Los mejores valores que dejó el olimpismo en Buenos Aires

Por diez días, los sueños deportivos de todo el mundo hicieron escala en Buenos Aires para los Juegos Olímpicos de la Juventud.

Fueron jornadas inéditas para los porteños, que arroparon con afecto y admiración a más de 4000 jóvenes atletas de entre 15 y 18 años de todo el mundo. 206 países aportaron representantes para algunos de los 32 deportes en unos juegos que se destacaron, entre otros puntos deportivos, por estos valores que van más allá de las competencias:

1. Los equipos combinados

Para los amantes del deporte, para esos que vitorean y aplauden a los mejores, independientemente del país, los equipos combinados fueron un reconocimiento a su pasión. Nuevamente, los Juegos Olímpicos de la Juventud crearon categorías dentro de distintos deportes para permitir que compitan juntos deportistas de distintas banderas.

El deporte une, hermana, y es lengua común para quienes lo practican.

2. Sin medallero oficial

No fue un error del sitio de internet de la organización. Los Juegos Olímpicos de la Juventud no tuvieron medallero oficial. No es una competencia entre naciones. Es un espacio en el que confluyen deportistas y aficionados para celebrar los valores del deporte.

Más allá de que medios de comunicación y distintas organizaciones hayan publicado medalleros informales, reconociendo los trabajos a largo plazo realizados y el esfuerzo de los jóvenes, que aman sus países y gozan como pocas cosas representarlos, la organización decidió no llevar un medallero formal.

3. Un mundo unido

206 países tuvieron representantes. Desde Botsuana y Kiribati hasta las potencias deportivas como Rusia y Estados Unidos. En algunos casos, las diferencias fueron abismales. Fue el caso, por ejemplo, de los combinados de Hockey de Vanuatu, que perdieron por varios goles todos los partidos que disputaron.

Eran jóvenes deportistas que en su país, por poner de manifiesto las diferencias, practicaban hockey descalzos. Pero aprendieron, gozaron, y fueron apoyados en cada oportunidad seria que tuvieron como si fueran locales. El cupo de representantes por país permitió una mayor representatividad, aún cuando en algunos casos no haya habido desafíos competitivos. Para esa mayor exigencia en todas las disciplinas, ya vendrán los juegos de adultos.

4. Amistad, respeto y excelencia

Los valores del olimpismo suponen competir con valores éticos rechazando, por ejemplo, el dopaje; allanando el camino para que no existan barreras que separen a los atletas, independientemente de sus diferencias raciales, económicas o religiosas; en un contexto en el que cada uno dé lo mejor de sí. Más allá de algunos vicios deportivos heredados de la práctica de los adultos, Buenos Aires 2018 estuvo plagada de gestos por cada uno de estos tres valores del olimpismo.

5. Villa olímpica sustentable

Las construcciones que demandan organizaciones de este tipo suelen dejar a las ciudades organizadores grandes elefantes blancos. La Villa Olímpica fue una excepción: emplazada en Villa Soldati, una zona de la ciudad llamada al crecimiento, los apartamentos construidos para los atletas fueron vendidos antes de los Juegos a vecinos de la zona y de la ciudad en planes muy flexibles, abriendo la posibilidad de la casa digna a miles de familias.

Los jóvenes atletas llegados de todo el mundo vivieron días inolvidables y no dejan de agradecer a la ciudad anfitriona. Pero es Buenos Aires la que agradece que por 12 días hayan mostrado en sus calles y escenarios que es posible un mundo unido.

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