El gran experto del Islam explica el secreto para lograr el diálogo

Samir Khalil Samir explica que la clave está en la separación de religión y política

Uno de los mayores expertos sobre el Islam, Samir Khalil Samir, está convencido de que sólo hay un secreto para lograr la paz con el mundo islámico: el Islam debe lograr separar religión de política.

Esta fue la conclusión del testimonio que ofreció el sacerdote jesuita egipcio tras el acto de homenaje que recibió al cumplir 80 años en el Pontificio Instituto Oriental de Roma, donde ha sido profesor durante cuatro décadas.

Autor de 60 libros y de 1.500 artículos, en diferentes idiomas, el padre Samir creó en 1991, en Beirut, el Centro de Documentación e Investigación Árabes Cristianas, que cuenta con 4.000 manuscritos de autores árabes cristianos, procedentes en parte del famoso fondo del Monasterio de Santa Catalina de Siena, así como 35.000 volúmenes.

El testimonio del gran experto, que ha sido visiting professor de las Universidades de Graz (Austria), Sofia University (Tokio, Japón), El Cairo (Egipto), o Georgetown (Washington, Estados Unidos), ha sido sintetizado por esta presentación de  la agencia Asianews.it.

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  1. El islam no es sólo una religión: es una totalidad

El islam, a diferencia del cristianismo, no es sólo una religión: es una totalidad. Y esto constituye al mismo tiempo su fuerza y su peligro. Puede convertirse en un imperio, en una dictadura, porque no hay nada que no abarque el islam: la economía, la política, el aspecto militar, la relación hombre-mujer, los gestos precisos de la oración, la manera de vestirse. ¡Todo! ¡Todo es islámico!

Esta es su fuerza, pero al mismo tiempo su problema. Al mezclar religión, política, economía y poder, la religión pierde su esencia. Es lo que trato de explicar a los amigos musulmanes: mientras se dé este revoltijo –que podría durar siempre-, será difícil que los musulmanes encuentren una línea humanística completa.   

  1. El problema: mezclar política y religión

La mezcla de política y religión es algo que se ha dado en todas las religiones, en algún período determinado. A menudo ocurre que los musulmanes me critican por esto, y dicen: “Y las cruzadas, ¿qué son, entonces?”, agregando cosas inexactas o que no son ciertas. Y yo respondo: “Tú estás hablando de una etapa de la historia, pero vayamos a la raíz. Toma el Evangelio, y encuéntrame un solo pasaje en el cual Jesús diga ‘combátelos, mátalos, no dejes que huyan’ como, en cambio, está escrito en el Corán” (2: 190-191; 4: 89; 9: 5; 9: 123; etc.) ¡Esta es la gran diferencia! Los hombres son todos parecidos, pero el texto fundador es esencial.  

Jesús no dice “ojo por ojo, diente por diente” (Levítico 24:20; Éxodo 21:24), como Moisés. Por el contrario, Él dice: “Han escuchado lo que se les dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no resistan al mal; es más, si alguien te abofetea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra; al quien te reclame la túnica, entrégale también el manto. Y a quien te obligue a caminar con él una milla, marcha con él dos. A quien te pida, da, y al que desee que le prestes algo, no le vuelvas la espalda”  (Mateo 5, 38-42).

En cambio, el proyecto original de Mahoma es un proyecto político, que se vale, sí, de la religión y la fe, pero es un proyecto político. El Islam no es capaz de distinguir las dos dimensiones. Hay tendencias que quieren disociar política y religión, pero son criticadas. Se les dice que lo que ellos propugnan “no es el Islam”.

Esto también sucede en otras religiones. Pensemos en el Hinduismo –que yo creía era el pacifismo perfecto– y en lo que está sucediendo en la India en la actualidad: todos los días hay un ataque contra los protestantes, contra los católicos, los musulmanes. Es difícil distinguir la religión de la cultura política y económica.

  1. “La religión pertenece a Dios, pero la patria ¡a todos!”

En 1919, en Egipto se produjo la revolución contra los británicos. Quien encabezaba la oposición, el famoso Zaghloul, con el objetivo de congregar a todos los egipcios –musulmanes, cristianos, judíos, no creyentes- contra los británicos lanzó el eslogan: “La religión pertenece a Dios, pero la patria, ¡a todos!”.

