Papa Francisco: ¿Cuál de los dos tipos de levadura tienes en tu interior?

Seguir adelante con la “levadura del Espíritu Santo”, que lleva a “esa herencia” que el Señor dejó a todos. Esta es la exhortación del Papa en la homilía de la Misa hoy en Casa Santa Marta. Reflexionando sobre el evangelio de hoy, el pontífice habla de dos tipos de personas que “crecen de manera distinta”, “opuesta” entre si.

Jesús habla de levadura “que hace crecer”, pero hay también una levadura “mala” que “estropea”, que hace crecer “hacia adentro”. Es la de los “fariseos, la de los doctores de la Ley de aquel tiempo, de los saduceos”, es decir “la hipocresía”. Se trata de gente – explica – cerrada en sí misma, que piensa en aparentar, en “fingir”, en dar limosna para después hacer “tocar la trompeta” para anunciarlo.

La preocupación de estas personas, continua el Papa, “es guardar lo que tienen dentro”, su propio “egoísmo”, su propia “seguridad”: “cuando hay algo que nos pone en dificultad”, como el hombre agredido y dejado “medio muerto” por los bandidos, o encuentran “un leproso” – añade el pontífice – “miran a otro lado”, según sus propias “leyes internas”.

“Esta levadura – dice Jesús – es peligrosa. Guárdense de ella. Es la hipocresía”. Jesús no tolera la hipocresía: este aparentar, con buenas formas de educación incluso, pero con malas costumbres dentro. Y Jesús mismo dice: “Por fuera son bellos, como los sepulcros, pero dentro hay podredumbre y destrucción, hay ruinas”.

Esta levadura que hace crecer hacia dentro: es una levadura que hace crecer sin futuro, porque en el egoismo, en el dirigirse hacia uno mismo, no hay futuro, no hay futuro. En cambio, otro tipo de persona es la que vemos con otra levadura, que es al contrario: que hace crecer hacia fuera. Al contrario, que hace crecer como herederos, para tener una herencia.

Francisco recuerda como, en la carta a los Efesios, san Pablo explica que “en Cristo hemos sido hechos también herederos, predestinados”. Se refiere a las personas proyectadas “hacia el exterior”.

A veces se equivocan, pero se corrigen; a veces caen, pero se levantan. Incluso a veces pecan, pero se arrepienten. Pero siempre hacia el exterior, hacia esa herencia, porque se les ha prometido. Y esta gente es gente alegre, porque se le ha hecho una promesa de felicidad muy grande: que serán gloria, alabanza de Dios. Y “la levadura – dice Pablo – de esta gente es el Espíritu Santo”, que nos impulsa a ser alabanza de su gloria, de la gloria de Dios.

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