El secreto para evitar el “agotamiento” apostólico

Cansados y fatigados, los misioneros a veces pierden su celo por Dios y no consiguen más que cumplir “mecánicamente” su misión

Los misioneros modernos, clérigos o laicos, se sienten con frecuencia “exhaustos” después de algunos años de evangelización de la fe cristiana. En los casos extremos, este agotamiento puede llevarles a renunciar de su misión apostólica y a regresar al mundo laico, quemados por su experiencia.

La buena noticia es que esta fatiga puede evitarse. Una vez más, en los santos está la respuesta, en este caso para evitar el agotamiento apostólico.

Dom Jean-Baptiste Chautard, un monje trapense francés del siglo XIX, ofrece el secreto de los santos en su popular obra El alma de todo apostolado. Los siguientes extractos de este libro son algunos consejos para ayudar a los misioneros a no abandonar su vocación:

Nuestra vida interior será como el tallo lleno de savia vigorosa, y las obras que ejecutemos, su eflorescencia”.

“A toda alma de apóstol debe inundar la luz e inflamar el amor, antes que ella con sus reflejos ilumine y caldee a los demás. Lo que vieron con sus ojos y palparon con sus manos, enseñarán a los hombres”.

La vida activa debe proceder de la vida contemplativa, traducirla y continuarla al exterior, separándose de ella lo menos posible”.

“Todo apóstol, antes de dar suelta a la lengua, debe elevar a Dios con avidez su alma, para exhalar lo que bebiere y distribuir su plenitud, dice san Agustín”.

Antes de comunicar hay que recibir, escribe el Seudo-Dionisio, y los ángeles más elevados no transmiten a los que están más bajos, sino las luces cuya plenitud recibieron”.

“¿Quién no conoce esta frase clásica de san Bernardo dirigida a los apóstoles? ‘Si sabes obrar con cordura, sé concha y no canal’. Por el canal corre el agua sin dejar una gota. El depósito, en cambio, una vez lleno, deja correr lo que le sobra para fertilizar los campos. ¡Cuántos que se consagran a las obras no son sino canales, y quedan completamente secos precisamente cuando están empeñados en fecundar los corazones! ‘Hoy hay en la Iglesia exceso de canales y pocos depósitos’, agregaba con tristeza el Santo Abad de Claraval”.

Verdad y amor divinos

Una madre no puede amamantar a su hijo si no se alimenta ella; del mismo modo, los confesores, directores de almas, predicadores, catequistas y profesores, deben de antemano asimilar la sustancia de que han de aumentar después a los hijos de la Iglesia. La verdad y el amor divinos son los elementos de esta sustancia. Sólo la vida interior interpreta la verdad y la caridad de Dios de una manera eficaz para hacer de ellas un aumento capaz de engendrar la vida”.

“Los que se sienten llamados a las obras de la vida activa, dice el Santo Doctor [Santo Tomás], están en un error si creen que ese deber les dispensa de la vida contemplativa. Ese deber se agrega a esta vida y en nada disminuye su necesidad. Así las dos vidas no se excluyen, sino que se reclaman, se suponen, se mezclan y se completan”. 

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