Coptos y musulmanes estaban unidos contra los ingleses que invadieron Egipto. Era una cuestión nacional, no religiosa. No se trataba de un conflicto entre musulmanes (es decir, egipcios) y cristianos (es decir, británicos), sino de un conflicto puramente político.

En ese momento, ésta fue la verdadera revolución de las mentalidades. En aquel entonces, combatimos codo a codo. Y luego vivimos codo a codo: musulmanes, cristianos y judíos. En proporción, había más ministros cristianos que musulmanes; lo mismo pasaba en todos los niveles de la vida social, económica, cultural y política. Los judíos se sentían como en casa, y dirigían los mayores negocios.

La religión es un asunto personal, entre yo y Dios. Nadie tiene derecho a meterse en esto. En el diálogo islámico-cristiano, yo trato de sugerir esta distinción fundamental de sectores. Cuando hablamos de Islam, cristianismo y judaísmo, no nos referimos a musulmanes, cristianos y judíos: hablamos del proyecto. ¿Es un proyecto puro, válido para todos los seres humanos, o es un proyecto para “tribus”? Hasta que esto no se entienda, temo que no habrá paz.

  1. Los períodos de liberalismo en la historia islámica  

A lo largo de la historia, hemos tenido períodos en los que ha habido un respeto por todos, sobre todo en el período de los abasidas, entre el año 750 y el año mil. Todos estaban juntos, unos eran discípulos de otros. Luego, poco a poco, todo se fue politizando.  

Más tarde, en el siglo XIX, redescubrimos la posibilidad de una convivencia con una apertura, que duró hasta mediados del siglo XX, pero después regresó la tendencia islamista. El retorno a una era más liberal es posible, aunque no previsible a corto plazo.

Ahora incluso hemos pasado de la intransigencia al terrorismo. Y es un terrorismo propiamente islámico. Quien mata lo hace en nombre del Islam, y no en nombre del arabismo o del nacionalismo, sino que [mata] a todo aquél que no sea un “perfecto islámico”: chiitas, yazidíes, cristianos… Y esta corriente también está llegando a Occidente. Temo que Europa no se dé cuenta de cuán inmenso es el peligro.

¡En las últimas semanas, en Gran Bretaña se propuso que a los musulmanes se les aplique la sharia, y no la ley inglesa! Si Gran Bretaña llegase a aceptar algo semejante –si cada uno tuviese su ley: cristianos, judíos, hindúes, etc. – entonces, se acabaría con la patria, con el país.  

El principio fundamental que debe aplicarse es éste: la distinción de ámbitos. La política vale para todos, la decidimos todos juntos, y nos equivocamos –y corregimos el rumbo- todos juntos. La fe, por el contrario, es un acto personal. Si tú quieres ser ateo, tienes derecho a serlo. Pienso que te faltan elementos, pero eso es un asunto tuyo. Tú tienes derecho a ser ateo, como yo tengo derecho a ser creyente, y el otro a ser musulmán o budista, etc. La visión islámica carece de esta perspectiva.

  1. Ayudar a los musulmanes a reencontrar su liberalismo de antaño

Los cristianos deben ayudar a los musulmanes (y a otros grupos religiosos o ideológicos) a recordar estos principios: no es un principio meramente cristiano, es un principio humanístico. Somos todos “ciudadanos”, “humanos”, hombre y mujer. Yo no tengo autoridad sobre la mujer, ni una mujer tiene autoridad sobre mí. Todos estamos sometidos a una sola autoridad, la de la ley y –en caso de que uno sea creyente- a la de Dios.

Si la Constitución establece diferencias entre cristianos y musulmanes, entre hombre y mujer –como lamentablemente ha sucedido, desde el año 1971, con la Constitución egipcia– ¡entonces ya no hay  igualdad, ciudadanía! Este concepto de ciudadanía fue “el” mayor llamamiento del Sínodo de Oriente Medio celebrado de octubre a diciembre de 2010, pero no fue posible trasmitirlo a la población musulmana.

La desigualdad entre musulmanes y no-musulmanes, entre hombre y mujer, rico y pobre, entre los diversos estados de bienestar, etc. son las causas del atraso, en todos los niveles, que se impone en muchos países. ¡La Constitución y las leyes valen de igual manera para todos, y no debe haber ninguna distinción entre los miembros del país y de la nación!

