vino el diluvio a la tierra, y otra vez la salvó la sabiduría, pilotando al justo en un tablón de nada. Cuando la barahúnda de los pueblos, concordes en la maldad, ella se fijó en el justo y lo preservó sin tacha ante Dios, manteniéndolo entero sin ablandarse ante su hijo.
    Cuando la aniquilación de los impíos, ella puso a salvo al justo, fugitivo del fuego llovido sobre la Pentápolis; testimonio de su maldad, aún está ahí el yermo humeante, los árboles frutales de cosechas malogradas y la estatua de sal que se yergue, monumento al alma incrédula. Pues, dejando a un lado a la sabiduría, se mutilaron ignorando el bien y, además, legaron a la historia un recuerdo de su insensatez, para que su mal paso no quedara oculto.
    La sabiduría sacó de apuros a sus adictos. Guió al justo por caminos seguros cuando tuvo que huir y le descubrió el reino de Dios; le dio el conocimiento de las cosas santas; le dio éxito en sus trabajos y multiplicó el fruto de sus fatigas; lo protegió contra la codicia de los explotadores y lo colmó de bienes; lo defendió de sus enemigos y lo protegió de los que le tendían asechanzas; le dio la victoria en la dura batalla, para que supiera que la piedad es más fuerte que nada. No abandonó al justo vendido, sino que lo libró de caer en mano de los pecadores; bajó con él al calabozo y no lo dejó en la prisión, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos; demostró la falsedad de sus calumniadores y le dio una gloria eterna.
    Al pueblo santo, a la raza irreprochable, lo libró de la nación opresora; entró en el alma del servidor de Dios, que hizo frente a reyes temibles con sus prodigios y señales. Dio a los santos la recompensa de sus trabajos y los condujo por un camino maravilloso; fue para ellos sombra durante el día y resplandor de astros por la noche. Los hizo atravesar el mar Rojo y los guió a través de aguas caudalosas; sumergió a sus enemigos, y luego los sacó a flote de lo profundo del abismo.
    Por eso los justos despojaron a los impíos y cantaron, Señor, un himno a tu santo nombre, ensalzando a coro tu mano victoriosa; porque la sabiduría abrió la boca de los mudos y soltó la lengua de los niños. Coronó con el éxito sus obras por medio de un santo profeta. Atravesaron un desierto inhóspito, acamparon en terrenos intransitados; hicieron frente a ejércitos hostiles y rechazaron a sus adversarios. Tuvieron sed y te invocaron: una roca áspera les dio agua, y les curó la sed una piedra dura.

Responsorio     Sb 10, 17. 18. 19

R. Dios dio a los santos la recompensa de sus trabajos y los condujo por un camino maravilloso; * fue para ellos sombra durante el día y resplandor de astros por la noche.
V. Los guió a través de aguas caudalosas, y sumergió a sus enemigos.
R. Fue para ellos sombra durante el día y resplandor de astros por la noche.


SEGUNDA LECTURA

De la Constitución pastoral Gáudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo (Núms. 88-90)

PAPEL DE LOS CRISTIANOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ

    Los cristianos deben cooperar con gusto y de corazón en la edificación de un orden internacional en el que se respeten las legítimas libertades y se fomente una sincera fraternidad entre todos; y eso con tanta mayor razón cuanto más claramente se advierte que la mayor parte de la humanidad sufre todavía una extrema pobreza, hasta tal punto que puede decirse que Cristo mismo, en la persona de los pobres, eleva su voz para solicitar la caridad de sus discípulos. Que se evite, pues, el escándalo de que, mientras ciertas naciones, cuya población es muchas veces en su mayoría cristiana, abundan en toda clase de bienes, otras, en cambio, se ven privadas de lo más indispensable y sufren a causa del hambre, de las enfermedades y de toda clase de miserias. El espíritu de pobreza y de caridad debe ser la gloria y el testimonio de la Iglesia de Cristo.
    Hay que alabar y animar, por tanto, a aquellos cristianos, sobre todo a los jóvenes, que espontáneamente se ofrecen para ayudar a los demás, hombres y naciones. Más aún, es deber de todo el pueblo de Dios, animado y guiado por la palabra y el ejemplo de sus obispos, aliviar, según las posibilidades de cada uno, las miserias de nuestro tiempo; y esto hay que hacerlo, como era costumbre en la antigua Iglesia, dando no solamente, de los bienes superiores sino aun de los necesarios.
    El modo de recoger y distribuir lo necesario para las diversas necesidades, sin que haya de ser rígida y uniformemente ordenado, llévese a cabo, sin embargo, con toda solicitud en cada una de las diócesis, naciones e incluso en el plano universal, uniendo siempre que se crea conveniente la colaboración de los católicos con la de los otros hermanos cristianos. En efecto, el espíritu de caridad, lejos de prohibir el ejercicio ordenado y previsor de la acción social y caritativa, más bien lo exige. De aquí que sea necesario que quienes pretenden dedicarse al servicio de las naciones en vía de desarrollo sean oportunamente formados en instituciones especializadas.
    Por eso la Iglesia debe estar siempre presente en la comunidad dé las naciones para fomentar o despertar la cooperación  entre los hombres; y eso tanto por medio de sus órganos oficiales como por la colaboración sincera y plena de cada uno de los cristianos, colaboración que debe inspirarse en el único deseo de servir a todos.
    Este resultado se conseguirá mejor si los mismos fieles en sus propios ambientes, conscientes de la propia responsabilidad humana y cristiana, se esfuerzan por despertar el deseo de una generosa cooperación con la comunidad internacional. Dése a esto una especial importancia en la formación de los jóvenes, tanto en su formación religiosa como civil.
    Finalmente, es muy de desear que los católicos, para cumplir debidamente su deber en el seno de la comunidad internacional, se esfuercen por cooperar activa y positivamente con sus hermanos separados, que como ellos profesan la caridad evangélica; y con todos aquellos otros hombres que están sedientos de verdadera paz.


Responsorio     Cf. Ha 3, 3; Lv 26, 1. 6. 9

R. He aquí que vengo de Temán, * yo, el Señor, vuestro Dios, que os traigo la paz.
V. Me volveré hacia vosotros, os acrecentaré y multiplicaré, y mantendré mi alianza con vosotros.
R. Yo, el Señor, vuestro Dios, que os traigo la paz.


Oración

Señor de poder y de misericordia, cuyo favor hace digno y agradable el servicio de tus fieles, concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

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