Oficio de lecturas - Sabado de la semana IX - Tiempo Ordinario



OFICIO DE LECTURA - SÁBADO DE LA SEMANA IX - TIEMPO ORDINARIO
De la Feria. 

PRIMERA LECTURA

Año I:

De la carta del apóstol Santiago     5, 12-20

RECOMENDACIONES DIVERSAS

    Sobre todo, hermanos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra, ni con ningún otro juramento. Vuestro «sí» sea «sí», y vuestro «no» sea «no», para no incurrir en condenación.
    ¿Sufre alguno de vosotros? Que rece. ¿Está uno de buen humor? Que cante. ¿Hay alguno enfermo? Llame a los responsables de la comunidad, que recen por él y lo unjan con aceite, invocando al Señor. La oración hecha con fe dará la salud al enfermo y el Señor hará que se levante; si, además, tiene pecados, se le perdonarán. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados y rogad unos por otros, para alcanzar vuestra curación, pues la oración ferviente del justo tiene gran eficacia.
    Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. y oró de nuevo, y el cielo envió la lluvia y la tierra produjo sus frutos.
Hermanos, si alguno de entre vosotros se desvía de la verdad y otro logra convertirlo, sepa que quien convierte a un pecador de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.

Responsorio      1Pe 4, 8; St 5, 20

R. Ante todo teneos una constante caridad unos con otros, * porque la caridad cubre la multitud de los pecados.
V. Quien convierte a un pecador. de su camino equivocado salvará su alma de la muerte y cubrirá la multitud de sus pecados.
R. Porque la caridad cubre la multitud de los pecados.


Año II:

De la carta a los Gálatas     5, 25 -- 6, 18

CONSEJOS SOBRE LA CARIDAD

    Hermanos: Si vivimos por el Espíritu marchemos tras el Espíritu. No busquemos la vanagloria, provocándonos y teniéndonos envidia mutuamente.
    Hermanos, cuando alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros, los que vivís conforme al espíritu, corregidlo con mansedumbre, teniendo cuidado de ti mismo, pues también tú puedes caer en la tentación. Ayudaos a llevar mutuamente vuestras cargas, y así cumpliréis la ley de Cristo. Porque, si alguno se imagina ser algo, siendo nada, como es, se engaña. Que cada uno examine su propia conducta; y así encontrará en sí mismo motivos para gloriarse, y no en otros, pues cada uno debe llevar su propia carga.
    El que recibe la instrucción de la palabra comparta sus bienes con quien lo instruye.
    No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de practicar el bien; que a su tiempo cosecharemos si no desmayamos. Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los miembros de la Iglesia.
    (Mirad con qué letras tan grandes os escribo de mi propia mano.)
    Los que quieren quedar bien ante los hombres os fuerzan a circuncidaros, sólo para evitar la persecución por la cruz de Cristo. Pero ni ellos mismos, circuncidados como son, guardan la ley; quieren que os hagáis circuncidar, sólo para tener luego de qué gloriarse a costa vuestra.
    En cuanto a mí, líbreme Dios de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por él el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Lo que vale no es estar o no estar circuncidado, sino la nueva creatura que surge.
    Paz y misericordia para todos los que se ajusten a esta norma, y también para el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
    Hermanos, que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro Espíritu. Amén.

Responsorio      Ga 6, 8; Jn 6, 64

R. Lo que cada uno siembre, eso cosechará. El que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; * el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
V. El espíritu es el que da vida; la carne no vale nada.
R. El que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.
  
SEGUNDA LECTURA

De las Homilías de san Bernardo, abad, Sobre las excelencias de la Virgen Madre

(Homilía 2, 1-2. 4: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966J, 21-23) 

PREPARADA POR EL ALTÍSIMO, DESIGNADA ANTICIPADAMENTE POR LOS PADRES ANTIGUOS

    El único nacimiento digno de Dios era el procedente de la Virgen; asimismo, la dignidad de la Virgen demandaba que quien naciere de ella no fuere otro que el mismo Dios. Por esto el Hacedor del hombre, al hacerse hombre, naciendo de la raza humana, tuvo que elegir, mejor dicho, que formar para sí, entre todas, una madre tal cual él sabía que había de serle conveniente y agradable.
    Quiso, pues, nacer de una virgen inmaculada, él, el inmaculado, que venía a limpiar las máculas de todos.
    Quiso que su madre fuese humilde, ya que él, manso y humilde de corazón, había de dar a todos el ejemplo necesario y saludable de estas virtudes. Y el mismo que ya antes había inspirado a la Virgen el propósito de la virginidad y la había enriquecido con el don de la humildad le otorgó también el don de la maternidad divina.
    De otro modo, ¿cómo el ángel hubiese podido saludarla después como llena de gracia, si hubiera habido en ella algo, por poco que fuese, que no poseyera por gracia? Así pues, la que había de concebir y dar a luz al Santo de los santos recibió el don de la virginidad para que' fuese santa en el cuerpo, el don de la humildad para que fuese santa en el espíritu. 
    Así engalanada con las joyas de estas virtudes, resplandeciente con la doble hermosura de su alma y de su cuerpo, conocida en los cielos por su belleza y atractivo, la Virgen regia atrajo sobre sí las miradas de los que allí habitan, hasta el punto de enamorar al mismo Rey y de hacer venir al mensajero celestial.
    Fue enviado el ángel, dice el Evangelio, a la Virgen. Virgen en su cuerpo, virgen en su alma, virgen por su decisión, virgen, finalmente, tal cual la describe el Apóstol, santa en el cuerpo y en el alma; no hallada recientemente y por casualidad, sino elegida desde la eternidad, predestinada y preparada por el Altísimo para él mismo, guardada por los ángeles, designada anticipadamente por los padres antiguos, prometida por los profetas.

Responsorio     Lc 1, 35; Sal 44, 11. 12

R. El Espíritu Santo descenderá sobre ti, María, y el poder del Altísimo te envolverá como una nube. * Por eso el hijo, en ti engendrado, será santo, será Hijo de Dios.
V. Escucha, hija, mira: inclina el oído, prendado está el rey de tu belleza.
R. Por eso el hijo, en ti engendrado, será santo, será Hijo de Dios. 
  
Oración



Señor Dios, cuya providencia no se equivoca en sus designios, te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo lo que pueda causarnos algún daño, y nos concedas lo que pueda sernos de provecho. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo.

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