  1. El salafismo es la plaga del Islam

La plaga actual del Islam es la tendencia salafita, que consiste en pensar que la solución a los males actuales del Islam pasa por el retorno al Islam de los orígenes, al siglo VII. Esta tendencia asume varias formas y nombres, por ejemplo, el wahabismo, en virtud de un cierto Muḥammd Ibn ‘Abd al-Wahhāb (1703-1792), que vivió en Néyed, en el centro de Arabia; el salafismo, nacido en Egipto a fines del siglo XIX, con el deseo de reformar el Islam volviendo al modelo de los primeros compañeros y sucesores de Mahoma; los Hermanos musulmanes, un movimiento creado en Egipto en marzo de 1928 por Hassan al-Banna…

En estos grupos, la visión que se tiene no permite distinguir entre el siglo VII y el siglo XXI. Lo que era válido entonces, lo es hoy. Y sin embargo, han pasado 14 siglos, y ahora la mentalidad ha cambiado, y sigue cambiando día a día. ¿Cómo es posible decir “volvamos a practicar lo que se hacía en tiempos del Profeta”, como afirman los salafitas? No se puede. Hace falta sentido común y lógica, y por eso, debe hacerse una crítica, ¡pero con respeto! Yo sé que quien abraza esta idea lo hace porque está convencido de que ésta es la palabra de Dios, pero lo hace con la fuerza y la violencia.

Entonces, yo trato de ayudarle, diciéndole: “Reflexiona conmigo, reflexionemos juntos”. Nuestra misión es ayudar a reflexionar, y ellos deben decidir. No puedo decidir yo por ellos,  pero no puedo ignorar que ellos están pensando con criterios que no son contemporáneos. Se trata de un compromiso a favor de la información y de la apertura, y no de imponer algo.

Es el mensaje que transmito personalmente a los amigos musulmanes, sin agresividad. Les digo: “Hermano mío, yo te quiero mucho. Trata de formar una familia, que sea amada y que ame, que sea estructurada; cómo montar  un negocio que sea para el bien de los pobres”… Se requiere equilibrar todo, pensar globalmente. Y, en última instancia, todos somos seres humanos, miembros de una familia que puede ser la patria, de los egipcios de los italianos, pero no de una familia que divide.  

  1. Cristianos del mundo árabe: nuestra misión

Cuando se dice “musulmán” se lo contrapone a “cristiano”. Yo pienso en la evangelización, es cierto, pero no para convertir, sino para anunciar el Evangelio, que es un proyecto de liberación. Si tú piensas que este mensaje te ayuda a ser mejor, toma lo que quieras. Pero no busco hacerte cristiano. Todos buscamos un camino más bello. Si ves uno, síguelo, pero con la condición de que jamás tenga que haber alguien que sufra por ello, que pague el precio por ello.

Quisiera concluir con algo que escribimos en la Asamblea especial para el Oriente Medio, en el Vaticano, el 8 de diciembre de 2009: “La relación entre cristianos y musulmanes sede ser comprendida a partir de dos principios: por un lado, como ciudadanos de un mismo país y de una misma patria, que comparten lengua y cultura así como las alegrías y los dolores de nuestros países; por otro, somos cristianos en nuestras sociedades y para nuestras sociedades, testigos de Cristo y del Evangelio. Las relaciones suelen ser, en mayor o menor medida, difíciles, sobre todo por el hecho de que los musulmanes generalmente no hacen distinciones entre religión y política, lo cual coloca a los cristianos en la situación delicada de [ser considerados] no-ciudadanos”.  (§ 68).

“Por lo tanto, compete a nosotros trabajar -con el espíritu cimentado en el amor y la lealtad- para crear una igualdad total entre los ciudadanos en todos los niveles: político, económico, social, cultural y religioso, y que la misma esté en conformidad con lo que dictan la mayoría de las Constituciones de nuestros países. Con esta lealtad a la patria, y en este espíritu cristiano, hagamos frente a la realidad que vivimos, que podría estar plagada de dificultades cotidianas, es decir de declaraciones y amenazas de parte de ciertos movimientos. Constatamos, en muchos países, el crecimiento del fundamentalismo, pero también la disponibilidad de un gran número de musulmanes, que están decididos a luchar contra este extremismo religioso creciente” (§ 70).

Como conclusión, cito la declaración del Concilio Vaticano II al mundo, aquél 28 de octubre de 1965; “La Iglesia mira, también, con estima, a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y omnipotente, creador del cielo y de la tierra, que ha hablado a los hombres” (Nostra aetate, 3).

A partir de mi limitado conocimiento, me parece que esta visión cristiana es más abierta que todas las demás.

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